miércoles, 21 de noviembre de 2012

¿A qué te recuerda?




En el vientre de una mujer embarazada estaban dos criaturas conversando cuando una le preguntó a la otra:

—¿Crees en la vida después del nacimiento?

La respuesta fue inmediata:

—Claro que sí. Algo tiene que haber después del nacimiento. Tal vez estemos aquí principalmente porque precisamos prepararnos para lo que seremos más tarde.

—Bobadas, ¡no hay vida después del nacimiento! ¿Cómo sería esa
vida?

—Yo no lo sé exactamente, pero ciertamente habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y comamos con la boca.

—¡Eso es un absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? ¡Es totalmente ridículo! El cordón umbilical es lo que nos alimenta. Yo solamente digo una cosa: la vida después del nacimiento es una hipótesis definitivamente excluida: el cordón umbilical es muy corto.

—En verdad, creo que ciertamente habrá algo. Tal vez sea apenas un poco diferente de lo que estamos habituados a tener aquí.

—Pero nadie vino de allá, nadie volvió después del nacimiento. El parto apenas encierra la vida. Vida que, a final de cuentas, es nada más que una angustia prolongada en esta absoluta oscuridad.

—Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del nacimiento, pero, con certeza, veremos a mamá y ella cuidará de nosotros.

—¿Mamá? ¿Tú crees en la mamá? ¿Y dónde supuestamente ella estaría?

—¿Dónde? ¡En todo alrededor nuestro! En ella y a través de ella vivimos. Sin ella todo eso no existiría.

—¡Yo no lo creo! Yo nunca vi ninguna mamá, lo que prueba que mamá no existe.

—Bueno, pero, a veces, cuando estamos en silencio, puedes oírla cantando, o sientes cómo ella acaricia nuestro mundo. ¿Sabes qué? Pienso, entonces, que la vida real sólo nos espera y que, ahora, apenas estamos preparándonos para ella…