lunes, 20 de agosto de 2007

Tengo el NO fácil

Si bien antes tenía un carácter belicoso, la verdad era que me costaba muchísimo poner límites (diría más bien “tener” límites), así que luego me encontraba complicada en situaciones en las que no quería estar nada más que por no haber podido decir NO a tiempo.

Comencé a trabajar con el tema y un día me llegó un poema de Hugo Filkenstein que me pareció espectacular:

NO
No es No y hay una sola manera de decirlo. No.
Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos. No se dice de una sola manera. Es corto, rápido, monocorde, sobrio, escueto. No.
Se dice una sola vez, No. Con la misma entonación, No. Como un disco rayado, No. Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín, no es No.
Un No que necesita explicaciones y justificaciones no es No. No tiene la brevedad de un segundo. Es un No, para el otro porque ya fue para uno mismo.
No es No, aquí y muy lejos de aquí. No no deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas, ni puede dejar de ser No, aunque el otro y el mundo se pongan patas para arriba.
No es el último acto de dignidad.
No es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes. No no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos; ni con pena y menos aún con satisfacción.
No es No, porque No.
Cuando el no es No, se mira a los ojos y el No se descuelga naturalmente de los labios.
La voz del No no es trémula ni vacilante, ni agresiva, no deja duda alguna.
Ese No no es una negación del pasado, es una corrección del futuro.
Y sólo quien sabe decir No puede decir Sí.

Así que, con el tiempo, me fui haciendo tan experta que, como dice un amigo mío, "tu No es tan contundente que no deja lugar a nada"… y me parece un elogio!

Concordante con esto, creo que estar atenta a las primeras señales de una actitud, de una situación, de una tendencia, hace que podamos poner los límites mucho más fácilmente al hacerlo al principio y no cuando ya se han convertido en problemas enmarañados. Igual, siempre es tiempo de decir No y comenzar a poner las cosas en su lugar. Porque nunca hay que olvidar que los límites implican contención.