Lorenzo Cruz, de México, me escribió: “Yo por el momento te quiero agradecer por toda la infinidad de aportaciones positivas que brindas al público; eso es sorprendente para mi y, sobre todo, la forma en cómo seleccionas y das a entender tus temas; eso es lo más grandioso que he observado de tu parte. Gracias por ser un gran ejemplo humanamente, que eso es algo maravilloso”.
Por empezar, Lorenzo, aprecio enormemente tan hermosas palabras. Me llamó la atención lo de “los temas”. ¡Qué tema! Me la paso gran parte del día reflexionando, dándome cuenta de cosas, dejando entrar impresiones y asimilándolas y enriqueciendo mi mundo interno con eso.
Hace mucho tiempo, mis temas eran bien diferentes. Aunque siempre tuve este interés por la vida y sus secretos, YO me trataba bastante mal, así que mis motivos de introspección eran en consecuencia sobre lo mal que estaba el mundo, la gente, la familia, los partidos políticos, la televisión, los perros… yo!
No se puede separar lo que opinamos de lo que somos. Lo que enjuiciamos habla más de nosotros que de los otros. Así que es fácil saber cómo está una persona por el nivel de agresividad, chismorreo, quejas, impaciencia, etc. que despliega con respecto a otros o a circunstancias.
El comentario de Lorenzo y el de muchos otros que me han escrito me confirma esto. Yo me he transformado y mis temas han cambiado. Y no sólo eso: también le sirven a otros.
Esto me recuerda algo que me sucedió en un seminario hace unos años. Al final de un trabajo, me di cuenta de todo lo que yo había perdido al no brindarme a los otros enteramente, pero, lo que más me hizo llorar inconsolablemente, fue advertir lo que los demás habían perdido, habían dejado de recibir de mí.
Eso fue un momento decisivo en mi vida. Creo que la creación del sitio y, ahora del blog, proviene de ese sentimiento. Al facilitar lo extraordinario, amoroso, sensible y nuevo de mí, todos ( yo y los otros) nos enaltecemos, crecemos y nos damos mejores oportunidades. ¡Gracias a todos!
lunes, 7 de mayo de 2007
Dar de mí
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Laura Foletto
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domingo, 6 de mayo de 2007
sábado, 5 de mayo de 2007
Nadar en aguas turbulentas
Osho sostenía que, cuando estamos dependientes de algo, lo mejor era sumergirse totalmente en ello, para que pierda el poder que tiene sobre nosotros: lo contrario de vivir acosado por la prohibición o el rechazo. Es una muy buena sugerencia para los neuróticos comunes (comos somos todos), aunque no sé si tanto para las personalidades adictivas, aunque puede ayudar.
¿Cómo se hace? Saboreando intensamente lo que nos atrapa, porque justamente eso es inconciente y compulsivo, ya sea comer, fumar, beber o incluso una persona o una actividad. Si comenzamos a ser plenamente concientes de cada vez que lo hacemos o que pensamos en ello, nos daremos cuenta de cómo es, qué produce en nosotros, qué permite tapar o evitar y así el efecto disminuirá o desaparecerá.
Todo tiene efectos físicos, a nivel de los neurotransmisores. Por ejemplo, tragar sin identificar los sabores, las texturas, las temperaturas, los olores hace que coma indiscriminadamente y mucho, a la vez que calma el vacío, la ansiedad, el temor, la baja autoestima, pero no remedia nada de eso. Si como con conciencia, no sólo consumiré menos y mejor sino que también podré identificar para qué lo hago y ya tendré elementos para solucionarlo. Asimismo, esto sirve para el apego a personas o situaciones.
Últimamente, he tenido mi dosis de inmersión en la comida, la televisión, la pereza, el divague mental, la falta de actividad física. Estoy llegando al punto de saturación, al ver las consecuencias en mi cuerpo y en mi vida. Observé muchas pautas. Estoy tomando las medidas para solucionarlas. Les agradezco lo que me enseñaron.
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Laura Foletto
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21:13
viernes, 4 de mayo de 2007
Lluvioso
Hoy, ha sido un no-día. Lluvioso, lluviado. Y, en realidad, como disponible para muchos que me llamaron para que los aconseje o los acompañe. Extraño…
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Laura Foletto
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jueves, 3 de mayo de 2007
¿Cuántas miradas miran?
A raíz de un suceso, estuve viendo distintos programas de televisión y algunos foros. Era sorprendente la enorme variedad de opiniones que todos sustentaban y, más asombroso aún, era que cada uno tenía LA VERDAD; ni siguiera creía tenerla, la ostentaba como la única. Observando esto, no hay que extrapolar demasiado para preguntarse porqué tanta agresividad, violencia y guerra.
Todos tenemos una porción de la verdad y, entre todos, encontramos La Verdad. Es difícil comprender esto porque, en la dualidad, tendemos a pensar que solo un lado es cierto y, por lo tanto, el otro es falso.
Esto me hace acordar un cuento judío. La esposa de un rabino se preguntaba porqué su marido era tan respetado y todos acudían a él por consejo, sin demasiado fundamento según ella (es complicado ser profeta en su tierra). Un día, decidió esconderse y observar qué hacía. Vino un vecino a quejarse acerca de otro, dando sus razones para que el rabino lo aprobara. Efectivamente, le dijo “Tienes razón”. Al rato, vino el otro vecino aportando sus propios argumentos. El rabino le dijo “Tienes razón”. Cuando el hombre se retiró muy contento, la esposa salió furiosa de su escondite y le soltó que era estúpido que le diera la razón a ambos, ya que los dos no podían tenerla. El rabino la miró y le dijo “Tienes razón”.
Es sabio escuchar todas las voces y dejarlas resonar adentro hasta que cada uno encuentre su porción de verdad, la cual, por supuesto, no es inalterable: cambia, crece, se transforma, desaparece, se ilumina, se mueve, es dinámica como la Vida misma.
En una época, leía vorazmente sobre diferentes técnicas de desarrollo personal y, a la vez, hacía una carrera con distintas orientaciones. Llegaba un momento en que mi cabeza estallaba porque unas afirmaban unas premisas y otras las contrarias. Tomé la resolución de simplemente “alimentar la máquina”, confiando en que, en alguna circunstancia, mi sabiduría interna produciría la síntesis adecuada… y lo hacía!
Igualmente, cuando escuchaba (y escucho) distintos profesores o maestros o amigos o personas circunstanciales o la televisión o un cartel en la calle o lo que sea. El mensaje que necesito, la parte de verdad que me falta, la palabra reconfortante están en cualquier parte. Sólo es necesario estar atenta y receptiva.
También, mis voces internas son verdaderas… o son mentirosas… o son… o no son… En un cierto nivel, todas tienen razón y, en otro, todas son ilusiones. ¿Cuáles elijo para esta porción de tiempo, para este propósito, para este lugar, para mí, para esta persona que tengo enfrente?
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Laura Foletto
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miércoles, 2 de mayo de 2007
¿Qué estoy creando?
Una paciente, quejándose de actitudes de su pareja, se preguntaba si no cedía terreno al trabajar internamente con lo que le sucedía a ella mientras él no lo hacía y seguía creyendo que todo estaba bien. Le hice la siguiente propuesta: “imaginá que sos la creadora de tu mundo, que sos el dios de tu universo; ¿para qué creaste un marido así?, ¿para qué necesitás alguien con esas actitudes?”. ¡Ups!
Lo admitamos o no, sea cierto o no, esta pregunta abre una serie de consideraciones personales que no estábamos atendiendo por centrarnos en el otro, por poner las culpas en el otro.
Cuando siento emociones nocivas, lo primero que debo cuestionarme es qué me pasa a mí, a qué se debe que haya puesto eso en otra persona. El fin principal es el de soltar ese condicionamiento. Por eso, es importante dejar de criticarme o ponerme mal si observo un creciente rizo de emociones dañinas, ya que eso es la señal de una liberación profunda que es necesario afrontar.
Tendemos a pensar que las interacciones con los demás son casuales. Son oportunidades. La mayoría de las veces son respuestas a pedidos que, incluso, hemos olvidado. Es muy importante estar atentos y receptivos a cada pequeño encuentro o conversación porque puede traer el germen del cambio.
Hoy, fui a la verdulería y el dueño, que es muy parlanchín, se interesó por mi profesión. Cuando le dije que era terapeuta, me bromeó con la cantidad de plata que estaría ganando. Me sonreí y me preguntó si hacía publicidad. Al contarle que no, me dijo: “tiene que hacerlo, porque tal vez hay diez pacientes alrededor que no se enteraron que usted es terapeuta”.
Me recordó que tenía pensado realizarlo, pero que lo había dejado a un lado. Fue la contestación a una pregunta. ¡Gracias!
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Laura Foletto
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martes, 1 de mayo de 2007
La comodidad incómoda
Hice un collage en un cuaderno con lo que deseo en distintas áreas. Fue interesante lo que quedó, porque estaba limitada a lo que iba encontrando en las revistas que tenía. Algo me llamó la atención: surgió un capítulo llamado Comunidad, con una foto de muchas personas en un paisaje. ¿Será premonitorio?
Recién, leí “Liberar las ataduras, las costumbres y los conceptos obsoletos es un proceso que ya está en marcha y que requiere una vigilancia y actualización constantes. Somos conscientes de que han construido “zonas de comodidad” a su alrededor que son difíciles de rebasar, pese a ser constrictivas y poco confortables. Pero eso es exactamente lo que tienen que hacer si es que van a expandirse”.
Últimamente, estoy siendo muy lúcida acerca de estas “zonas de comodidad” en las que me instalo a pesar de ser “constrictivas y poco confortables”. También, observo cuánta energía me quitan, cuánta duda y temor despliegan y cómo ya no me dan placer como antes. Sin embargo, insisto en visitarlas.
Otra cosa que advertí es que me pongo agresiva o competitiva o envidiosa o despectiva si alguien logra algo que yo relaciono con lo que yo deseo. Por supuesto, esto es un espejo y el propósito es que me dé cuenta de que yo puedo con lo mío. En general, trato de no engancharme, pero capto las “llamadas de atención” que aparecen para darme la oportunidad de liberar las limitaciones e internarme en lo nuevo. Como buena ariana, es bueno que escuche el llamado y sea pionera.
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Laura Foletto
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