miércoles, 20 de julio de 2016
Vivir en el cuerpo, vivir en el presente continuo
¿Jugamos? Imagina que eres exactamente quien eres
ahora, pero tu cuerpo es una máquina, un
robot que sigue las órdenes de tu cerebro.
Te levantas, te bañas, el agua corre por tu cuerpo pero no la sientes
más que como una necesidad de limpieza.
Desayunas y te llenas de la energía necesaria para comenzar el día. Vas a tu trabajo y mecánicamente te dedicas a
lo tuyo (en el medio, más alimento). De
vez en cuando, charlas con otros robots como una forma de intercambio de
información. Vuelves a casa, tomas la
última ración de energía, miras televisión para entretenerte y te vas a
dormir. Durante esas diligencias, tu
mente te atiborró de recuerdos del pasado, miedos del futuro, dudas, excusas,
ansiedades, diálogos interminables acerca de lo que eres y deberías ser, de lo
que pasó y debería haber pasado, etc.
Ella no descansa jamás y encuentra siempre material para su constante
gestión.
Ahora, imagina
que tu mente está en calma (activa pero equilibrada) y que tu cuerpo está vital
y despierto. Sensible al agua tibia
de la ducha, a la suavidad y perfume del jabón, a la mullida toalla; al
energizante café y al delicioso pan con mermelada. Mientras vas al trabajo, percibes el frío del
aire y los rayos cálidos del sol, el verde de los árboles y las flores
multicolores, la hermosa arquitectura de los edificios, mientras escuchas la
música que tanto te gusta. Llegas y,
aunque mucha de tu labor es repetitiva, encuentras la forma de involucrarte
para ponerle tu sello, tu creatividad, tu interés porque sabes que el trabajo
es una forma de servicio (siempre es para alguien). Resuelves algunos problemas mientras llegan
otros, te pones contento y también te enojas, te calmas, te das cuenta de que
un error que cometiste tiene que ver con una actitud equivocada que prometes
cambiar, sigues. Charlas con tus
compañeros, haces bromas, se reúnen para almorzar, tienes una conversación
íntima con alguien que está pasando un mal momento y aprendes mucho acerca de
cómo llevar adelante un duelo. Te quedas
lleno de emociones contradictorias, que sigues procesando mientras vuelves a tu
casa. Decides cocinar una sopa de
verduras para tranquilizarte y disfrutas cortando cada una, apreciando sus
colores, oliendo los diferentes aromas, el nutritivo resultado final. Te sientas a comerla delante del televisor y
miras una película sobre la pérdida de un esposo. Se reactivan las emociones y te vas a dormir,
con una mezcla de tristeza, descubrimiento, preguntas acerca de tu futuro y de
la vida, pero agradecida por haber tenido un día lleno de situaciones
interesantes.
No es así. Tenemos un cuerpo que está siempre presente,
procesando el aquí y ahora, conectado biológicamente a instancias mayores que
la mente común, vivaz y lúcido. Estamos en una instancia material, no
mental. ¿Por qué no lo aceptamos y lo
capitalizamos? ¿Por qué queremos
“elevarnos” a costa del cuerpo? ¿Por qué
nos denigramos, nos destruimos, nos enfermamos, si tenemos tanta vida y
posibilidades disponibles? Ciertamente,
hay muchas razones de poder y de control detrás, pero ahora podemos
redefinirnos y rediseñarnos.
Nuestro maravilloso cuerpo está acostumbrándose a
mayores niveles de energía (por eso tantos síntomas e inconvenientes) para
accesar a la espiritualización de la materia:
todo en un solo envase, todo en esta Tierra, todo en el presente continuo. ¡Qué regalo!
Este es un momento precioso, de
comienzos de grandes cambios, conectados a los sentimientos y a la consciencia.
¿Qué mejor guía que el cuerpo?
¿Comenzamos a imaginarlo y concretarlo?
Te acompaño.
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Laura Foletto
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18:23
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miércoles, 13 de julio de 2016
¿Qué es un cambio de paradigma? Un ejemplo práctico.
Paradigma es una palabra griega que se usa para denominar elementos que siguen algún diseño o modelo. El físico y filósofo estadounidense Thomas Kuhn acuñó una nueva interpretación en su libro "La estructura de las revoluciones científicas" refiriéndose a los filtros que impone nuestro cerebro, es decir a las suposiciones, conceptos, valores y previa experiencia con los que miramos las cosas.
Según Kuhn, una revolución científica es un cambio tan grande que el paradigma anterior ni siquiera se puede comparar con el paradigma nuevo, porque incluso las palabras que se usan para explicarlo son nuevas. El modelo de Kuhn tiene las siguientes fases:
1. Establecimiento de un paradigma.
2. Ciencia normal: se lo emplea para explicar todo. A medida que se va usando, se acumulan paradojas, es decir, ciertas observaciones que van en contra del paradigma.
3. Crisis: las paradojas se suman a tal grado que causan una crisis. Los científicos pierden confianza en el paradigma inicial.
4. Revolución: los científicos empiezan a probar cualquier teoría; éstas proliferan en cualquier signo, lo que fuerza que los científicos discutan los fundamentos.
5. Establecimiento de un nuevo paradigma: el mismo cambia el mundo científico, siendo no sólo incompatible con el anterior, sino que también es inconmensurable, es decir que ni siquiera se pueden comparar, puesto que las palabras y unidades de medida son diferentes.
Este modelo es el mismo que usamos para nuestras ideas o conductas. Por ejemplo:
1. Tus padres te arruinaron la vida.
2. Tú no le importabas a tu madre y tu padre no estaba nunca en casa.
3. Tu abuela era fría y lejana y apartó a tu madre de su vida. Ella sufrió mucho y no lo pudo superar, por lo que se encerró en su interior, lo que hizo que le costara acercarse a ti. Tu padre viene de una familia muy carenciada y se propuso no pasar por eso nunca más, por lo que trabajó sin descanso siempre, por miedo a la pobreza. Tú eres poco afectuosa y alejas a los demás con tus demandas desmedidas de cariño; vives para el trabajo.
4. Poco a poco, comprendes el origen de las actitudes de tus padres y las tuyas. Comienzas a leer sobre metafísica y nuevas teorías sobre la vida. Vas a una terapia con orientación espiritual y entiendes para qué encarnaste en esta familia.
5. Asumes tu poder personal.
En términos del cambio que estamos atravesando desde hace unos años, el cambio de paradigma sería:
ANTIGUO PARADIGMA NUEVO PARADIGMA
Es mecanicista Es naturalista
Desintegra, divide, reduce, fracciona Integra, multiplica, suma, crea, unifica
Atiende la parte Atienda el todo
Estudia objetos Estudia relaciones
Es rígido y estático Es flexible y dinámico
Niega toda contradicción Acepta la incertidumbre, el misterio
Acentúa el poder, el hacer Acentúa el ser, el amar
Es intelectual-racional, lógico Reconoce la inteligencia emocional y
valora la intuición
Es bastante fácil darse cuenta de que es un pasaje de un modelo con cualidades Masculinas a uno Femeninas (las pongo en mayúsculas porque no se trata de hombres y mujeres sino de energías, las cuales necesitan una renovación después de siglos de dominación de una sobre otra, para perjuicio de ambas).
Según Kuhn, una revolución científica es un cambio tan grande que el paradigma anterior ni siquiera se puede comparar con el paradigma nuevo, porque incluso las palabras que se usan para explicarlo son nuevas. El modelo de Kuhn tiene las siguientes fases:
1. Establecimiento de un paradigma.
2. Ciencia normal: se lo emplea para explicar todo. A medida que se va usando, se acumulan paradojas, es decir, ciertas observaciones que van en contra del paradigma.
3. Crisis: las paradojas se suman a tal grado que causan una crisis. Los científicos pierden confianza en el paradigma inicial.
4. Revolución: los científicos empiezan a probar cualquier teoría; éstas proliferan en cualquier signo, lo que fuerza que los científicos discutan los fundamentos.
5. Establecimiento de un nuevo paradigma: el mismo cambia el mundo científico, siendo no sólo incompatible con el anterior, sino que también es inconmensurable, es decir que ni siquiera se pueden comparar, puesto que las palabras y unidades de medida son diferentes.
Este modelo es el mismo que usamos para nuestras ideas o conductas. Por ejemplo:
1. Tus padres te arruinaron la vida.
2. Tú no le importabas a tu madre y tu padre no estaba nunca en casa.
3. Tu abuela era fría y lejana y apartó a tu madre de su vida. Ella sufrió mucho y no lo pudo superar, por lo que se encerró en su interior, lo que hizo que le costara acercarse a ti. Tu padre viene de una familia muy carenciada y se propuso no pasar por eso nunca más, por lo que trabajó sin descanso siempre, por miedo a la pobreza. Tú eres poco afectuosa y alejas a los demás con tus demandas desmedidas de cariño; vives para el trabajo.
4. Poco a poco, comprendes el origen de las actitudes de tus padres y las tuyas. Comienzas a leer sobre metafísica y nuevas teorías sobre la vida. Vas a una terapia con orientación espiritual y entiendes para qué encarnaste en esta familia.
5. Asumes tu poder personal.
En términos del cambio que estamos atravesando desde hace unos años, el cambio de paradigma sería:
ANTIGUO PARADIGMA NUEVO PARADIGMA
Es mecanicista Es naturalista
Desintegra, divide, reduce, fracciona Integra, multiplica, suma, crea, unifica
Atiende la parte Atienda el todo
Estudia objetos Estudia relaciones
Es rígido y estático Es flexible y dinámico
Niega toda contradicción Acepta la incertidumbre, el misterio
Acentúa el poder, el hacer Acentúa el ser, el amar
Es intelectual-racional, lógico Reconoce la inteligencia emocional y
valora la intuición
Es bastante fácil darse cuenta de que es un pasaje de un modelo con cualidades Masculinas a uno Femeninas (las pongo en mayúsculas porque no se trata de hombres y mujeres sino de energías, las cuales necesitan una renovación después de siglos de dominación de una sobre otra, para perjuicio de ambas).
Sería interesante que identifiques tus paradigmas internos porque están creando tu mundo externo. Ese es uno de los puntos más fuertes de la transformación que estamos atravesando: la noción de que el afuera es objetivo e inmutable, que no responde a ningún factor a la revolucionaria idea de que es un espejo del adentro, de que atraemos ciertos elementos de acuerdo a nuestra energía, intenciones, emociones, contratos, mandatos, etc.
Es un viaje: desde la Dualidad (tú y el otro como opuestos) hacia la Unidad (tú mismo te atacas desde la sombra, no hay un otro sino partes tuyas en un rompecabezas que tú mismo creaste). Todos somos Uno.
Lo que más me encanta de este nuevo paradigma es la posibilidad (latente y pocas veces puesta en práctica) de que no hay modelos externos sino de que cada uno es su propio modelo, la libertad de elección, el respeto por los aprendizajes personales en medio de una red de contención mutua. Como Khun mismo dijo: “Cuando vives dentro de un paradigma, no puedes escuchar el universo”.
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Laura Foletto
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martes, 5 de julio de 2016
Oleadas de energía: consejos para afrontar los cambios
Como comenté en una entrada anterior, solemos vivir
en la mente, confiando que es la herramienta fundamental para nuestra
existencia. Diseñada para conceptualizar
la dualidad, está lejos de ayudarnos en las decisiones esenciales. Mientras, despreciamos y sobrecargamos al
cuerpo, usándolo como una mera máquina y así nos perdemos sus valiosos
mensajes.
Cuando no
estamos conscientes, el cuerpo es el depositario de nuestros conflictos y
carencias pero no lo consideramos así: se enferma por
cuestiones externas y tiene que rendir sin importar nada. Lo acallamos con pastillas y lo descuidamos
hasta que comienza a cobrarnos los excesos uno tras otro. Entonces, nos
damos cuenta de que es necesario reconocer que cuerpo y mente son uno, que
hay un vínculo entre lo que nos sucede y lo que manifestamos y “leemos” esa
relación para hacer los cambios necesarios a fin de sanarnos tanto psicológica
como físicamente.
Falta una tercera etapa: también estamos recibiendo oleadas de energías provenientes de una
transformación sin precedentes en la humanidad. Estamos mutando en todos los niveles hacia la
espiritualización de la materia, conteniendo cada vez más energía
consciente. Gran parte de lo que nos
pasa ahora tiene relación con transformaciones colectivas, con energías que
trabajan aspectos específicos o revisiones y limpiezas de las que no podemos
escapar.
Cada uno de nosotros “combina” las energías y los
procesos propios con lo que estamos tramitando como sociedad. Así, entre
todos vamos bajando y concretando un nuevo paradigma. Nadie está excluido y la responsabilidad es
proporcional al nivel de consciencia, no hay contribución menor.
Transitar tal magnitud de reformas es arduo, muchas
veces extenuante y difícil. No hay nada
que quede librado, la reestructuración es total y lo estamos haciendo en medio
de enormes cambios culturales en el mundo.
Uno retroalimenta al otro en tierra de nadie: lo viejo está cayendo y resistiendo pero lo nuevo todavía está
formándose.
Uno de
los aspectos más duros es la crisis de expectativas, propósitos y motivaciones: aquello
que estuvimos alimentando por décadas ya no parece satisfactorio; aquello que
deseamos tanto ya no tiene el atractivo necesario; aquello que creímos ser va
desapareciendo en la niebla del tiempo y no sabemos dónde estamos parados.
Según como lo tomemos, es un tiempo aterrador y
decadente o un tiempo desafiante y lleno de posibilidades. La mente trata de reconfigurarse mientras el
cuerpo recibe energías perturbadoras y buscamos rediseñarnos. ¿Cómo atravesarlo? Algunas sugerencias:
-
Escucha tu cuerpo: tu mente está acelerada
siguiendo al Ego y su exigencia de cumplir con las metas de los mandatos
familiares y sociales. Aprende a
relativizarla, a determinar nuevas actitudes que estén más en concordancia con
lo que va surgiendo en tu interior. El
cuerpo es un gran aliado porque está siempre en el presente, guiándote hacia
tus necesidades reales.
-
Sana tu Niño Interior: la mayoría de tus luchas
y privaciones están vinculados con tus primeros años. Esto no es culpa de tus padres ni de la
sociedad, es el esquema de tu encarnación: allí reside el aprendizaje y la
evolución. Deja de barrerlo bajo la
alfombra, tómalo y madura.
-
Vibra con los tiempos: estás dentro de una matriz
colectiva, tenlo en cuenta cuando sientes determinados síntomas, cuando te
impactan los acontecimientos sociales, cuando vas a crear un nuevo trabajo,
cuando reacciones, etc. Usa la astrología y las actualizaciones
energéticas, refina tu percepción, navega la ola. Hoy, publiqué "Los 51 síntomas del despertar espiritual" y mañana el Informe Astro-Energético de Julio en mi sitio.
-
Suelta y redefínete: aferrarte a lo que
debería ser, resistir, mirar para otro lado, embrutecerte trabajando o
recurriendo a sustancias (las que sean) solo dificulta todo y acarrea más
sufrimiento. Traza una línea y proponte
liberar el pasado y comenzar otra etapa, que probablemente signifique nuevos
propósitos, relaciones y/o lugares o reacomodamientos de los actuales. Busca ayuda si no puedes solo.
-
Acepta los cambios: ¿está llegando nueva
información o percepciones o necesidades?, ¿estás desconectando de personas que
pensabas que estarían para siempre o necesitando reestructurar esas
relaciones?, ¿estás conociendo personas diferentes?, ¿ya no resuenas con tu
entorno o con viejas actitudes?, ¿tu cuerpo te está pidiendo otra comida, otras
actividades, otro entorno, otro trato?, ¿necesitas silencio, conexión, expresar
tus emociones, respirar, meditar, una nueva actividad? Ábrete, acepta y hazte caso.
-
Sintoniza tu corazón: el propósito del cambio
es guiarnos a través del amor, la paz, la abundancia y la consciencia. Tómate momentos para preguntarte si lo que
eres y haces está alineado con tu corazón, con tu esencia, con lo mejor para ti
y los demás.
Obviamente, no es algo que consigas de hoy para
mañana: es la labor de muchas vidas.
Simplemente, comienza con lo que hay ahora y continúa paso a paso, con
compasión por ti mismo y por los demás.
No estás solo. Confía y la Energía te irá abriendo el
camino. Aquí estoy para acompañarte.
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Laura Foletto
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martes, 28 de junio de 2016
¿Habitas tu cuerpo? Responde estas preguntas...
Frecuentemente, le grafico a mis consultantes que
somos como los dibujitos de historieta: tenemos un cuerpo pero vivimos en el
globo de los pensamientos. No nos habitamos, estamos en la mente, que
existe en la línea del tiempo: pasado, presente (poco) y futuro. El único que está constantemente en el
presente es el cuerpo.
Al creer que la mente es lo fundamental, nos
perdemos los mensajes de otros centros que están tomando información del aquí y
ahora, de lo que efectivamente está sucediendo, no de lo que nos gustaría que
fuese ni de lo que filtramos con nuestras resistencias y programas
pre-adquiridos de la mente. Muchas de
nuestras contracturas y sintomatologías, de nuestra falta de paz y confianza,
son productos de la falta de conciencia corporal, ya que estamos incómodos o
molestos y no lo percibimos o lo dejamos pasar, como si no fueran
importantes.
La salud,
las emociones, el instinto, la intuición, la inspiración se rigen por
parámetros absolutamente vivenciales y del momento. Al no escuchar sus señales y advertencias,
abrimos la puerta a enfermedades, prejuicios y problemas que podríamos haber
evitado si nuestra conciencia estuviera atenta a los estímulos que recibimos en
cada instante. ¿Lo pruebas ahora mismo?
¿Ves el mundo como algo objetivo, en el que no tienes injerencia? ¿Consideras tu vida el resultado de tu infancia, la culpa de tus padres y la sociedad, una condena, una experiencia azarosa, en la que tu participación es mínima? ¿Observas los cambios como peligros a tu status quo, a lo que tanto te costó lograr, pero no puedes frenarlos (y quizás no quieras)? ¿Has leído que el mundo es tu espejo, el escenario externo de tu escenario interno? ¿Lo puedes considerar ya, en algún aspecto de tu vida? Cierra los ojos y date cuenta. ¿Qué dice de ti? Si no te gusta lo que ves, ¿qué cambios necesitarías hacer para permitir emerger el potencial de resolución y sanación?
¿Has comenzado a tomar conciencia de sensaciones raras, de intuiciones repentinas, de sincronías imposibles, de deseos de “algo más” que no sabes muy bien de qué se tratan, de información o personas con conocimientos nuevos? ¿Qué significan para ti? ¿Te dan miedo, dudas, frustración? ¿Te atraen, te vivifican? ¿Con qué te conectan? Siéntelo. ¿Necesitas ayuda para aplicarlos? ¿La buscas?
Mientras hacías esto, ¿perdiste la percepción de tu cuerpo otra vez o te ayudaste de él para ir más profundamente? Vuelve a él. ¿Cómo estás ahora? ¿Tomas nota de tu entorno, de los estímulos externos? ¿Sonidos, olores, temperaturas, texturas? ¿Es más amigable? ¿Puedes contactarte con él, desde un sentido de unidad? Respira y siente el aire como el portador de la Energía Universal que te conecta con Todo Lo Que Es. Entra a tu cuerpo, lo expande, lo conecta, lo ilumina. Sale y te relajas, te integras, iluminas. Eres un Cuerpo de Conciencia: cuerpo, mente, alma, espíritu, todo.
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Laura Foletto
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16:32
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martes, 21 de junio de 2016
Trabajemos la alegría en lugar del miedo y la ira
En estos cinco meses, hemos atravesado grandes
limpiezas y pérdidas. Junio es un mes
con una energía más potente y llena de posibilidades, pero quizás nos hemos
quedado con algunas emociones remanentes que nos impiden aprovechar las nuevas
circunstancias que se pueden presentar.
Hay dos que son especialmente fuertes: el miedo y la ira.
Es tan grande la importancia de las emociones en
nuestras vidas, que tendemos a evitarlas (apelando a que la Mente es todo) o a
dejamos abrumar por ellas (alegando que somos muy emotivos). En lugar de eso, podemos considerar el
significado de este poderoso motor que mueve nuestro ser, dándole el espacio
que le corresponde.
Con
respecto al miedo, su función básica es ayudarnos a reconocer el peligro, a fin
de mantenernos sanos y funcionales. Siendo tan primario y fuerte, ha sido usado
siempre como un mecanismo de control, tanto en el hogar como en la sociedad (el
otro es el enemigo). Los temores
infantiles jamás se disipan si no los reconocemos y enfrentamos, hasta darnos
cuenta de que son los de nuestro Niño Interno que no supo lidiar con
ellos. Muchos de estos miedos son
aprovechados en estos tiempos de información instantánea y omnipresente por los
“miedos” de comunicación, que inoculan sus intereses bajo la pretensión de una asepsia
inexistente.
Más profundamente, como dice Sarah Varcas, “el miedo no es nuestro enemigo, sino un
indicador que una parte de la persona se ha apartado o está en negación.
Tememos no poder con el futuro porque hemos perdido contacto con nuestra fuerza
interior. Tememos que la vida dé un giro hacia lo peor, cuando perdemos
conexión con la esperanza. Tememos que la raza humana se destruya a sí misma
porque hemos perdido la visión de nuestro más alto potencial. El miedo nos
muestra dónde debemos reconectarnos y por qué. Es nuestro amigo, que nos guía a
través del bosque de las emociones. Un poderoso aliado con regalos para
compartir.”
La ira, en
su función básica, nos permite defendernos y poner límites ante un
avasallamiento a nuestra integridad.
También, es una descarga ante la frustración o la pérdida. En estos tiempos de energía incrementada,
también la ira puede aumentar exponencialmente si expresa situaciones internas
que hemos mantenido escondidas o negadas.
Podemos irritarnos por estar demasiado ocupados para reconectar con
nuestra vida interior. Podemos
resentirnos por no establecer límites a personas o circunstancias que hemos
dejado que nos sojuzguen durante años.
Podemos enojarnos por haber callado nuestra verdad o nuestros anhelos
más profundos. Podemos disgustarnos por
los cambios rápidos y profundos que se suceden, los peligros que nos rodean (y
el miedo que nos infunden), la incertidumbre inherente a la vida.
Hemos pasado tanto tiempo eliminando y purificando, que parecemos
atascados en este proceso, sin conectar con lo que está apareciendo ni con
emociones que consideramos “lujosas” como la alegría. Hay
tanta Energía nueva y maravillosa que está disponible, que tenemos que hacer el
“esfuerzo” de despegarnos de las viejas historias y sentimientos relacionados a
ellas, para abrirnos al entusiasmo y la felicidad de habitar un tiempo que
hemos esperado por eones.
Las emociones son fuego y es fundamental no echarles leña tratando de
ignorarlas (mientras explotan en forma de enfermedades y accidentes) o de
incrementarlas buscando excusas para hacernos las víctimas. Ellas nos conectan con nuestro cuerpo, con la
esencia de nuestro sentir, con el fuego creador, destructor y manifestador. Es
fundamental reconocerlas, aceptarlas, escucharlas, darles el respetuoso lugar,
guiarlas hacia su mejor expresión, usarlas para nuestro propósito, asociarlas
al amor, la alegría y la paz.
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Laura Foletto
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jueves, 16 de junio de 2016
Cambiar el adentro para cambiar el afuera
Le
pregunto a una nueva consultante la razón por la que comienza un camino de
conciencia y evolución. Me responde con una lista de cambios que desea
ver en el afuera. “¡Ah! Quieres que los demás cambien para que tú
seas feliz”, le digo y se ríe. Comienza a comprender que esa es la ruta
equivocada.
En realidad, es la
ruta de la mayoría, la que nos enseñaron: “si algo no te gusta, lucha y
cámbialo”. De esta forma, andamos peleando con molinos de viento,
creyendo que hacemos grandes contribuciones y que nuestra vida mágicamente se
transformará… para caer en la constatación de que solo nos agotamos y que las
cosas siguen muy parecidas.
Una amiga, hace
muchos años, me dijo: “si hubiera sabido que iba a repetir los mismos problemas
con mi segundo marido, me hubiera quedado con el primero”. Así es: podemos
cambiar de pareja, de trabajo, de residencia, de amigos pero, si no cambiamos
nosotros, solo repetiremos lo que ya tenemos adentro, con un nuevo paisaje.
Por otro lado,
resulta mucho más cómodo tratar de cambiar a los demás en lugar de trabajar con
nosotros mismos. No solo tenemos a alguien a quien echarle las
culpas sino que podemos engañarnos con que sabemos lo que hay que hacer
pero el otro no lo hace (somos tan sabios y perfectos…).
Cambiar el afuera
es una lucha estéril y dura. Además, no vinimos a hacer eso. Esta
es una labor individual, que se hace en compañía. No podemos
conocernos verdaderamente ni aprender si no es por los demás. Cada uno
puede fantasear con que tiene determinadas cualidades pero, si no las pone a
prueba con su entorno, nunca sabrá si son reales. La relación con los
otros nos revela, nos enriquece, nos expande, nos profundiza.
Cuando no estamos a
gusto, tendemos a creer que estamos en el lugar equivocado, con la gente equivocada.
No pensamos que somos nosotros los que estamos atrayendo esas circunstancias
para poder aprender algo de nosotros mismos. En lugar de eso,
reaccionamos y culpamos, nos enojamos y pretendemos cambiarlos, como pobres
víctimas del destino.
Ese lugar, esas
personas, esas situaciones son las oportunidades de evolucionar. En
lugar de reaccionar y luchar, deberíamos aceptar y observar. No se
trata de una resignación pasiva, sino de un activo trabajo interior de
descubrir la verdad dentro de nosotros. Cuando comprendemos nuestro papel
en la obra, podemos hacer esa transformación, esa metamofosis interna que
habilitará la externa.
Habilitar no
implica necesariamente que los otros cambiarán (eso depende de su propia
evolución) pero ya no reaccionaremos ni estaremos apegados a resultados
ficticios. Podremos decidir sin estar coaccionados por la repetición ni
los condicionamientos del pasado. Nuestra presencia consciente atraerá
nuevas oportunidades sin la necesidad de la lucha y la oposición constante.
Cuando nos
dedicamos a nuestra sagrada labor interna, cumplimos con nuestro papel en Todo
Lo Que Es y comprendemos que formamos parte de un entramado infinito, perfecto,
evolutivo, pródigo, sabio, amoroso. Dejamos de oponernos reactivamente
para aceptar la maravilla de nuestro diseño y el de los otros y contribuimos al
Gran Diseño desde la consciencia integrada, la cual es magníficamente superior
a cualquier deseo limitado del ego. Lo que es para nosotros, vendrá;
lo que deba suceder, sucederá, si somos fieles a nuestra Identidad, si somos
verdaderos y nos escuchamos.
Publicado por
Laura Foletto
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13:55
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jueves, 9 de junio de 2016
La labor cotidiana de conectar con la Luz
Recuerdo la primera
vez que me abrí a la conexión con mi Ser Superior/la Luz: flotaba, sonreía,
todo era perfecto, estaba abierta, era fácil vivir, por fin había soltado las
cadenas de lo material, ahora lo positivo sería mi norte, quería evangelizar a
cualquiera y sumarlo a las filas de los despiertos. Después, caí en la
realidad de nuevo… estrepitosamente…
¿Había sido una
ilusión? No, había hecho la conexión pero eso no significaba que
estaba incorporada ni que sería constante. Durante un tiempo, traté
de continuarla con grupos en los que vivíamos en la fantasía de que estábamos
iluminados, mientras nos quejábamos de los dormidos y sus resistencias. O
estando en contacto con la Naturaleza, que instantáneamente me reconectaba, o
leyendo cosas espirituales, etc. Luego, comprendí que eso no funcionaba
para mí, que estaba forzando una situación, mintiéndome, que la verdad debía
pasar por otro lado.
Me di cuenta que
era una labor cotidiana, que no se trataba de negar lo material sino de
integrar las dimensiones. El
error común es creer que la vida diaria no significa nada, que los conflictos
son culpa de los otros, que el cuerpo es una máquina, que hay que destruir el
Ego (el gran problema) y que estar encarnado es una especie de castigo o fuente
constante de sufrimiento. Todo es espiritual.
Nuestro físico,
nuestra personalidad (controlada por el Ego), nuestra familia y los que nos
acompañan, el lugar que vivimos, lo que nos es fácil y lo que se nos dificulta,
todo es nuestra creación. Antes de encarnar, hemos acordado las
condiciones que nos proveerán los aprendizajes que nos hemos propuesto.
Cada cosa y persona que nos circunda es una atracción de nuestro diseño inicial
y está allí para ayudarnos a comprendernos, a evolucionar, a ser lo que vinimos
a ser.
Justamente, a todo
esto es a lo que nos oponemos, a los que nos cerramos. ¡Vaya
paradoja! En esa resistencia, está la razón de la falta de conexión
verdadera, porque, al resistir lo que nos facilitará la conexión a la Luz,
quedamos varados en la oscuridad. Y, cuanto más lo negamos, buscando
sustitutos ficticios (aunque sean muy “espirituales”), más nos alejamos.
Todo lo que nos rodea es la clave.
Al estar abiertos y
atentos, podemos dilucidar quiénes somos realmente, qué nos atrae y rechaza,
qué recursos surgen espontáneamente y qué potencialidades para aprender se
despiertan, cuántas maravillas están disponibles (desde las naturales, como el
sol, los árboles, las flores hasta las artificiales como una casa, los
aparatos, el agua corriente), las relaciones, las infinitas posibilidades de
estudiar, etc.
La vida
cotidiana es el espejo donde se refleja la espiritualidad encarnada que
atravesamos en este planeta.
La llave es aceptarlo, sumergirnos en ella, explorar, disfrutar, penar, reír,
llorar, escuchar al cuerpo y a las relaciones, estar accesibles de mente y de
corazón, aprender y finalmente desapegarse y amar. El lugar en el que
estamos con relación al Velo es lo que necesitamos en cada momento; forzarlo
puede llevar a enfermedades físicas o psicológicas.
La conexión y la
expansión están siempre disponibles, a un paso de la resistencia al aquí y
ahora. Después del
flash inicial, del subidón de energía, de la adicción a todo lo que nos
recuerde a ella, quedan los pequeños destellos diarios, la constatación de que
somos Luz encarnada y la decisión de que lo recordaremos continuamente, agradeciendo,
valorando cada instante, aprendiendo, amándonos y amando lo que somos y Todo Lo
Que Es.
Publicado por
Laura Foletto
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16:29
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