lunes, 21 de marzo de 2011

¿Alquimizas plomo en oro?

Después de unos años de hacer terapia psicoanalítica, me di cuenta de que yo era una colección de dolores, contracturas, síntomas y enfermedades varias y floridas. Mi mente podía comprender determinadas cosas pero mi cuerpo estaba atrapado en historias viejas y mi energía estaba bloqueada de tanto peso sin descargar. A esa altura, yo ya conocía las terapias alternativas y la importancia de lo corporal. Entonces, hice algo que me fascina: estudiar mientras trabajo… en mí. Inicié la carrera de Terapia de Integración Cuerpo-Mente y todo cambió.

No sólo recuperé mucho bienestar físico (que ha ido yendo y viniendo de acuerdo a mis procesos, en una gozosa espiral ascendente y plena) sino que encontré mi camino vocacional. Dos decisiones fueron cruciales en este inicio. Una es que, por el temor primerizo de cualquier recién graduado, me entregué inconcientemente a mi Ser Superior y al “campo” (como dice Chopra) para saber qué decir y hacer con mis pacientes. Mi labor era estar presente, conectada, abierta y lo que fuera necesario surgiría como respuesta a lo que cada uno traería ese día. Pronto, me di cuenta del trasfondo de cada acontecimiento que me contaban. Cada situación o relación era el escenario en donde se desarrollaba el proceso del despertar de cada uno.

El espacio terapéutico es alquímico: transmuta plomo en oro. Es un desperdicio que muchos lo tomen sólo como un lugar en donde charlar de lo que les sucedió en la semana, sin reconocer los dones y potenciales que han traído, sin bucear en las profundidades abisales que nos constituyen para emerger llenos de tesoros portentosos. En esa indagación de lo superficial hacia su vasta significación está el núcleo de una terapia.

¿Y qué hacemos con esas luminosas percepciones? Esta es la segunda decisión: la verdadera terapia está fuera del consultorio. Si no se implementa en la vida cotidiana lo que se trató allí, no sirve ni ayuda. La transformación real se da cuando comprendemos que hemos venido a hacernos responsables de nuestras creaciones y que tenemos los recursos para modificar cualquier supuesta realidad. Digo supuesta porque la realidad responde a nuestra visión, intención y acción. Cuando ellas cambian, cambia el afuera.

La comprensión y liberación de los juegos del Ego y la entronización del Ser como guía de nuestra vida es el primer paso, el del pensamiento. Si no lo trasladamos a la palabra y a la acción no sucederá nada. Este es un planeta físico, hemos encarnado; por lo tanto, debemos concretar nuestros despertares a la Luz. En el fondo, ¿importa si nos compramos un nuevo auto, si construimos una casa, si estudiamos pintura, si tenemos hijos o pareja, si somos pobres o millonarios? No. Importa lo que descubrimos y trabajamos de nosotros, las relaciones que entablamos, las novedades que aprendemos, las creaciones que materializamos para el mayor bien del Todo.


Este mundo que ves a tu alrededor es TU MUNDO. Eres el centro de él y su diseñador. Todo lo que lo constituye es tu elección y de nadie más. ¿No te gusta? Bucea y date cuenta qué debes sanar. En ti. Así, habilitarás la sanación en otros. En esta etapa de la Humanidad, estamos liberando milenios de paradigmas de limitación, carencia y dualidad. Si continúas poniendo tu atención en ellos, te perderás de tu particular aportación, de tu brillo primordial.

Tus nexos con cada cosa, persona, lugar, situación es el divino material con que estás tejiendo la creación de Dios/Diosa en este lugar y en este instante. Valora este momento sagrado, valórate y contribuye al tapiz con tu mejor esencia.