martes, 10 de julio de 2007

Sin memoria, con conciencia

En un reportaje, Eduardo Galeano (“Las venas abiertas de América Latina) dijo al final algo con lo que suscribo totalmente: “La memoria puede ser tu alimento o tu veneno. Puede matarte si es la nostalgia de que todo tiempo pasado fue mejor, porque así aniquila la esperanza, la capacidad de sorpresa, el asombro que es inherente a la Vida. Mañana no es otro nombre de hoy”.

La memoria puede ser útil para las cosas cotidianas (no tengo que recordar cada día cómo abrir un programa en la computadora o qué colectivo tomar para ir a lo de una amiga) o para afirmarme en mis logros y confiar, pero para la mayoría de las demás cosas es perniciosa. No me permite abrirme al misterio que es la Vida en cada momento.

Tampoco creo que sea cierto que debemos recordar las cosas malas para que no las volvamos a repetir (esto lo insisten los políticos y los activistas sociales). Cuando aprendemos algo verdaderamente, con el corazón y la mente, con el cuerpo y el alma, ya está incorporado para siempre, en las células, en la energía. Asunto concluido. La razón por la que seguimos en guerra, asesinando inocentes, hambreando pueblos enteros no es que no recordamos, no es una cuestión de memoria. Es que todavía no aprendimos.

lunes, 9 de julio de 2007

Regalos

Ayer, comenté con mi padre que nunca había estado en la nieve y que me encantaría, por lo menos, verla. Y ahora… ¡está cayendo nieve! No es tan fuerte que deje el suelo blanco, pero es lo suficientemente grande como para ver los copitos volando en el viento… ¡qué hermoso!... ¡estoy fascinada! La última vez fue en 1918. Como no estaba (creo), esta es una magnífica oportunidad para disfrutar de algo insólito y excepcional. ¡Qué regalo tan bonito!

El sábado fui a un taller en un lindo lugar. Recibí dos obsequios: mi corazón como un diamante lleno de cálidos reflejos y mi confirmación como Maestra.

A la noche, no me podía dormir; estaba super-despierta. No me enojé, dejé que los pensamientos divagaran. Me vino un proyecto maravilloso.

Este fin de semana largo, quería irme a descansar afuera. No se dio. ¡Menos mal! El tiempo ha sido horrible y he estado mucho mejor en compañía de mi papá. Al regreso, en medio del frío y la ¡nevada!, todos los transportes aparecieron al segundo; no tuve que esperar nada. Más regalos… y más respuestas del Universo… y más cuidado y protección…

viernes, 6 de julio de 2007

El tiempo divino

A la luz de los resultados, ¿por qué todavía me sigue costando aceptar que los tiempos del alma no son los tiempos de mi ego, de mi pobre entendimiento de las cosas como son?

La más grande de las pruebas la tuve con la muerte de mi mamá (Leonor… tenía nombre… Leonor… era una mujer, además de mi madre… Leonor). Como yo creo que las muertes tienen que ver con las vidas, estaba temerosa porque sus últimos tiempos fueran extremadamente sufridos. Me explico: Leonor era una mujer autónoma, fuerte, rígida, controladora, entre otras cosas. Su artritis/artrosis tuvo que ver con esa inflexibilidad y su dependencia final con su miedo a estar en manos de otros, a aceptar que los demás podían tener otras razones que no fueran las de ella. Cuando esto se precipitó y nos dimos cuenta con mi padre (Miguel) que un Geriátrico era la única salida, pensé lo mal que se sentiría de verse totalmente postrada, perdiéndose poco a poco en una demencia senil, quizás incapaz de entregarse a la Luz.

Entonces, le pedí a Dios, a ella, a mi hermano, a los Seres, que la ayudaran a soltarse, a aceptar el fin de esta vida y a pasar al otro plano. Y sucedió, justo en el tiempo perfecto. En realidad, desde el principio, todo fue simple, oportuno, fácil, perfecto: muestras de un Universo que respondió rápidamente a mi pedido, a mi actitud, a mi confianza.

Ahora, otro tiempo está instalándose para mí. Se aproxima el fin permanente y definitivo de un viejo modo de vida. Como me salió en una tirada de cartas de Osho: “Sé una luz para ti mismo”. Esencialmente, desarrolla dentro de ti la capacidad de encontrar tu camino a través de la oscuridad sin ninguna compañía, sin mapas o guías. Es el momento de echar una mirada a tu propio reflejo en el pozo y dar un paso para salir de los condicionamientos que te han sido impuestos por otros como creencias respecto a ti mismo. Baila, corre, muévete: haz lo que sea necesario para despertar el león en tu interior. Tu propia forma de ser es rebelde, no porque estés luchando contra alguien o contra algo, sino porque has descubierto tu propia naturaleza verdadera y estás determinada a vivir de acuerdo con ella. El Águila es tu animal espiritual, un mensajero entre la tierra y el cielo. El rebelde te desafía a ser lo suficientemente valerosa para asumir la responsabilidad de lo que eres y vivir tu verdad. Este es un llamado a despertar; los eventos de tu vida están intentando mostrarte un patrón tan antiguo como el del viaje de tu propia alma. Este es un tiempo para un profundo dejarte ir. Permite cualquier pena, aflicción, o dificultad para estar allí, aceptando esta factibilidad. La transformación viene como la muerte, a su propio tiempo. Y, como la muerte, te toma a ti de una dimensión a otra”.

Es lo que estoy tratando de ser y hacer…

jueves, 5 de julio de 2007

¡El Universo responde rápido!

¡Qué interesante! Ayer, escribí sobre inseguridad. Hoy, estaba llegando tarde para la gimnasia china y no los veo en el lugar de costumbre. Sigo caminando y los encuentro en la esquina. Unos chicos cartoneros que habían pasado la noche allí se habían mostrado agresivos al principio y, luego, uno les tiró con un pedazo de hierro y lastimó ligeramente a dos de las señoras. Decidieron irse.

En el café, hubo mucho jaleo con el tema, con algunas posiciones bastante extremas, dictadas por el miedo y la incomprensión. Me mantuve al margen y un amigo me comentó que, si bien otras veces hubo incidentes parecidos, cuando estaba la maestra (está de vacaciones y seguimos haciendo solos) nunca había sucedido nada serio. “Ella mantiene la calma, sigue haciendo la gimnasia y todo se diluye”, dijo.

Era exactamente lo que había escrito ayer, puesto en acción. Hay algunas señoras que viven hablando de la inestabilidad, de la violencia, del miedo que existe en la sociedad y esto simplemente se manifestó con contundencia. Atraemos lo que más tememos.

Ayer, escribí a un Banco adonde tengo tarjetas de crédito porque habían finalizado una promoción en un Supermercado. Me gusta expresar mi opinión... aunque no la tomen en cuenta. Sugerí otro Super (con mejores precios) y que también incluyan las tarjetas de crédito en los descuentos. Mientras estaba en el café, abrí el diario y había un enorme aviso del Banco con… exactamente lo que yo había pedido.

Por supuesto que esto ya estaba negociado, pero el tema es que PARA MÍ la respuesta fue instantánea. Y esto me está sucediendo muy frecuentemente. ¿Te diste cuenta?

miércoles, 4 de julio de 2007

¿Estás seguro?

Acabo de darme cuenta de la cantidad de veces que estuve "a punto" de morir, desde chica hasta hace poco. ¿Tomamos conciencia de que la vida no es "segura"?

¡Qué tema ese! La humanidad entera y Argentina en particular están angustiadas con la idea de la seguridad: policía, vigilancia de todo tipo, seguros, puertas blindadas, alarmas; contratos, casamientos, papelerío legal; promesas, celos, preocupaciones, cuidados excesivos, miedos... que no me vaya a pasar nada malo... que no le vaya a pasar nada malo...

¡Cuánto dinero desperdiciado, cuánta energía malgastada! La seguridad es una obsesión neurótica, propia del Ego y sus temores, de una idea prefijada de "lo que la vida debe ser". Cuanto más miedo tenemos a algo, más lo atraemos porque es una ley que convocamos lo que más tememos. La gente que vive pendiente de los robos es la más asaltada.

¿Cuál es la solución? La confianza... la fe... la tranquilidad interna y profunda de que soy una creación de Dios, co-creando su propia realidad... fluyendo en un mar de posibilidades hacia lo mejor de mí... abierta a lo que sea... sabiendo que puedo con ello porque yo lo convoqué... porque es a mi medida... todas son experiencias... cuanto más me conecte con la Luz, más hermosas... aunque todas tienen su belleza... la Vida es perfecta... y amorosa... y graciosa (tiene el don de la Gracia)... Gracias!

martes, 3 de julio de 2007

La Muerte, esa amiga

Cuando tenía unos 23/24 años, me ocurrieron una serie de episodios muy fuertes. Dos veces estuve muy cerca de ser atropellada. Me “salvé” milagrosamente. Lo que más me impresionó fue algo que sucedió en la calle. Había decidido irme a vivir sola y fui a visitar un departamento. Subía por Callao desde Libertador, sumida en mis pensamientos, y, de golpe, un enorme trozo de cemento cae frente a mí, desde un edificio en construcción. Se hizo añicos y parte de los pedacitos me golpearon las piernas. Fue tan pasmoso, que no pude reaccionar (leí este mismo trance como inicio de un argumento de un libro que me prestaron cuando cuidaba a mamá, “La noche del Oráculo”: ¿coincidencias?). Seguí mi camino, alquilé el departamento y volví a mi casa.

A partir de ahí, otras veces estuve “a punto de morir” en distintas circunstancias. Esto disparó el tema de la muerte y durante unos meses estuve perseguida con la fragilidad de la vida. Veía en todo momento o acontecimiento la posibilidad de morir: una rama que me golpeaba la cara por la ventana abierta de un colectivo, una posible enfermedad, una piedra arrojada a la ventanilla de un tren, una persona muy agresiva, lo que sea.

¿Qué era la muerte? Más importante, ¿qué había después de la muerte? ¿Sólo teníamos una oportunidad? ¿Y si la desperdiciaba, y si moría ahí mismo, sin más posibilidades de hacerlo mejor u otra cosa? ¿Era justo eso? ¿Dios no da chances? ¿Tengo que esperar al Juicio Final, sentada en una nube, para que me juzgue… por qué? ¿Qué pito toco yo en esta tragedia? ¿Ninguno? ¿Soy una hoja en la tormenta? Estas y muchas otras preguntas daban vueltas en mi cabeza.

Había leído y escuchado algunas cosas acerca de la reencarnación y comencé a pensar que esa era una respuesta mucho más lógica que lo que me habían enseñado. Elaboraba mis propias teorías, concebía especulaciones y conjeturas mientras la muerte me seguía rondando. Hasta que un día, en una librería, me “cae” un libro desde un estante. Lo levanto y trataba sobre reencarnación. Lo compré y ahí estaba todo lo que yo había madurado.

No sé cómo ni cuándo “integré” la muerte a mi vida. Dejé de temerle, para verla como una compañera. Pero todavía faltaba una vuelta de tuerca. A los 28 años, caí en una profunda depresión. Comencé a fantasear con matarme. Todas las noches, me pasaba un largo rato pensando formas de hacerlo y, sobre todo, regodeándome en cuán culpables se sentirían los otros cuando lo descubrieran.

Hasta que un día me di cuenta de que la Muerte (así con mayúsculas) era El Gran Escape (también con mayúsculas). Yo no temía la muerte porque era mi ilustre salida a una vida que sí temía enormemente. No me quería hacer cargo de ella, era demasiado pesada y sufrida, yo no tenía las fuerzas para afrontar lo que había hecho ni lo que podía hacer.

Y me reí. Sí, me reí con ganas. Todo era una charada, yo estaba creando ese drama y también podía deshacerlo y crear otra cosa. Necesitaba ayuda, pero de alguna forma iba a salir. Yo iba a poder. Así, cuando me volvían las fantasías de suicidio, me reía otra vez. Entonces, un amigo me invitó a almorzar, me dijo que me veía muy mal y me recomendó una psicóloga. La llamé ese mismo día, fui a verla, lloré sin parar y comencé.

Pude trabajar lo que me pasaba y me ayudó mucho. Pero, salí verdaderamente cuando encontré un grupo espiritual y vi la luz al final del túnel (literalmente). Había Luz en mí. Había muerte en esta vida y vida después de la muerte. A lo largo de los años, tuve muchas experiencias que lo probaron. Pero, sea como sea, creo que es así. O, quizás, elijo que sea así. No me importa. Aprecio cada instante como el misterio más grande y sé que todo está bien.

lunes, 2 de julio de 2007

Gracias, Mamá

Como una película sin tiempo, me vienen imágenes y recuerdos de estos días.

Lo primero, el miércoles, es una súplica: “Entregate, mamá. No es necesario que sigas sufriendo. Ya diste e hiciste todo lo que has podido. Danilo te espera y te guía. Soltate”.

Lo segundo, el viernes, mientras estaba juntando la ropa para ir el fin de semana a cuidarla, fue una pregunta: “¿Cuánto tiempo más?”. La respuesta fue “Ya es el final”.

Llego al mediodía y estaba más lúcida que de costumbre, aunque con muchísimas dificultades para respirar por una enorme cantidad de mucosidad. Me habló más que nunca, aceptó comer más de lo acostumbrado, me buscaba la mano todo el tiempo. Estaba tremendamente edematizada. Le di suaves masajes, la moví, la acaricié, le sostuve su mano. Me voy cuando viene la señora que la cuida a la noche. Como siempre, dudé de lo que había recibido… no es este fin de semana…

Mi padre va a cuidarla a la mañana temprano. Vuelve… pienso que se olvidó algo… abre la puerta y se larga a llorar… había pasado… dos horas después que me fui… llamaron a mi casa y, como por supuesto no había nadie, no nos enteramos… pasó igual con mi hermano… ¿formas de cuidarnos, para que no anduviéramos de noche en tan lamentables circunstancias?... creo que sí… los dos eran seres amorosos…

Hago el trámite para retirarla del Hospital hacia la Cochería. La tengo que reconocer: cuando la veo en la camilla, me largo a llorar y lo único que puedo pensar es: “¡Gracias, gracias, gracias!”. Le acaricio la cara y el pelo, le beso la frente.

Ni a papá ni a mí nos gustan los velorios. Queda en la Cochería. La pasamos solos en casa, charlando sobre ella, sobre la vida. Queremos privacidad, intimidad. Estamos en paz: hemos dicho y hecho todo lo posible. Estoy en paz: he cortado todos los lazos negativos y solo resta la enseñanza y el amor.

El domingo, vamos a despedirnos antes de que cierren el féretro. Me vuelve a pasar lo mismo. Sólo puedo agradecerle, acariciarla y llorar.

Compramos un enorme ramo de crisantemos blancos y amarillos, envueltos en un hermoso papel rosa. El cura de la capilla que iba a decir el responso no aparece. Le pido a un vecino que ha ayudado mucho a mis padres y que es evangelista que diga unas palabras después de su entierro (no me importan las religiones: sólo hay un Dios). Al final, agradezco a los vecinos que han venido, encomiendo su alma a la Virgen y ¿qué puedo decir de ella? Gracias, gracias.

Vamos a encargar una placa. ¿Qué poner? ¡GRACIAS POR TODO, MAMÁ! CON AMOR.