lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Qué te falta?

¡Nada!! ¿Sentiste alivio o incredulidad? Si es lo último, estás en la mayoría. ¿Por qué creemos que estamos incompletos, fallados, carentes? ¿Y que, por esto, tenemos que correr la zanahoria de la perfección sin alcanzarla nunca? ¿Y que sea fuente de frustración, insatisfacción, baja autoestima?

La causa está en el Ego. En cierto sentido, nuestro instrumento operativo está “programado” para el aprendizaje. Así, en un panorama ideal, debería buscar constantes fuentes de creatividad y concreción, a fin de materializar los deseos del alma en esta encarnación. Debido a la densidad de esta dimensión y el olvido de su objetivo al entrar al cuerpo, frecuentemente termina rigidizado, reaccionando incesantemente con las mismas actitudes de la infancia y perdiendo las oportunidades de valiosas experiencias.

Esto me hace acordar a un cuento que, creo, puede abrir un nuevo sentido. Un millonario se va de vacaciones a una isla paradisíaca. Caminando por la playa, encuentra a un hombre pescando. Aburrido, se pone a hablar con él acerca de su actividad. Acostumbrado a grandes proyectos, le va planeando un imperio de la pesca a partir de la compra de un bote, luego otro y así hasta hacerse de una flota y una fortuna considerable. El pescador le pregunta: “¿Y para qué quisiera eso?”. El millonario, sorprendido, le contesta: “Por ejemplo, para tomarse fabulosas vacaciones como las mías en esta isla y disfrutar del mar”. “¿Y qué cree que estoy haciendo ahora?” es la respuesta del pescador.

Generalmente, se interpreta este cuento desde la inutilidad de la ambición exagerada pero no es tan así. La actividad del Ego debe estar orientada a la comprensión de las profundas implicaciones del alma, no al mero hacer sin conciencia. Tanto el millonario como el pescador pueden no cumplir su misión si lo hacen sin esta conciencia. El primero porque está enganchado en la codicia material, en la mera acumulación y los signos exteriores de su supuesta importancia. El segundo porque huye de la interacción con el mundo.

La razón de crear experiencias no es para conseguir algo (dinero, fama, reconocimiento, objetos, seguridad, amor, etc.) sino porque, en el camino a tus metas, además de expandir tus dones, encontrarás desafíos y obstáculos que serán los que te ayudarán a desplegar tus aprendizajes y tu potencial. Lo peor que puedes hacer cuando te propones algo es desanimarte ante las dificultades. En ellas encontrarás las enseñanzas y los logros más grandes que puedas imaginar.

Así, podrás integrar el interior y el exterior, el Ego y el Alma, el mundo y tu mundo, lo humano y lo divino. Los hechos por sí solos no satisfacen, las cosas conseguidas o las relaciones establecidas sin comprensión de los procesos involucrados tampoco. Como dijo T.S. Elliott: “Tuvimos la experiencia pero nos faltó el significado; un acercamiento al significado restaura la experiencia”. Cuando comprendes el porqué y el para qué de los hechos, toda tu vida cobra sentido.


Quizás, creas que nos perdimos desde la premisa inicial, pero no. Cuando te enganchas desde el Ego dormido y repetitivo, estás en falta continuamente. Siempre, tienes la “excusa” de que no hay suficiente dinero, tiempo, conocimientos, práctica, autoestima, certidumbre, lo que sea. Esto es mentira. Ahora, ya eres suficiente tal cual eres, ya tienes lo que necesitas para acceder a lo que deseas. En cada momento, estás preparado para ese momento. Sólo necesitas confiar en ello y permitir que tu alma te guíe y te abra a las posibilidades siempre latentes a tu alrededor, las cuales no ves porque estás distraído con tus supuestas faltas.

Tu Ego puede volverse fuerte y seguro, flexible y alegre, activo y relajado si trabajas con tus aprendizajes y no lo dejas que te congele con sus temores y dudas sin solucionar. Comienza a despertar ahora. No necesitas nada. Deja de impedirte la vida con tus supuestas limitaciones y fallos (son sólo partes del proceso de aprendizaje). Empodérate. Reconoce tus recursos y tu potencial. Atrévete a interactuar con el mundo, llevando tus dones. Tu presente. Todo está en tu presente. El cambio está aquí y ahora, en este instante en el que te das la oportunidad de ser el centro de tu mundo y de movilizar tu precioso valor, tu preciosa gema interna, tú mismo.