miércoles, 26 de agosto de 2015

La calma guía hacia la solución

Una nueva consultante me llama, agitada y nerviosa, para contarme un suceso sorpresivo, que puede cambiar la vida de su familia.  Habla sin parar, atropellándose con las palabras, imaginando circunstancias infortunadas y panoramas apocalípticos.  En la primera pausa que toma, la detengo y le digo que respire.  No me escucha y quiere seguir hablando.  La vuelvo a parar y le repito que comience a respirar, en principio como le salga, pero que tome aire por la nariz y lo saque por la boca, por la garganta específicamente, como si soltara toda la angustia en una exhalación aliviadora.  Después que lo hace unas cuantas veces, le pido que respire por la nariz, lentamente, con la panza, que ponga la atención en sus pies, luego en todo su cuerpo, que sienta su corazón latiendo cada vez más lentamente.  Ahora que está más serena, la invito a que vuelva a sí misma, que se centre en su pecho, que se diga: “Yo soy xxx, estoy en pleno uso de mi conciencia, estoy conectada a mi Ser y, cuanto más calmada estoy, más cercana está la solución a cualquier situación”.  Luego de una breve charla, se da cuenta de que esto podría ser una bendición disfrazada y el cambio que estaba esperando. 

Esta forma de reaccionar es sumamente común: nos dejamos llevar por las emociones y las fantasías más sombrías y terminamos generando cosas mucho peores.  Reflexionemos un poco.  Si un específico hecho acontece, se debe a que una serie de decisiones y actos previos buscan una resolución.  Es la oportunidad de finalizar con una tendencia y comenzar con otra.  En la medida en que tomemos conciencia de qué necesitamos liberar y de qué precisamos incorporar, más simple e integrada será la transición de un estado al otro.

Lamentablemente, la manera de hacerlo que conocemos es dramatizar, perdernos a nosotros mismos, actuar intempestiva y reaccionariamente, recurrir a otros que están más perdidos que nosotros, etc.  Lo peor es descontrolarnos emocionalmente, ya que ese fuego se intensifica hasta consumirnos, sin lograr ayudarnos en el proceso.  Tenemos la mala asociación de creer que somos las emociones, en una sensiblería nociva.  En general, lo que sentimos proviene de lo que pensamos.  A determinado filtro mental le corresponde determinado filtro emocional.  Si cambiamos uno, cambia el otro.



Cuando entramos en la espiral negativa de imaginar desgracias, en el fondo lo que hacemos es crearlas, porque nuestra mente (alimentada por las emociones) termina construyendo lo que tanto piensa.  En lugar de ello, lo que conviene es tomar una perspectiva más elevada, salir de la dualidad y subir hacia una instancia integradora que pueda observar la oportunidad superadora que ese hecho significa, la posibilidad que el Alma nos está presentando para evolucionar. 

Es imposible realizarlo si estamos ansiosos y desequilibrados.  Por el contrario, esa vorágine funciona como una resistencia, que impide la resolución del conflicto.  Cuanto más serenos y neutros estemos, más fácilmente aparecerán las revelaciones, las respuestas, los movimientos nutritivos esenciales.  Es necesario aprender a serenarnos, centrarnos, escucharnos profundamente, dar lugar a nuestro Ser, dejar que la Vida conspire a nuestro favor, confiar, amarnos.


Todavía no estamos totalmente maduros para esta instancia.  Estamos manejados por nuestros Niños Internos (que son los dueños de las emociones) y los dejamos que se sigan hiriendo cada vez más, en lugar de contenerlos y crecer.  Como Humanidad, nos debemos un desarrollo sustentado en instancias más serenas, creativas y amorosas.  Está en cada uno de nosotros comenzar e instaurar nuevas y mejores actitudes.  ¿Te unes?

miércoles, 19 de agosto de 2015

Tú decides: resistes, neutralizas o beneficias

¿Cómo estás leyendo este artículo?  ¿Es confortable tu postura, te molesta o te duele algo?  ¿O estás tan absorto navegando en Internet que no te das cuenta de tu cuerpo?  Si atraje tu atención, no cambies nada por ahora.  Solo observa tu respiración, tu actitud, tus manifestaciones físicas.  ¿Cómo te sientes emocionalmente?  ¿Está tu mente tranquila o ansiosa o embarullada?  ¿Te sientes bien?

Si respondiste que no, ¿sabes qué hacer para cambiarlo?  Esta pregunta tan simple puede resultar lo menos obvio que te imaginas.  Damos por descontado que así somos, que así son las cosas, que así es la vida, por lo que rara vez nos planteamos que el cambio es posible y menos cómo se hace. 

Tomar esa posibilidad implica que atravesaremos por distintas instancias, algunas difíciles, otras asombrosas, otras espléndidas.   ¿Cómo atravesar las complicadas?  Buscando comodidad en la incomodidad.  Siempre tendremos situaciones que nos desagradan o nos perturban.  La actitud con que las tomemos es crucial.  Ya lo sabes: no importa lo que sucede sino qué haces con ello…

Tienes tres posibilidades: te resistes, lo neutralizas o le buscas algo bueno.  Analicemos cada una.  Si te resistes, cargas la actividad con enojos y victimizaciones, lo cual la hace más pesada y difícil.  Si la neutralizas, la aceptas y te dedicas a realizarla sin más, con la mente en blanco.  Si le buscas el beneficio, te será más rápido y fácil y te energizará en cuanto comiences.  Recuerda que estamos en una dualidad, por lo que todo tiene tanto su parte buena como mala.




Vamos a un ejemplo simple: suponte que tienes que ordenar tu ropa.  En el primer caso, te llenas de excusas, te cansas de solo pensarlo, te irritas y lo más probable es que lo dejes para otro día.  En el segundo, te pones a hacerlo y buscas cómo implementarlo haciéndolo cómodo dentro de tus posibilidades.  En el tercero, piensas en lo ventajoso: lo afortunado que eres de tener tanta ropa, lo hermoso que quedará el armario, las personas que se beneficiarán de lo que regales o el dinero que te quedará si lo vendes, el orden que eso representa como un reflejo en tu vida, etc.  Es tu decisión.

Una aclaración: ¿lo estás pensando para quedarte en una situación incómoda para siempre?  No funciona.  La vida es evolución.  Cuando te está mostrando que es tiempo de crecer hacia un nuevo nivel, nada lo impedirá.  Quedarte o resistirte solo agravará las consecuencias.  Muévete y hazlo lo más simple y agradable que puedas.


Volvamos a tu situación.  ¿Cómo estás respirando?  Hazlo inflando tu panza (no tu pecho), en una sucesión lenta de inspiraciones y espiraciones, sintiéndote conectado a la Vida.  ¿Estás contracturado?  Pon tus pies sobre el piso, apoya tus isquiones (los dos huesos en la base de la pelvis, no el coxis), recuesta la espalda completa sobre el respaldo, imagina tu columna como una flecha hacia el cielo, con la cabeza flotando suave.  Siente tus huesos sosteniéndote y deja que los músculos se relajen lo suficiente.  Toma conciencia de que la silla y el piso te soportan y suéltate.  La Tierra te sostiene y te nutre.  Respira tranquilo, libera el ceño y la mandíbula.  Aquí estas y este Ser precioso eres tú.  Estás en el aquí y ahora, conciente y pleno¡Bienvenido a tu mundo!

miércoles, 12 de agosto de 2015

Del círculo vicioso al círculo virtuoso del amor

Todos hemos creado modelos en nuestra infancia para obtener cariño y validación.  Mientras que para algunos esto significa enormes  niveles de autoexigencia y perfeccionismo, para otros implica constantes enfermedades o fracasos, para otros un aislamiento pasivo, entre otras actitudes auto-castigadoras. 

Voy a exponer, en una forma muy sintética, cómo se desarrolla este conflicto, que se convierte en un circuito enfermo y limitante, a menos que tomemos conciencia y lo rompamos:

CÍRCULO VICIOSO
QUIERO EL AMOR EXCLUSIVO Y TOTAL DE MAMÁ Y PAPÁ
Deseo ser amado egoístamente, así que, si mis padres aman a otros o no me dan todo lo que necesito, me veo excluido 
Frustrado en la clase de amor que quiero, me siento no amado lo suficiente

ME SIENTO RECHAZADO
Experimento odio y hostilidad

ME SIENTO CULPABLE
Debo ser bueno y amar, especialmente a mis padres; si no, soy malo, es pecado

MEREZCO SER CASTIGADO
Pero, tengo miedo de serlo

NO MEREZCO EL PLACER
Lo deseo, pero, si soy feliz, el castigo será peor
Tengo miedo a la felicidad

TENGO MIEDO DE SER CASTIGADO, AUNQUE LO MEREZCO
Pero, si me castigo yo mismo, al menos evito la humillación de ser castigado por los demás
Creo enfermedades, fracasos, dificultades

TAL VEZ, ME PUEDA ESCAPAR
Si soy perfecto, si soy el mejor, podré encontrar una solución
Me planteo un modelo con autoexigencias imposibles de satisfacer

ME SIENTO IMPERFECTO E INFERIOR
Todos son felices, pero yo no puedo ser bueno y puro
Me aíslo, siento vergüenza, debilidad, temor

FRACASÉ
Soy inferior, pero si pudiera recibir enormes cantidades de amor, respeto y admiración de los demás, sería como recibirlo de mis padres
Además, probaré que puedo ser perfecto y digno de amor

EL CÍRCULO SE CIERRA POR DONDE COMENZÓ:
MI NECESIDAD DE SER AMADO SE VUELVE TODAVÍA MÁS COMPULSIVA
Repito la actitud una y otra vez con todos y en cualquier situación y me frustro más y más, acrecentando los fracasos y problemas

ESTOY EN UN CONFLICTO IMPOSIBLE DE RESOLVER
Mis Niños Internos sólo tienen el deseo inmaduro de recibir amor, cuidado y reconocimiento, sin dar casi nada a cambio y sin tomar riesgos (sobre todo el desafío de conocerme verdaderamente y cambiar)

CÍRCULO VIRTUOSO
Es sorprendentemente corto y simple:
RECIBO TANTO COMO DOY
Sano a mis Niños Internos y me convierto en sus amorosos Padres
Sólo cuando amo en forma sana y madura y sólo cuándo estoy dispuesto a amar tanto como deseo ser amado, el amor estará cerca




Atiende la plegaria de tus Niños que necesitan de tu amor, de tu conciencia, de tu protección.  Si necesitas ayuda para romper este círculo vicioso, escríbeme y suelta tu imagen idealizada para poder acceder al potencial maravilloso que trajiste.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Redefínete hacia tus mejores aspectos

Después de la gimnasia china, un grupo nos vamos a tomar café.  El jueves, nos quedamos más que de costumbre (un par de horas largas) y, al despedirnos, comentando cómo se nos había pasado el tiempo tan rápido, Jorge dijo: “¡Y sin hablar mal de nadie!”.  Se lo comenté a una consultante a propósito de un tema que estábamos tratando: a qué partes de ella quería darle atención y energía.

Con mi grupo, no hablamos mal de los demás porque somos buenos sino porque hemos decidido compartir lo mejor de nosotros y de la vida.  En parte fue inconciente y en parte lo hemos explicitado, pero no tocamos cuestiones que nos hagan pelear o que nos desanimen.  Festejamos cumpleaños, buenas noticias y lo que venga.  Todos somos grandes, hemos vivido muchas cosas y no queremos perder el tiempo con personas ni con asuntos que no nos hagan bien.  Simple sabiduría o sabiduría simple…

Mi consultante tiene un largo historial de engancharse de aspectos internos que la desvalorizan y la boicotean.  Ha comprendido esto y está en el camino de incorporar nuevas actitudes.  Necesita redefinirse.  Este propósito es muy actual.  Después de un largo tiempo de liberar los lastres psicológicos, emocionales, vinculares y kármicos, estamos comenzando a tomar aire fresco y es preciso que rediseñemos quiénes deseamos ser y cómo deseamos vivir.

Interiormente, somos un combo de aspectos que nos tiran para arriba o para abajo.  Como hemos sido influidos por la noción de que poco podemos cambiar, en general nos dejamos llevar de aquellas facetas que nos disminuyen y nos llenan de temores, dudas y carencias.  Después de todo, este es un mundo frío y peligroso.  ¿Lo es?



Sí y no.  ¿Cuál deseas atraer?  Yo trato de vivir en un mundo amable, con un Dios/Diosa benevolente, que coopera constantemente con mi evolución.  ¿Cómo me conecto con ello?  Activando mis mejores aspectos.  Ten en cuenta que no dije reflexionando ni soñando.  Si bien es cierto que primero debemos pensar y expresar aquello que queremos crear, eso no se plasma hasta que lo hacemos realidad, carne, acto. 

Lo concretamos cuando, en el momento en que nos atrapamos con una actitud que nos daña o nos desvaloriza, respiramos, la soltamos y tomamos una distinta.  Un ejemplo muy común de estos días: revisas el celular o el Facebook de tu pareja para chequear con quién se conecta y de qué habla.  Es un síntoma común de desconfianza e inseguridad… en ti mismo.  En lugar de movilizar esos aspectos, persiguiendo a otro indiscriminadamente, puedes trabajar en tu propia confianza. 

Cuando impulsamos un determinado aspecto, también promovemos ese aspecto en los otros sujetos y en el entorno.  Así, nos rodeamos de aquello en lo que vibramos.  Entonces, si tú desconfías de ti mismo, vas a atraer personas y circunstancias que avalen esa creencia, justificando esa inseguridad en que los demás te hacen cosas que tú necesitas controlar para que no te las hagan… un enfermo círculo vicioso…


Necesitamos redefinir quienes somos.  Necesitamos conocernos profundamente y elegir a cuáles aspectos le vamos a dedicar nuestra atención.  Necesitamos elevar nuestro nivel, definiéndonos como seres humanos divinos, en un universo amable, impulsados por una Energía que desea lo mejor para nosotros.  Necesitamos pensarlo, sentirlo, decirlo, llevarlo a la práctica en cada acto que nuestra Alma nos pone en el camino para ayudarnos a concretarlo.  Cada vez que nos proponemos algo, aparecen las oportunidades.  No te olvides, no renuncies.  Persevera.  No se trata de hechos gloriosos y heroicos, no estás en una película de Hollywood.  Estás en la Creación de Dios/Diosa y eres tiernamente amado. 

miércoles, 29 de julio de 2015

Lástima, compasión, empatía, confianza

Charlando con un amigo acerca de las dificultades de otro, le hice un comentario y reaccionó con un: “¡qué poco compasiva!”.  No hay mejor reflexión que la que se hace en voz alta con alguien, porque nos permite elaborar más articuladamente un concepto y contrastarlo con las discordancias del otro, así que aproveché para profundizar en algo que me está dando vueltas desde hace un tiempo.

En las últimas semanas, escribí reflexionando acerca del servicio y el desapego, proponiendo otra forma de considerarlos.  La compasión tiene relación con ellos, porque tendemos a vincularla con la lástima, con “pobrecitear” (un verbo inventado por mí cuando era chica, al escuchar a mis tías exclamar constantemente  ¡pobrecito! ante cualquier mínima o gran cosa que le sucedía a alguien).  Me irritaba esa forma de ningunear la capacidad del otro, enganchándose en la proyección que les producía. 

Aunque no nos gusta pensarlo de esa forma, casi toda la simpatía que tenemos por los demás está basada en una proyección inconciente: sufrimos por lo que nosotros sentiríamos si nos pasara eso.  La mejor forma de evitarlo es conocernos y  trabajar internamente en ese asunto, de otra forma terminamos descargando nuestras emociones en los demás y haciendo lo que nos gustaría que hagan con nosotros… que generalmente no es lo que le serviría al otro…

Hay un trasfondo de poder en esta actitud.  Al igual que con la ayuda, supone creer que sabemos qué es lo mejor para el otro.  Con esto, los anulamos como seres con poder para decidir y crear.  Por eso, no resulta extraño que se utilice tanto el “servicio” como asistencialismo y termine siendo una forma de manipulación y control.



Por el contrario, la empatía  es una habilidad tanto cognitiva como emocional, en la cual somos capaces de ponernos en la situación emocional de otro.  Esto no significa que lo carguemos con el sufrimiento propio ni que le impongamos algún curso de acción que nos parece el mejor, sino que reconocemos la situación (apoyándolo) y que descontamos que puede resolverla por sí mismo.  Es un voto de confianza en la capacidad resciliente de cada persona para desarrollarse y construir. 

A los ojos de los demás (y hasta a los míos), me he vuelto cada vez más fría y “poco compasiva” como dijo mi amigo.  Lo que he observado es que ya no me creo las excusas de nadie, porque todos tenemos problemas.  Es la forma de evolucionar.  Si estamos encarnados, estamos enfrentados a desafíos.  Nadie está exento.  Justificarnos con ellos o comparar dolores no nos disculpa ni nos favorece. 


Esto implica dos invitaciones.  Una es que dejemos de usar el sufrimiento como único proceso  y que desarrollemos la conciencia en su lugar.  El otro es que nos asumamos como seres con libre albedrío y facultad de crear.  En la medida en que nos transformemos en personas libres, empoderadas, creativas, serenas, amorosas y alegres, les daremos a los demás esa misma oportunidad y construiremos otra Humanidad entre todos.  

miércoles, 22 de julio de 2015

¿Quieres ser feliz o tener razón?

Como buena ariana, he sido muy discutidora.  Con una sed por aprender y saber inmensas, mis conocimientos me hacían imbatible.  Inconcientemente, ponía mucho de mi autoestima en ello.  Con el tiempo, eso me trajo problemas porque podía ser invasiva o mostrarme como sabelotodo.  Empecé a callarme y seleccionar mucho cuándo era necesario hablar.  El silencio me está pareciendo una gran opción.

Pero, había otro tema detrás: querer tener razón.  No es solo algo que me pasara a mí: todos desean que su punto de vista sea el vencedor o que sus decisiones sean aprobadas.  Gastamos una gran cantidad de energía en eso, al punto que podemos perder amigos o familia por intentar convencer a los demás (y “ganar”).

Cada asunto puede ser observado desde diferentes niveles y muchas veces lo que es cierto en uno, no lo es en otro.  La mayoría tiende a ver solo una parte (la que le conviene) y pelea para negar o desestimar la otra.  Eso los hace vulnerables y pasibles de ser engañados.  Por supuesto que existen puntos ciegos en todos: para eso sirve escuchar, ya que así nos enriquecemos al sumar niveles que nos resultan difíciles de advertir o entender por nuestro carácter y experiencias.  Lamentablemente, pocos adoptan este beneficio. En lugar de ser más inclusivos, estamos cada vez más más intolerantes.

Como es normal, esto tiene que ver con la dualidad.  Nos identificamos con un extremo y rechazamos el otro.  Al reconocer la totalidad, podemos comprender integralmente un asunto o una persona.  Esto nos lleva al desapego, ya que no necesitamos tomar partido fanáticamente o amar/odiar a alguien enteramente.  En la aceptación, cesa la lucha.



Últimamente, un dicho me da vueltas: “¿Quieres tener razón o ser feliz?”.  Quiero ser feliz.  En el fondo, no es una decisión superficial ni que me vino por descarte.  Se fue dando naturalmente, al irme desapegando.  Las supuestas grandes opciones (religiosas, políticas, sociales) no me importan ni me representan.  En las pequeñas (alimentación, ropa, entretenimientos) fluctúo de acuerdo a mi necesidad. 

Al aceptarme totalmente, puedo reconocer que soy todo y que formo parte del todo, recibiendo todo en presencia total.  Parece un juego de palabra pero es una vivencia que se va haciendo más fuerte y que me permite estar en armonía.  Thich Nhat Hanh dijo: “El milagro no es caminar sobre el agua. El milagro es caminar sobre la tierra verde en el presente, para apreciar la belleza y la paz de la que se dispone ahora”.  Creo que la felicidad tiene mucho que ver con la paz interior.


Me parece que nos identificamos con partidos políticos o religiones o grandes ideas y discutimos enfáticamente porque no nos hemos tomado la sagrada labor de conocernos y conectarnos.  En mi experiencia, al hacerlo terminamos soltando todas esas anclas y encontrando verdades vivenciales pequeñas y cotidianas, que llenan el corazón y permiten reconocer lo extraordinario de la Vida.  Lo paradójico (y toda verdad es una paradoja) es que tenemos que pasar por todo lo anterior para llegar a esa conclusión.  Sea como sea, es un viaje maravilloso y no cambiaría nada del recorrido.  ¿En qué parte del camino andas?  Privilegia tu felicidad.

miércoles, 15 de julio de 2015

Caminata meditativa y encuentro con los árboles



Junto a otros Terapeutas, te invitamos a caminar en silencio, disfrutando de vos y de la naturaleza, para luego encontrarte con tu árbol y conectarte.  Te esperamos.