miércoles, 1 de abril de 2015

Cómo solucionar las resistencias al cambio

Cuando comenzamos un proceso de transformación o de crecimiento o un proyecto, llega un momento en que nos topamos con las resistencias internas.  Dentro del “combo” que somos, una parte desea lo nuevo pero otras tienen miedo, dudan, se desmerecen, son cómodas, etc.

Tenemos tres formas de tomar las resistencias: luchar, rendirnos o fluir.  No hay manera más rápida y eficiente que escuchar el cuerpo para comprenderlo.  En mi Consultorio, cuando se presentan en un consultante,  le digo que se pare y levante las manos exponiendo las palmas.  Le pido que imagine que yo soy un obstáculo a eso que desea y lo empujo con mis manos.  La mayoría tiende a empujarme más fuerte, a lo que le respondo con más intensidad hasta que termino prevaleciendo (sé cómo pararme para hacerlo).  Algunos simplemente dejan que los empuje y se van para atrás, rindiéndose de entrada, convencidos de que no pueden o de que no valen.

Estos dos extremos simbolizan las respuestas básicas del estrés: o luchamos o huimos.  La sociedad privilegia la lucha.  Lo que no nos damos cuenta es que, cuanta más energía ponemos en pelearnos con los problemas, más los reforzamos (en este caso, yo opongo tanta resistencia que acaban cansándose y dejan).  No puede ser más gráfico.  Acostumbramos fortalecer los problemas al pelearnos con ellos.

Pasa igual cuando ponemos demasiado esfuerzo en conseguir algo: o nos agotamos o lo alejamos.  Resulta fácil de observar en una mujer que quiere embarazarse; si no lo consigue rápido, se obsesiona al punto que no lo logra.  Cuando lo suelta y se relaja (porque adopta o abandona la obsesión), es más probable que quede embarazada.  La fuerza que ponemos en conseguirlo es lo que impide lo que deseamos: tenemos que salirnos del camino.





¿Cuál es la tercera opción?  Fluir.  ¿Qué es eso?  Según el diccionario, es algo que corre con facilidad.  El ejemplo más claro es el agua, que sigue su recorrido por los lugares de mínima resistencia.  ¿Cómo sería en el caso de las manos?  Descubrir el punto justo en que se armonizan ambos empujes y podemos  ir hallando un ritmo común hasta danzar juntos. En algún momento, me deja y baila su propia melodía.  Ha aprendido lo suficiente del obstáculo y ya puede liberarlo. 


Finalmente, ese es el propósito: hay una resistencia interna (que generalmente se manifiesta externamente) que es necesario aceptar, conocer, aprender y soltar.  Así, podemos continuar el camino más fuertes, sabios y comprensivos.  Es necesario comprender esta dinámica, porque, cuando decidimos iniciar algo, siempre tendremos retos y ellos son imprescindibles para el aprendizaje.  El problema radica en la forma en que los tomamos: resistiéndonos y victimizándonos.  La solución es darnos cuenta apenas aparecen y preguntarnos para qué están ahí, qué partes nuestras están manifestándose y necesitan evolucionar.  O peleamos o danzamos.  Es nuestra decisión.

jueves, 26 de marzo de 2015

Resistencias y dudas

Una consultante me contaba, enojada, todas las resistencias a su proyecto que encontraba entre sus conocidos.  Otros dudaban tanto de ella como de sus planes.  Se pasaba mucho tiempo rebatiendo lo que le decían, al punto de comenzar a agotarse.

Le dije que me resumiera los argumentos.  Cuando terminó, le pregunté: “¿Acaso no tienes tú misma esas renuencias e incertidumbres?”.  Tuvo que admitirlo.  “Contratamos” a gente de afuera para que sean las voces de nuestras propias obstrucciones y así nos boicoteamos.  Distintas facetas internas reaccionan al cambio, a lo nuevo, a lo desconocido y las personas nos devuelven lo que pensamos.




Cuando dejamos de perder energía en refutarlas y la ponemos en aclararnos interiormente y trabajar por lo que queremos, las contradicciones externas ya no son necesarias.  Entonces, operan como estímulos para continuar.  El adentro construye el afuera.  Siempre.

lunes, 23 de marzo de 2015

¿Qué mundo le estamos dejando a los jóvenes (y a nosotros)?

Charlando con una ex paciente, me contó que había pasado un rato con un nieto de ocho años.  Al final, él le había dicho: “¡Abuela, no hice nada en toda la mañana!”.  Ella le respondió que habían jugado, conversado y almorzado.  Pero él, entre enojado y angustiado, le volvió a decir que “¡había perdido el tiempo!”.

Estamos mal como sociedad si los niños tienen esta idea de la vida.  El otro día, pasé por enfrente de un Jardín de Infantes a la salida al mediodía.  Se me ocurrió que ahora, desde bebés, los levantan a la madrugada y les imponen horarios para la escuela, los deportes, las actividades extras, los encuentros con amigos, etc.  Si luego siguen la Universidad, han pasado 25 años repletos de agendas y obligaciones, que los preparan para profundizarlo en el trabajo.  No me extraña que muchos chicos, hartos y cansados, se arruinen en una adolescencia alargada.  Cada vez más, escucho de nuevas “modas” entre jóvenes que son muy auto-destructivas (además de devastadoras para otros).  Incluyen drogas, alcohol, salidas nocturnas hasta el día siguiente, sexo descuidado, deportes extremos, etc. 

A propósito de una conversación, recordé mi propia adolescencia.  Tenía entre 10 y 20 años cuando la generación de los años 60 proclamó la revolución de paz y amor.  Creíamos que íbamos a cambiar el mundo.   Yo tenía un entusiasmo y una exaltación maravillosos por el futuro que estábamos destinados a crear.  En los 70, todo terminó en violencia y revolución por las armas.  Y sigue…  No tanto por las armas, sino por el consumo y un estilo de vida ligado a la actividad incesante.  “Plenitud” significa ahora tener la vida ocupada constantemente.  No nos podemos perder nada.  Tenemos que hacer y tener todo.  Le tememos al vacío…



Es interesante que lo Femenino tenga relación justamente con el Vacío (en lo físico, con el útero, y, en lo espiritual, con el espacio potencial del que nace la Creación).  Estamos en una sociedad patriarcal que ha pervertido las cualidades Masculinas, llevándolas a un extremo que agota y denigra la vida.  No podemos Hacer continuamente desde el Ego, sin detenernos a escuchar lo que desea nuestro Ser y articular desde ese lugar.

Las mujeres somos las que más hemos sufrido este “avance”.  Ya no solo debemos ser esposas y madres perfectas (una idealización social surgida en la modernidad) sino también profesionales y mujeres exitosas, delgadas, inteligentes, cultas y muchas pretensiones más.  Los hombres han visto ahondado su rol de proveedores (ahora para unas cuantas familias, con tantos divorcios) e incrementado otros, como ser atléticos y apuestos por ejemplo.  La exigencia de lucir jóvenes es para ambos.

No quiero sugerir que cualquier tiempo pasado fue mejor.  Ciertamente, pienso que no hay mejor tiempo que el presente.  Esta pequeña reflexión intenta que nos tomemos este tiempo que decimos que no tenemos para hacernos las grandes preguntas que quizás jamás nos planteamos: ¿quién soy?, ¿cómo quiero vivir?, ¿qué tiene valor para mí?, ¿cómo comparto esto con los demás?

En los comienzos de la modernidad, se creía que la humanidad tendría tiempo para el ocio, ya que las máquinas harían el trabajo.  Es desalmado observar cómo estamos a merced de las máquinas y sin tiempo para nosotros y lo esencial.  Es común decir que nada externo nos dará la felicidad y que no nos llevaremos nada cuando nos vayamos.  Es teoría.  En la práctica, hacemos lo contrario.  Igual que con Dios, del que decimos que es Amor.  En lo cotidiano, convivimos con un Dios cruel y malévolo, ya que no confiamos en Él porque creemos que somos entes abandonados a la lotería de una realidad violenta y sin sentido.  En la realidad, compartimos una existencia desacralizada y materialista.


Está en nosotros (no en los gobiernos, la religión, la sociedad ni los medios) el volver la mirada hacia adentro y descubrir la Luz que brilla siempre en nuestros corazones.  A partir de Ella, podemos crear un mundo sagrado y amable e ir desactivando éste gobernado por el Ego.  Es mi compromiso.  Te acompaño.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Síntomas de adaptación a la Nueva Energía

Cuando hay tormentas solares o alineaciones astrológicas/energéticas muy fuertes, tiendo a dormir muy mal.  O demasiado.  Y a necesitar comer determinadas cosas.  O digerir mal.  Me ha estado pasando en estos días, así que quiero compartir algunos comentarios al respecto, porque podría estar sucediéndote.
  • Sueño: puedes despertarte entre las 2 y las 4 o muy seguido o en la madrugada y no volver a dormir. O dormir profundo y/o muchísimo (e igual sentirte cansado).  O alternar estos dos comportamientos.
  • Alimentación: puedes necesitar ingerir más comidas, sobre todo con azúcar (precisas más combustible) o aficionarte a una que no te gustaba o no tolerar alguna que antes te apetecía o sentir alergia o mala predisposición o digerir mal o hincharte como un globo o subir de peso y no poder bajarlo.
  • Fatiga y/o dinamismo: puedes sentir un inexplicable cansancio (que no se soluciona con nada) y/o alternar con períodos de una enorme actividad y entusiasmo, que se van tan rápido como vinieron.
  • Dolores y síntomas: puedes tener días en que te duele todo (o partes que van rotando) y luego desaparecen, al igual que síntomas o enfermedades que remiten solas.
  • Pérdida de memoria de corto alcance, distracción, descuido: puedes sentirte desorientado, olvidadizo, fuera del mundo, etc.
  • Abrumado, irritado, harto: puedes sentirte sobreestimulado y abrumado de cosas, situaciones o personas de baja vibración (noticias, programas, multitudes, comentarios chismosos o malintencionados, gente pesada o nociva, etc.).
  • Pérdida de vínculos: puedes estar alejándote o dejando amigos, trabajos, hábitos, etc.
saludando el amanecer

Estas actitudes (sobre todo las últimas) son parte de la transformación que estamos realizando desde la tercera dimensión, desde la Vieja Energía, desde el Ego hacia la quinta dimensión, la Nueva Energía, el Ser.  Nos estamos desconectando de lo que conocemos y, como todavía no estamos firmemente anclados en lo nuevo, fluctuamos entre dos mundos.  El cuerpo físico es uno de los que más cambios debe realizar y por eso debemos aceptarlo y darle lo que necesita: descanso, cuidado, respeto.

La Nueva Tierra es Presencia en el aquí y ahora, por lo que estamos soltando el pasado de muchas formas y necesitamos un enfoque continuo en la Conciencia del momento, para poder interpretar las señales que el Alma envía a través del cuerpo y de las situaciones cotidianas.  De esta forma, no necesitaremos atravesar caóticas y movilizantes situaciones de sufrimiento al límite (típico de la Vieja Energía) para acceder a la conexión con el Ser y a nuestra Esencia luminosa.

lunes, 16 de marzo de 2015

Tu forma de tomar la vida define lo que encuentres

En mi trabajo con consultantes, observo cómo muchos de sus problemas tienen que ver con la normalización de presunciones que son equivocadas y, peor, dañinas.

La mayoría de ellas son producto del reinado del Ego en la sociedad.  Abiertamente, el Espíritu ya no dirige ni inspira ninguna vida ni emprendimiento.  Todo lo que somos y hacemos está impulsado por intereses materiales.  La vida en sí es entonces un drama existencial sin sustancia y/o una superficialidad consumista.  Lo que nos sucede es una serie de repeticiones incomprensibles y casuales, como si fuésemos hojas en una tormenta impiadosa.  Esta supremacía del Ego sobre el Espíritu, de lo visible sobre lo invisible, de lo externo sobre lo interno, origina ciertos supuestos que damos por verdaderos. 

Veamos algunos:

·         La vida es acción: como el Ego es un instrumento del Alma para llevar a cabo sus aprendizajes en este plano, toma todo como una actividad a realizar, sin buscar la guía ni la motivación interna.  Así, sale a concretar objetivos que le dicta la sociedad; a tratar de cambiar a los demás o al entorno para sentirse tranquilo y feliz; a moverse sin sentido o frenéticamente para tapar la frustración y creerse que así es alguien completo.  Con esto, tapa o anula lo que lo hace realmente único y veraz: su Ser esencial.
·         La vida es lucha: como el Ego está desconectado de Todo Lo Que Es, percibe el mundo como un lugar peligroso y al que hay que “sacarle” lo que desea.  Los otros son sus enemigos, sus competidores, tiene que contar con armas para defenderse, debe estar siempre alerta y en control, exigirse y rendir para subir en el escalafón y que no lo pasen por encima.  Las metáforas son guerreras y conquistadoras.
·         La vida es azar: como el Ego es miope, sólo ve lo que tiene cerca y no se le ocurre una mirada abarcadora que aprecie la vida como un diseño sagrado en vista a constituirse en un creador responsable; por lo tanto, las cosas le “caen”, se “dan”, tiene desgracias o suerte, hay casualidades, pero nunca son originadas por el poder de libre elección que cada uno posee.
·         La vida es dualidad: como el Ego se va de un extremo al otro, no puede  considerar las paradojas (cuanto más damos, más tenemos; la rigidez y el autoritarismo son signos de debilidad; cuando te entregas, obtienes lo que buscas) ni la trialidad (ni una punta ni la otra ni el medio: una tercera posición por encima, que engloba todo en una síntesis sagrada).
·         La vida es sufrimiento: como el Ego no comprende que los sucesos están motivados por lecciones internas, se aferra al dolor causado por su ignorancia y lo perpetúa incesantemente, en lugar de evolucionar y liberar. 



Esta forma de aprendizaje, a través del sufrimiento, ha traído innumerables desgracias a la Humanidad.  Hemos llevado a un extremo insoportable esta modalidad, esta exploración de la oscuridad de la dualidad, esta inmersión en un cuerpo físico.  Nuestro planeta, en esta dimensión, es una grandiosa oportunidad para crear a través de un cuerpo, algo enormemente desafiante, complicado, raro… y preciosamente complejo, placentero, variado, hermoso.

Si bien aprender por la presión del sufrimiento es una forma rápida y eficiente de obtener conocimiento por medio de la experiencia, la hemos tomado como la única y la hemos exagerado demasiado.  Basta mirar alrededor para constatar que la mayoría está eligiendo (sin saberlo) llevarse al límite y sufrir callada o ruidosamente sus aprendizajes.  Estamos en otro tiempo, uno lleno de nuevos recursos y sencillez.  La Conciencia es una forma más creativa, gozosa, plena, integrativa y luminosa de acceder a niveles cada vez mayores de evolución.

¿Y quién la anclará en la realidad de la Tierra? TÚ.  Leer y hacer talleres solo traen la teoría.  Se necesita tu Presencia en el aquí y ahora, tu Ser guiando tu Acción, tu Amor iluminando el camino, tu Cuerpo de Conciencia liderando el cambio para ti y los demás, tu elección de traer el Cielo a la Tierra.  Cada mayúscula habla de la importancia de que seas Tú, en esencia y en verdad.

lunes, 9 de marzo de 2015

Siete pasos para liberar el pasado

Tenemos la idea de que la vida es una sucesión de acontecimientos, algunos buenos, otros malos, que se van sucediendo con poca intervención de nuestra parte.  Aún quienes creen en teoría que no es así, tienden en la práctica a verse como damnificados de las circunstancias.  Es difícil remontar la forma en que hemos sido educados.

Cuando comenzamos a experimentar que todo parte de nosotros, lo que más cuesta es liberar el hecho que provocó el aprendizaje.  Supongamos que tuvimos un suceso muy traumático (un accidente, un aborto, una muerte, un abuso, etc.) o una vida llena de dolor y carencias.  En general, las dos maneras en que lo manejamos son: víctimas, ya marcadas y dañadas para siempre, o víctimas, que a fuerza de voluntad y valor, se rehacen.

Otra forma es ver la vida como un aprendizaje.  Esas situaciones fueron convocadas por nosotros y sirven para enseñarnos determinadas actitudes o visiones o apreciaciones.  Así, pasamos de entidades pasivas a actores activos.  Somos los creadores y podemos elegir cómo deseamos continuar entre múltiples opciones. 

El problema que subsiste es qué hacemos con lo que produjo ese cambio de percepción.  Comprendemos su significado, pero quedamos atrapados en las emociones que suscitó el acontecimiento.  Estos pasos son necesarios:

-      Relatar: si nunca se ha hablado de la situación, es fundamental dirigirse a alguien comprensivo o a un profesional para descargar los sentimientos y escucharse.  Es muy distinto pensar acerca de algo que expresarlo en voz alta y tener un interlocutor que permita una elaboración.

-      No relatar: si se ha hablado demasiado, es hora de callar.  Por un tiempo, el contar funciona como un “desgaste” de la circunstancia y permite que se la vaya interpretando y asimilando, hasta internalizarla y considerarla un hecho significativo, pero sin carga emocional negativa.  Para muchos, esta fase es eterna y en realidad sirve para volver a traer la situación y, sobre todo, las emociones asociadas.  Es como volver a vivirla inagotablemente.  Una vez que hemos comprendido para qué sucedió, ya es momento de dejar de pensar y de conversar de ello, de dejarlo en el pasado y no hacerlo presente.

-      Perdonar y perdonarse: cuando entendemos que nos hemos “contratado” para pasar por ciertas experiencias con otras personas, a fin de aprender juntas, el perdón es lo que libera los karmas y otorga un nuevo paso evolutivo.  Aunque no lo parezca, es más complicado perdonarse, sobre todo si se ha implicado a otras personas (hijos, por ejemplo).  Debemos saber que todos nos hemos elegido, no hay inocentes ni culpables.



-      Resignificar la vida: nos hemos contado una historia de drama y victimización, que ahora podemos reconstruir más compasiva y amorosamente.  Al resolver profundamente para qué hemos venido y asumir nuestro protagonismo, cambiamos el pasado al declarar una autobiografía desde otro punto de vista, los que nos autoriza a empoderarnos y valorizarnos.

-      Apreciar el aquí y ahora: cuando vivimos obsesivamente en el pasado, nos perdemos de los regalos del presente.  Cada día, trae una nueva oportunidad, y solo podemos darnos cuenta y beneficiarnos de ella cuando soltamos el ayer y atraemos según el nuevo nivel al que hemos accedido.

-      Agradecer y bendecir: las quejas, los lamentos y los sufrimientos hacen caer en una espiral de más de lo mismo, hasta que nos sentimos agotados y vacíos.  Aunque cueste al principio, apreciar cada cosa y cada momento nos expande y nos llena de luz para iluminar más y más cada aspecto de nuestras vidas.


-      Vivir como Seres Espirituales: los pasos anteriores son posibles si educamos a nuestro Ego y no lo dejamos dirigirnos.  Él es un instrumento y no lo que somos.  Esa visión pequeña, carente, limitada y victimizada del Ego debe ser reemplazada por una mirada integrativa y espiritual.  La conexión con nuestra Alma nos llevará a encarnar nuestro potencial y a crear la vida que está disponible para nosotros.  La clave es liberar las experiencias y nutrir los aprendizajes que nos trajeron, vibrando en el Amor que somos.

viernes, 27 de febrero de 2015

Preguntas esenciales