miércoles, 24 de febrero de 2016
¿Qué es ser adulto, madurar? Una guía para crear tu propio modelo
Cuando era adolescente, no quería convertirme en
adulta. El modelo que me ofrecían
distaba mucho de lo que yo quería ser.
Estaba cargado de sacrificios, rigidez, opciones para siempre, seriedad,
exigencias. Fue un período infernal de
rebeldías, sufrimientos y contradicciones que creí superar “haciendo” el papel,
sin serlo. Por supuesto, implosionó,
tuve una enorme crisis y comencé terapia a los 23 años. A partir de allí, me cuestioné mi propio
modelo de madurez y lo sigo haciendo.
En los últimos tiempos, mis pacientes han traído el
tema nuevamente y se preguntan cómo madurar, ya que ahora los padres parecen
jóvenes que no han podido encontrar una evolución armónica. Buscando información entre mis escritos para
un nuevo curso que estoy redactando, encontré una canalización de Ronna Herman
que resume muchas de las preguntas que nos deberíamos hacer para conectarnos
con un modelo propio que nos guíe, sostenga y contenga. Lo edité y agregué algunos comentarios;
espero que te sirva:
* ¿Te responsabilizas de tus
acciones o te enojas, inventas excusas o niegas tus errores y artimañas?
* ¿Te esmeras en cumplir con tus obligaciones
de manera adecuada y puntual y con una actitud alegre?
* ¿Te pesan tus responsabilidades
y las consideras más como una carga que como una oportunidad de apoyar y servir
a los que te rodean? ¿Expresas tu agradecimiento a cambio a quienes te
sirven?
* ¿Todavía piensas que alguien
tiene que estar equivocado para que tú tengas razón? Este es un punto crucial: buscas tener la razón y el
control porque eso te da la ilusión de que tienes poder; al hacer esto, giras
en una espiral de inseguridad, desconfianza, debilidad y paranoia que te aleja
cada vez más de tu ser y de los demás.
Atraes relaciones patológicas intentando probar que el otro está
equivocado y malgastas energía en convencerlo y esperar aprobación, creyendo
que así te demuestras que eres alguien, que tus opiniones valen. En el fondo, solo le das alimento a un Ego desempoderado
en lugar de afirmarte en un trabajo interior conciente sobre lo que eres y
puedes.
* ¿Con cuánta frecuencia
representas un comportamiento “pueril e irresponsable”? Parece más fácil, cómodo
y divertido pero la verdad es que lo sufrimos.
Gestionar la vida de esa forma significa tomar decisiones infantiles
frente a problemas adultos y no funciona.
* ¿Sigues actuando o
interactuando bajo algún viejo condicionamiento “infantiloide”? Ejemplos: echar culpas sin admitir tu
participación; buscar constantemente la opinión, el apoyo o el reconocimiento
de otros para no decidir por ti mismo; ofenderte por cualquier cosa y
defenderte con argumentos egoístas; seguir la corriente y no tener metas
personales, para poder excusarte con que el mundo no te deja ser; no aceptar tu
edad y pretender vivir lo que no viviste; evitar hacer el duelo por lo que no
hiciste y lo que perdiste, etc.
* ¿Estás dispuesto a dejar que se
vayan las dolorosas experiencias del pasado, asumiendo la sabiduría y los
puntos fuertes que tus padres te han mostrado?
* ¿Estás dispuesto a permitir que
tus hijos sigan su propio camino, que sean diferentes, y que no sean lo que a
ti te gustaría? Cada alma es única y se le debe dar la oportunidad de que se
exprese a su propia y personal manera. Tu papel consiste en criarles, guiarles
y dirigirles, aconsejarles y protegerles, dejando que avancen cautelosamente
por cada nueva etapa de sus vidas. Mediante el buen ejemplo y la guía cariñosa,
ejerciendo un control cada vez menor, ayudarás a tus hijos a que desarrollen
todo su potencial y se conviertan en adultos conscientes y responsables. Tienes
que dejar que cometan sus propios errores y experimenten las consecuencias de sus acciones.
* Examina tus relaciones con los
demás: ¿están creciendo y evolucionando juntos o están estancados, atrapados
por la inercia de tocar las mismas “canciones” una y otra vez?
* ¿Te estás impidiendo “asumir tu
poder” porque no deseas generar incomodidad o tensión en tus relaciones? ¿Tienes miedo a
establecer límites y declarar tu intención, aunque sea distinta u opuesta de la
de los demás? ¿Te da miedo qué pensará la gente si empiezas a vivir y mostrar
tus nuevas creencias y el poder que has adquirido?
* ¿Hay en tu vida personas que te
desafían preguntándote: “¿Qué te pasa? Has cambiado, ¿por qué ya no eres como
solías?”
* ¿Sigues enganchado en
relaciones viejas porque te da miedo herir los sentimientos de la otra persona?
¿Te sientes “solo” aunque te rodee una multitud? ¿Te cuesta mantener una
“charla intrascendente?”
* ¿Eres lo suficientemente
valiente como para permitir que abandonen tu vida aquellos con los que ya no te
resulta beneficioso compartir nada? ¿Puedes amarlos y bendecirlos por lo especiales que son y
por la Chispa de lo Divino que contienen, además de comprender que el viaje juntos
ha llegado a su fin y es hora de que sigan su propio camino y de que les
permita a ellos que sigan el suyo?
Antes,
podía llevar muchas vidas cosechar las recompensas o interacciones kármicas
negativas de cualquier vida pasada, pero ya no es así. El proceso co-creador se
acelera en la misma medida que el proceso de transformación. Lo que se
proyecta, positivo o negativo, es devuelto cada vez más deprisa, por lo que
parece ser algo casi instantáneo. Si tú
has “vuelto al centro” y estás manteniendo un flujo energético positivo, habrás
empezado a comprobar en tu vida los resultados de ello gracias a los numerosos
milagros y acontecimientos positivos. Por el contrario, si estás proyectando
vibraciones negativas de odio, miedo, carencia y deseo de control, estarás
sintiendo los dolorosos resultados de tus acciones de múltiples maneras y en
plazos temporales muy cortos.
Acepta
esta verdad: no importan las limitaciones, condiciones o restricciones con las
que llegaste a tu vida presente, NUNCA FUERON PUESTAS AHÍ COMO CASTIGO. Siempre
se trató de tu elección voluntaria y de una oportunidad para que rectifiques o
abandones creencias distorsionadas y regreses al equilibrio y la armonía del
“camino medio”.
Pide
apoyo en tus emprendimientos, que fortalezcan tus resoluciones y que te den el
poder, la voluntad y la sabiduría que vas a necesitar para alcanzar tu
siguiente nivel de conciencia espiritual.
Tú estás en una fase crítica de tu proceso de desarrollo espiritual, por
lo que se te pide que liberes todo lo que esté impidiéndote conseguir la
“libertad espiritual” que buscas. Esto abarca creencias desfasadas, relaciones
disfuncionales o restrictivas, patrones de pensamiento y hábitos negativos o
adictivos, así como aquellas posesiones que te quiten demasiado tiempo,
esfuerzo o abundancia.
Cuando
seas capaz de ver todo lo que actualmente hay en tu vida como algo transitorio
a excepción del Amor/Luz y del Fuego Espiritual que reside en tu corazón/alma,
comprenderás profundamente el juego de la vida. Libérate del
miedo de tu pasado y de tu futuro, elimina los controles emocionales y mentales
que otros tengan sobre ti y conviértete en ese “Espíritu libre” que tienes que
ser. Siempre tendrás ayuda, inspiración
y amor disponibles.
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Laura Foletto
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jueves, 18 de febrero de 2016
De la culpa ajena a la culpa propia: siempre la culpa...
En el medio de su relato sobre distintos
inconvenientes, una paciente se puso a
llorar diciendo: “Yo sé que todo es mi culpa pero me cuesta cambiar”. Le contesté que pasó de un modelo a otro: de
culpar a los otros a culparse a sí misma; el problema es que sigue con la
culpa.
Cuando todavía no somos concientes, cargamos a los
demás por todo. Comenzando con nuestros
padres, seguimos con la genética, la sociedad, la escuela, los amigos, los
jefes, las parejas, etc.; a medida que crecemos, vamos encontrando distintos
causantes para imputarlos por lo que nos pasa.
Somos las víctimas. Cuando vamos despertando y nos damos cuenta
de que somos los creadores de nuestro destino, podemos cambiar la perspectiva y
las acciones. Somos los responsables.
Pero la culpa insidiosa sigue haciendo su efecto y
ese tirar hacia afuera las piedras se convierte en un arrojar hacia adentro,
llenándonos de recriminaciones, juicios, ofensas, pretensiones, que terminan
drenando la energía de la transformación.
¡Cómo nos cuesta salir de esta conducta aprendida!
A veces,
pienso que la culpa es una forma de adoctrinamiento de masas que comienza en el
hogar. Nace en
nuestra infancia, cuando nos manipulan con dejar de amarnos, de reconocernos,
de apoyarnos, de estar, porque no somos como nuestros padres quieren que
seamos. El manejo puede darse
explícitamente (“no te voy a querer más si haces esto” o “me lastima que seas
así” o “está mal que pienses de esta forma”) o implícitamente (silencios,
gestos represores, falta de cariño, no hablar de determinados temas). El hecho es que nos queda una sensación
interna de que somos inadecuados, insuficientes, malos, erróneos, feos,
anormales, etc.
De esta
falta de aceptación de uno mismo nacen los “debería”, los “tengo que”, que
martirizan con sus exigencias y perfeccionismos. Lo que está en el fondo es “si fuera de tal
forma, entonces tendría...”. Nos
llenamos de pequeños y grandes programas para lograr metas exteriores, para
adaptarnos y manipular como hicieron con nosotros, para tapar el vacío y lo que
consideramos malo, para cambiarnos por lo que parece ser el modelo de éxito del
momento. Así, la culpa (y su
consecuencia, el castigo por no lograrlo) sigue su derrotero, pasando de una
generación a otra, de un estándar social a otro.
Es la fórmula de la desdicha y la frustración,
porque sólo podemos ser felices siendo quienes somos y no otros. Deshacernos de la culpa no es fácil porque
está incrustada en el ADN pero podemos comenzar siendo amables con nosotros
mismos, pacientes con las recaídas, perseverantes con los retrocesos, confiados
ante los desilusiones. Acostumbrados a castigarnos severamente,
podemos aprender a soportar las voces de la culpa y a abrazar a ese Niño
Interno que creció sin modelos positivos y nutricios.
Pon conciencia en diseñar otro paradigma
dentro de ti, que reconozca tus cualidades y talentos, que tome los desafíos
como impulsores del aprendizaje, que disfrute de la Vida, que tenga
interacciones maduras y responsables con los demás sin perder alegría ni
gracia, que descubra la conexión constante con tu alma y con el Espíritu. Cada
día, cambia las cosas que te dices, siente afecto por ti mismo, sé paciente,
apoya tu evolución, ilumina tu paso. Nos
debemos un mundo amable y creativo.
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Laura Foletto
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miércoles, 10 de febrero de 2016
Sobreestimulados y agotados
Hace unos días, pasé por un Jardín de Infantes en
el momento de la salida. Muchos padres
recogían a niñitos que habían dejado allí desde muy temprano en la mañana. Pensé que esos pequeños “cumplen horario”
desde casi su nacimiento hasta que se jubilan.
A los pocos meses, son levantados a la madrugada para llevarlos al
Jardín, luego van a algún otro espacio para entrenar su gran potencial, después
a la primaria, la secundaria, la universidad, el trabajo (junto con actividades
familiares, deportes, hobbies, etc.). La vida entera regida por los horarios y los
compromisos.
Hay una enorme motivación para hacer muchas cosas,
para ocupar el tiempo, para no desaprovechar las posibilidades, en una carrera
imparable por estar al día y no perder el tren de las oportunidades. Los niños son estimulados continuamente y,
con la facilidad de aprendizaje que traen, no hay descanso (tampoco para las
madres que los llevan de un lado a otro convirtiéndose en choferes). Pierden contacto con el cuerpo y los juegos
físicos, son aplaudidos cuando se portan como mayores, son recompensados cuando
obtienen logros que casi no entienden.
No me extraña entonces las epidemias de falta de
atención, estrés, cansancio, desinterés, drogas y enfermedades que aparecen cada
vez más prematuramente. Parece que las exigencias se han adelantado…
justo cuando vivimos más tiempo.
Muchos chicos quieren “todo” antes de los 30 y se sienten mal porque no
lo consiguen, porque creen que no tienen lo necesario, que están fallados. ¿Qué harán los próximos 70 años? ¿Aburrirse?
De hecho, ya se están aburriendo antes de los 30 y por eso juguetean con
el riesgo.
Hemos
creado una sociedad inhumana. Parecemos robots guiados por el consumismo,
la ambición y la actividad frenética. Creo que el nuevo marcador de riqueza no es
el dinero sino el tiempo. Es rico
quien tiene tiempo para pensar, sentir, disfrutar, pasear, estar en contacto
con la Naturaleza, observar los ciclos de cada cosa, no entregarse a las modas,
leer, crear, conocerse, escuchar su ser interior, hacer lo que es esencial para
sí mismo. ¿Una utopía? Probablemente, pero…
No estoy bregando por dejar de lado los progresos y
las comodidades que hemos alcanzado (deberíamos poder llevarlas a toda la
humanidad) sino por gozarlas en su justa medida, sin dejarnos llevar de la
nariz por lo que nos venden. Esto requiere hacer una pausa para
preguntarnos profundamente qué estamos haciendo con nuestra vida y para dónde
deseamos conducirla. No somos
fracasados ni parias porque no seguimos los lineamientos fugaces y
superficiales del círculo en el que estamos.
Es
paradojal que estemos prisioneros de mandatos externos en tiempos en que los
cánones deben desaparecer para que cada uno encuentre su propio modelo, su
propio poder, su propia guía. Alguien debe comenzar. ¿Por qué no tú? Te aseguro que la paz y la plenitud que
encontrarás no tiene comparación con nada que conozcas, porque viniste a
desarrollar tu particular diseño y ser feliz solamente a través de él. ¿Te
atreves? Aquí estoy para acompañarte.
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Laura Foletto
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martes, 2 de febrero de 2016
¿El trabajo devora tu vida? Una reflexión para cuestionarte...
Pasé unos días
afuera y no hay nada como salir de la costumbre para ver las cosas con nuevos
ojos. Fue paradójico porque, en medio de las vacaciones, el trabajo
estuvo en la mira. Compartiendo con otras personas, observando sus formas
de vida, revaloricé un propósito que sostengo desde hace muchos años: dedicarle
poco tiempo.
Comencé a trabajar
a los diecinueve y estuve solo ocho años en relación de dependencia. Aún
dentro del “sistema”, me las ingenié para hacer lo necesario y ocupar el resto
del tiempo en mis propios asuntos. Soy muy organizada y rápida, así que
era una excelente empleada pero tenía mis prerrogativas. Cansada de jefes
y rutinas, comencé un camino búsquedas e independencia que culminó en reconocer
mi vocación, la de Terapeuta.
Siempre tuve una
mirada crítica sobre la sociedad y objeté esas cosas que damos por sentado, como si fueran mandamientos escritos en
piedra para la eternidad. Una de ellas era el trabajo:
-
¿por
qué debían ser ocho horas (o muchas más si se quería progresar)?,
-
¿por
qué había que hacer una “carrera” (la misma palabra ya me sacaba urticaria)?,
-
¿por
qué se valoraba el esfuerzo, la competencia, el sacrificio, la exigencia?,
-
¿por
qué había que dedicarse a una misma cosa toda la vida?,
-
¿por
qué nos vendían que estar en una gran empresa era el súmmum de la existencia,
por qué nos querían hacer creer que ella era de todos, cuando claramente no era
así?,
-
¿por
qué perder la humanidad y querer asemejarse a las máquinas: perfectas,
imparables, productivas?,
-
¿por
qué debemos perseguir el éxito, seguir modelos inalcanzables, ser especiales,
renegar de lo que somos?
Estos y otras
interrogantes me rondaban continuamente.
Cuando el último
despido se concretó y decidí ser independiente, me di cuenta de que podía vivir
trabajando pocas horas y poniendo mis propias reglas. Se abrió un mundo y
comprendí porqué al sistema le convenía que fuéramos esclavos satisfechos con
las celdas. No sólo el trabajo nos da un sentido de pertenencia, de
status, de sentido, sino que además nos permite consumir sin pausas ni
cuestionamientos. Mantiene las cosas girando, mientras nos atiborra
de nuevas “necesidades” innecesarias.
No fue fácil tomar
un camino diferente. Ser el propio jefe requiere mucha fuerza,
constancia, creatividad, empuje, responsabilidad, motivación. Tuve
unas cuantas caídas, desilusiones, crisis, problemas pero jamás desistí. Además
tuve culpas. Eso no me lo vine venir: tenemos tan grabado a fuego el
“ganarás el pan con el sudor de tu frente” que me sentía mal por trabajar
menos, por pasear o mirar televisión en horas laborales, por levantarme más
tarde. También tuve críticas, envidias, desdenes, burlas. En
la medida en que yo aceptaba mi condición, iban disminuyendo o no me
importaban.
Obviamente, no fue
un lecho de rosas. Fui pionera y no siempre me salió bien. No tengo
muchas ambiciones, no me gusta el esfuerzo, he privilegiado mi vida interior a
la exterior, así que no tengo grandes cosas pero vivo bien y, lo más
importante, he hecho lo que he querido. Además, amo mi vocación y no lo
considero “trabajo”: hago lo que soy, me sale natural.
Muchos chicos están
tomando esta decisión y lo hacen excelente. Ya vienen con otro chip y, ya
sea dentro de una empresa o creando sus propios emprendimientos, privilegian su
tiempo libre, recorrer el mundo, hacer distintas cosas, vivir. El
propósito de este escrito es simplemente que reflexiones acerca de algo que
quizás no te has cuestionado y que hace que corras como loco el día
entero. Estar ocupado todo el tiempo es “lo que se usa”. Es
moderno, es sexy, es especial, es necesario.
¿No es un
círculo vicioso? ¿De qué huyes? ¿De ti mismo? Lo que obtienes no sana las heridas,
no te da paz ni plenitud, no te conecta con lo esencial, no mejora tus
relaciones amorosamente, no es útil a tu evolución. Detente un momento,
respira, vuelve a tu corazón y pregunta. La respuesta puede ser suave
y apenas perceptible pero tiene el poder de un destino: ¿Cómo
quieres vivir?
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Laura Foletto
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15:32
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miércoles, 13 de enero de 2016
Valora los milagros de sustracción
Su futuro jefe lo había confirmado en su nuevo
trabajo (acababa de perder el anterior) y solo restaba el examen médico, un
requisito obligatorio de la Compañía.
Cuando llegó, resultó que los valores de glóbulos rojos y blancos
estaban altísimos; el médico lo rechazó y su jefe le dijo que no podía tomarlo
en esas condiciones. Sin empleo y sin
salud: ¿qué iba a hacer? No se
desesperó; un amigo lo recomendó en una Agencia y, después de las pruebas
habituales, le dijeron que tenían un puesto para él en un mes. Se lo tomó para descansar, disfrutar y
reflexionar. Cuando ingresó, se dio
cuenta de que era mucho más interesante que el que perdió, con un sueldo más
alto, con compañeros cálidos y divertidos.
Mientras, se había hecho chequeos médicos y los valores comenzaron a
subir solos, sin necesidad de nada. ¿Qué
había pasado? Un milagro de sustracción,
dirían algunos.
Estamos
acostumbrados a los milagros de adición: siempre queremos más. Pedimos aquello que suma a nuestras vidas,
que llena los vacíos, que implica crecer desde los números y no desde la
experiencia. Pero, nuestra Alma, que sabe lo que nos conviene, suele quitarnos para
hacernos comprender ciertas cosas o para darnos algo mejor que lo que pedimos
desde el Ego: un milagro de sustracción.
Si miramos en retrospectiva, podemos encontrar unas
cuantas de estas ocasiones y generalmente son
momentos de gran aprendizaje y evolución.
Al principio, parecen desgracias, contratiempos, obstáculos, mala
suerte, demoras. Sin embargo, su
propósito es que las utilicemos para detenernos; madurar; cambiar la actitud;
manejar las emociones; tomar otro camino o replantearnos el que estamos; ser
pacientes, constantes, serenos; tomar conciencia del valor de lo que somos,
hacemos y tenemos, etc.
A veces,
nos salvan de malos momentos. Una demora puede impedirnos estar en un
accidente o ser asaltados; un desencuentro puede protegernos de decir algo
perjudicial o tomar una decisión equivocada.
También, nos posibilitan buenas
oportunidades, como terminar en lugares extraños que nos hacen conocer a
alguien que no hubiéramos visto de otra manera.
El Ego, en su afán de controlar y exigir, cree
saber lo que es lo mejor para nosotros y se molesta, sufre y se deprime cuando
las cosas no son como las planea o quiere.
En general, requiere de unos cuantos milagros de sustracción para que se
baje del pedestal, deje de querer mandar insensatamente (aunque se piense muy
racional), acepte lo que se presenta, encuentre la bendición disfrazada y se
alinee con el Alma y la Vida.
En tiempos de Mercurio retrógrado, es una buena
ocasión para replantearnos lo que tenemos entre manos y lo que deseamos, que no
siempre se corresponde con lo que necesitamos o con lo que siente el
corazón. Nos planteamos objetivos exteriores
pero no cómo ser ni estar en ellos. Si
queremos cambiar de trabajo porque tenemos un mal sueldo o un jefe abusivo, en
primer lugar nos deberíamos preguntar porqué estamos ahí: ¿nos valoramos,
sabemos poner límites, somos seguros y confiados, tenemos suficiente
capacitación? Un milagro de sustracción nos puede mantener en un lugar para que
aprendamos a amarnos, madurar y evolucionar.
Una vez hecho esto, lo nuevo se dará sin problemas.
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Laura Foletto
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martes, 5 de enero de 2016
Tendencias para el 2016
Consultando las tendencias para este año, se hizo
evidente que puede ser uno de grandes posibilidades… después de resolver
grandes desafíos. Con muchos planetas
retrógrados hasta septiembre, los primeros meses nos instan a reprogramar,
rever, recapacitar. Para hacer esto,
primero es necesario identificar y soltar
lo que ya no nos sirve. Y todos
sabemos lo que nos cuesta. Vivimos en
modo reactivo y no creativo; emparchando y no transformando; quejándonos y
victimizándonos y no agradeciendo y empoderándonos. ¡Manos a la obra entonces!
Ya con más espacio, más livianos y frescos, podemos
considerar si nos abocamos a renovar viejas ideas que quedaron en el camino y/o
construir otras. Tenemos la tendencia a proyectar hacia afuera, olvidándonos que
atraemos según la energía que somos. Plantearnos metas que incluyan cómo sentirnos
y pensar para lograrlas es esencial. Si
deseamos determinado trabajo, ¿estamos preparados no solo laboralmente sino
psicológicamente para afrontarlo? Si
queremos cierto tipo de pareja, ¿vibramos en esa frecuencia o buscamos solo a
alguien que nos salve?
Para muchos, en el 2016 se abrirán oportunidades
que estaban cerradas desde hace bastante.
Nosotros y nuestros deseos hemos
cambiado bastante en estos últimos años.
¿Qué sobrevivió y qué está emergiendo desde lo profundo sin estar
todavía claro? ¿Aprendimos lo necesario
en esta época de sequía o arrastramos frustración y amargura? La
actitud es fundamental para abrir esas puertas y será imprescindible volver a
creer y crear. Esto plantea otro
tema que será crucial en este año: la integración del Ego al Alma.
El Ego se
basa en la dualidad: se esfuerza hasta reventar o se deja llevar sin hacer
nada. Todos
oscilamos entre los dos, con distintas gradaciones. Nos planteamos objetivos, fechas, requisitos;
trabajamos duramente; controlamos y nos exigimos; si no cuesta y no duele, no
sirve. El Ego es hijo de la lucha, el
sufrimiento y la culpa. Para librarnos
de esto, capitulamos del todo; lo podemos racionalizar y/o romantizar con
distintas filosofías, pero en el fondo le tiramos el asunto a Dios o a lo que
sea; que otro se encargue. Rendición no
es entrega. Está llegando la hora de
unificar: es el Ego guiado por el Alma;
conectándonos con ella, damos los pasos necesarios para concretar en la vida
cotidiana. Es una labor en el que no
tenemos mucha experiencia pero lo iremos logrando a medida que lo intentamos,
dando pequeños pasos que cimenten la confianza.
El mundo está cambiando con rapidez… y caos. No
podemos esperar serenidad ni guía ni modelo ni equilibrio del afuera. Es algo que debemos aprender y sostener
interiormente. No hay mejor inversión
que la de conocernos, aceptarnos, amarnos y liberar el potencial que traemos. Perder tiempo, dinero, energía, atención y
expectativas en cosas externas que no nos traen paz, alegría ni satisfacción
verdaderas se hace cada vez más dañino.
En el inicio de cada año, tendemos a plantearnos metas. La única diferencia entre el año pasado y
éste eres Tú. Ponte primero; finalmente,
todo deriva de ti, de cómo te sientes, de con cuánta plenitud te conectas con
las personas y las situaciones, de cómo te paras en este mundo y te
afirmas. Eres un ser espiritual
atravesando una experiencia humana. No
lo olvides. Respira, ama tu cuerpo, tu vida, tu creación, eres Uno con Todo Lo Que
Es y lo serás siempre. Aquí estoy
para acompañarte. ¡Feliz 2016!
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Laura Foletto
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miércoles, 30 de diciembre de 2015
Libérate de los condicionamientos funcionales: ¡sé tú!
Hace años, ella
vive en un departamento con alquiler mínimo y en un lugar que ama; dice que
quiere estar en pareja pero tiene sus dudas (sus padres han tenido una relación
malísima siempre). Conoce a alguien de una ciudad cercana, se ponen de
novios, él insiste con ir a vivir juntos. Ella pone sus barreras pero
termina cediendo. Cuando falta poco, descubre que él la ha engañado un
par de veces con alguien y rompe la relación. La infidelidad ha sido
funcional a sus temores.
El término
“funcional” tiene relación con lo que sirve a determinado propósito. En términos psicológicos, algunas
situaciones o personas lo son con respecto a los conflictos, miedos y
resistencias que albergamos, generalmente de manera inconciente. Nos
valemos de ellas para no hacer frente a lo que nos cuesta y las usamos de
excusas.
A veces, actitudes
internas también lo son. Una paciente se queja de que no asciende en su
trabajo y le echa la culpa a que “hay algo malo en ella”, a que no es
suficiente o que le falta algo (que supuestamente los demás sí tienen).
Lo repite frecuentemente, como una condena que arrastra sin solución.
Explorando, resulta que el problema reside en que es tan exigente consigo misma
que cree que tiene que saber todo o hacer todo a la perfección casi por ósmosis,
sin pasar por el aprendizaje o sin equivocarse si lo hace, lo cual la paraliza
y estanca. Es una idea que ha tomado de niña, relacionada con la
ilusión de que si es perfecta los demás no la rechazarán, la reconocerán y
amarán sin condiciones. Obviamente, eso no resiste un análisis adulto
pero es un concepto tan enquistado inconcientemente que no se revela hasta que
surge en terapia. Su concepción de insuficiencia ha sido funcional a
su miedo a conocerse y crecer. Ahora, puede trabajar en su confianza
interior, en reconocer la necesidad del proceso de aprendizaje (y de los
errores que seguramente cometerá), en la aceptación de los aspectos oscuros que
tiene y en que no existe la perfección sino una imperfecta aproximación a la
plenitud y la maravilla de Ser.
Todos lidiamos
con lo que nos es funcional a nuestras resistencias a evolucionar. Puede ser una pareja que nos limita;
un jefe que nos rebaja; un status social que nos disminuye; unos padres que nos
maltrataron; una equivocación que nos degrada; un país que no da posibilidades;
una enfermedad que nos restringe. Cualquier cosa es funcional para
echarle la culpa y quedarnos en una situación que nos resulta cómoda y
conocida.
En el otro
extremo, algunos no pueden parar de hacer y cambiar. La sociedad premia a quienes están
constantemente en movimiento y transformación. También sufren de
sobreexigencia y falta de autoestima pero no se nota porque siempre están
logrando metas y persiguiendo otras. Parece ser que nadie está feliz
con ser quien es ni con lo que hace y tiene. Es necesario más.
Los imperativos sociales son funcionales a la insatisfacción interior.
¿Cuál es el
punto intermedio entre vacua conformidad e inútil aceleración? Una centración personal que acepta
las cualidades y aprende de los desafíos, reinterpretando el pasado, disfrutando
el presente y confiando en el futuro. Con una espiritualidad arraigada en
la vida cotidiana, sabiendo leer los signos del tiempo que vivimos.
Reconociendo las trampas de lo funcional y trabajando en lo que es propio,
auténtico, original. No podemos ser otra cosa que lo que somos y ello
es precioso, íntegro y esencial. En este año que finaliza, liberemos
lo que nos impide reconocernos como seres humanos divinos. ¡Lo merecemos!
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Laura Foletto
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