miércoles, 17 de marzo de 2010

Perdón

No he estado escribiendo las últimas semanas. Tenía un estado de… cansancio, sueño, desinterés. Normalmente, duermo con patrones erráticos de horas (entre cuatro y diez) y me despierto unas cuantas veces durante la noche (entre cuatro y siete). Al principio de este proceso de Ascensión, eras muchas más. Ya estoy acostumbrada y no me molesta. En estas tres semanas, sólo me despertaba un par de veces y dormía mucho. Me costaba muchísimo despertarme y estaba todo el día con sueño.

Una aclaración aquí: a veces, esto tiene que ver con procesos personales, pero muchas otras están involucradas las oleadas energéticas que suceden sobre la Tierra y la Humanidad. Lo mismo puede pasar con síntomas físicos o emocionales. No siempre se trata de temas individuales sino de enormes transformaciones a niveles generales, las cuales pueden tocarnos en nuestros lugares más frágiles.

Además de que sí hay energías muy fuertes desarrollándose, sentía que había un “mar de fondo” personal que necesitaba manifestarse. Hace unos días, pregunté qué estaba pasando. Me vinieron dos cosas. La primera era que tenía que “divinizar” mi vida. Sé a lo que se referían. No soy ritualista, no tengo interés en ningún gurú ni figura religiosa, soy discontinua en las meditaciones… me cuesta bajar lo que soy y lo que siento. Desde hace tiempo, noto la necesidad de vivir con más espiritualidad y arte en mi vida diaria, pero no lo implemento. Me dejo llevar por lo ya instalado, que no es malo ni dañino, pero tampoco me aporta lo que sí lo hace lo otro. Así que comprendí que debo hacer cambios en ciertas cosas.

Lo segundo fue que tengo que darle una oportunidad a mis sueños y llevarlos a lo concreto. Aquí me largué a llorar espontáneamente. Desde que fui “secuestrada” de lo exterior por mi Ser Superior hace unos diez años, he hecho inmenso trabajo interno; he pasado por las etapas de la Ascensión; he caído al fondo de toda oscuridad y renacido muchas veces; he dejado mi pasado atrás casi por completo; económicamente, a veces he sobrevivido con lo que la Providencia ha puesto frente a mí en forma de padres, amigos, conocidos y desconocidos. Nunca me faltó nada y agradezco la abundancia en tiempos en que otros la han pasado mal en ese sentido. Han sido tiempos desafiantes, de dolor y alegría, de pozos y picos, de flujos y reflujos, de sombra y luz; en fin, de maravillosa expansión… interna.

En lo externo, traté algunas veces de sacar proyectos que terminaron en nada. No era el tiempo. Lo entiendo ahora, pero se fueron acumulando decepciones e inseguridades. Así, sin darme cuenta, preservé mis tesoros del fracaso, junto con el dolor de la no manifestación. También, me privé y privé a los otros de lo que tenía para dar. Perdón. Lo que me estaban diciendo era que ahora podía. Ahora sí es el tiempo. Enjugué mis lágrimas, agradecí y me propuse comenzar.

Los propósitos nuevos son hermosos, pero están bombardeados por los temores y las dudas del pasado. ¿Cómo se manifestaron? Como comenté en algún momento, me propuse sanear mis finanzas y lo conseguí. Estoy bien, pero quiero estar muy bien. Entonces, en un par de horas, con una serie de comunicaciones, las cosas cambiaron. Caí en lo de siempre. Como tengo la conciencia atenta siempre, observaba mis pensamientos y emociones desbordándose. Me duró un par de horas. Me di cuenta de que esa era la oportunidad de dejar atrás esos miedos. Dije ¡Basta! Puse un límite y lo crucé. En voz alta, liberé mis anteriores creaciones limitantes y afirmé lo que deseaba a partir de ahora.

Me sentí mucho mejor. Al otro día, me levanté con otra energía. Fui a mi clase de gimnasia china en la plaza. Era un día fresco de otoño. Agradecía el límpido cielo azul, los preciosos árboles, la música, mi cuerpo moviéndose, el maravilloso grupo, cada persona que pasaba, todo. Comprendí que eso era divinizar. Agradecer y disfrutar. Vivir concientemente.

Una vez, reviví mi nacimiento. Al comenzar las contracciones, yo tenía una excitación enorme. ¡Tenía tanto para dar, traía tanto amor para compartir, iba a ayudar a tantos, en un tiempo increíble! ¡No podía esperar para comenzar! Nací rápido y fácil. Después, me decepcionaron los tiempos y las formas, en todo sentido. Sin embargo, jamás renuncié.

Me di cuenta de que, a veces, me exijo ciertas cosas en mi afán de estar al servicio y eso se transfiere a los otros. Pido perdón. Lo siento. Es que te amo. Estoy comprendiendo que te ayudo más siendo feliz, serena, completa, plena, alegre. En eso estoy… Creándolo… Para que lo puedas crear también…