viernes, 6 de diciembre de 2013

¿Qué estás pensando?

Hace poco, leí sobre una encuesta hecha a usuarios de una gran red social sobre su nivel de felicidad al utilizarla.  Si bien al principio se sentían bien, con el tiempo esa felicidad disminuyó.  No daban razones de esta actitud, pero, escuchando a algunas personas, me imagino una: la comparación entre ellos y lo que ven de sus conocidos en la red.

Muchos postean fotos de viajes, de celebraciones, de diversiones, con comentarios llenos de alegría y logros.  La realidad no es tan así… pero, quienes leen esos posts, no lo saben…  Por lo tanto, creen que están mucho peor que sus conocidos y generan envidias, celos, desvalorizaciones, competencias, desazones, etc. 


Los humanos tendemos a comparar nuestra experiencia con la de los demás y sentirnos inferiores o superiores.  Obviamente, no se trata de ocultar los verdaderos motivos de felicidad ni de comenzar a publicar problemas, pero sí de saber que no todo lo que brilla es oro y tener una perspectiva más amplia con respecto a lo que vemos.  Por otro lado, es un buen llamado de atención hacia nuestra propia vida y lo que podemos cambiar y mejorar.  Toda “sombra” tiene una razón y la envidia nos conmina a darnos cuenta de que eso que valoramos del otro es algo que nosotros también podemos lograr, a nuestra manera. 


El examinar con veracidad nuestra vida nos da la posibilidad de apreciarnos y estimarnos por lo que somos y por lo que podemos, liberando un potencial magnífico que espera oculto ser vivido.