viernes, 19 de septiembre de 2008

Aturdiéndose

Hoy, fui al Microcentro y "navegué" en una marea de gente, sean locales o turistas. La cantidad de estímulos es impresionante, tanto en la calle (anduve paseando un poco por Florida) como en los negocios y en la gente misma.

No sé porqué me acordé de cuando fui a visitar a unos famiiares en una pequeña ciudad de Córdoba. El silencio era atronador. Me encantaba. Ellos prendían la radio... y yo la bajaba o la apagaba. Después de un par de veces de hacer eso, les dije que me parecí alucinante sentir ese silencio. Ellos me contestaron que... estaban hartos de él y que querían ruido!

Una ex-pareja tenía un campo en Entre Ríos. Un día, él llevó a un amigo para que lo conociera. A la tarde, se fue a la ciudad, diciéndole que volvía en un par de horas. Como era habitual, tardó mucho más y llegó cuando ya era de noche. Su amigo, una persona que siempre había vivido en Buenos Aires y que nunca había salido de ella, estaba totalmente perturbado. No podía soportar el silencio, la oscuridad, la soledad.

Además de estas percepciones propias de los que viven en las grandes ciudades, las pequeñas y el campo, el tema de base es que no sabemos estar solos, en silencio, acompañados de nosotros mismos. Parece que no somos una buena compañía...