lunes, 9 de marzo de 2015

Siete pasos para liberar el pasado

Tenemos la idea de que la vida es una sucesión de acontecimientos, algunos buenos, otros malos, que se van sucediendo con poca intervención de nuestra parte.  Aún quienes creen en teoría que no es así, tienden en la práctica a verse como damnificados de las circunstancias.  Es difícil remontar la forma en que hemos sido educados.

Cuando comenzamos a experimentar que todo parte de nosotros, lo que más cuesta es liberar el hecho que provocó el aprendizaje.  Supongamos que tuvimos un suceso muy traumático (un accidente, un aborto, una muerte, un abuso, etc.) o una vida llena de dolor y carencias.  En general, las dos maneras en que lo manejamos son: víctimas, ya marcadas y dañadas para siempre, o víctimas, que a fuerza de voluntad y valor, se rehacen.

Otra forma es ver la vida como un aprendizaje.  Esas situaciones fueron convocadas por nosotros y sirven para enseñarnos determinadas actitudes o visiones o apreciaciones.  Así, pasamos de entidades pasivas a actores activos.  Somos los creadores y podemos elegir cómo deseamos continuar entre múltiples opciones. 

El problema que subsiste es qué hacemos con lo que produjo ese cambio de percepción.  Comprendemos su significado, pero quedamos atrapados en las emociones que suscitó el acontecimiento.  Estos pasos son necesarios:

-      Relatar: si nunca se ha hablado de la situación, es fundamental dirigirse a alguien comprensivo o a un profesional para descargar los sentimientos y escucharse.  Es muy distinto pensar acerca de algo que expresarlo en voz alta y tener un interlocutor que permita una elaboración.

-      No relatar: si se ha hablado demasiado, es hora de callar.  Por un tiempo, el contar funciona como un “desgaste” de la circunstancia y permite que se la vaya interpretando y asimilando, hasta internalizarla y considerarla un hecho significativo, pero sin carga emocional negativa.  Para muchos, esta fase es eterna y en realidad sirve para volver a traer la situación y, sobre todo, las emociones asociadas.  Es como volver a vivirla inagotablemente.  Una vez que hemos comprendido para qué sucedió, ya es momento de dejar de pensar y de conversar de ello, de dejarlo en el pasado y no hacerlo presente.

-      Perdonar y perdonarse: cuando entendemos que nos hemos “contratado” para pasar por ciertas experiencias con otras personas, a fin de aprender juntas, el perdón es lo que libera los karmas y otorga un nuevo paso evolutivo.  Aunque no lo parezca, es más complicado perdonarse, sobre todo si se ha implicado a otras personas (hijos, por ejemplo).  Debemos saber que todos nos hemos elegido, no hay inocentes ni culpables.



-      Resignificar la vida: nos hemos contado una historia de drama y victimización, que ahora podemos reconstruir más compasiva y amorosamente.  Al resolver profundamente para qué hemos venido y asumir nuestro protagonismo, cambiamos el pasado al declarar una autobiografía desde otro punto de vista, los que nos autoriza a empoderarnos y valorizarnos.

-      Apreciar el aquí y ahora: cuando vivimos obsesivamente en el pasado, nos perdemos de los regalos del presente.  Cada día, trae una nueva oportunidad, y solo podemos darnos cuenta y beneficiarnos de ella cuando soltamos el ayer y atraemos según el nuevo nivel al que hemos accedido.

-      Agradecer y bendecir: las quejas, los lamentos y los sufrimientos hacen caer en una espiral de más de lo mismo, hasta que nos sentimos agotados y vacíos.  Aunque cueste al principio, apreciar cada cosa y cada momento nos expande y nos llena de luz para iluminar más y más cada aspecto de nuestras vidas.


-      Vivir como Seres Espirituales: los pasos anteriores son posibles si educamos a nuestro Ego y no lo dejamos dirigirnos.  Él es un instrumento y no lo que somos.  Esa visión pequeña, carente, limitada y victimizada del Ego debe ser reemplazada por una mirada integrativa y espiritual.  La conexión con nuestra Alma nos llevará a encarnar nuestro potencial y a crear la vida que está disponible para nosotros.  La clave es liberar las experiencias y nutrir los aprendizajes que nos trajeron, vibrando en el Amor que somos.