lunes, 19 de noviembre de 2012

¿Qué es "más fuerte que yo"?


Esta frase la escucho continuamente, en general referida a emociones desbordadas, a heridas de la niñez, a traumas, a actitudes enquistadas.  Tiene la fuerza de un destino escrito, de una condena eterna, de un castigo merecido.

Se origina en la concepción equivocada de que hay cosas que están fuera de tu control.  Obviamente que hay cuestiones que no funcionan bajo tu dominio, pero todo lo que se refiere a tu ser interno y a lo que éste puede crear en el exterior constituyen tu derecho y tu responsabilidad.

Un área en la cual repites mucho esta aseveración es con las emociones. Como son tan intensas y te toman de lleno, crees que son demasiado poderosas para ti.  En principio, ellas provienen de ideas,  no aparecen de la  nada, son pensamientos pasados al cuerpo.  Tú puedes pensar que Juan es un agresivo y no te pasa nada.  Pero, si Juan viene y te dice algo que no te gusta, tú reaccionas con una emoción de enojo, que te acelera la respiración y te tensa los músculos; quizás te energizas buscando responder o te reprimes callándote. 

Esto te pasa siempre.  Tus concepciones acerca de ti, de la sociedad, de las relaciones, del trabajo,  provienen de un relato personal, aprendido en la niñez y la adolescencia.  Ese relato funciona como la Plantilla Normal de tu sistema y tú creas tu mundo de acuerdo a ella, pensando y sintiendo ciertas cosas y no otras.  Funcionas “por defecto”, sin elección conciente… pura reacción predeterminada. 

Como las emociones están atadas a nuestros Niños Internos, ellos te manejan ante cada situación que les recuerda algo que les sucedió.  Debido a que ellos no podían con esa situación y eran invadidos por emociones incontrolables, tú sigues creyendo que tampoco podrás, que son más fuertes que tú.  El tema es que tú ahora eres (parece) un adulto.  Tal vez, has creado nuevos pensamientos desde esa posición acerca de esos asuntos, pero no los has incorporado.  Son teorías, tus Niños siguen manejándote con el pasado.

Entonces, el tema es que comiences a darte cuenta de este juego y te dediques a sanar a esos Niños, explicándoles lo que no comprendieron, dándoles reconocimiento y cariño, permitiéndoles jugar en tu vida con su alegría, su inocencia, su ilimitada  creatividad, su fuerza.

Desde un punto de vista espiritual, la personalidad que tú desarrollaste desde tu infancia contiene el aprendizaje que tu alma decidió hacer en esta encarnación.  No podrás escapar de él nunca, porque no es solamente un trauma pueril para esconder debajo de la alfombra sino la oportunidad de sanar aspectos y de liberar el potencial de felicidad y plenitud que trajiste y que es tu derecho.  Así, no serás verdaderamente tú hasta que liberes los condicionamientos que tu Niño Interno te propone como aprendizaje.  ¿Es difícil?  Es más fácil de lo que imaginas.  El universo conspira para que despiertes, te conectes y seas libre. 


En esta hermosa labor, estás siendo guiado y sostenido por tu Ser y por entidades de Luz… si tú accedes.  Como tienes libre albedrío, ellos no pueden intervenir si tú no das el permiso, si tú no pides ayuda.  Eso no significa que te sientes a esperar que el Cielo se abra y Dios en persona baje a asistirte.   El trabajo es tuyo.  Una vez que tú demuestres que estás dispuesto a perseverar, irás recibiendo el apoyo necesario en cada tramo del camino, progresivamente.  No es necesario que sepas todo el recorrido: da el primer paso y espera confiado que el camino vaya surgiendo en cada pisada.

¿Qué puede ser más fuerte que el Amor y la Luz que residen en ti, esperando que los actives?  ¿Cómo permites que tu Niño siga sufriendo lo mismo año tras año, mientras aguarda que lo abraces y lo contengas?  ¿Qué mundo estás repitiendo, cuando hay otro que aguarda ser creado desde la sencillez, la fluidez, la abundancia, la alegría?  ¿Cuándo comenzarás?  Un universo luminoso espera por ti.