lunes, 21 de abril de 2014

¿Empujas o permites?

Nuestra sociedad es el sueño dorado del Ego: sus inseguridades e insuficiencias están compensadas con sustitutos como el consumismo y la diversión vacía.  Cuando fallan la confianza y la conexión a instancias mayores, ahí están la lucha y el esfuerzo para merecer la vida. Cuando no se encuentran propósito ni realización interior, ahí están los logros externos para sentirse reconocido y digno de amor.  En un mundo desacralizado, el Ego se siente Dios y reclama su pleitesía de estrés y ansiedad.

Sin darnos cuenta, hemos internalizado que todo se consigue empujando, moviéndonos continuamente en pos de algún objetivo, laboriosos hasta el cansancio agotador.  Nuestras horas deben estar llenas de actividades, mostrando cuan interesantes y completos somos: personas satisfechas, cónyuges amantes, padres felices, trabajadores exitosos, amigos fieles, consumidores prósperos… ¿falta algo?

Quizás, nos faltamos nosotros.  Quizás, estamos encubriendo esa carencia detrás de tanta abundancia.  ¿Es tan difícil SER?  Lo es para el Ego, que está conectado al HACER.  ¿Qué te sucede cuando estás solo, inactivo, silencioso?  Esa es la medida de la aceptación de ti mismo.  Si no puedes soportarte, si surgen emociones o pensamientos angustiantes o demandantes, si tienes que realizar algo o buscar compañía, es tiempo de cultivar tu interior.

Entonces, tu Ego te dice que es necesario que hagas cosas para ello, que te exijas ser de una determinada forma, que te pongas metas medibles y triunfantes, que luches contra defectos  evidentes y escondidos, que te empujes hasta el máximo para ser lo mejor que los demás puedan reconocer y amar… ¿volvimos a lo mismo?   Es el círculo vicioso de tu mente.



No necesitas hacer nada, sólo permitir ser quien eres.  ¿Que no eres nada, que eres incompleto, inadecuado, insuficiente, inútil, inseguro, in…?  Sí, tu Ego lo es.  Él es un instrumento para tu aprendizaje en esta dimensión, es un actor de muchísimos roles, es un calidoscopio de múltiples colores sintonizado para tu visión particular, es una proyección de tu Ser para su creatividad esencial. 

Tú ya eres.  Eres un Ser multidimensional, espiritual, energético, luminoso e iluminante, jugando en esta maravillosa Tierra.  ¿Y si dejas el drama y asumes tu juego, con compromiso y alegría?  ¿Y si consientes que lo que eres surja y encuentre personas y situaciones acordes a su vibración y propósitos?  Una de las diferencias fundamentales entre la nueva y la vieja energía es la forma en que lo concretamos: empujamos o permitimos, proyectamos o confiamos, luchamos o nos entregamos, tememos o amamos. 


Ya lo sabes: el exterior muestra el interior.  Encontrarás afuera lo que tienes adentro.  El mundo es tu espejo.  Obviamente, se trata de un proceso, no algo que consigues de un día para el otro; se trata de integrar las polaridades, de encontrar tu personal forma de fluir con el nuevo paradigma.  Acepta y ama tu encarnación y jugarás con tu Niño Interno en una Nueva Energía que te sostiene y fluye contigo.