lunes, 10 de marzo de 2014

¿Están cambiando tus relaciones?

Una ex-paciente me escribió para preguntarme acerca de sus amigos “de toda la vida” y de su querido hermano: “¿vivía en una nube y no me daba cuenta de sus aspectos oscuros, nos alejamos porque ahora somos distintos o está pasando algo nuevo?”.

Las tres cosas le respondí.  Cuando comenzamos a despertar y a ser más concientes, también despertamos a las proyecciones que lanzamos afuera.  Esas partes nuestras que no podíamos aceptar eran puestas en los demás, que actuaban de espejos de ellas.  A medida que vamos integrando la Sombra (lo que negamos de nosotros mismos) y nos hacemos responsables de todo lo que somos, vamos elevando nuestra vibración.

Empezamos a percibir la diferencia de vibraciones, a sentirnos incómodos frente a ciertas emociones y situaciones que antes considerábamos “normales”.  A su vez, ahora nosotros somos espejos también de ellos y eso les resulta incómodo porque se dan cuenta de los cambios que podrían hacer.  Hay tensión de ambos lados.

Por otro lado, en la Nueva Energía, las relaciones están transformándose vertiginosamente.  Antes, el acento estaba puesto en la seguridad que ellas nos aportaban.  Serían para siempre.  Con la familia, estaba una especie de obligación tácita de permanecer unidos y afrontar cualquier cosa, aun a costa de la salud física o mental de sus integrantes.  Con los amigos, la mayoría conocidos desde los primeros años, existía la comodidad y certidumbre de un relato común.  Se privilegiaba la memoria y la protección, cualidades importantes para una vieja energía, que insistía en la lucha y la competencia. 

Ahora, el acento está puesto en el aprendizaje que cada relación aporta y en el amor que intercambiamos.  Y esto puede ser con cualquier persona y en el tiempo que sea necesario.  Al darnos cuenta de que todo es una oportunidad de conocernos, de crear, de amar, de ser parte integral de Todo Lo Que Es, las relaciones se hacen más profundas y significativas.  Podemos ser iluminados por un vínculo de dos meses.

Permanecer en una familia o pareja o amistad en que ya no tenemos conexión de corazón y propósito nos resulta difícil.  O las renovamos y profundizamos o nos alejamos (o nos alejan).  A pesar de que sentimos esta necesidad en lo más íntimo, sea conciente o inconcientemente, también nos duele.  Una gran parte nuestra sigue atada a los lineamientos antiguos y se resiste.  Por un lado, seguimos amando a esas personas y, por otro, anhelamos la seguridad que supuestamente esas relaciones nos iban a dar.



En estos tiempos, somos responsables totales de lo que nos sucede.  Quizás, no nos gusta pero no hay escapatoria.  No podemos usar a los demás para echarles la culpa ni para pedirles protección ni para hacernos las víctimas.  Debemos aprender a contenernos, a liberar nuestro poder, a conocernos y amarnos, a ser libres y, desde allí, a relacionarnos.  Resulta complicado porque estamos a mitad de camino: ni abandonamos lo viejo ni abrazamos lo nuevo completamente.


Seamos compasivos, pacientes y tiernos con nosotros mismos.  Hay relaciones que se irán (para siempre o  por un tiempo), otras que se transformarán y otras que vendrán, más acordes con nuestra nueva vibración.  Todo está bien.  Nuestro luminoso corazón jamás dejará de amar a nadie, esté o no esté a nuestro lado.