domingo, 22 de julio de 2007

Prodigio

No sé por qué prodigio o extraño encantamiento,
esta silla tan vieja
es realmente una silla.

¡Pensar que fue soldado, golondrina,
caballo, carretilla!...

Yo la he visto crecer en las baldosas
y llenarse de nidos.
Yo he pasado las horas y las horas
oculto entre sus hojas.

Ahora nunca retoza por el patio,
ni va de un solo vuelo hasta la sala.
No redobla el tambor si alguien la mira.
Ha perdido las alas y la espada.

Adherida al empeño de ser silla y nada
más que silla,
ni siquiera se asoma a la ventana
con el gato en las faldas...
como una vieja tía.

Un poco desteñida, demasiado callada,
lleva la vida inerte de una silla
que no pretende nada;
pues ya sólo la habita la locura
de ser algo tan real y tan desnudo,
que logra persuadir a quien la mira
de que toda evidencia es un absurdo.
Oliverio Girondo

¿Y si reemplazas "silla" por "yo"?