sábado, 1 de diciembre de 2007

La plenitud del ahora

Acabo de asear el departamento y estoy escuchando a Vinicius, Toquinho y María Creuza cantando en La Fusa (esto delata mi edad…) mientras tipeo. Hace calor pero estoy en una corriente de aire fresco que me da en la espalda desnuda. Siento el cuerpo vibrando de energía por la actividad. Miro todo ordenado y limpio y me entra una alegría de cosa nueva que me encanta (por eso dejo muchas veces que todo se haga un lío: por esta sensación). ¡Soy tan abundante! Miro cada cosa con aprecio y gratitud.

A la noche, voy a ir con unos amigos al cine y a comer. ¡Soy tan abundante! Estoy rodeada de gente maravillosa: familia, amigos, pacientes, conocidos. ¿Son maravillosos porque son perfectos? Por supuesto que no. Yo tampoco.

Estoy haciendo lo que soñé toda mi vida. No es un trabajo: es una vocación, una misión, una pasión, una profesión, un llamado, un servicio, una constante fuente de alegría, aprendizaje y creatividad, una canalización, contactos de alma a alma, encuentros pactados, una forma de vida, un camino a la prosperidad... ¡soy tan abundante!

Me siento agradecida por todo lo que soy. Por todo lo que soy ahora. Por este instante en que se juntan miles de coordenadas que me hacen esto que soy en este punto exacto. Sin pasado. Sin futuro. Yo soy. Yo puedo. ¡Soy tan abundante!