martes, 19 de octubre de 2010

Roquera

Últimamente, estoy viendo documentales de rock. Vivo absolutamente en el presente, no soy nostalgiosa ni recuerdo el pasado, pero me está gustando acordarme de las viejas bandas que moldearon mi juventud.

Siempre, me encantó la música, toda clase de música. Desde chica, escuchaba tango, folklore, rock, clásico, pop, testimonial, bossa nova, jazz, lo que me expresara en ese momento. Así que pasaba (al igual que hoy) de un estilo al otro continuamente, sin escalas. En esos tiempos de cambios acelerados (precursores de los de ahora), el rock era una música en la que podía identificar mi rebeldía, mi rabia, mi miedo, mi angustia, mi alegría, mi fe en la transformación, mi creatividad, mi ímpetu iracundo.

Viendo las historias de las bandas y del rock en general, me aparecen recuerdos ligados a sus canciones, a los cambios que significaron en la música, en el mundo y en mí, a mi desarrollo, a un impulso ariano por adelantarme y abrir caminos, a los excesos, a la emocionalidad dramática, a un calor interior hermoso, variable, generoso, intenso, entusiasta, vivo, profundamente vivo.

Ya no soy la que era, pero reconozco en esa que fui el inicio, el germen de esta y la adoro. La bendigo hoy y le agradezco el fervor.