viernes, 1 de febrero de 2013

ERRE DE ROBO Y DE RISA


El martes, fui a un pub con un amigo y volvimos caminando.  Al pasar por las barrancas de Belgrano y, a propósito de algo que estábamos charlando, le conté de una noche que me habían asaltado allí, hace muchos años.  Era invierno y hacía un frío terrible.  Iba a visitar a una amiga y siempre cruzaba la barranca para ir a su casa.  Cuando puse un pie en la vereda, escuché una voz interior que me decía “no vayas por ahí”.  Dudé, pero no le hice caso.  Estaba desierto.  Al pasar la pérgola, un hombre apareció y me preguntó la hora.  Inmediatamente, me di cuenta: “¡qué tonta!”, pensé.  Me pidió el dinero que llevaba.  Yo tenía sólo una cartera muy pequeña, con algo de plata y las llaves.  Le di todo el dinero y me pidió más insistentemente.  Calmada, le explicaba que era lo único que llevaba.  Entonces, sacó un revólver enorme, viejo, se lo cruzó sobre el pecho y me dijo: “señora, que se lo estoy pidiendo con respeto”.  Casi me da un ataque de risa.  Traté de no reírme y le dije que no perdiera el tiempo conmigo, que se estaba exponiendo a que pasara un policía y me dejó ir. 

Mi amigo recordó una vez que, trabajando en la fábrica de su padre, fue a buscar un cheque en una bicicleta.  Un ladrón lo paró y le pidió dinero.  Él le mostró el cheque y le dijo que no tenía nada más.  Enojado, el hombre lo despidió con un: “después se enojan cuando uno los mata”.  Estuvimos riendo un buen rato.



Me habían robado muchas veces antes de esa, de distintas formas.  Por un lado, tenía relación con el confuso y retorcido vínculo con el dinero que tenía y, por otro, con la sensación de ser una hoja en la tormenta, alguien perdida en la ciudad enorme e insegura.  Desde ese momento, esa impresión terminó.  Me sentí cuidada, protegida.  Sólo debía escuchar las señales, hacerles caso.  Y eso hice.  Nunca más me pasó nada así.  Lo del dinero me llevó más tiempo, pero lo estoy superando y encontrando mis formas de relacionarme con lo material.

Además, me gustó recordar con una sonrisa, sin una pizca de emociones negativas.  Mi vida anterior se está desvaneciendo en una bruma amable y compasiva.