jueves, 23 de octubre de 2008

Entre la dualidad y la unidad

En una realidad de 3D (tres dimensiones) como la que vivo, reconocer la unidad es muy difícil. Mis ojos dicen que estamos separados. Mi cuerpo lo corrobora. La sociedad lo alienta y premia. Vos estás ahí y yo aquí. Dios/Diosa está allá y yo aquí.

Esta relación dual, incitada por los sentidos y la mente, se me impone casi siempre. Cuanto más me adentro en ella y quiero correr para “lograr” algo, más me frena mi alma. “Reconoce la unidad” parece decirme continuamente. “No hay un otro, hay un vos multiplicado”. “Dios/Diosa no está afuera, está adentro” me afirma. Y yo escucho… pero no incorporo. Y yo sé… pero no actúo.

Releyendo La Mariposa Negra de Richard Moss, me encuentro con un párrafo acerca de la atención conciente. Si bien la tengo bastante entrenada, más de una vez me dejo llevar por la mente de mono que se dispersa aquí y allá. Él relata maravillosamente cómo, estando con pacientes o en grupos, esa atención se vuelve divina. Conozco muy bien esa sensación. Soy mucho más que mi Ego cuando estoy atendiendo. Me reconozco en mis mejores cualidades, soy un canal fluido y armonioso en esos casos. Recuerdo que, hace años, decía que yo quería ser todo el tiempo como era cuando atendía. Lo estoy logrando, pero… falta…

La atención divina tiene que estar continuamente: la entrega, la disponibilidad, la paz, el servicio, la alegría, el amor surgen espontáneamente al estar centrada en mi conexión divina.

Estar en el mundo sin ser del mundo. La realidad 3D es una excusa, un telón de fondo, una ilusión colectivamente mantenida para darnos la oportunidad de permitirle a Dios/Diosa conocerse y crear a través nuestro. Ser un canal limpio y agradecido es lo mejor que puedo ser.