martes, 21 de junio de 2016

Trabajemos la alegría en lugar del miedo y la ira

En estos cinco meses, hemos atravesado grandes limpiezas y pérdidas.  Junio es un mes con una energía más potente y llena de posibilidades, pero quizás nos hemos quedado con algunas emociones remanentes que nos impiden aprovechar las nuevas circunstancias que se pueden presentar.  Hay dos que son especialmente fuertes: el miedo y la ira.

Es tan grande la importancia de las emociones en nuestras vidas, que tendemos a evitarlas (apelando a que la Mente es todo) o a dejamos abrumar por ellas (alegando que somos muy emotivos).  En lugar de eso, podemos considerar el significado de este poderoso motor que mueve nuestro ser, dándole el espacio que le corresponde.

Con respecto al miedo, su función básica es ayudarnos a reconocer el peligro, a fin de mantenernos sanos y funcionales.  Siendo tan primario y fuerte, ha sido usado siempre como un mecanismo de control, tanto en el hogar como en la sociedad (el otro es el enemigo).  Los temores infantiles jamás se disipan si no los reconocemos y enfrentamos, hasta darnos cuenta de que son los de nuestro Niño Interno que no supo lidiar con ellos.  Muchos de estos miedos son aprovechados en estos tiempos de información instantánea y omnipresente por los “miedos” de comunicación, que inoculan sus intereses  bajo la pretensión de una asepsia inexistente. 
 
Más profundamente, como dice Sarah Varcas, el miedo no es nuestro enemigo, sino un indicador que una parte de la persona se ha apartado o está en negación. Tememos no poder con el futuro porque hemos perdido contacto con nuestra fuerza interior. Tememos que la vida dé un giro hacia lo peor, cuando perdemos conexión con la esperanza. Tememos que la raza humana se destruya a sí misma porque hemos perdido la visión de nuestro más alto potencial. El miedo nos muestra dónde debemos reconectarnos y por qué. Es nuestro amigo, que nos guía a través del bosque de las emociones. Un poderoso aliado con regalos para compartir.” 



La ira, en su función básica, nos permite defendernos y poner límites ante un avasallamiento a nuestra integridad.  También, es una descarga ante la frustración o la pérdida.  En estos tiempos de energía incrementada, también la ira puede aumentar exponencialmente si expresa situaciones internas que hemos mantenido escondidas o negadas.  Podemos irritarnos por estar demasiado ocupados para reconectar con nuestra vida interior.  Podemos resentirnos por no establecer límites a personas o circunstancias que hemos dejado que nos sojuzguen durante años.  Podemos enojarnos por haber callado nuestra verdad o nuestros anhelos más profundos.  Podemos disgustarnos por los cambios rápidos y profundos que se suceden, los peligros que nos rodean (y el miedo que nos infunden), la incertidumbre inherente a la vida.

Hemos pasado tanto tiempo eliminando y purificando, que parecemos atascados en este proceso, sin conectar con lo que está apareciendo ni con emociones que consideramos “lujosas” como la alegría.  Hay tanta Energía nueva y maravillosa que está disponible, que tenemos que hacer el “esfuerzo” de despegarnos de las viejas historias y sentimientos relacionados a ellas, para abrirnos al entusiasmo y la felicidad de habitar un tiempo que hemos esperado por eones.


Las emociones son fuego y es fundamental no echarles leña tratando de ignorarlas (mientras explotan en forma de enfermedades y accidentes) o de incrementarlas buscando excusas para hacernos las víctimas.  Ellas nos conectan con nuestro cuerpo, con la esencia de nuestro sentir, con el fuego creador, destructor y manifestador.  Es fundamental reconocerlas, aceptarlas, escucharlas, darles el respetuoso lugar, guiarlas hacia su mejor expresión, usarlas para nuestro propósito, asociarlas al amor, la alegría y la paz.

jueves, 16 de junio de 2016

Cambiar el adentro para cambiar el afuera

Le pregunto a una nueva consultante la razón por la que comienza un camino de conciencia y evolución.  Me responde con una lista de cambios que desea ver en el afuera.  “¡Ah!  Quieres que los demás cambien para que tú seas feliz”, le digo y se ríe.  Comienza a comprender que esa es la ruta equivocada.

En realidad, es la ruta de la mayoría, la que nos enseñaron: “si algo no te gusta, lucha y cámbialo”.  De esta forma, andamos peleando con molinos de viento, creyendo que hacemos grandes contribuciones y que nuestra vida mágicamente se transformará… para caer en la constatación de que solo nos agotamos y que las cosas siguen muy parecidas.

Una amiga, hace muchos años, me dijo: “si hubiera sabido que iba a repetir los mismos problemas con mi segundo marido, me hubiera quedado con el primero”.  Así es: podemos cambiar de pareja, de trabajo, de residencia, de amigos pero, si no cambiamos nosotros, solo repetiremos lo que ya tenemos adentro, con un nuevo paisaje.

Por otro lado, resulta mucho más cómodo tratar de cambiar a los demás en lugar de trabajar con nosotros mismos.  No solo tenemos a alguien a quien echarle las culpas  sino que podemos engañarnos con que sabemos lo que hay que hacer pero el otro no lo hace (somos tan sabios y perfectos…).

Cambiar el afuera es una lucha estéril y dura.  Además, no vinimos a hacer eso.  Esta es una labor individual, que se hace en compañía.  No podemos conocernos verdaderamente ni aprender si no es por los demás.  Cada uno puede fantasear con que tiene determinadas cualidades pero, si no las pone a prueba con su entorno, nunca sabrá si son reales.  La relación con los otros nos revela, nos enriquece, nos expande, nos profundiza.

Cuando no estamos a gusto, tendemos a creer que estamos en el lugar equivocado, con la gente equivocada.  No pensamos que somos nosotros los que estamos atrayendo esas circunstancias para poder aprender algo de nosotros mismos.  En lugar de eso, reaccionamos y culpamos, nos enojamos y pretendemos cambiarlos, como pobres víctimas del destino. 



Ese lugar, esas personas, esas situaciones son las oportunidades de evolucionar.  En lugar de reaccionar y luchar, deberíamos aceptar y observar.  No se trata de una resignación pasiva, sino de un activo trabajo interior de descubrir la verdad dentro de nosotros.  Cuando comprendemos nuestro papel en la obra, podemos hacer esa transformación, esa metamofosis interna que habilitará la externa.

Habilitar no implica necesariamente que los otros cambiarán (eso depende de su propia evolución) pero ya no reaccionaremos ni estaremos apegados a resultados ficticios.  Podremos decidir sin estar coaccionados por la repetición ni los condicionamientos del pasado.  Nuestra presencia consciente atraerá nuevas oportunidades sin la necesidad de la lucha y la oposición constante.


Cuando nos dedicamos a nuestra sagrada labor interna, cumplimos con nuestro papel en Todo Lo Que Es y comprendemos que formamos parte de un entramado infinito, perfecto, evolutivo, pródigo, sabio, amoroso.  Dejamos de oponernos reactivamente para aceptar la maravilla de nuestro diseño y el de los otros y contribuimos al Gran Diseño desde la consciencia integrada, la cual es magníficamente superior a cualquier deseo limitado del ego.  Lo que es para nosotros, vendrá; lo que deba suceder, sucederá, si somos fieles a nuestra Identidad, si somos verdaderos y nos escuchamos.

jueves, 9 de junio de 2016

La labor cotidiana de conectar con la Luz

Recuerdo la primera vez que me abrí a la conexión con mi Ser Superior/la Luz: flotaba, sonreía, todo era perfecto, estaba abierta, era fácil vivir, por fin había soltado las cadenas de lo material, ahora lo positivo sería mi norte, quería evangelizar a cualquiera y sumarlo a las filas de los despiertos.  Después, caí en la realidad de nuevo… estrepitosamente… 

¿Había sido una ilusión?  No, había hecho la conexión pero eso no significaba que estaba incorporada ni que sería constante.  Durante un tiempo, traté de continuarla con grupos en los que vivíamos en la fantasía de que estábamos iluminados, mientras nos quejábamos de los dormidos y sus resistencias.  O estando en contacto con la Naturaleza, que instantáneamente me reconectaba, o leyendo cosas espirituales, etc.  Luego, comprendí que eso no funcionaba para mí, que estaba forzando una situación, mintiéndome, que la verdad debía pasar por otro lado.

Me di cuenta que era una labor cotidiana, que no se trataba de negar lo material sino de integrar las dimensiones.  El error común es creer que la vida diaria no significa nada, que los conflictos son culpa de los otros, que el cuerpo es una máquina, que hay que destruir el Ego (el gran problema) y que estar encarnado es una especie de castigo o fuente constante de sufrimiento.  Todo es espiritual.

Nuestro físico, nuestra personalidad (controlada por el Ego), nuestra familia y los que nos acompañan, el lugar que vivimos, lo que nos es fácil y lo que se nos dificulta, todo es nuestra creación.  Antes de encarnar, hemos acordado las condiciones que nos proveerán los aprendizajes que nos hemos propuesto.  Cada cosa y persona que nos circunda es una atracción de nuestro diseño inicial y está allí para ayudarnos a comprendernos, a evolucionar, a ser lo que vinimos a ser.

Justamente, a todo esto es a lo que nos oponemos, a los que nos cerramos.  ¡Vaya paradoja!  En esa resistencia, está la razón de la falta de conexión verdadera, porque, al resistir lo que nos facilitará la conexión a la Luz, quedamos varados en la oscuridad.  Y, cuanto más lo negamos, buscando sustitutos ficticios (aunque sean muy “espirituales”), más nos alejamos.  Todo lo que nos rodea es la clave.



Al estar abiertos y atentos, podemos dilucidar quiénes somos realmente, qué nos atrae y rechaza, qué recursos surgen espontáneamente y qué potencialidades para aprender se despiertan, cuántas maravillas están disponibles (desde las naturales, como el sol, los árboles, las flores hasta las artificiales como una casa, los aparatos, el agua corriente), las relaciones, las infinitas posibilidades de estudiar, etc.

La vida cotidiana es el espejo donde se refleja la espiritualidad encarnada que atravesamos en este planeta.  La llave es aceptarlo, sumergirnos en ella, explorar, disfrutar, penar, reír, llorar, escuchar al cuerpo y a las relaciones, estar accesibles de mente y de corazón, aprender y finalmente desapegarse y amar.  El lugar en el que estamos con relación al Velo es lo que necesitamos en cada momento; forzarlo puede llevar a enfermedades físicas o psicológicas.


La conexión y la expansión están siempre disponibles, a un paso de la resistencia al aquí y ahora.  Después del flash inicial, del subidón de energía, de la adicción a todo lo que nos recuerde a ella, quedan los pequeños destellos diarios, la constatación de que somos Luz encarnada y la decisión de que lo recordaremos continuamente, agradeciendo, valorando cada instante, aprendiendo, amándonos y amando lo que somos y Todo Lo Que Es.

martes, 31 de mayo de 2016

Caer al fondo del pozo (¡otra vez!)

Existe la creencia de que hay que caer al fondo del pozo para poder volver a salir.  He tenido unas cuantas caídas en mi vida (terribles y dolorosas), hasta que un día me cuestioné si era necesario tanto drama.  Me di cuenta de que yo había recibido bastantes advertencias antes, pero no las había escuchado.  Habían comenzado como pequeñas molestias, seguido como  incomodidades varias (dentro de la comodidad) y continuado como alertas mentales importantes, somatizaciones corporales, situaciones agravadas, pero seguía adelante sin cambiar, creyendo que en algún momento la cosa iba a mejorar por sí sola o adaptándome a circunstancias cada vez peores. 

¿Por qué esperar el pozo si sabemos que está ahí y que podemos frenar antes?  Supongo que nos encanta la tragedia, que subestimamos el poder de la negación, que no nos enseñaron otra forma, que nos sentimos mejores personas si caemos y nos levantamos una y otra vez.  Muchas veces, leo comentarios de gente que se vanagloria de resistir, de que los demás no la van a quebrar, de que se han caído mil veces pero siempre se levantaron… ¿para qué sufrir tanto, me pregunto?  Nos han inculcado el mito del héroe y ahí andamos haciéndonos los titanes para obtener reconocimiento y valoración, mientras vamos dejando pedazos de nosotros por todos lados.


No reniego del sufrimiento como recurso extremo de crecimiento, pero ¿todo el tiempo?  Es como la voluntad: si la usamos como recurso continuo, terminamos cansados y desconectados de nuestro deseo interno, ya que todo lo hacemos porque debemos, porque hay que cumplir, sin preguntarnos porqué late nuestro corazón.  El sufrimiento y la voluntad son herramientas de privilegio, de uso prudencial.  En estos tiempos, la conciencia es una mejor estrategia.  ¿Y si activamos el darnos cuenta, el escuchar,  el tomarnos tiempo para observar qué sentimos, qué pensamientos nos abruman, qué traumas infantiles seguimos alimentando, qué sucede con nuestras relaciones?  Ningún tiempo es perdido si nos habilita el conocimiento y la transformación, porque caer en pozos es costoso (aunque después pague dividendos).

Y hablando de héroes, ¿no es ese un mito masculino?  El héroe que sale al mundo a conquistarlo mientras se conquista en el proceso.  ¿Y qué hace la mujer?  Lo espera tejiendo, como Penélope.  Parece una actitud muy pequeña, pasiva e inútil.  En principio, ella estaba a cargo del gobierno mientras él hacía su aventura, así que no solo tejía la mortaja.  Por otro lado, esa actividad estaba llena de significado: le era fiel mientras esperaba confiada su regreso.  Tres simples palabras que retratan actitudes femeninas: fidelidad (a sí misma también), espera, confianza. 


En cierta forma, la conciencia es femenina.  Mientras el héroe sufre sus caídas y escaladas, la tejedora vive su día a día, administra, se relaciona, persevera, reza, ama, es y está en ella.  ¿No es una mejor estrategia?  ¿Muchas preguntas hoy?  Averigua tus respuestas…  Aquí estoy para acompañarte.

martes, 24 de mayo de 2016

Esclavo de tu memoria o creador de tu presente

Cuando recién te despiertas a la mañana, ¿qué te acuerdas de ti?, ¿tu vida entera se aparece de golpe?, ¿comienzas a pensar en lo que debes hacer?, ¿alguna vez reflexionaste en cómo te inicias cada día?  En realidad, en el instante en que estás conciente otra vez después de una noche de sueño, tu vida está en blanco.  Tienes que recordar quién eres, qué vas a hacer, tu pasado, tus planes, tu entorno, lenta o rápidamente vas recordando-te.  Tú eres tu memoria.

Pocas veces, tomamos en cuenta que nuestro existir es producto de la memoria.  No podríamos desempeñarnos si no recordáramos cómo es hacer el desayuno, lavarnos los dientes, vestirnos, leer el diario, realizar la actividad a la que nos dedicamos, etc.  Estas funciones de la memoria son imprescindibles y nos facilitan las tareas.  Es la estructura de nuestro hacer.

¿Qué sucede con nuestro ser¿Hasta qué punto nos define el cargar con las memorias del pasado?  ¿Qué cambiaría de nosotros si pudiéramos olvidar?  ¿Es posible olvidar?  Preguntas vitales.  ¿Qué respuestas tenemos a ellas?  En general, crecemos con la idea de que el pasado es imborrable, fijo, determinista.  A tal niñez, le corresponde tal desarrollo.  A tal situación traumática, le sigue tal invalidación.  Una especie de teoría casi condenatoria y fatalista, en la que nos ofrecen la adaptación o la lucha como soluciones.  

¿Hay otra?  Pensemos.  Cuando aprendemos a conducir un automóvil, en principio tenemos que recordar los distintos elementos y la forma en que funcionan.  A medida que practicamos y los vamos incorporando, se nos hace automático manejar y ya simplemente nos subimos y lo hacemos sin pensar.  La clave es que aprendimos e incorporamos el proceso.  ¿Por qué continuamos recordando cuando se trata de ser?  Porque no encontramos la enseñanza y no la hicimos carne, parte de nuestra nueva vida.



Cuando se dice que debemos recordar los genocidios de pasado para no repetirlos, se olvida que lo hacemos porque todavía no aprendimos de ellos y seguimos creyendo como Humanidad que la solución de los conflictos es a través de la confrontación y la dominación, porque la lucha sigue siendo la forma de desarrollo y la guerra el mayor catalizador de energía grupal.  Cuando podamos internalizar que el amor y la paz son nuestra esencia y actuar desde ellos, no repetiremos nada porque un nuevo paradigma será instalado y generaremos a través de la cooperación y la creatividad conectadas al Ser.

Si sigues creyendo que las circunstancias de tu pasado determinan tu presente es que estás esclavizado por tu memoria.  Más bien pregúntate cuál fue el propósito por el cual elegiste esas circunstancias, acéptalas y aprende de ellas el potencial luminoso que traen para que concretes.  Tus malos recuerdos persistirán mientras continúes creyéndolos condenas perpetuas en lugar de oportunidades de crecimiento y motivaciones de comprensión, perdón y gratitud.  Al activar tus capacidades latentes y disfrutar tu vida amorosamente, tu memoria irá desvaneciéndose en el tiempo como una neblina, mientras el sol brilla en cada instante… el aquí y ahora es la única solución y la única verdad.


En última instancia, todo es una ilusión, como te das cuenta cuando sanas tu pasado y vives en el presente.  Ningún sufrimiento ni ninguna alegría existen verdaderamente, ninguna situación fue real, nadie te dañó ni dañaste a nadie.  Estás aquí pretendiendo ser un Ego haciendo experiencia, separado de Dios/Diosa.  Es un sueño.  Sigues siendo Dios/Diosa.  Despierta.  Mientras elijas seguir en esta ilusión colectiva, ¿cómo la vas a fundar?  ¿Dolorosa, limitada, carente, atada al pasado?  ¿Alegre, amorosa, serena, creativa, abundante, potente, en la Gracia?  Es tu decisión.  Olvida tu memoria y recuérdate chispa de Luz.

miércoles, 18 de mayo de 2016

La hipersensibilidad como camino evolutivo

En una entrada anterior, mencioné que las personas introvertidas suelen ser hipersensibles.  También, es una condición poco reconocida y generalmente tomada como un perjuicio (o como un privilegio, lo cual tampoco es tan real).  Como todo, tiene sus ventajas y desventajas.  En principio, veamos algunas características:

-      Las neuronas espejo actúan constantemente.  ¿Qué son?  Situadas en la corteza frontal inferior, cerca del centro del lenguaje, están relacionadas con la empatía y con la habilidad para captar, procesar e interpretar las emociones ajenas.  Desde la infancia, perciben hasta las más pequeñas actitudes de los mayores y los más diversos aspectos de las situaciones y, como no pueden siempre desentrañarlas correctamente, suelen vivir con ansiedad, confusión y una fascinante curiosidad las relaciones y las vivencias, lo cual los lleva a reaccionar excesivamente  y/o a encerrarse por no ser capaces de afrontar tanta información externa e interna. 
-      Tienen una gran actividad en la ínsula, la cual está relacionada con el sistema límbico o sea con las emociones.  Se dice que es el centro de la conciencia y tienen mucha receptividad a estímulos visuales relacionados con rostros y expresiones emocionales como también a otros vinculados a estímulos físicos (como luces, ruidos u olores fuertes) teniendo un bajo umbral para ellos, al igual que para el dolor.


¿Cuáles son las dificultades y los dones?
-      El hecho de empatizar con los demás, reconociendo sus emociones y pensamientos, otorga un gran poder, al igual que una gran vulnerabilidad.  Es posible que confundan lo de los demás con lo de ellos, sin lograr separarlo.  Es necesario saber cuidarse, poner límites y acompañar sin fusionarse.
-      La intensidad de sentimientos que no encuentran una salida fácil por sentirse raros y aislados los puede llevar a depresiones, sufrimientos inútiles y tristezas.  Deben aprender a abrirse a personas de confianza, a expresarse, a tomar esa extrema sensibilidad como un regalo que les permite disfrutar de las pequeñas cosas de la vida como de la ofrenda de amar y ser amados profundamente.
-      La soledad que tanto los atrae para procesar sus percepciones y creatividad puede ser tanto un pro como una contra, si no saben manejarla junto con otros momentos de participar con los demás.
-      La aceptación y reconocimiento de su condición es la llave para su evolución; de lo contrario, es la clave para su destrucción.  Comprender que los demás no tienen su sensibilidad a los estímulos físicos o emocionales, al dolor y la vulnerabilidad, a los constantes cuestionamientos, a la intuición y conexión, al detallismo y exigencia, los puede convencer de integrarse un poco más y compartir esos dones con los otros, que necesitan de alguien con quien abrirse a procesos más interiores y hondos.


Soy hipersensible y conozco unos cuantos.  Algunos enarbolan su estado como una prerrogativa y exageran sus características hasta considerarse “especiales”.  Otros se ocultan vergonzosamente y sufren.  Estas posiciones duales no sirven, ya que perjudican la esencia que traemos.  Todos somos distintos, cada uno eligió su propia forma de aprender al encarnar con ciertas condiciones.  En ellas, reside su fortaleza y su desafío, su facilidad y su obstáculo, su capacidad de servir y de recibir.  Al entregarnos a lo que somos, abrimos la puerta al potencial de felicidad y plenitud que reside en cada uno.

martes, 10 de mayo de 2016

La contribución de los introvertidos

Según las estadísticas, un 20% de las personas son introvertidas.  En una sociedad que privilegia la extroversión, las características de los introvertidos suelen ser poco reconocidas y su contribución desvalorizada. 

¿Cuáles son las particularidades de cada uno?  Al parecer, las diferencias ya vienen desde el cerebro.  Los introvertidos tienen más materia gris en la corteza pre-frontal (relacionada con el pensamiento abstracto y la toma de decisiones) y más actividad en los lóbulos frontales y en el tálamo (lo que los haría más capaces de hacer planes,  resolver problemas, aprender, controlar lo motor y la vigilancia).  Esto significaría que se dedican más a lo abstracto, a los detalles (y a ser abrumados por ellos), a observar y analizar, a vivir en su mundo interno.

Los extrovertidos, al tener una corteza pre-frontal menos densa, tienden a estar más en el momento y no indagar demasiado; asocian la sobreexcitación a una forma de recompensa, lo que los lleva a actividades más riesgosas para bajar la angustia.  El lado derecho de la amígdala y la corteza cingulada son más grandes, por lo que la respuesta y el aprendizaje emocional se les facilita.  Se sienten a gusto en lo grupal y suelen tener mejor autoestima. 

Según estén emocionalmente estables o no, pueden tener estas peculiaridades:




Se dice que una forma de diferenciar al introvertido del extrovertido es que los primeros se fatigan de la interacción social y se retraen para evitar la ansiedad mientras los segundos se ponen ansiosos al estar solos y se recargan estando con otros.  ¿Cómo se comportan?  Al extrovertido se le abren las puertas porque tiene más contactos, sabe tratar con toda clase de personas, habla de sus problemas abiertamente (con lo que se descarga), es divertido, optimista y es más valorado socialmente.

Por lo tanto, el introvertido parece tener más problemas porque se lo percibe callado, tímido, solitario, reservado.  Básicamente es selectivo, elige con quién relacionarse, elige qué mostrar y qué no.  Tiende a pocas relaciones pero más profundas.  Disfruta su soledad e interacciona según sus necesidades.  Mientras el extrovertido charla y se mueve, el introvertido observa y examina.  Y ahí está su gran contribución: en el análisis y las soluciones que puede aportar.  Al costarle interactuar, es muy común que el introvertido se calle y se retraiga.  Debe hacer el esfuerzo de comunicar lo que advierte porque ese nivel de exploración y penetración es muy necesario en un mundo muchas veces superficial y exitista. 


Soy una introvertida con algunas características extrovertidas.  Conozco los prejuicios que afrontamos: parecer antipática, cerrada, antisocial, fría (o intensa e inconvenientemente emocional, lo que se ha ido diluyendo a medida que fui manejando las emociones), detallista, sabelotodo, etc.  Al principio, me la pasaba opinando sobre cualquier cosa porque amo aprender y he leído sin límites, pero he aprendido a callarme y opinar cuando me lo piden o considero que es necesario (con sus excepciones, jaja!).  Generalmente, tengo muchos consultantes introvertidos porque uno atrae lo que es.  Sé de sus problemáticas y me encanta ayudarlos a encontrar lo bello y valioso de su naturaleza.  Ser hipersensible acompaña esta forma de ser (lo trataré en el próximo Boletín) y puede ser tan difícil como precioso.  Aceptarnos y aceptar lo diferente hace a la integración en el Amor que nos debemos como humanidad.  Todos traemos algo maravilloso que dar y recibir y florecemos cuando nos abrimos a la interacción, cada uno desde su propia esencia.