viernes, 31 de agosto de 2007

Consecuente, constante, con... migo

¡Qué fácil es romper un hábito, aunque sea maravilloso! Estos días, el servidor de Internet no está funcionando más que de a ratos. Así que, entre los cybers y los momentos en que puedo enviar algo, no he podido escribir en el blog.

Se me ocurrían los temas, pero lo dejaba para cuando anduviera de nuevo bien el servidor. En conclusión: no pasó nada. Así hago a veces: la primera excusa es suficiente para dejar algo. Y ni mencionar de que esperando que ocurra algo o de que sea “el tiempo apropiado” o de estar listo o de lo que sea se escapan las oportunidades. Esto no es malo en sí mismo porque lo que es para uno estará ahí siempre disponible. El tema es lo que pierdo de experimentar, de conocer, de comprender, de gozar, de vivir verdaderamente. Además, ¡se me olvidaron los temas sobre los cuales quería escribir!

Ser consecuente con el placer es, muchas veces, más difícil que con el dolor, los traumas, las postergaciones, las excusas, etc. Ser constante con lo que me hace bien, darme esos espacios de disfrutar y crear es una conducta con la cual… ser constante!