viernes, 31 de agosto de 2007

Consecuente, constante, con... migo

¡Qué fácil es romper un hábito, aunque sea maravilloso! Estos días, el servidor de Internet no está funcionando más que de a ratos. Así que, entre los cybers y los momentos en que puedo enviar algo, no he podido escribir en el blog.

Se me ocurrían los temas, pero lo dejaba para cuando anduviera de nuevo bien el servidor. En conclusión: no pasó nada. Así hago a veces: la primera excusa es suficiente para dejar algo. Y ni mencionar de que esperando que ocurra algo o de que sea “el tiempo apropiado” o de estar listo o de lo que sea se escapan las oportunidades. Esto no es malo en sí mismo porque lo que es para uno estará ahí siempre disponible. El tema es lo que pierdo de experimentar, de conocer, de comprender, de gozar, de vivir verdaderamente. Además, ¡se me olvidaron los temas sobre los cuales quería escribir!

Ser consecuente con el placer es, muchas veces, más difícil que con el dolor, los traumas, las postergaciones, las excusas, etc. Ser constante con lo que me hace bien, darme esos espacios de disfrutar y crear es una conducta con la cual… ser constante!

sábado, 25 de agosto de 2007

Sobre palabras importantes... y lo que encierran

Cuando decidí crear el sitio, pasé un tiempo pensando cómo llamarlo. No me interesaba ponerle mi nombre porque no se trataba de mí sino de un concepto que ayudara a las personas a acercarse a un nuevo paradigma, a ver su existencia desde otra óptica, a encarar su aventura en este hermoso planeta de una forma integral y amorosa. Entonces, surgió ABRAZAR LA VIDA.

Estaba harta de escuchar que debíamos luchar la vida, estaba irritada con la idea constante de que debía comportarme como un soldado para lograr lo que deseaba, estaba cansada de que “el otro” fuera el enemigo, de que la Vida fuera tan avara y miserable como para que yo le tuviera que arrancar algo (porque estas nociones están implícitas en esa concepción).

Así, abrazar envuelve todo: lo bueno, lo malo, lo mediocre, lo hermoso, lo horrible, el drama, la comedia, la tragedia, lo negativo, lo positivo, la luz, la sombra, lo femenino, lo masculino, dios, el demonio, los dioses menores, lo ateo… todo!

Porque somos todo y, por lo tanto, nada queda fuera de nosotros. Si no puedo reflejarme en algo es porque no puedo verlo, no porque no exista en mí, aunque sea en una mínima fracción. El peligro de no verlo es que lo proyecto y, entonces, el otro es el enemigo, el raro, el malo, el diferente y así surgen las divisiones.

Lo hermoso es valorar las diferencias sabiendo que nos recuerdan las múltiples posibilidades que poseemos en este brillante diamante que somos, sin olvidar que somos Uno.

Luego de un tiempo, comencé a encontrar el concepto de ABRAZAR LA VIDA en muchos lados. Cuando pensé en un título para los Libros Digitales, me apareció (así, tal cual, no lo pensé, se me impuso) la palabra VERDAD. No me gustó mucho en principio. Me parecía… inadecuada, vaga, antigua. Pero, la acepté y la uní a otra noción que creo fundamental: la de creación, la de que construimos nuestra propia vida. Así nació ENCUENTRA TU VERDAD Y CREA TU VIDA.

Ahora, me estoy tropezando con la palabrita todo el tiempo. Hoy, leí en una canalización de Kryon lo siguiente: “La verdad es el atributo del corazón humano que se desposa con el amor de Dios y cuyos resultados son la pasión por un camino espiritual que enriquece a ese Humano”. ¡Maravilloso!

Cada camino es absolutamente individual, único, precioso y todos conducen a uno único, como los rayos de una rueda. Mi verdad es distinta a la de otro y me brinda recursos y potenciales originales y exclusivos y así con cada ser humano. ¿¡No es fantástico?!!

jueves, 23 de agosto de 2007

Una madurez luminosa

Por distintas circunstancias, últimamente estoy en contacto con muchas personas mayores. Invariablemente, todas han decidido vivir lo que les resta de vida con alegría, optimismo, buena onda, haciendo lo que les gusta, prontas a seguir aprendiendo, con planes para el futuro, incluso unas cuantas siguen trabajando.

Tienen una gran vitalidad, les interesa mucho el arte (escriben, pintan, bailan, van a conciertos, miran programas culturales en la televisión), viajan, están informadas de todo, tratan de no engancharse en las tonterías ni en lo negativo. Cuando surge algún problema o se cuela alguien “quejoso”, lo minimizan y buscan seguir disfrutando.

En mis estudios por distintos lugares, encontré dos Maestras: una fue Patricia Stokoe, quien falleció trabajando y aprendiendo hasta el último día, con alegría y curiosidad. La otra es María Fux, quien continúa bailando y enseñando con creatividad y entusiasmo. Siempre dije que yo quiero ser como ellas: deseo trabajar hasta mi muerte, siempre abierta, cambiante, amorosa, dadora, receptora, alegre, sana, creativa, feliz.

Las personas que me rodean me muestran que es posible y les agradezco enormemente la compañía y el ejemplo que representan.

miércoles, 22 de agosto de 2007

La caravana de la alegría

"Hay una declaración preciosa de Mevlana Jalaluddin Rumi, uno de los mayores maestros sufíes que han existido. Dice: "Ven, ven, seas quien seas; Vagabundo, adorador, amante del aprendizaje... No importa. La nuestra no es una caravana de desesperación. Ven, aunque hayas roto tu voto mil veces. Ven, ven, una vez más, ven".

Recuerda esta preciosa declaración: «La nuestra no es una caravana de desesperación». Yo también puedo decirlo. La nuestra no es una caravana de desesperación, es una celebración; es la celebración de la vida. La gente se vuelve religiosa porque se siente desgraciada y la persona que se vuelve religiosa por sentirse desgraciada, lo hace por razones equivocadas. Y si el principio mismo está equivocado, el final no puede ser correcto.

Vuélvete religioso por alegría, por la experiencia de la belleza que te rodea, por el inmenso regalo de vida que Dios te ha dado. Hazte religioso por gratitud, por agradecimiento. Tus templos, tus iglesias, tus mezquitas y tus gurudwaras están llenas de personas desgraciadas. Han convertido también los templos en infiernos. Están allí porque están en agonía. No conocen a Dios, no tienen interés en Dios; no les importa la verdad; no se preguntan nada. Están allí sólo para ser consolados, reconfortados. Por eso buscan a cualquiera que pueda darles creencias baratas para poner parches a sus vidas, para ocultar sus heridas, para encubrir su desgracia. Están allí para buscar alguna falsa satisfacción.

La nuestra no es una caravana de desesperación. Es un templo de alegría, de canción, de danza, de música, de creatividad, de amor y de vida. No importa, puede que hayas roto todas las reglas: las reglas de conducta, las reglas de moralidad. De hecho, cualquiera que tenga agallas acabará rompiéndolas. Estoy de acuerdo con Jalaluddin Rumi, él dice: Ven, aunque hayas roto tu voto mil veces. La gente inteligente va a romper sus votos muchas veces, porque la vida sigue cambiando, las situaciones cambian. Y el voto se toma bajo presión: quizá el miedo del infierno, la avaricia del cielo, la respetabilidad social... No surge del núcleo más íntimo.

Cuando algo surge de tu ser interno, nunca se rompe. Pero tampoco es un voto, es un fenómeno simple, como respirar. Ven, ven, ¡y una vez más ven! A todo el mundo se le da la bienvenida, sin condiciones. No tienes que cumplir ningún requisito. Ha llegado el tiempo en que se necesita una gran rebelión contra todas las religiones establecidas. La religiosidad es necesaria en el mundo, pero no las religiones —no más hindúes, no más cristianos, no más mahometanos—, tan sólo personas religiosas, personas que tengan un gran respeto por sí mismas".

No puedo estar más de acuerdo con Osho.

lunes, 20 de agosto de 2007

Tengo el NO fácil

Si bien antes tenía un carácter belicoso, la verdad era que me costaba muchísimo poner límites (diría más bien “tener” límites), así que luego me encontraba complicada en situaciones en las que no quería estar nada más que por no haber podido decir NO a tiempo.

Comencé a trabajar con el tema y un día me llegó un poema de Hugo Filkenstein que me pareció espectacular:

NO
No es No y hay una sola manera de decirlo. No.
Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos. No se dice de una sola manera. Es corto, rápido, monocorde, sobrio, escueto. No.
Se dice una sola vez, No. Con la misma entonación, No. Como un disco rayado, No. Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín, no es No.
Un No que necesita explicaciones y justificaciones no es No. No tiene la brevedad de un segundo. Es un No, para el otro porque ya fue para uno mismo.
No es No, aquí y muy lejos de aquí. No no deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas, ni puede dejar de ser No, aunque el otro y el mundo se pongan patas para arriba.
No es el último acto de dignidad.
No es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes. No no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos; ni con pena y menos aún con satisfacción.
No es No, porque No.
Cuando el no es No, se mira a los ojos y el No se descuelga naturalmente de los labios.
La voz del No no es trémula ni vacilante, ni agresiva, no deja duda alguna.
Ese No no es una negación del pasado, es una corrección del futuro.
Y sólo quien sabe decir No puede decir Sí.

Así que, con el tiempo, me fui haciendo tan experta que, como dice un amigo mío, "tu No es tan contundente que no deja lugar a nada"… y me parece un elogio!

Concordante con esto, creo que estar atenta a las primeras señales de una actitud, de una situación, de una tendencia, hace que podamos poner los límites mucho más fácilmente al hacerlo al principio y no cuando ya se han convertido en problemas enmarañados. Igual, siempre es tiempo de decir No y comenzar a poner las cosas en su lugar. Porque nunca hay que olvidar que los límites implican contención.

viernes, 17 de agosto de 2007

¿Metal o bambú?

Mirando un documental sobre Hong Kong, hacían hincapié en el enorme crecimiento de la construcción. Fue impactante ver cómo realizaban los andamios: ¡con bambú! Debido a que es una zona de movimientos sísmicos, lo más seguro es construir con ellos y no con metales. Es algo increíble pensar que un edificio de cuarenta pisos está basado en cañas. Los chinos dicen que “Lo que se dobla con el viento, no se rompe”.

El bambú siempre ha representado esta maleabilidad necesaria para evolucionar. A diferencia de la noción, predominantemente occidental, de que es preciso ser duro y rígido para prevalecer, los orientales privilegian la flexibilidad y la blandura para poder fluir con los acontecimientos.

Tu cuerpo es quien te lo muestra: ¿dolores, tensión, contracturas, pobre respiración, rigideces? ¿Y si probás ser como el bambú?

jueves, 16 de agosto de 2007

Multifacético diamante

Yo nací en una ciudad llamada Diamante. Cuando comencé la escuela primaria, mi padre me regaló una regla de acero llamada Diamante, que nadie más tenía y de la que me sentía muy orgullosa. Las piedras que más me gustan son los diamantes. La primera meditación importante que me movilizó fue ver mi corazón como un diamante. Bastantes cosas han sucedido que tienen que ver con ellos.

A lo largo de mi vida, lo que siempre me encantó de los diamantes es que, cuanto más facetas, más brillan. Y que sus destellos irradian el arco iris: todos los colores en la transparencia.

Los diamantes son la más perfecta metáfora de nuestro ser. Creo que somos más valiosos e íntegros cuando podemos reunir todas nuestras facetas y hacerlas refulgir en la unidad. A diferencia de muchos gurúes de la New Age que sólo hablan de la luz y se olvidan de la oscuridad (llevando a las personas a rechazar partes suyas y a crear una "pátina" de pensamientos positivos sobre una bola de negatividad, que los aliena), a partir de ciertas experiencias tuve claro que debía reconocer, aceptar y darle espacio interno a todas mis facetas, sean las que sean.

Cuantos más aspectos pueda reunir de mí (la compasiva, la soberbia, la orgullosa, la creativa, la mentirosa, la generosa, la avara, la estúpida, la inteligente, la víctima, la poderosa, la dulce, la mal hablada, la colérica, y todos los etcéteras imaginables), más conciente seré y más autonomía de elección tendré porque no puedo transformar lo que no conozco.

Si hay aspectos míos que no advierto, éstos trabajan desde el inconciente, desde las sombras y soy su prisionera, termino haciendo lo que ellos quieren. En cambio, si puedo observarlos a plena luz, soy capaz de ponerles límites y de tomar decisiones desde la libertad.

Por eso, estoy orgullosa de ser multifacética: tengo decenas de matices para elegir qué y cómo ser y actuar. Soy un diamante que cada vez brilla más.