lunes, 6 de agosto de 2007

Adoptando... relaciones

Cuando era chica, yo creía (o quería) ser adoptada. Yo era tan diferente a mis padres y a mis familiares que me consideraba una extraña. Me sentía tan poco comprendida, apoyada, querida, sostenida que fantaseaba que mis verdaderos padres eran reyes de otro lugar, que vendrían a buscarme y a darme todo lo que necesitaba (el mito de la princesa perdida… demasiada literatura…).

En algún momento, tuve que aceptar que esos eran los padres que me habían tocado. Más adelante, acepté que eran los que había elegido. Pude encontrar la matriz que nos había unido y perdonar y compartir.

En estos días, estoy tomado conciencia de una matriz más grande y poderosa: la del amor. Hablando con papá, con parientes, recordando, me encuentro rodeada de un capullo de personas buenas, cariñosas, cálidas, contenedoras. El camino ha valido la pena. No, no me gusta esa palabra: ha valido la alegría de hoy.