miércoles, 5 de marzo de 2008

Mi Yo espontáneo

“Mi yo espontáneo, la Naturaleza,
El día amoroso, el sol que asciende, el amigo con el que soy feliz,
El brazo de mi amigo que me rodea perezosamente el cuello,
La colina, blanca con la blancura de las flores de los serbales,
O, hacia el fin del otoño, matizada de rojo, amarillo, gris, púrpura, verde claro y oscuro,
El cobertor opulento de la hierba, animales y pájaros, la ribera íntima y descuidada, las manzanas primitivas, los guijarros,
Pensamiento de amor, jugo de amor, olor de amor, consentimiento de amor, hiedra de amor y savia trepadora,
Tierra del amor casto, vida que sólo es vida con el amor,
Suaves brisas matinales que soplan del sudoeste,
La hoja muerta que describe una espiral y cae al suelo, donde se queda inmóvil,
Los golpes confusos con que los espectáculos, las gentes, los objetos me atormentan,
Mi propio aguijón, que me hiere hasta lo indecible,
La mano que errante, curiosa, vaga por todo el cuerpo, la carne que cede pudorosa allá donde los dedos, consoladores, se detienen y se hunden,
El alborozo de los niños gemelos que se arrastran sobre la hierba y su madre que no aparta de ellos sus ojos vigilantes,
Mi vileza si me ocultase o me encontrase impuro, pues los animales jamás se ocultan ni se encuentran impuros,
El anhelo que me consume de día y de noche, royéndome vorazmente, hasta que me haya impregnado de aquello que habrá de producir muchachos que me reemplacen cuando yo me haya ido,
El alivio sano, el reposo, la satisfacción,
Y este ramillete que he arrancado, al azar, de mí mismo:
Ha servido; lo arrojo con negligencia para que caiga en cualquier parte.
Walt Whitman