martes, 30 de septiembre de 2008

Bailando lo femenino

El fin de semana, fui a La Plata a atender y a visitar a una amiga. Ella está aprendiendo a bailar tango y fui a una clase para acompañarla. Pensaba sentarme a mirar o, como mucho, tratar de seguir algunos pasos. Cuando llegué, me di cuenta que estaban bastante avanzados. El profesor (un viejo piola y seductor) le pidió a un hombre que me enseñara los pasos básicos. Estuvimos una hora, totalmente concentrados en bailar. Fue genial.

A la noche, fuimos con dos amigas de ella a un restaurante libanés. Bailaron una chica y un chico (además de ser preciosos ambos, lo hicieron excelentemente). Al final, sacaron a algunos a “copiar” lo que hacían. Salí y me encantó jugar a ser una odalisca (me gusta mucho la música árabe). Mis compañeras me aplaudieron.

Charlando con mi amiga, estuvimos de acuerdo en lo difícil que nos resulta a las mujeres de ahora estos dos bailes (sobre todo el tango), que son la exaltación de las cualidades femeninas de fluidez, conexión, entrega, intuición.

Además de practicar mi femenino, paseé por el campo y el bosque, por el centro, compré una linda remera, comí riquísimo, estuve con personas maravillosas: hice realidad el deseo de “un muy buen fin de semana”.