miércoles, 30 de diciembre de 2015

Libérate de los condicionamientos funcionales: ¡sé tú!

Hace años, ella vive en un departamento con alquiler mínimo y en un lugar que ama; dice que quiere estar en pareja pero tiene sus dudas (sus padres han tenido una relación malísima siempre).  Conoce a alguien de una ciudad cercana, se ponen de novios, él insiste con ir a vivir juntos.  Ella pone sus barreras pero termina cediendo.  Cuando falta poco, descubre que él la ha engañado un par de veces con alguien y rompe la relación.  La infidelidad ha sido funcional a sus temores.

El término “funcional” tiene relación con lo que sirve a determinado propósito.  En términos psicológicos, algunas situaciones o personas lo son con respecto a los conflictos, miedos y resistencias que albergamos, generalmente de manera inconciente.  Nos valemos de ellas para no hacer frente a lo que nos cuesta y las usamos de excusas.

A veces, actitudes internas también lo son.  Una paciente se queja de que no asciende en su trabajo y le echa la culpa a que “hay algo malo en ella”, a que no es suficiente o que le falta algo (que supuestamente los demás sí tienen).  Lo repite frecuentemente, como una condena que arrastra sin solución.  Explorando, resulta que el problema reside en que es tan exigente consigo misma que cree que tiene que saber todo o hacer todo a la perfección casi por ósmosis, sin pasar por el aprendizaje o sin equivocarse si lo hace, lo cual la paraliza y estanca.  Es una idea que ha tomado de niña, relacionada con la ilusión de que si es perfecta los demás no la rechazarán, la reconocerán y amarán sin condiciones.  Obviamente, eso no resiste un análisis adulto pero es un concepto tan enquistado inconcientemente que no se revela hasta que surge en terapia.  Su concepción de insuficiencia ha sido funcional a su miedo a conocerse y crecer.  Ahora, puede trabajar en su confianza interior, en reconocer la necesidad del proceso de aprendizaje (y de los errores que seguramente cometerá), en la aceptación de los aspectos oscuros que tiene y en que no existe la perfección sino una imperfecta aproximación a la plenitud y la maravilla de Ser.



Todos lidiamos con lo que nos es funcional a nuestras resistencias a evolucionar.  Puede ser una pareja que nos limita; un jefe que nos rebaja; un status social que nos disminuye; unos padres que nos maltrataron; una equivocación que nos degrada; un país que no da posibilidades; una enfermedad que nos restringe.  Cualquier cosa es funcional para echarle la culpa y quedarnos en una situación que nos resulta cómoda y conocida.

En el otro extremo, algunos no pueden parar de hacer y cambiar.  La sociedad premia a quienes están constantemente en movimiento y transformación.  También sufren de sobreexigencia y falta de autoestima pero no se nota porque siempre están logrando metas y persiguiendo otras.  Parece ser que nadie está feliz con ser quien es ni con lo que hace y tiene.  Es necesario más.  Los imperativos sociales son funcionales a la insatisfacción interior. 


¿Cuál es el punto intermedio entre vacua conformidad e inútil aceleración?  Una centración personal que acepta las cualidades y aprende de los desafíos, reinterpretando el pasado, disfrutando el presente y confiando en el futuro.  Con una espiritualidad arraigada en la vida cotidiana, sabiendo leer los signos del tiempo que vivimos.  Reconociendo las trampas de lo funcional y trabajando en lo que es propio, auténtico, original.  No podemos ser otra cosa que lo que somos y ello es precioso, íntegro y esencial.  En este año que finaliza, liberemos lo que nos impide reconocernos como seres humanos divinos.  ¡Lo merecemos!

jueves, 24 de diciembre de 2015

¡FELICES FIESTAS!


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Cómo expresarnos para no repetir el pasado

Desde hace bastante, tengo un inconveniente con unas filtraciones en mi departamento.  A raíz de renovaciones que hice, mis amigos comenzaron a preguntarme por ellas y a darme consejos o a enojarse por el tiempo que se toman en repararlas.  Invariablemente, les decía que no quería hablar del tema y que charlemos de otras cosas más lindas.  Uno de ellos, extrañado, me preguntó porqué hacia eso.  Le respondí que hablar sobre un asunto que me incomodaba no lo arreglaba sino que me ponía peor.  Yo había hecho lo que debía y solo me restaba esperar que se solucionara.  Indignarme, victimizarme, criticar, sentirme mal no contribuía en nada a eso.

Aprendí esta conducta hace mucho, cuando comprendí que arruinaba mi presente trayendo un pasado aciago.  Hace poco, le comenté brevemente a una reciente amiga sobre un problema que estaba atravesando y ella me dijo que no se notaba, que yo siempre parecía estar bien.  Le contesté que yo estaba bien en ese momento, estando con ella, disfrutando el hermoso paseo: ¿por qué iba a malograrlo?

Creemos que hablando de algo lo solucionamos o lo “gastamos” hasta que no lo sentimos más.  Lo primero no es cierto, a menos que lo hagamos desde la conciencia y que, conversando con una persona neutra o abierta a escuchar, encontremos una solución posible.  Lo segundo es real al comienzo, como una forma de aceptar y normalizar algún suceso, pero no sirve a la larga.  Traer las emociones asociadas (miedo, enojo, tristeza, ansiedad, etc.) a hechos del pasado o que todavía no se deciden abate las posibilidades del presente y retrasan su resolución.

Hablar es la segunda forma de creación (pensamiento/palabra/obra).  Cuando hablamos mucho sobre algo, eventualmente lo terminamos creando.  Y muchas veces, lo re-creamos: lo hacemos real de nuevo al contarlo.  Por ello, es bueno cuidar nuestra expresión.  Esto también implica cuidar con quiénes nos comunicamos.  Hay personas que viven quejándose, buscando una oreja en donde verter su mala onda, lo cual no es gratuito ya que en algún momento nos afectará perjudicialmente.  Y nunca es más cierto que cuando estamos atravesando una mala situación: juntarnos con personas negativas y lamentarnos  de lo mal que está el mundo no colaborará a salir de ella.



He pasado circunstancias muy duras en el pasado y prefería reunirme con personas alegres, positivas, en circunstancias de placer, porque ello me recargaba para continuar.  Es más, después de un breve “informe de situación”, le encontraba la veta graciosa al tema hasta que terminaba riéndome de todo.  Esto no significaba negar o esconder las demás emociones.  Era muy conciente del dolor, de la tristeza, del temor, del estrés que sentía.  Simplemente, no dejaba que mi vida se redujera a ellos y buscaba momentos en que los demás se hicieran presentes y me recordaran que eso también pasaría, que encontraría una salida o simplemente que la vida es un coctel de muchos ingredientes.

Aquí también se dirime el asunto de cómo contar las cosas.  Cuando estabilicé mi vida emocional y encontré la paz de ser yo misma, me di cuenta de que describía esa armonía desde el lugar de “¡cuánto me costó!”.  Eso implicaba, en el fondo, que volvería a atraer situaciones de sufrimiento y esfuerzo para poder superarlas y sentir que yo valía por eso o que ese era el precio de la paz.  Decidí dejar atrás todo ello y evolucionar a través de la conciencia, apreciando cada momento.  Hoy, podría decir que mi pasado es inexistente, en el sentido de que no influye en mi presente.  Todo se borró y no tengo más que agradecimiento por cualquier cosa que hubiera sucedido.


“Hablar es gratis” se dice.  No lo es.  Darle entidad a nuestros pensamientos y emociones al expresarlas oralmente o por escrito tiene sus consecuencias.  Elijamos cuál deseamos que sea nuestro paisaje cotidiano.  Pintar con colores oscuros o luminosos es nuestra decisión.  Mostrarnos como seres en continua lucha, enojados, frustrados, temerosos, volverá a nosotros como un bumerang y no nos dejará ver que también somos seres valientes, hermosos, creativos, concientes, alegres.  Esto no significa aislarnos y vivir en un mundo de fantasía.  Significa ver todo el panorama y elegir a qué y a quiénes daremos nuestra atención y energía.  Creemos un mundo amable para nosotros y los demás.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

La productividad nos impide nuestro derecho a Ser

En los años ´30, en Occidente, se originó un enorme cambio económico, social y cultural.  La producción se transformó en el gran objetivo y la fisiología se desplazó de la comodidad al esfuerzo.  Había que “rendir”, en largas horas de encierro y monotonía, en condiciones estresantes, corriendo contra el reloj.  Ya no había lugar para el tiempo, el placer y la creatividad de una labor artesanal;  todo debía ser rápido, uniforme y racional.  El cuerpo pasó de una estética blanda y sensible (recuerda las “gordas” de Rubens) hacia una de líneas delgadas y estrechas, con fuertes contracciones en el abdomen y la pelvis.  ¡Adiós, sensualidad!, ¡hola, productividad! 

Es paradójico que, cuando esta idea se instaló, se creyó que la humanidad tendría mucho más tiempo para el ocio, ya que las máquinas harían su labor.  La realidad es que nos convertimos en otra máquina.  George Bataille, antropólogo francés, escribió que el hombre afirma su condición de ser mediante el trabajo, pero que ese mismo trabajo también le niega la satisfacción inmediata del deseo.  Subordina el presente al futuro y exorciza el miedo a la muerte.  La vida cotidiana se limita a reproducirse para perdurar.  Bataille exhorta a recobrar la animalidad negada (el cuerpo, diría yo) y la santidad del mal, instancia que reivindica como otra dimensión de la experiencia humana (lee el último Boletín).  Él cree que el hombre se define como tal cuando niega este orden de trabajo y ley: "Sólo cuando los humanos somos capaces de afirmar y mostrar una in-humanidad valerosa y soberana que no teme a la muerte y capaz de hacer del presente un fin, sólo entonces descubrimos parte de nuestra verdadera humanidad y exploramos otra posible experiencia vital.  Es esta afirmación de soberanía del ser lo que hace posible fenómenos heterogéneos y soberanos como el juego, la fiesta, el sacrificio, el erotismo, el arte..., es decir, la manifestación de la inutilidad frente a la utilidad, la noción de gasto, de derroche, de pérdida frente a la ganancia."

Una paciente me contaba que había pasado un día relajado, yendo a comer con unas  amigas y luego ordenando algunas cosas en su casa, mientras escuchaba música.  Lo hacía con un tono culposo, por lo que le pregunté cómo se sentía y me contestó que le parecía raro, porque no había hecho nada muy “productivo”.  Cada vez más, escucho este tipo de aseveración: hemos perdido la noción de simplemente ser y estar; no solo debemos hacer continuamente, sino que además tiene que estar vinculado a  la eficiencia y al tiempo, como una línea de producción.  Lo que no tiene relación con ello lo asimilamos a derroche, a una pérdida de ganancia, como dice Bataille.



Justamente, el tiempo ha pasado a ser el nuevo medidor de riqueza, no el dinero. Estamos condenados a una actividad incesante y ya apenas si quedan algunos días al año (en las vacaciones) para el ocio.  Y, cuando suceden, nos angustiamos.  No sabemos estar en silencio, inactivos, vacíos, observadores, sintientes.  Quizás, esa es la razón de tanta productividad y consumismo: una huida de ese Ser que no conocemos ni exploramos.  Sin embargo, todo lo que vale lo tiene como origen.  Lo esencial, lo verdadero, lo placentero, lo real está relacionado con lo que somos, no solamente con lo que hacemos.

Hacer lo que somos sería una síntesis idealCuando nos concentramos en nosotros y en nuestro deseo del corazón, nuestro proyecto es una extensión de nosotros mismos, es nuestro SER EN ACCIÓN.  Desde aquí, partimos de los dones, de los recursos, del potencial interior, lo que asegura que ya contamos con un material precioso: nosotros mismos.  Si nos comparamos con otros, si tomamos recetas prestadas, si seguimos un modelo exterior, fallaremos porque no estamos siendo fieles a nuestra esencia, la cual trae todo lo que necesitamos para este camino en esta vida.

También, atrae lo que precisa para desarrollar ese camino.  Si confiamos en ella, encontrará las personas, el dinero, las posibilidades para concretarse en tiempo y forma.  ¿Tendremos problemas?  Tendremos desafíos cada tanto, que son nuestros aprendizajes del alma.  Los tomamos, los solucionamos y continuamos.


A esto agreguémosle tiempos inactivos solo para conectarnos con nosotros mismos, la Naturaleza, la Vida, con Todo Lo Que Es.  Respirar y percibir.  Sentir el cuerpo y abrirnos.  Estar y expandirnos.  Conectarnos y existir.  Nada más.  ¿Cierras los ojos y lo intentas?  ¿Ahora?

miércoles, 11 de noviembre de 2015

¿Qué es ser espiritual? Un proceso abrumador...

¿Qué es ser espiritual?  Lo relacionamos con religiones, meditaciones, ciertas prácticas, portarse de una determinada forma (comer, vestirse, hablar “típicamente”), vivir solo o en comunidades, etc.  En lo más básico, con Dios.  Entonces, si fuera así, todo es espiritual.  Si todo fue creado por Dios y Él está en todo, no hay nada que no sea espiritual.
Esto rompe la idea comúnmente sostenida de que lo material (incluido el cuerpo) no lo es.  Esta concepción descansa en la dualidad: lo material y lo espiritual se impugnan mutuamente.  Así, lo positivo y lo negativo, el bien y el mal luchan dentro nuestro para alcanzar esa espiritualidad tan esquiva.  Nos agotamos tratando de conquistar uno y de rechazar al otro… ¡inútil tarea!
Creo que la espiritualidad (sobre todo en estos momentos) está relacionada con la completitud, con la comprensión de que el supuesto mal es una instancia que complementa, fortalece y profundiza el bien.  Las personas que son solo buenas, que no ven o rechazan lo negativo dentro de ellas tienden a atraer lo malo o a ser explotadas, a fin de que entiendan la dinámica y se enriquezcan.  Necesitan aprender a poner límites, a pensar en sí mismas, a afirmarse, a interrelacionarse dentro de la igualdad.
Los estados mentales y las emociones caen dentro de esta situación: algunos son buenos y otros malos.  Esto ocasiona un tremendo daño, ya que cada uno tiene un propósito superior y nos ayudan a gestionar nuestra psiquis.  La tristeza nos permite hacer el duelo y recomponernos para comenzar otra vez.  Si no la permitimos porque debemos estar bien y/o alegres, las consecuencias serán peores al tiempo.  Amemos el enojo, el miedo, las contradicciones, démosle espacio dentro nuestro escuchando sus razones y podremos integrarlos desde su contrapartida.  Si asumimos la ira, será posible protegernos, respetarnos y usar su fuerza serenamente hacia mejores rumbos.
espejo agua

Uno de los problemas comunes en esta época es el colapso de la ilusión de que ser espiritual o alcanzar la iluminación o entrar en la Nueva Energía o lo que sea es un proceso “mágico”, precedido de meditaciones, cantos y pensamientos positivos, en el que seremos calmados, compasivos, abundantes, mejores y felices.  Nada de eso.  Es una evolución agotadora y enormemente movilizante, en la que pasamos por toda clase de humores y cambios.  Es la desarticulación de la dualidad, de lo que consideramos bueno y malo, mentira y verdad, común y extraordinario, material y espiritual, realidad e ilusión, individual y universal, luz y oscuridad.  Y no solo como conceptos sino en lo concreto: en las relaciones, en el trabajo, en la vida interior y exterior.
No hay nada que no sea removido, expuesto, limpiado, a fin de ser disuelto y liberado.  No podemos entrar en lo nuevo arrastrando lo viejo, ni haciendo desde los antiguos parámetros.  Y es difícil porque, entre todos, estamos creando las bases para ello; no hay mucho cimentado todavía.  Algunas sugerencias:
  • trabaja en integrar la totalidad;
  • acepta tus estados de ánimo y encuentra lo bueno en lo malo;
  • no resistas y aprende a fluir;
  • suelta el control y confía (requisito fundamental);
  • deja ir lo que se debe ir, ya que no podrás retenerlo;
  • vive en el presente, en el aquí y ahora;
  • encuentra nuevas formas de ser y hacer, más simples, eficientes, conectadas y amorosas.
En la misma medida en que este proceso es abrumador también es satisfactorio, pleno y esencialmente tuyo, personal e intransferible.  Eres espiritual, o sea humano divino.  Reconoce tu origen y vívelo.  Aquí estoy para transitarlo juntos.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Alimentación y Nutrición no es lo mismo

Cuando tenía veintidós años, tuve un par de cólicos hepáticos, junto con muchos problemas digestivos.  Un cirujano me quiso operar y un médico me dijo que tendría que tomar pastillas siempre.  No hice ninguna de las dos cosas y me dediqué a investigar sobre nutrición.  En estos casi cuarenta años, he conocido toda clase de modas y teorías, pero nunca el tema ha sido tan masivo como ahora.
Alimentos mágicos, alimentos demonizados, hipótesis conspirativas, creencias evolutivas contrapuestas, fanatismos varios, abundancia de información no siempre verdadera, son moneda corriente de este submundo que involucra una necesidad real (alimentarnos) con otras necesidades más difíciles de evaluar (emocionales, culturales, económicas, etc.).
Un aspecto que se ha incrementado es la suposición de que la comida arreglará… todo.  Desde síntomas comunes a enfermedades mortales, desde el ánimo a la calidad de vida, para cualquier cosa hay un alimento o una teoría que repara la máquina y permite que siga funcionando sin inconvenientes.  El problema es que el cuerpo no es una máquina, es una metáfora.  Manifiesta lo que sucede en los niveles emocionales, mentales y kármicos.  En su aspecto más físico, es cierto que funciona mejor con determinada nutrición pero eso no lo salva de la incidencia de lo que sentimos, pensamos o hacemos.  Todos conocemos personas jóvenes que se han alimentado sano y hecho deportes y que han fallecido de ataques cardíacos o cáncer y personas que han comido de todo y han sido sedentarios que tienen noventa años y están bien.  Los conflictos internos, el sentido de la vida, el destino, la muerte, muchas cosas no se solucionan con comida.
 
comida feliz
 
Creo que una de las razones por las que tanta gente se obsesiona con este tema es que brinda un falso sentido de control: “si controlo la comida, tengo el resto dominado”.   Es algo inconciente, bien estudiado en la anorexia y la obesidad, pero que ahora se ha extendido al resto.  Un mundo más veloz y convulsionado, el estrés, la incertidumbre, los modelos exigentes lo han incrementado notablemente.  Los medios y las editoriales lo han advertido y bombardean constantemente con noticias no siempre veraces ni documentadas, sobre todo en Internet.  Hay una constante que advertí hace mucho: dan una larguísima lista de síntomas (alguno tendremos) que supuestamente produce determinada sustancia o hábito (parásitos, azúcar, acidez, carnes, hidratos, etc.) y la mágica solución.
Obviamente, la industria ha desnaturalizado la nutrición pero tampoco podemos volver a las cavernas como si no hubiéramos evolucionado en tantos siglos.  No somos animales, somos humanos.  Humanos divinos.  Una conciencia plena, una espiritualidad enraizada, una alegría de vivir, unos vínculos saludables, un amor por nosotros mismos y por los demás es parte del ADN que compartimos y la verdadera fuente de bienestar y salud.  Simplificar nuestra herencia maravillosa y sus desafíos a una sola variable (sea cual sea) nos debilita y menoscaba.  Al integrar cuerpo, mente y alma, estamos dando un paso adelante en la evolución. 
El alimento no es solo la comida.  Nos nutrimos de ideas, sentimientos, arte, naturaleza, relaciones, aprendizajes, experiencias, proyectos, obras, amor. Cuidar lo que introducimos a nuestra mente y a nuestros corazones es más importante que lo que introducimos a nuestra boca.  Cuidarnos es amarnos.  Amemos todo lo que  somos y viviremos sanos el tiempo que tenemos asignado.  Porque la muerte nos llegará a todos y aceptar este hecho también nos permitirá valorar la vida, sin miedos ni encubrimientos.  Nutramos nuestra alma.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Casualidad o causalidad: lo que decidas te define

¿La vida es una casualidad?  ¿No pediste nacer de estos padres, en este país, en este ambiente?  ¿Por culpa de esas circunstancias externas, tú eres como eres?  ¿Por un capricho del destino, has tenido determinados accidentes, problemas y encuentros?  ¿Lo que puedes optar es muy poco, porque casi todo es un azar que te arrastra sin control?

¿La vida es una causalidad?  ¿Decidiste tener estos padres en este entorno porque te darán las oportunidades de desarrollar los aprendizajes y vivencias que deseas atravesar en esta vida?  ¿Has determinado encontrarte con ciertas personas para la mejor evolución de todos?  ¿Lo que te sucede es consecuencia de tus elecciones y, por lo tanto, puedes cambiarlo?

¿Qué crees?  Lo que decidas definirá tu vida, no lo que es.  Si llueve y te enojas o te alegras, seguirá lloviendo pero tú te sentirás distinto.  De la misma forma, el “sistema” que rige la Vida continuará, pero la forma en la que lo interpretes delimitará la forma en la que lo experimentas.  Como en el viejo cuento del hombre que va a ver a un abogado por una demanda: al preguntarle si tiene oportunidades de éxito, el profesional le señala una pared llena de textos y le dice: “todos estos libros se lo aseguran”.  Al perder el juicio, el cliente furioso le increpa al abogado y este le muestra otra pared y le responde: “no le dije que todos estos otros libros se lo niegan”.  Cada teoría tiene sus defensores y detractores.  Puedes discutir eternamente acerca de la casualidad o la causalidad pero lo que no puedes es ser indiferente.

En este mundo veloz, pocas personas se toman el tiempo de reflexionar acerca de estas cuestiones.  El problema es que ellas influyen muchísimo en quien eres y cómo vives.  La sociedad occidental y cristiana no cree en la causalidad, por ejemplo.  Esto afecta tu visión del mundo directamente porque das por supuesto ciertas cosas que pueden ser de otra manera.  Si hubieras nacido en la India, tendrías otras convicciones.  La clave es desapegarte de tu contexto y pensar por ti mismo. ¡Qué trabajo!  Acostumbramos tragar cualquier cosa previamente masticada por otros sin chistar porque es más fácil, pero puede ser muy indigesto ya que eso no contempla tu propio cuerpo y sus necesidades.

Una excusa común es que, como no sabemos, es mejor no pensar.  ¿Conoces cómo funciona la electricidad?  La mayoría no lo sabe, lo cual no le impide usarla de mil formas distintas.  Supongamos que es una cuestión de dogma: creer en ella o no, ¿cambiaría su existencia?  Si pones un dedo en un enchufe, te electrocutarías igual.  Todo sigue siendo lo que es, pero tu definición hace que uses ese conocimiento para tu mayor bien.



Lo mismo sucede con otros temas ríspidos como la reencarnación, la ilusión de lo material o Dios.  Sin entrar a discutir su existencia o no, lo que concluyas acerca de ello modificará tu vida sustancialmente.  Hay una enorme diferencia entre pensarte como una hoja en la tormenta, manejada por invisibles vientos más allá de tu control, o como un ser multidimensional, con un propósito divino, guiado y protegido.  Hay un gran contraste entre concebir que tienes una sola vida o muchas oportunidades de aprendizaje y evolución.  Y otro mayor entre entender que continúas luego de la muerte o que todo se acabó ahí.


Ninguno es bueno o malo.  Incluso cierto o falso.  ¿Quién eres tú para determinarlo?  Justamente, tú eres el que vive esta existencia, el que llora y ríe, el que sueña y se desilusiona, el que se alegra y se enoja, el que busca abrirse a su esencia y vivir de acuerdo a ella, sin mandatos ni condicionamientos externos.  Comprendí eso hace muchísimos años, cuando me di cuenta de que era un “bicho raro” y que las consecuencias de mis decisiones las iba a vivir yo y no quienes me criticaban.  Así, resolví continuar pensando por mí misma y ser fiel a lo que creía.  Esa crucial solución clausuró la oposición en mi interior y en el exterior: finalmente, lo de afuera es un espejo de lo de adentro (otro paradigma discutido).  ¿Qué decides tú?

martes, 20 de octubre de 2015

Eres importante: ¡cuídate!

Si sé que determinada comida me cae mal, ¿por qué la como?  Si conoces los peligros del cigarrillo, ¿por qué fumas?  Si sabemos que las emociones desbordadas nos perjudican, ¿por qué nos dejamos llevar sin intervenir?  ¿El sufrimiento es más interesante que el placer?  ¿Tánatos es más fuerte que Eros?  ¿El mal supera al bien?

Debe haber muchas explicaciones pero el último tema es particularmente desafiante.  Aunque pregonamos (con las religiones asegurándolo) que Dios es Amor y triunfa ante todo, en la realidad creemos que la maldad tiene mucha más fuerza que la bondad.  Tememos a las expresiones de crueldad.  Los mansos son buenudos y terminan siendo usados.  Escondemos, negamos o enmascaramos las facetas negativas pero las sacamos a relucir cuando las necesitamos.  Vivimos en la hipocresía y la pagamos con culpas, castigos y enfermedades.

Confundimos firmeza con autoritarismo y aceptación con cobardía, serenidad con vacío y alegría con diversión.  La adrenalina del peligro y el estrés, de la emocionalidad y la volubilidad nos hace pensar que estamos “vivos” y que somos libres y decididos, cuando en verdad somos prisioneros de mandatos, publicidades e inseguridades.  Al no aceptar el combo completo, terminamos siendo menos de lo que somos y entonces la brújula que determina qué es beneficioso y qué es dañino se acaba estropeando.

Si no, ¿cómo es posible que aguantemos años en trabajo y/o parejas que nos menoscaban y angustian?  Nos conformamos con lo que nos “tocó”, en una resignación que nos disminuye.  La falta de autoestima y propósito parece ser una situación inefable de nuestra condición humana.  En una sociedad consumista, somos lo que compramos y el estado interior es una quimera que no interesa.  Sin embargo… aquí estamos… anhelando la plenitud, la completitud, la integración…



¿Cómo comenzar?  Para poder amarnos, debemos cuidarnos.  Hemos sistematizado el maltrato, el sacrificio, la ofensa, la humillación hacia nosotros mismos y hacia otros y de otros hacia nosotros.  Está tan arraigado que nos cuesta darnos cuenta de que muchas conductas cotidianas socavan nuestro amor propio y nuestras posibilidades de felicidad y creatividad.  Voy a listar algunas:

-      Comer de más o de menos o lo que nos hace mal; dormir poco o mucho o mal; no tomar descansos; trabajar sin organización ni cuidado.
-      Creer que la alegría y la plenitud pasan por la diversión desenfrenada, las compras, el alcohol o las drogas.
-      Exigirnos, disminuirnos, ser perfeccionistas, denigrarnos.
-      Tener pensamientos negativos constantemente; desbordarnos sin aprender a manejar las emociones; estar descentrados, corriendo de una idea a otra o de una persona a otra.
-      Victimizarnos, sacrificarnos, opacarnos para que otros brillen.
-      Normalizar la violencia, la agresión, el insulto, la falta de respeto.
-      No tener objetivos, sueños, propósitos; no desplegar el potencial que traemos; creernos menos que los demás o sin sentido.
-      Culpar a los padres, al origen social, a las desgracias pasadas, al carácter, a los demás, a lo que sea, por lo que nos sucede, sin tomar responsabilidad.
-      Querer cambiar a otros; hacerlos sentir culpables o malos; generar discordia, chismes.
-      Evolucionar a través del sufrimiento y la lucha; no usar la conciencia y la guía del Ser.

¿Y qué puedes hacer? 
-      Cuida tu cuerpo.  Libéralo de las cargas psicológicas que se transforman en síntomas y enfermedades, habla con él, confía en que puede autorregularse y sanarse.  Mímalo, consiéntelo, respira, busca lo que le hace bien, dale descanso y placer (estará
-       contigo hasta tu último suspiro, es el traje biokármico que te conecta con tu Ser interior y con Todo Lo Que Es). 
-      Acéptate, descúbrete, ámate, cree en ti, suelta tu potencial.
-      Elige claramente cómo quieres vivir y trabaja en ello, confiando en que lo lograrás.
-      Comparte, colabora, participa, acompaña, ama, sin perderte y sin invadir.

-      Siéntete una chispa de Luz, con un propósito divino, guiado y protegido siempre.

martes, 13 de octubre de 2015

Meditación para enraizar y expandir la Energía

Con el propósito de brindar recursos para alinearnos con estos nuevos tiempos, he editado tres ejercicios de Jennifer Hoffman (canalizadora del Arcángel Miguel) en uno solo.  Los he hecho y se los he dirigido a mis consultantes durante años, porque son básicos y sumamente beneficiosos, pero aquí están claramente expresados así que aprovecharé su explicación.  Sería útil que los grabes y los escuches, hasta que te sea tan fácil que los realices en un momento, cuando los necesites o los desees. 

Explicación de los tres ejercicios:
Ejercicio 1: Ejercicio de enraizamiento para volver a tu centro.
Con él, podrás traer la energía de la Tierra y de la matriz cristalina a tu cuerpo y, con la combinación de ambas, podrás crear un escudo protector de energía de luz equilibrada y arraigada. Puedes realizar esta meditación siempre que te encuentres estresado, ansioso, preocupado, enfadado, o si sientes que has perdido el equilibrio.

Ejercicio 2: Ejercicio de expansión del campo de energía
Con este ejercicio, aprenderás como expandir tu campo de energía, porque con un campo expandido de energía podrás recibir más energía de frecuencias más elevadas. Cuanto más grande puedas hacer tu contenedor energético, al aprender cómo expandir tu campo de energía, más fácil te será recibir energía y manifestar aspectos mayores de tu potencial, porque podrás acceder a nuevas frecuencias energéticas y vibraciones que harán posibles nuevas oportunidades.
Únicamente podemos trabajar con la energía que se corresponde en frecuencia y vibración con nuestra propia energía, y siempre al mismo nivel que nuestro propio potencial. Por lo tanto, en ningún caso vas a trabajar con energías con las que no estés familiarizado o con las que pudieras sentirte incómodo.

Ejercicio 3: Afirmación para la activación del Poder Divino
“Yo soy divinamente guiado. Yo estoy conectado, estoy seguro y protegido en todos los sentidos, en todas las cosas.”  Analicémosla ahora con detenimiento:
-      “Yo soy”. No se trata simplemente del comienzo de una frase. Cada vez que decimos “Yo soy”, se inicia un movimiento de energía. Por lo tanto, sea lo que sea que digamos a continuación de “Yo soy”, estaremos iniciando un movimiento en esa área; es importante que utilicemos esas palabras con atención.
-      “Divinamente guiado”. Aquí, el término “divinidad” se refiere a la totalidad, más que a la sacralidad o a lo sagrado. No se trata de tener que ser especiales, de tener que estar absolutamente conectados con la Fuente o entregados a lo sagrado. “Divino”, en realidad, quiere decir que el centro espiritual se ha activado, de manera que podamos incluir nuestra divinidad en nuestro yo humano. Así, dejamos de vernos únicamente como un ser humano que hace, para conectar también con la parte de nosotros que es espiritual.  Nuestra guía divina no nos dice lo que debemos hacer; siempre actúa dentro del marco de nuestro libre albedrío. Por consiguiente, al decir “divinamente guiado”, afirmamos que, al avanzar hacia adelante, las intuiciones y mensajes que nos llegarán serán la combinación de nuestro libre albedrío humano junto con el aspecto divino que todos llevamos dentro.
-      “Yo estoy conectado”. Significa que siempre existe una conexión entre tú y Dios, la Fuente, o como quieras llamar al Creador del Universo. Y esa conexión no puede romperse, aunque la ignoremos o no le prestemos atención alguna; siempre recurriremos a ella en los momentos de necesidad, cuando queramos pedir ayuda.  Sin embargo, es mejor que mantengamos esa conexión de manera fluida y continua, para que siempre podamos recordar que nuestra guía interna se encuentra a nuestra disposición, que es parte de nosotros y que se activa gracias a esa conexión.
-      “Seguro y protegido”. Cuando nos mantenemos conectados y recordamos nuestra guía divina, nos sentiremos seguros, a salvo, y sabremos que alguien cuida de nosotros. De nuevo, nuestra guía divina siempre respetará nuestra libertad de elección y no actuará sin nuestro consentimiento: su único propósito es el de ayudarnos durante nuestro viaje. También tendremos protección espiritual si la pedimos y decidimos usarla. Quizá su finalidad no consista exclusivamente en ocuparse de que jamás nada nos haga daño, aunque sí puede impedir que nos perjudiquemos a nosotros mismos. Esto no significa que podamos utilizarla como excusa para hacer cualquier cosa. Más bien se encargará de que, ante cualquier situación, y ocurra lo que ocurra, dispongamos de las herramientas y los recursos necesarios que nos ayudarán a encontrar el camino para salir adelante de la mejor manera posible.
-      “En todos los sentidos”. El Universo nunca juzga; no le importa si necesitas un vaso de agua porque tienes sed o si necesitas una nueva casa porque necesitas un lugar donde vivir. Olvidamos que, en un Universo que no juzga, todas las cosas tienen la misma relevancia y son igualmente importantes.  Por tanto, recuerda que estás a salvo y estás protegido, que eres guiado y ayudado de todas las maneras posibles. Eso significa que, cuando te permitas hacer milagros, todo será posible para tí y que todos los caminos te ayudarán a hacer realidad tus intenciones y ponerlas a tu alcance.
-      “En todas las cosas”. En todas las cuestiones y aspectos de nuestra existencia. Nada es demasiado mundano o demasiado importante; la energía que  vamos a activar dirigirá toda nuestra vida, y estaremos seguros de que nuestra intención más elevada siempre se cumplirá. En todas las cosas quiere decir en absolutamente todo.  No olvides pedir guía y dirección, de utilizar todos tus recursos espirituales en cualquier área de tu cotidianeidad en que te sientas incómodo, tengas dudas o temores.  La energía y las leyes universales lo abarcan todo; nada es demasiado insignificante y no hay nada que no pueda resolverse desde el plano espiritual.
Digo esta afirmación todos los días, cien veces al día. La canto como una canción, me la repito mi misma para recordarme que soy divinamente guiada, que estoy segura y protegida en todos los sentidos, en todas las cosas.



EJERCICIO DE ENRAIZAMIENTO, EXPANSIÓN DE ENERGÍA Y AFIRMACIÓN
-      Siéntate con la espalda recta, con los pies bien asentados en el suelo y las manos suavemente apoyadas en el regazo.
-      Toma una inhalación profunda y comienza a relajarte, con la intención de enraizar, centrar y equilibrar tu energía.
-      En la siguiente inhalación, vas a sentir la Tierra bajo tus pies.  Imagina que unas raíces salen de la planta de los pies para adentrarse en el interior de la Tierra. A través de esas raíces, vas a traer la energía de la Tierra hasta los pies, las piernas, hasta las caderas, el vientre, hasta llegar a tu centro del corazón.
-      Haz una pausa y, al exhalar, imagina un rayo de luz de la longitud de tus brazos que comienza a  rodearte, por delante y por detrás. Puedes hacer el rayo tan grande o tan pequeño como desees; puede ser como una línea delgada que creas a tu alrededor o como una inmensa esfera que te cubre completamente.
-      En la siguiente inhalación, lleva la atención a la coronilla y puedes imaginar que se abre tanto como desees. Visualiza entonces la matriz cristalina, esa red energía que se encuentra por encima de tu cabeza, imaginando que vierte su energía hasta tu coronilla, y que va descendiendo por tu cabeza, tu cara, cuello, hasta llegar al centro corazón, en el centro del pecho.
-      Haz una pausa durante unos momentos, y con una larga exhalación, imagina que sale de tu corazón un rayo de luz de la longitud de tus brazos y que te envuelve completamente en un círculo que, de nuevo, puede ser tan pequeño o tan grande como quieras imaginar.
-      En la siguiente inhalación, imagina que entra por tus pies la energía de la Tierra, al mismo tiempo que la energía de la matriz cristalina entra por la coronilla, y visualiza como ambas se reúnen en tu corazón. Al exhalar, visualiza de nuevo el rayo de luz de la longitud de tus brazos que te envuelve completamente en una esfera, tan grande o tan pequeña como desees. Puede ser diminuta, como un pequeño donut, o como un inmenso capullo de protección que te rodea.
-      Siéntete como el punto de encuentro entre la matriz cristalina por encima de tu cabeza y la Tierra bajo tus pies. Realiza cualquier ajuste que consideres necesario para que tu energía esté perfectamente equilibrada y centrada, y para que tu parte humana y tu parte divina estén en armonía, lo material y lo espiritual, la tierra y el cielo.
-      Vuelve tu atención a la coronilla y permite que siga fluyendo energía hacia tu corazón, hasta que lo sientas muy brillante y completamente expandido. Inhala y exhala, y al inhalar, sigue permitiendo que llegue más y más energía hasta el corazón. Continúa llenándolo, hasta que tengas la sensación de que ya no podrías añadir ni un milímetro más de luz.
-      Una vez que tu corazón esté repleto de luz, al exhalar, vas a expandir esa energía por todo tu cuerpo. Siente cómo llega hasta tu cabeza, tus oídos; cómo baja por tu cuello, por tus brazos, y sigue descendiendo por tu pecho, tus caderas, rodillas, hasta llegar a los pies. Recuerda inhalar y exhalar profundamente todo el tiempo.
-      Cuando tengas la sensación de que todo tu campo está repleto de luz y brillante, vas a proyectar parte de esa energía hacia el exterior con la siguiente exhalación. Al principio, puedes hacerlo despacio, como explorando el terreno, expandiéndola tan sólo aproximadamente a un metro de distancia de tu cuerpo.
-      Imagina que la energía va tomando la forma de una inmensa burbuja de luz que te rodea por delante, por detrás, por arriba, por debajo y también a los lados, siempre a la distancia aproximada de un metro.
-      De nuevo, toma aire, y al exhalar, vas a expandir la energía un poco más allá, de manera que abarque también la habitación donde te encuentras en este momento. Continúa empujando la energía hacia afuera, hasta que llene completamente toda la habitación. Si tenemos la sensación de que necesitas más energía, simplemente, abre más el Chakra de la corona y permítete recibir más energía de la matriz cristalina.
-      Toda la habitación se está llenando de luz porque tu campo de energía está expandido y llega a alcanzar poco a poco el mismo tamaño que la habitación.
-      A través de la respiración, aprovecha la exhalación para continuar enviando energía a  tu campo y expandirlo más aún, hasta que llegue adquirir el tamaño de la casa o edificio donde te encuentras.
-      Al inhalar, continúa atrayendo energía hacia ti desde la matriz cristalina para que, en la próxima exhalación, tu campo llegue a adquirir el tamaño de todo tu vecindario.
-      Inhala de nuevo para tomar aún más energía de la matriz cristalina, y lograr así expandir tu campo hasta que cubra completamente toda tu ciudad.
-      Vuelve inhalar para recoger más energía aún de la matriz cristalina, y expande tu campo en esta ocasión hasta que abarque todo tu país o tu continente.
-      Inhala una vez más para absorber energía de la matriz cristalina desde la coronilla, y expande ahora tu campo hasta que englobe a toda la Tierra y tú puedas visualizarte siendo tan grande como ella, en mitad del universo, observando al resto de los planetas y las estrellas.
-      Nos queda todavía un paso más. Esta vez, toma una inhalación aún más profunda, con el fin de absorber toda la energía que puedas de la matriz cristalina, y vas a visualizarte expandiéndote hasta llegar a ser tan grande como el Universo, tan inmenso como quieras imaginarlo.
-      Quiero que experimentes qué se siente cuando tu energía es tan grande, que sensaciones te trae esta experiencia. Si no has conseguido expandirla hasta alcanzar el tamaño del Universo, no importa. Toma conciencia únicamente de hasta dónde has llegado, en qué punto te has detenido.
-      Una vez que este proceso se ha completado, vas a comenzar a encoger y a comprimir toda esa energía, valiéndote de la imagen de una bolsa que se va desinflando  y se va quedando sin aire. Toda esa energía expansiva va a condensarse y a comprimirse hasta que, al final, llegue a estar contenida en un campo muy pequeño.
-       Ve recogiendo esa energía, sintiendo cómo se encoge. Pasa primero desde las proporciones inmensas del Universo a adquirir el tamaño de la Tierra. Después, se reducirá al tamaño de tu continente, al tamaño de tu país, de tu ciudad, de tu vecindario, de tu casa, tu habitación, hasta alcanzar el tamaño de un metro alrededor de tu cuerpo. Y, a medida que traes toda esa energía de vuelta hacia ti, vas a imaginar que se concentra en el espacio del corazón, en el centro de tu pecho.
-      Permite que tu campo vuelva adquirir un tamaño que te resulte cómodo y regresa poco a poco a tu cuerpo y al punto de partida, cuando tu corazón estaba lleno de luz.
-      Ahora, tu inmenso campo expandido de energía se encuentra comprimido, almacenado y siempre a tu disposición en tu corazón, desde donde siempre podrás usarlo. En lo sucesivo, tu corazón será tu centro de energía.
-      Parte del proceso de Ascensión consiste en ir trasladando paulatinamente nuestro centro de energía desde alguno de que los chakras inferiores (primero, segundo o tercer chakra) hasta el espacio más elevado del corazón. Y, ahí es donde se centra tu energía ahora.
-      Inhala y exhala profundamente por última vez mientras, poco a poco, vas cerrando la conexión del chakra corona.
-      Al abrir los ojos e ir regresando a tu cuerpo, comprobarás que sientes tu energía  más ligera, más brillante y expandida. Y, ahora, toda la expansión de tu campo energético se encuentra concentrada en tu corazón, donde podrás hacer uso de ella en todo momento.
-      Di: “Yo soy divinamente guiado. Yo estoy conectado, estoy seguro y protegido en todos los sentidos, en todas las cosas.”


Jennifer Hoffman

miércoles, 7 de octubre de 2015

Las cualidades femeninas o cómo sanarnos

Es sabido que vivimos en sociedades patriarcales.  A pesar del enorme avance de la mujer en distintos ámbitos, los valores que se continúan premiando son masculinos: la razón, la lógica, lo general y grande, la competencia, la rapidez, el hacer, la impaciencia, la objetividad, el juicio, la tenacidad, la lucha, la voluntad, el conocimiento de Dios, etc.  Estamos regidos por estas virtudes cada vez más y minimizamos lo que lo femenino puede aportar.  Es más, las mismas mujeres nos dejamos llevar por ellas y privamos al mundo de lo que podría no solo equilibrarlo sino sanarlo.

¿Cuáles son las virtudes femeninas?  La afectividad, la belleza, lo pequeño y particular, lo receptivo, la entrega, la paciencia, la perseverancia, la subjetividad, el estar, la espera, la suavidad, la intuición, la compasión, la colaboración, el sentimiento de Dios, etc.  Una forma simple de reconocer cada actitud es visualizar lo más básico: el espermatozoide se lanza en una carrera, hacia una meta, compitiendo con los demás, mientras el óvulo está quieto, en espera, eligiendo a quien deja entrar. 

Otra manera sencilla de observarlo es que lo femenino está en el cuerpo y lo masculino en la mente.  Mientras los pensamientos corren, planean, enjuician, el cuerpo está presente, sintiendo, en el detalle.  Nos dejamos llevar por la mente y pretendemos que el cuerpo la siga, forzándolo más allá de sus límites, anestesiándolo para que no moleste, enfermándolo porque no lo escuchamos. 

¿Qué nos puede aportar lo femenino?  Muchas de las cosas por las que tanto nos preocupamos y que tanto perseguimos, disminuirían su importancia si nos detuviéramos a sentir si son tan valiosas como para perder relaciones o momentos de placer y serenidad.  La mente quiere todo ya, se deja conducir por la manipulación y el poder.  Bajar esos deseos inmediatos a tierra lleva tiempo y constancia.  El cuerpo y la materia los precisan para hacerlos realidad. Muchos de esos deseos sucumben ante ellos porque son superficiales e inducidos por la necesidad de reconocimiento y seguridad.  Solo lo que es verdadero y esencial puede sobrevivir a la prueba del tiempo. Debemos reconocer la fuerza de la espera y de la paciencia. 



El problema es que las cualidades femeninas están relacionadas con la pasividad (en el peor sentido).  Si se privilegia la acción y la rapidez, se concluye que lo que no se mueve velozmente es malo.  Cuando se espera, no se está detenido ni estancado.  Se está aguardando el final de la gestación de algo, como una mujer embarazada.  Para ello, se necesita estar presente, atento, paciente.  La pasividad, en este sentido, es una actividad dirigida hacia una misma, hacia la interioridad, de un carácter vital: es receptividad.

La figura preeminente de la sociedad es el guerrero, en sus múltiples formas.  La lucha contra algo es considerada valiosa, la competitividad es premiada, la mente astuta es envidiada.  Lo contrario es débil, apocado, lento, indefenso, complaciente… femenino.  La mujer actual tiende a incorporar lo masculino para sentirse poderosa y luchar en el mundo y con eso pierde su fuerza esencial.  ¿Cuánto más podría lograr si aplicara su natural tendencia a colaborar, a integrar, a mediar, a suavizar, a seguir la intuición?


¿Necesita el mundo más enfrentamiento y razón?  ¿Qué tiene de malo sentarte, escuchar, contener y acariciar?  ¿Rezar, meditar?  ¿Cuidar/te y proteger/te?  ¿Respirar, mirar, gustar, sentir?  ¿Aceptar/te, entregar/te, fluir?  ¿Buscar lo mejor para todos, admitiendo las diferencias? ¿Actuar con el corazón, con compasión?  ¿Te hace más débil o inútil?  Lo femenino tiene un potencial de sanación inconmensurable.  La Tierra y la humanidad lo necesitan.

jueves, 1 de octubre de 2015

Revocación de votos y Declaración de Luz

Probablemente, has sabido del eclipse de Luna en Aries y de la importancia que se le atribuye, junto a otros factores astrológicos. Para resumirlo:

-      Trae a la superficie asuntos del inconciente, para identificarlos y resolverlos.
-      Reclama liberar las creencias limitantes del pasado, de modo definitivo y concreto, dejando ir lo que ya no nos es útil ni nutritivo.  Lo que soltemos ahora puede ser para siempre.
-      Al ser en Aries, tiene relación con los inicios (por lo que nos da un fuerte impulso para comenzar aquello que anhelamos) y con el liderazgo, la potencia y la acción.
-      Al estar el Sol en Libra (Aries y Libra son complementarios, el Yo y el Otro), se nos pide la reconciliación de los opuestos, la emergencia de la Pareja Interna, el equilibrio entre el dar y el recibir.

Es un tiempo importante.  Te sugiero que busques información al respecto y que la pongas en práctica.  Por mi parte, me pareció oportuno brindarte un Decreto muy poderoso para ayudarte a transitar este proceso.  En otras encarnaciones, hemos hecho determinados votos o acuerdos, que siguen influyendo en esta vida.  Es fundamental que los liberemos y que nos alineemos con nuestra Alma en nuevas resoluciones, acordes con la Energía disponible ahora.  Por ello, esta Revocación de Votos está acompañada de una Declaración de Luz.

Puedes crear un ambiente adecuado para realizarlo (flores, velas, incienso, piedras, lo que necesites), no porque sea imprescindible sino porque te sirve a ti.  Corta y pega en otro documento, añadiendo tu nombre y editándolo como quieras; eres libre de agregar o sacar lo que coincida con tu sentir.  Si no crees en la reencarnación, igual te puede servir para limpiar patrones dañinos y abrirte a tu Ser.

Sería bueno que lo hagas durante 21 días y que estés atento a los sueños y sincronicidades que pueden aparecer, así como también a los pensamientos o actos que sostienes y que se contradicen con lo que expresas en el Decreto, como “yo no tengo suerte en el amor”, “siempre tengo problemas con el dinero”, “nunca voy a lograr nada importante”, etc.  La mera enunciación de estos votos no los hará realidad si no te comprometes a hacer cambios verdaderos en tu forma de pensar, sentir y actuar.  Es hora de dejar una forma infantil de vivir y madurar hacia la plena responsabilidad y creatividad que es nuestro potencial como seres humanos divinos.  Espero que esta sugerencia active los recursos internos que tienes disponible y los alinees hacia tu mayor bien y el de otros.



Invoco a mi Presencia Yo Soy y pido la asistencia de Ángeles, Arcángeles, Maestros y Guías de Luz para realizar esta tarea.
Invoco la energía de Dios Padre/Madre Todo lo que Es y el Cristo en mí.
Invoco la conexión con todos mis yo multidimensionales.
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REVOCACIÓN / RENUNCIA
Yo, conocido ahora en tercera dimensión como: ................. (nombre completo) doy por terminado todo contrato, asociación, acuerdo y/o voto de pobreza, castidad, obediencia, carencia, esclavitud física, psíquica, mental o espiritual, restricción material, enfermedad, soledad, limitación y aislamiento o que impliquen algún sufrimiento para mí o mis yo multidimensionales - conscientes o inconscientes para mí ahora - que haya hecho y estén vigentes en cualquier dimensión, plano, tiempo y realidad, con cualquier propósito y realizado por cualquier medio - físico o extrafísico - y cancelo toda situación que signifique una retribución o compensación por estos contratos, asociaciones, acuerdos y/o votos a cualquier ser, persona o entidad - individual o colectivo - con quien los haya realizado.
Que la energía  involucrada en estos contratos, asociaciones, acuerdos y/o votos sea disuelta, elevada y transmutada en luz y devuelta al depósito universal de energía para su transformación y que yo y todas las personas, seres o entidades - individuales o colectivos - involucrados conmigo y todos mis yoes multidimensionales- seamos liberados de todos los vínculos que nos unen.  Que toda mi energía sea purificada y reintegrada a mí y a todos mis yoes multidimensionales y sean restaurados todos los daños ocasionados en mí o en otros, en armonía y perfección.
Pido que esta revocación completa sea grabada en los Registros Akashicos y pongo al Espíritu Santo como testigo.
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DECLARACIÓN DE LUZ
Yo, conocido ahora en tercera dimensión como: ................. (nombre completo) de aquí en más expreso mi intención y voluntad de realinearme con la Gracia Divina.
De aquí en más, declaro la completa recuperación de mis libertades y poderes alineados con mi Yo Superior y la restauración de mi campo de energía original, infundido con la energía dorada del Cristo, para mí  y todos mis yoes multidimensionales, en cualquier dimensión, plano, tiempo o realidad en la que nos encontremos.
De aquí en más, queda abierto al Universo el flujo para el suministro abundante de amor, alegría, salud, provisión material y relaciones personales adecuadas para mí  y para todos mis yoes multidimensionales, para el aprendizaje, la elevación espiritual y contribución al Universo.
De aquí en más, llega solo aquello que esté alineado con el más alto bienestar y evolución para mí y para todos mis yoes multidimensionales, y lo hará de forma
continua, evidente e inmediata, en armonía y perfección.
Yo ahora autorizo al Cristo y a mi Yo Superior para que hagan los cambios necesarios para esta realización, para que mis interacciones y las de todos mis yoes multidimensionales estén alineadas con estos patrones.
Que esto sea escrito en el Libro de la Vida y que el Espíritu Santo lo atestigüe. Que así sea hecho.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~


Yo Soy................. (nombre completo)
Doy gracias a mi Presencia Yo Soy, Ángeles, Arcángeles, Maestros y Guías de luz por su asistencia.
Doy gracias a Dios Padre/Madre Todo lo que Es y al Cristo en mí.
Me doy gracias a mí mismo y a todos mis yoes multidimensionales.

martes, 22 de septiembre de 2015

Las resistencias y los beneficios del cambio

Cuando decidimos cambiar (o no tenemos más opción, como está sucediendo bastante ahora), se presentan ciertos desafíos.  Voy a tratar algunos:

  • Las expectativas: muchos se paralizan frente a una decisión porque sopesan indefinidamente lo que pueden perder.  Imaginan distintos escenarios y hacen hincapié en lo que dejarán de tener o en lo que no pasará y así basan la elección en el  miedo y la carencia y en su incapacidad para procesarlos.  No podemos obviar que cualquier situación tiene aristas positivas y negativas, pero estas últimas tienen que ser aceptadas y negociadas y, sobre todo, debemos ser impulsados por el entusiasmo de lo que obtendremos, de la expansión que disfrutaremos, de las novedades que movilizarán nuestra vida hacia lo mejor de nosotros.

  • Las pérdidas: cuando hacemos una elección, las demás posibilidades desaparecen.  Esto hace que algunos permanezcan en un limbo de indecisión porque de esta forma tienen la quimera de que todas las oportunidades siguen vivas y posibles.  En principio, esto no es cierto porque con el tiempo muchas se van desvaneciendo solas, mientras uno sigue detenido y frustrado.  Por otro lado, nos perdemos de los regalos del compromiso: solo cuando abrazamos decididamente algo, recibimos su fuerza, su belleza, su profundidad, su conexión, su abundancia, lo que sea que esa posibilidad abre y despierta con su presencia.


  • La volatilidad: al existir en un mundo veloz y variable, pasamos a una y otra cosa, una y otra vez, en la creencia de que las poseemos y las disfrutamos.  En la mayoría de los casos, esto no es más que una ilusión.  Se suceden lugares, personas, cursos, diversiones, etc., pero pocas dejan un sedimento verdadero.  Por un lado, el placer necesita tiempo, precisa morar en el cuerpo deliciosa e intensamente; es la diferencia entre un vistazo por la ventanilla del auto y estar sentado en una playa mirando un ocaso.  Por otro lado, nada se aprende sin profundizar y practicar; la mayoría de mis consultantes han leído y hecho cursos interminablemente pero tienen internalizado poco de eso en sus vidas cotidianas.  Al anular al cuerpo y priorizar a la mente, todo va a su ritmo y, al final, el físico termina llamando la atención contundentemente.

  • Las decepciones: al cambiar de dirección, algunas personas se verán afectadas.  Muchos no pueden soportar esta situación e infantilmente se quedan atados a sus reclamos y extorsiones, retrasando su evolución (y la de ellos).  Es necesario comprender que algunos no aprobarán nuestras decisiones y que todos nos debemos mover hacia un mayor nivel de responsabilidad y creatividad.  Al inicio, nuestra resistencia se liga a la de los demás y tendemos a echarles la culpa, para no hacer frente a nuestros propios miedos y dudas.  Luego, una vez esclarecidos, debemos comenzar y esperar que ellos también crezcan y maduren.  El detener nuestro proceso conlleva la detención de la de todo lo demás, porque estamos unidos a la Creación de manera indisoluble.


Hacer algo distinto tiene sus dificultades, pero generalmente no son necesarias acciones heroicas ni grandiosas en el exterior.  Son imprescindibles los pequeños cambios internos de cada día, que van cimentando un trayecto seguro, sólido y entusiasta.  Eso irá abriendo las posibilidades externas, de acuerdo a tu capacidad, vibración e intención incrementadas.  Da el paso y la Vida te irá abriendo el camino en cada pisada.