jueves, 19 de febrero de 2009

Llorando en el colectivo

Desde hace un tiempito, me estoy dando cuenta cada vez más de todo lo que soy, lo que quiero, lo que espero. Son relámpagos de conciencia, que me atraviesan y me dejan más iluminada… y shockeada! :-)

Así como observo mi sombra desplegándose en proyecciones en amigos, pacientes, conocidos (y me responsabilizo de ella), también percibo la lacerante necesidad de sentir amor de una forma total, íntegra, incondicional.

Hace unos días, iba en un colectivo pensando acerca de esto y, súbitamente, sentí profundamente cómo me había ido cerrando a consecuencia de experiencias dolorosas, agresivas, humillantes, vacías, desde que era una beba.

Se me agolparon imágenes y sensaciones, principalmente en las que sentía tanto, tanto, tanto que era insoportable. Si era dolor, era penetrante, imposible, enorme. Si era amor, era más grande que mi cuerpo, no lo podía contener.

Parte de esto es debido a que necesité tiempo para encarnarme, para estar totalmente presente y fuerte en el cuerpo. Parte fue el tiempo para vérmelas con las emociones y disminuir su poder y transmutarlas. Parte fue la comprensión del propósito de esta vida, de mis aprendizajes, de las situaciones y personas involucradas. Parte el tiempo mismo que debía transcurrir para sostener esta Nueva Energía en la que estamos involucrados.

El tema es que sentí cuánto tiempo llevó cerrarme porque no soportaba más tanta tensión emocional (y física y mental y…) y cuánto deseo ahora abrirme a sentir desde otro lugar. Se me saltaron las lágrimas y estuve llorando silenciosamente un rato, mientras me daba cuenta cuánto significa el AMOR en mi vida: TODO. La razón de lo que soy y hago, todo.

Comprendo el recorrido que he necesitado para poder pararme hoy en este cuerpo, en este lugar, en este tiempo, en este corazón para apreciar eso. Lo bendigo, lo agradezco y lo libero. Hoy, sé que soy Amor y que estoy para expresarlo. Hoy, cada día, renuevo mi intención de abrirme a sentirlo y que sea parte total de mi vida.