lunes, 13 de agosto de 2012

¿Eres normal o eres grandioso por naturaleza?

Según el diccionario, natural es “perteneciente o relativo a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de las cosas”. Normal es “que sirve de norma o regla o que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano”.


Se podría decir que el Ego es lo normal y que el Ser es lo natural.  Sin embargo, actuamos cotidianamente como algo natural lo que es normal.  Sería sólo un juego de palabras si no fuera que es tan pesadamente importante.

Una de las cosas naturales dentro de la normalidad del Ego es que estamos en una dualidad y eso implica que siempre encontraremos mínimamente dos extremos de cualquier cosa, además de los grises entre ellos.  Debería ser un hecho reconocido que venimos con ciertos aspectos “malos, oscuros, negativos, bajos, siniestros” o como se los quiera denominar.  TODOS tenemos esas facetas.  No obstante, nos la pasamos continuamente tratando de negarlas, esconderlas, rechazarlas, como si fueran pecados o  faltas que solamente uno tiene la desgracia de poseer… porque los demás son buenos y viven una vida feliz… ¡justo a mí me vino a tocar ser yo!!

Suena gracioso, ¿sí?  Es lo que piensas sin parar.  Tú crees que eres el único que tienes tantas imperfecciones, que le pasaron esas cosas terribles en su existencia, que no vino con las condiciones necesarias para ser exitoso en lo que desea, que le sobra mucho de lo malo y que le falta algo bueno (no sabes muy bien qué).  En principio, te está faltando un poco de sentido de la realidad.  No eres diferente del resto.  Los siete mil millones que estamos encarnados en la Tierra estamos jugando el mismo juego, cada uno con sus propias formas.

¿No es algo increíblemente fantástico que no se te haya ocurrido esto?  Compartes con los demás esas cosas malas con las que tanto te victimizas y te justificas. Por lo tanto, en principio, acéptalas como integrantes del paquete.  Luego, pregúntate: ¿y para qué están ahí?  Si no fueran importantes, no estarían.  Sería como cuestionarte ¿y para qué tengo dos brazos? 

Una posible respuesta es que están ahí para que tengas la experiencia completa de las posibilidades en un determinado aspecto.  A veces, exploras un extremo; a veces, el otro.  Oscilas hasta que aprendes por tu propia cuenta cuáles son las consecuencias en ti mismo y en otros.  Por ejemplo, aprendes a no hacer a los demás lo que no te gustan que te hagan. 

Tu Ser hace un gran trabajo de diseño en cada encarnación para experimentar cómo transformarse en un Creador responsable, cómo espiritualizar la materia, cómo entregarse al Amor, entre otras cosas.  Y resulta que tú escupes al Cielo (mejor dicho, a ti mismo) porque no vienes imbuido de las más finas cualidades que se pueden exigir en un ser humano.  ¡Ah!  Exigencia es la palabrita… del Ego.


Tú ya traes todas las cualidades (y desafíos) que necesitas para lo que viniste a ser y hacer.  Aceptarlo es el primer paso, como te dije; dejar de lamentarte vanamente.  Después, quizás te des cuenta de que tus “defectos” son una puerta a tus cualidades, a través de la exageración.  Reflexiona: si simplemente bajases el tono de las cosas, te encontrarías con algo muy bueno.

Un ejemplo básico: si dejaras de hacer tanto drama de todo, vivirías mucho más tranquilo y podrías considerar lo que te sucede como lo que te propusiste para esta vida.  Otro: eres demasiado agresivo, hasta un poco violento.  Si disminuyes el caudal y lo encaminas, puedes usar esa energía para llevar adelante tus proyectos.  Así, más satisfecho de ti mismo, descubrirías la ternura que te habita y que no podía salir porque vivías defendiéndote de los otros.  Otro: eres un gran egoísta.  Un poco de egoísmo no te viene mal porque de esa forma puedes pensar por ti mismo y ver qué te gusta, qué te sirve, adónde quieres ir.  El resto que te queda, muéstrale las bondades de ocuparse de su propia vida a los que están pendientes de los demás. Otro: eres muuuuuuy sensible.  Contiénete a ti mismo y canaliza la bobalicona hipersensibilidad demandante en verdadera sensibilidad compasiva y/o creativa para tu bien y el de otros.

Haciendo estas cosas, te irás acercando a lo más natural de ti, o sea a tu Ser, a lo que es tu esencia luminosa y amorosa.  Normalizarás la actividad de tu Ego y dejarás de perder el tiempo y la energía en luchar, en esforzarte, en ser “bueno”, en parecerte a los otros.  Celebrarás ser tú mismo, con tus luces y sombras; concientizarás que estás en un universo amable, abundante, variado, creativo; te integrarás como el Ser Humano Divino que realmente eres.