jueves, 23 de agosto de 2007

Una madurez luminosa

Por distintas circunstancias, últimamente estoy en contacto con muchas personas mayores. Invariablemente, todas han decidido vivir lo que les resta de vida con alegría, optimismo, buena onda, haciendo lo que les gusta, prontas a seguir aprendiendo, con planes para el futuro, incluso unas cuantas siguen trabajando.

Tienen una gran vitalidad, les interesa mucho el arte (escriben, pintan, bailan, van a conciertos, miran programas culturales en la televisión), viajan, están informadas de todo, tratan de no engancharse en las tonterías ni en lo negativo. Cuando surge algún problema o se cuela alguien “quejoso”, lo minimizan y buscan seguir disfrutando.

En mis estudios por distintos lugares, encontré dos Maestras: una fue Patricia Stokoe, quien falleció trabajando y aprendiendo hasta el último día, con alegría y curiosidad. La otra es María Fux, quien continúa bailando y enseñando con creatividad y entusiasmo. Siempre dije que yo quiero ser como ellas: deseo trabajar hasta mi muerte, siempre abierta, cambiante, amorosa, dadora, receptora, alegre, sana, creativa, feliz.

Las personas que me rodean me muestran que es posible y les agradezco enormemente la compañía y el ejemplo que representan.