martes, 26 de julio de 2016

Desempoderado o con el Poder del Amor

“Sabes, todas las cosas que supuestamente “sufro” se han convertido, en realidad, en una enorme ventaja. Hablo de raza y discapacidad. Se supone que son factores negativos en nuestra sociedad, pero son precisamente las cosas que me han liberado”.  Esto lo expresó un artista negro, discapacitado por un accidente.

Los lugares en donde nos paramos para vernos son cruciales.  Acostumbrados a victimizarnos, solemos tomar nuestras “debilidades” para identificarnos.  Somos los raros, los enfermos, los sensibles, los golpeados, los alcohólicos, los sufridos y los muchos etcéteras involucrados en raza, género, origen social, status económico, problemas físicos, traumas infantiles, etc.  Es interesante que, como sociedad, adoremos y persigamos modelos de perfección y, en lo interno, nos sintamos imperfectos e incorrectos.

En general, no hemos recibido una educación a través de la cual podamos reconocer y apreciar nuestras fortalezas, dones y cualidades, a la vez que aceptamos nuestras debilidades, carencias y limitaciones como posibilidades de transformación y aprendizaje.  Al contrario, tendemos a ocultar y proyectar éstas últimas, mientras damos por sentado las primeras, sin valorarlas debidamente.

Me pasa frecuentemente que les pregunto a los pacientes acerca de las virtudes  que poseen y se quedan mudos; no pueden nombrar más de un par de cosas, las cuales además consideran poco estimables.  Cuando les menciono algunas, no las reconocen o les ponen objeciones.  En cambio, es posible que nombren defectos sin parar, casi con satisfacción.   Parece que siempre somos poco, menos, inadecuados.  Algunos pasan de la inferioridad interna a la superioridad externa: se muestran como los mejores, son orgullosos, insensibles, perfeccionistas, soberbios, alardean de sus rasgos y de sus producciones… para compensar consciente o inconscientemente lo que sienten.



¿A qué se debe esta extendida plaga de no valoración?  A muchas razones.  Además de Niños Internos que continúan jugando su juego, quiero mencionar un factor que atraviesa lo personal y lo social: el Poder.  Según como está instalado, el poder es una fuerza dominante, en el sentido de ser ejercido sobre otros.  Así tenemos el clásico dúo “víctima/victimario” en sus múltiples variantes, tanto en lo familiar, lo sexual, lo político, lo social, lo religioso, etc.  A pesar de que tendemos a creer que el victimario es el que tiene el poder, generalmente esta relación esconde un reparto inconsciente del mismo y/o una necesidad mutua: no hay uno sin otro.

¿Por qué es posible esta relación?  Porque ambos desconocen el propio poder, el que tienen por derecho natural, el que es esencial a su ser.  Esos juegos en los que nos involucramos delatan la falta de poder interno o, mejor dicho, la falta de reconocimiento del mismo.  Cuando sabemos quiénes somos, cuando podemos apreciar nuestras cualidades y trabajar en nuestras carencias, cuando aceptamos que tenemos el poder de ser y hacer, de elegir y de crear, nos paramos en el verdadero lugar.

¿Cuál es el juego que reemplaza al del Poder?  El del Amor, el del Poder del Amor.  Esta semana, un paciente que tiene muy poca autoestima, producto de un padre omnipresente y autoritario, me discutía constantemente.  Le hice notar que me estaba poniendo en lugar del padre, que estaba suponiendo que debía rechazarme y pelearme para ser él, porque creía que yo lo avasallaría con mis ideas (como lo hizo su padre).  Le dije: “yo no estoy en tu contra, estoy a tu favor.  Yo no quiero que pienses como yo, sino que aprendas a pensar por ti mismo.  Yo no quiero tener poder sobre ti, sino que tú encuentres tu propio poder.  Yo no estoy sobre ti, estoy contigo”.

Una vez leí que, cuando nos enamoramos verdaderamente, en realidad nos enamoramos de nosotros mismos porque nos vemos reflejados en los ojos del otro, que ve lo mejor de nosotros y que desea lo mejor para nosotros.  Es cierto.  Quizás, se trate de la imagen de lo divino en nosotros, del vislumbre de los ojos de Dios que nos recuerdan que somos espíritus bellos, amorosos y poderosos.

miércoles, 20 de julio de 2016

Vivir en el cuerpo, vivir en el presente continuo

¿Jugamos?  Imagina que eres exactamente quien eres ahora, pero  tu cuerpo es una máquina, un robot que sigue las órdenes de tu cerebro.  Te levantas, te bañas, el agua corre por tu cuerpo pero no la sientes más que como una necesidad de limpieza.  Desayunas y te llenas de la energía necesaria para comenzar el día.  Vas a tu trabajo y mecánicamente te dedicas a lo tuyo (en el medio, más alimento).  De vez en cuando, charlas con otros robots como una forma de intercambio de información.  Vuelves a casa, tomas la última ración de energía, miras televisión para entretenerte y te vas a dormir.  Durante esas diligencias, tu mente te atiborró de recuerdos del pasado, miedos del futuro, dudas, excusas, ansiedades, diálogos interminables acerca de lo que eres y deberías ser, de lo que pasó y debería haber pasado, etc.  Ella no descansa jamás y encuentra siempre material para su constante gestión.

Ahora, imagina que tu mente está en calma (activa pero equilibrada) y que tu cuerpo está vital y despierto.  Sensible al agua tibia de la ducha, a la suavidad y perfume del jabón, a la mullida toalla; al energizante café y al delicioso pan con mermelada.  Mientras vas al trabajo, percibes el frío del aire y los rayos cálidos del sol, el verde de los árboles y las flores multicolores, la hermosa arquitectura de los edificios, mientras escuchas la música que tanto te gusta.  Llegas y, aunque mucha de tu labor es repetitiva, encuentras la forma de involucrarte para ponerle tu sello, tu creatividad, tu interés porque sabes que el trabajo es una forma de servicio (siempre es para alguien).  Resuelves algunos problemas mientras llegan otros, te pones contento y también te enojas, te calmas, te das cuenta de que un error que cometiste tiene que ver con una actitud equivocada que prometes cambiar, sigues.  Charlas con tus compañeros, haces bromas, se reúnen para almorzar, tienes una conversación íntima con alguien que está pasando un mal momento y aprendes mucho acerca de cómo llevar adelante un duelo.  Te quedas lleno de emociones contradictorias, que sigues procesando mientras vuelves a tu casa.  Decides cocinar una sopa de verduras para tranquilizarte y disfrutas cortando cada una, apreciando sus colores, oliendo los diferentes aromas, el nutritivo resultado final.  Te sientas a comerla delante del televisor y miras una película sobre la pérdida de un esposo.  Se reactivan las emociones y te vas a dormir, con una mezcla de tristeza, descubrimiento, preguntas acerca de tu futuro y de la vida, pero agradecida por haber tenido un día lleno de situaciones interesantes.


 ¿Con cuál te sentiste más identificado?  Probablemente, fue una mezcla pero estoy segura que la primera te hizo replantearte cuántas fichas le ponemos a la mente, creyendo que es lo más importante en nuestras existencias.  Puede resultar chocante, pero la mente es sólo uno de los centros de consciencia, una instancia para conceptualizar la dualidad en la que vivimos (blanco/negro, bueno/malo, correcto/incorrecto).  Como además está atada a la línea del tiempo (pasado, presente, futuro), cualquier decisión que tomes desde ella te mantendrá siempre prisionero de la duda acerca de si no hubiera sido mejor tomar el otro extremo (“¿y si hubiera dicho que sí, sería mejor, qué tendría ahora?”).  Creemos que solo la mente toma decisiones, que hablamos únicamente desde ella, que nuestra vida está digitada por nuestros pensamientos nada más.

No es así.  Tenemos un cuerpo que está siempre presente, procesando el aquí y ahora, conectado biológicamente a instancias mayores que la mente común, vivaz y lúcido. Estamos en una instancia material, no mental.  ¿Por qué no lo aceptamos y lo capitalizamos?  ¿Por qué queremos “elevarnos” a costa del cuerpo?  ¿Por qué nos denigramos, nos destruimos, nos enfermamos, si tenemos tanta vida y posibilidades disponibles?  Ciertamente, hay muchas razones de poder y de control detrás, pero ahora podemos redefinirnos y rediseñarnos. 

Nuestro maravilloso cuerpo está acostumbrándose a mayores niveles de energía (por eso tantos síntomas e inconvenientes) para accesar a la espiritualización de la materia: todo en un solo envase, todo en esta Tierra, todo en el presente continuo.  ¡Qué regalo!  Este es un momento precioso, de comienzos de grandes cambios, conectados a los sentimientos y a la consciencia. ¿Qué mejor guía que el cuerpo?  ¿Comenzamos a imaginarlo y concretarlo?  Te acompaño.

miércoles, 13 de julio de 2016

¿Qué es un cambio de paradigma? Un ejemplo práctico.

Paradigma es una palabra griega que se usa para denominar elementos que siguen algún diseño o modelo. El físico y filósofo estadounidense Thomas Kuhn acuñó una nueva interpretación en su libro "La estructura de las revoluciones científicas" refiriéndose a los filtros que impone nuestro cerebro, es decir a las suposiciones, conceptos, valores y previa experiencia con los que miramos las cosas.

Según Kuhn, una revolución científica es un cambio tan grande que el paradigma anterior ni siquiera se puede comparar con el paradigma nuevo, porque incluso las palabras que se usan para explicarlo son nuevas. El modelo de Kuhn tiene las siguientes fases:
1. Establecimiento de un paradigma.
2. Ciencia normal: se lo emplea para explicar todo. A medida que se va usando, se acumulan paradojas, es decir, ciertas observaciones que van en contra del paradigma.
3. Crisis: las paradojas se suman a tal grado que causan una crisis. Los científicos pierden confianza en el paradigma inicial.
4. Revolución: los científicos empiezan a probar cualquier teoría; éstas proliferan en cualquier signo, lo que fuerza que los científicos discutan los fundamentos.
5. Establecimiento de un nuevo paradigma: el mismo cambia el mundo científico, siendo no sólo incompatible con el anterior, sino que también es inconmensurable, es decir que ni siquiera se pueden comparar, puesto que las palabras y unidades de medida son diferentes.


Este modelo es el mismo que usamos para nuestras ideas o conductas. Por ejemplo:
1. Tus padres te arruinaron la vida.
2. Tú no le importabas a tu madre y tu padre no estaba nunca en casa.
3. Tu abuela era fría y lejana y apartó a tu madre de su vida. Ella sufrió mucho y no lo pudo superar, por lo que se encerró en su interior, lo que hizo que le costara acercarse a ti. Tu padre viene de una familia muy carenciada y se propuso no pasar por eso nunca más, por lo que trabajó sin descanso siempre, por miedo a la pobreza. Tú eres poco afectuosa y alejas a los demás con tus demandas desmedidas de cariño; vives para el trabajo.
4. Poco a poco, comprendes el origen de las actitudes de tus padres y las tuyas. Comienzas a leer sobre metafísica y nuevas teorías sobre la vida. Vas a una terapia con orientación espiritual y entiendes para qué encarnaste en esta familia.
5. Asumes tu poder personal.


En términos del cambio que estamos atravesando desde hace unos años, el cambio de paradigma sería:

ANTIGUO PARADIGMA                         NUEVO PARADIGMA

Es mecanicista                                   Es naturalista
Desintegra, divide, reduce, fracciona     Integra, multiplica, suma, crea, unifica
Atiende la parte                                 Atienda el todo
Estudia objetos                                  Estudia relaciones
Es rígido y estático                             Es flexible y dinámico
Niega toda contradicción                      Acepta la incertidumbre, el misterio
Acentúa el poder, el hacer                   Acentúa el ser, el amar
Es intelectual-racional, lógico               Reconoce la inteligencia emocional y
                                                       valora la intuición

Es bastante fácil darse cuenta de que es un pasaje de un modelo con cualidades Masculinas a uno Femeninas (las pongo en mayúsculas porque no se trata de hombres y mujeres sino de energías, las cuales necesitan una renovación después de siglos de dominación de una sobre otra, para perjuicio de ambas).



Sería interesante que identifiques tus paradigmas internos porque están creando tu mundo externo. Ese es uno de los puntos más fuertes de la transformación que estamos atravesando: la noción de que el afuera es objetivo e inmutable, que no responde a ningún factor a la revolucionaria idea de que es un espejo del adentro, de que atraemos ciertos elementos de acuerdo a nuestra energía, intenciones, emociones, contratos, mandatos, etc.

Es un viaje: desde la Dualidad (tú y el otro como opuestos) hacia la Unidad (tú mismo te atacas desde la sombra, no hay un otro sino partes tuyas en un rompecabezas que tú mismo creaste). Todos somos Uno.

Lo que más me encanta de este nuevo paradigma es la posibilidad (latente y pocas veces puesta en práctica) de que no hay modelos externos sino de que cada uno es su propio modelo, la libertad de elección, el respeto por los aprendizajes personales en medio de una red de contención mutua. Como Khun mismo dijo: “Cuando vives dentro de un paradigma, no puedes escuchar el universo”.

martes, 5 de julio de 2016

Oleadas de energía: consejos para afrontar los cambios

Como comenté en una entrada anterior, solemos vivir en la mente, confiando que es la herramienta fundamental para nuestra existencia.  Diseñada para conceptualizar la dualidad, está lejos de ayudarnos en las decisiones esenciales.  Mientras, despreciamos y sobrecargamos al cuerpo, usándolo como una mera máquina y así nos perdemos sus valiosos mensajes. 

Cuando no estamos conscientes, el cuerpo es el depositario de nuestros conflictos y carencias pero no lo consideramos así: se enferma por cuestiones externas y tiene que rendir sin importar nada.  Lo acallamos con pastillas y lo descuidamos hasta que comienza a cobrarnos los excesos uno tras otro.  Entonces, nos damos cuenta de que es necesario reconocer que cuerpo y mente son uno, que hay un vínculo entre lo que nos sucede y lo que manifestamos y “leemos” esa relación para hacer los cambios necesarios a fin de sanarnos tanto psicológica como físicamente.

Falta una tercera etapa: también estamos recibiendo oleadas de energías provenientes de una transformación sin precedentes en la humanidad.  Estamos mutando en todos los niveles hacia la espiritualización de la materia, conteniendo cada vez más energía consciente.  Gran parte de lo que nos pasa ahora tiene relación con transformaciones colectivas, con energías que trabajan aspectos específicos o revisiones y limpiezas de las que no podemos escapar.

Cada uno de nosotros “combina” las energías y los procesos propios con lo que estamos tramitando como sociedad.  Así, entre todos vamos bajando y concretando un nuevo paradigma.  Nadie está excluido y la responsabilidad es proporcional al nivel de consciencia, no hay contribución menor. 

Transitar tal magnitud de reformas es arduo, muchas veces extenuante y difícil.  No hay nada que quede librado, la reestructuración es total y lo estamos haciendo en medio de enormes cambios culturales en el mundo.  Uno retroalimenta al otro en tierra de nadie: lo viejo está cayendo y resistiendo pero lo nuevo todavía está formándose. 

Uno de los aspectos más duros es la crisis de expectativas, propósitos y motivaciones: aquello que estuvimos alimentando por décadas ya no parece satisfactorio; aquello que deseamos tanto ya no tiene el atractivo necesario; aquello que creímos ser va desapareciendo en la niebla del tiempo y no sabemos dónde estamos parados.

Según como lo tomemos, es un tiempo aterrador y decadente o un tiempo desafiante y lleno de posibilidades.  La mente trata de reconfigurarse mientras el cuerpo recibe energías perturbadoras y buscamos rediseñarnos.  ¿Cómo atravesarlo?   Algunas sugerencias:


                              
-      Escucha tu cuerpo: tu mente está acelerada siguiendo al Ego y su exigencia de cumplir con las metas de los mandatos familiares y sociales.  Aprende a relativizarla, a determinar nuevas actitudes que estén más en concordancia con lo que va surgiendo en tu interior.  El cuerpo es un gran aliado porque está siempre en el presente, guiándote hacia tus necesidades reales.
-      Sana tu Niño Interior: la mayoría de tus luchas y privaciones están vinculados con tus primeros años.  Esto no es culpa de tus padres ni de la sociedad, es el esquema de tu encarnación: allí reside el aprendizaje y la evolución.  Deja de barrerlo bajo la alfombra, tómalo y madura.
-      Vibra con los tiempos: estás dentro de una matriz colectiva, tenlo en cuenta cuando sientes determinados síntomas, cuando te impactan los acontecimientos sociales, cuando vas a crear un nuevo trabajo, cuando  reacciones, etc.  Usa la astrología y las actualizaciones energéticas, refina tu percepción, navega la ola.  Hoy, publiqué "Los 51 síntomas del despertar espiritual" y mañana el Informe Astro-Energético de Julio en mi sitio
-      Suelta y redefínete: aferrarte a lo que debería ser, resistir, mirar para otro lado, embrutecerte trabajando o recurriendo a sustancias (las que sean) solo dificulta todo y acarrea más sufrimiento.  Traza una línea y proponte liberar el pasado y comenzar otra etapa, que probablemente signifique nuevos propósitos, relaciones y/o lugares o reacomodamientos de los actuales.  Busca ayuda si no puedes solo.
-      Acepta los cambios: ¿está llegando nueva información o percepciones o necesidades?, ¿estás desconectando de personas que pensabas que estarían para siempre o necesitando reestructurar esas relaciones?, ¿estás conociendo personas diferentes?, ¿ya no resuenas con tu entorno o con viejas actitudes?, ¿tu cuerpo te está pidiendo otra comida, otras actividades, otro entorno, otro trato?, ¿necesitas silencio, conexión, expresar tus emociones, respirar, meditar, una nueva actividad?  Ábrete, acepta y hazte caso.
-      Sintoniza tu corazón: el propósito del cambio es guiarnos a través del amor, la paz, la abundancia y la consciencia.  Tómate momentos para preguntarte si lo que eres y haces está alineado con tu corazón, con tu esencia, con lo mejor para ti y los demás. 

Obviamente, no es algo que consigas de hoy para mañana: es la labor de muchas vidas.  Simplemente, comienza con lo que hay ahora y continúa paso a paso, con compasión por ti mismo y por los demás.  No estás solo.  Confía y la Energía te irá abriendo el camino.  Aquí estoy para acompañarte.

martes, 28 de junio de 2016

¿Habitas tu cuerpo? Responde estas preguntas...

Frecuentemente, le grafico a mis consultantes que somos como los dibujitos de historieta: tenemos un cuerpo pero vivimos en el globo de los pensamientos.  No nos habitamos, estamos en la mente, que existe en la línea del tiempo: pasado, presente (poco) y futuro.  El único que está constantemente en el presente es el cuerpo.

Al creer que la mente es lo fundamental, nos perdemos los mensajes de otros centros que están tomando información del aquí y ahora, de lo que efectivamente está sucediendo, no de lo que nos gustaría que fuese ni de lo que filtramos con nuestras resistencias y programas pre-adquiridos de la mente.  Muchas de nuestras contracturas y sintomatologías, de nuestra falta de paz y confianza, son productos de la falta de conciencia corporal, ya que estamos incómodos o molestos y no lo percibimos o lo dejamos pasar, como si no fueran importantes. 

La salud, las emociones, el instinto, la intuición, la inspiración se rigen por parámetros absolutamente vivenciales y del momento.  Al no escuchar sus señales y advertencias, abrimos la puerta a enfermedades, prejuicios y problemas que podríamos haber evitado si nuestra conciencia estuviera atenta a los estímulos que recibimos en cada instante.  ¿Lo pruebas ahora mismo?


 ¿Puedes percibir cómo está tu respiración ahora, mientras lees esto? ¿Registras cómo tu cuerpo está sostenido por la silla, en qué lugares, dónde estás tensionado, si te duele alguna parte, si tienes calor o frío? ¿Qué puedes hacer para ponerte cómodo? ¿Sientes alguna emoción? ¿Adónde, en tu pecho, en tu plexo, en la panza? ¿Sabes cómo reconocerla, qué te quiere decir, cómo transmutarla?

¿Ves el mundo como algo objetivo, en el que no tienes injerencia? ¿Consideras tu vida el resultado de tu infancia, la culpa de tus padres y la sociedad, una condena, una experiencia azarosa, en la que tu participación es mínima? ¿Observas los cambios como peligros a tu status quo, a lo que tanto te costó lograr, pero no puedes frenarlos (y quizás no quieras)? ¿Has leído que el mundo es tu espejo, el escenario externo de tu escenario interno? ¿Lo puedes considerar ya, en algún aspecto de tu vida? Cierra los ojos y date cuenta. ¿Qué dice de ti? Si no te gusta lo que ves, ¿qué cambios necesitarías hacer para permitir emerger el potencial de resolución y sanación?

¿Has comenzado a tomar conciencia de sensaciones raras, de intuiciones repentinas, de sincronías imposibles, de deseos de “algo más” que no sabes muy bien de qué se tratan, de información o personas con conocimientos nuevos? ¿Qué significan para ti? ¿Te dan miedo, dudas, frustración? ¿Te atraen, te vivifican? ¿Con qué te conectan? Siéntelo. ¿Necesitas ayuda para aplicarlos? ¿La buscas?

Mientras hacías esto, ¿perdiste la percepción de tu cuerpo otra vez o te ayudaste de él para ir más profundamente? Vuelve a él. ¿Cómo estás ahora? ¿Tomas nota de tu entorno, de los estímulos externos? ¿Sonidos, olores, temperaturas, texturas? ¿Es más amigable? ¿Puedes contactarte con él, desde un sentido de unidad? Respira y siente el aire como el portador de la Energía Universal que te conecta con Todo Lo Que Es. Entra a tu cuerpo, lo expande, lo conecta, lo ilumina. Sale y te relajas, te integras, iluminas. Eres un Cuerpo de Conciencia: cuerpo, mente, alma, espíritu, todo.

martes, 21 de junio de 2016

Trabajemos la alegría en lugar del miedo y la ira

En estos cinco meses, hemos atravesado grandes limpiezas y pérdidas.  Junio es un mes con una energía más potente y llena de posibilidades, pero quizás nos hemos quedado con algunas emociones remanentes que nos impiden aprovechar las nuevas circunstancias que se pueden presentar.  Hay dos que son especialmente fuertes: el miedo y la ira.

Es tan grande la importancia de las emociones en nuestras vidas, que tendemos a evitarlas (apelando a que la Mente es todo) o a dejamos abrumar por ellas (alegando que somos muy emotivos).  En lugar de eso, podemos considerar el significado de este poderoso motor que mueve nuestro ser, dándole el espacio que le corresponde.

Con respecto al miedo, su función básica es ayudarnos a reconocer el peligro, a fin de mantenernos sanos y funcionales.  Siendo tan primario y fuerte, ha sido usado siempre como un mecanismo de control, tanto en el hogar como en la sociedad (el otro es el enemigo).  Los temores infantiles jamás se disipan si no los reconocemos y enfrentamos, hasta darnos cuenta de que son los de nuestro Niño Interno que no supo lidiar con ellos.  Muchos de estos miedos son aprovechados en estos tiempos de información instantánea y omnipresente por los “miedos” de comunicación, que inoculan sus intereses  bajo la pretensión de una asepsia inexistente. 
 
Más profundamente, como dice Sarah Varcas, el miedo no es nuestro enemigo, sino un indicador que una parte de la persona se ha apartado o está en negación. Tememos no poder con el futuro porque hemos perdido contacto con nuestra fuerza interior. Tememos que la vida dé un giro hacia lo peor, cuando perdemos conexión con la esperanza. Tememos que la raza humana se destruya a sí misma porque hemos perdido la visión de nuestro más alto potencial. El miedo nos muestra dónde debemos reconectarnos y por qué. Es nuestro amigo, que nos guía a través del bosque de las emociones. Un poderoso aliado con regalos para compartir.” 



La ira, en su función básica, nos permite defendernos y poner límites ante un avasallamiento a nuestra integridad.  También, es una descarga ante la frustración o la pérdida.  En estos tiempos de energía incrementada, también la ira puede aumentar exponencialmente si expresa situaciones internas que hemos mantenido escondidas o negadas.  Podemos irritarnos por estar demasiado ocupados para reconectar con nuestra vida interior.  Podemos resentirnos por no establecer límites a personas o circunstancias que hemos dejado que nos sojuzguen durante años.  Podemos enojarnos por haber callado nuestra verdad o nuestros anhelos más profundos.  Podemos disgustarnos por los cambios rápidos y profundos que se suceden, los peligros que nos rodean (y el miedo que nos infunden), la incertidumbre inherente a la vida.

Hemos pasado tanto tiempo eliminando y purificando, que parecemos atascados en este proceso, sin conectar con lo que está apareciendo ni con emociones que consideramos “lujosas” como la alegría.  Hay tanta Energía nueva y maravillosa que está disponible, que tenemos que hacer el “esfuerzo” de despegarnos de las viejas historias y sentimientos relacionados a ellas, para abrirnos al entusiasmo y la felicidad de habitar un tiempo que hemos esperado por eones.


Las emociones son fuego y es fundamental no echarles leña tratando de ignorarlas (mientras explotan en forma de enfermedades y accidentes) o de incrementarlas buscando excusas para hacernos las víctimas.  Ellas nos conectan con nuestro cuerpo, con la esencia de nuestro sentir, con el fuego creador, destructor y manifestador.  Es fundamental reconocerlas, aceptarlas, escucharlas, darles el respetuoso lugar, guiarlas hacia su mejor expresión, usarlas para nuestro propósito, asociarlas al amor, la alegría y la paz.

jueves, 16 de junio de 2016

Cambiar el adentro para cambiar el afuera

Le pregunto a una nueva consultante la razón por la que comienza un camino de conciencia y evolución.  Me responde con una lista de cambios que desea ver en el afuera.  “¡Ah!  Quieres que los demás cambien para que tú seas feliz”, le digo y se ríe.  Comienza a comprender que esa es la ruta equivocada.

En realidad, es la ruta de la mayoría, la que nos enseñaron: “si algo no te gusta, lucha y cámbialo”.  De esta forma, andamos peleando con molinos de viento, creyendo que hacemos grandes contribuciones y que nuestra vida mágicamente se transformará… para caer en la constatación de que solo nos agotamos y que las cosas siguen muy parecidas.

Una amiga, hace muchos años, me dijo: “si hubiera sabido que iba a repetir los mismos problemas con mi segundo marido, me hubiera quedado con el primero”.  Así es: podemos cambiar de pareja, de trabajo, de residencia, de amigos pero, si no cambiamos nosotros, solo repetiremos lo que ya tenemos adentro, con un nuevo paisaje.

Por otro lado, resulta mucho más cómodo tratar de cambiar a los demás en lugar de trabajar con nosotros mismos.  No solo tenemos a alguien a quien echarle las culpas  sino que podemos engañarnos con que sabemos lo que hay que hacer pero el otro no lo hace (somos tan sabios y perfectos…).

Cambiar el afuera es una lucha estéril y dura.  Además, no vinimos a hacer eso.  Esta es una labor individual, que se hace en compañía.  No podemos conocernos verdaderamente ni aprender si no es por los demás.  Cada uno puede fantasear con que tiene determinadas cualidades pero, si no las pone a prueba con su entorno, nunca sabrá si son reales.  La relación con los otros nos revela, nos enriquece, nos expande, nos profundiza.

Cuando no estamos a gusto, tendemos a creer que estamos en el lugar equivocado, con la gente equivocada.  No pensamos que somos nosotros los que estamos atrayendo esas circunstancias para poder aprender algo de nosotros mismos.  En lugar de eso, reaccionamos y culpamos, nos enojamos y pretendemos cambiarlos, como pobres víctimas del destino. 



Ese lugar, esas personas, esas situaciones son las oportunidades de evolucionar.  En lugar de reaccionar y luchar, deberíamos aceptar y observar.  No se trata de una resignación pasiva, sino de un activo trabajo interior de descubrir la verdad dentro de nosotros.  Cuando comprendemos nuestro papel en la obra, podemos hacer esa transformación, esa metamofosis interna que habilitará la externa.

Habilitar no implica necesariamente que los otros cambiarán (eso depende de su propia evolución) pero ya no reaccionaremos ni estaremos apegados a resultados ficticios.  Podremos decidir sin estar coaccionados por la repetición ni los condicionamientos del pasado.  Nuestra presencia consciente atraerá nuevas oportunidades sin la necesidad de la lucha y la oposición constante.


Cuando nos dedicamos a nuestra sagrada labor interna, cumplimos con nuestro papel en Todo Lo Que Es y comprendemos que formamos parte de un entramado infinito, perfecto, evolutivo, pródigo, sabio, amoroso.  Dejamos de oponernos reactivamente para aceptar la maravilla de nuestro diseño y el de los otros y contribuimos al Gran Diseño desde la consciencia integrada, la cual es magníficamente superior a cualquier deseo limitado del ego.  Lo que es para nosotros, vendrá; lo que deba suceder, sucederá, si somos fieles a nuestra Identidad, si somos verdaderos y nos escuchamos.