lunes, 30 de julio de 2007

Corriendo caballos en Plaza de Mayo

Charlando sobre política con una chica que me conoce hace unos diez años, le conté una anécdota que pasó en 1982, luego de la Guerra de Malvinas. Se hizo una gran concentración civil en la Plaza de Mayo, pidiendo las elecciones. Fui con unos amigos, en la columna de lo que era, en ese entonces, el Movimiento de Renovación y Cambio de Raúl Alfonsín. Cuando llegamos, la Plaza estaba prácticamente llena. No habíamos alcanzado a tomar una posición, cuando se escuchan disparos de gases lacrimógenos.

En la delantera de la concentración, al frente de la Casa Rosada, estaban las facciones de izquierda y allí comenzó la represión. La Policía Montada empezó a “barrer” la Plaza, golpeando a quienes encontraran. Me sucedió algo extrañísimo: cuando los vi, me entró una ira increíble. No podía creer que “nos hicieran” eso. Me sentí hermanada con todos y la injusticia me produjo una bronca que me desbordaba el pecho. Corrí hacia la policía, hacia delante, y tomé los palos y las piedras que encontré y se los tiré. Mis amigos me gritaban que me iban a matar, que volviera. A mí no me importaba nada. Me agarraron y me arrastraron y buscamos la salida de la Plaza. A pocos metros, sentimos unos tiros y corrimos hacia Diagonal Norte (después, nos enteramos que habían matado a un chico en esa esquina).

Nos refugiamos en un bar, adonde ya había unos cuantos. A los minutos, entra alguien gritando que cierren porque irrumpían en cualquier lugar. El dueño bajó las persianas, apagó la luz y nos escondimos bajo las mesas. Enseguida, escuchamos la policía que entraba a otro bar cerca, golpeando y llevando personas. Esto pasó en todas las calles hasta Callao. Esperamos que todo se calmara y nos fuimos. Esta marcha fue paradigmática y sentó las bases para futuras concentraciones, que culminaron con las elecciones democráticas.

Al tiempo, fui con uno de mis amigos a ver “Gandhi”. En un momento en que los indios se rebelan ante los británicos, éstos avanzan a caballo y los manifestantes se tiran al suelo, porque los caballos… no pasan sobre la gente! Inmediatamente, le digo a mi amigo que deberíamos haber hecho eso y él me contesta: “Flaca, eso hacen los caballos civilizados, aquí te hubieran pasado por encima igual!!”. Nos largamos a reír con ganas, mientras la gente nos chistaba porque interrumpíamos un momento dramático con risas.

Volviendo al tema: esta chica no podía creer que yo hubiera hecho eso ni que fuese a una marcha: “No sos así”. Y la verdad es que yo he cambiado muchísimo. Ya no creo en revoluciones sino en evoluciones. Ya no acompaño cambios sociales desde el exterior sino desde el interior. Ya no alimento la ira sino la paz. Ya no estoy en contra sino a favor. ¿Me hace eso más débil o menos efectiva? Creo que todo lo contrario.