El fin de semana, fui a La Plata a atender y a visitar a una amiga. Ella está aprendiendo a bailar tango y fui a una clase para acompañarla. Pensaba sentarme a mirar o, como mucho, tratar de seguir algunos pasos. Cuando llegué, me di cuenta que estaban bastante avanzados. El profesor (un viejo piola y seductor) le pidió a un hombre que me enseñara los pasos básicos. Estuvimos una hora, totalmente concentrados en bailar. Fue genial.
A la noche, fuimos con dos amigas de ella a un restaurante libanés. Bailaron una chica y un chico (además de ser preciosos ambos, lo hicieron excelentemente). Al final, sacaron a algunos a “copiar” lo que hacían. Salí y me encantó jugar a ser una odalisca (me gusta mucho la música árabe). Mis compañeras me aplaudieron.
Charlando con mi amiga, estuvimos de acuerdo en lo difícil que nos resulta a las mujeres de ahora estos dos bailes (sobre todo el tango), que son la exaltación de las cualidades femeninas de fluidez, conexión, entrega, intuición.
Además de practicar mi femenino, paseé por el campo y el bosque, por el centro, compré una linda remera, comí riquísimo, estuve con personas maravillosas: hice realidad el deseo de “un muy buen fin de semana”.
martes, 30 de septiembre de 2008
Bailando lo femenino
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Laura Foletto
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¿Adónde estaba yo que no me di cuenta de nada?!
Elena, una paciente, me dijo esto después de comenzar a abrir los ojos a una realidad que estaba todo el tiempo enfrente, pero no acertaba a ver con la mirada adecuada. O, como comentó otro paciente, “yo estaba viendo otro canal”.
El despertar a la verdadera naturaleza de este juego humano/divino está lleno de sorpresas. Lo que creíamos que el otro nos hacía, era un cuento que nosotros habíamos inventado. Lo que pensábamos que era castigo, mala suerte, karma, destino, era nuestra creación. Lo que afirmábamos era desafecto de los demás, carencia, ingratitud, olvido de Dios, era falta de amor, de respeto, de confianza en nosotros mismos.
“¿En qué estaba pensando?”, “¿tan ciega estaba?” se repetía Elena, entre divertida, enojada, asombrada. “Era como tener dos o tres colores y pintar lo que podía. Ahora, tengo un montón y no sé qué hacer, no me alcanzan las manos”.
Día a día, nuevas tomas de conciencia le van develando sus juegos, sus recursos, su potencial, sus sueños ocultos. Esto la sorprende más todavía. Antes, se proponía cosas y luchaba y se esforzaba y no conseguía lograrlas. Ahora, en que se está clarificando ella misma y sus deseos, le comienzan a llegar las ideas, los contactos, las posibilidades… y esto la asusta.
Es paradójico, porque la verdad es que no sabemos encarar la vida sin dramas. Nos encantan los dramas. Si no tenemos uno personal, nos metemos en los de los otros o los inventamos. Como dice el niño del video que recomendé en el último TIP: “Preocuparse es rezar para que suceda lo que no quieres”… ¡y nos la pasamos rezando!!
Adictos a la adrenalina de las emociones y pensamientos negativos, al vacío desacralizado de la cultura imperante, a los noticieros que nos dicen que todo es un desastre, creemos que la vida es un sufrimiento interminable, una lucha agotadora para obtener lo que deseamos, una prueba exigente que rendir para ser aplazados al final. Tiene algunas alegrías y logros de vez en cuando, pero se terminan pronto…
Hipnotizados por la ilusión en tres dimensiones, sin una visión espiritual internalizada e incorporada, compramos afuera lo que parece ser la felicidad, sin darnos cuenta de que TODO está adentro. Cuando por fin caemos rendidos (y hay que rendirse para lograrlo), no podemos creer que lo que tanto buscábamos estaba ya en nosotros.
Elena asiste a situaciones que nunca pensó posibles, después de tanto lucharlas. Ahora que está solucionando sus propios temas, metida en ella misma, su esposo le dice y hace cosas que siempre deseó, pero que él (cuando se las reclamaba resentidamente) le negaba. Vuelvo a la paradoja (porque toda verdad es una paradoja): cuando uno suelta las exigencias, los dramas, las proyecciones, los conceptos equivocados, todo viene a uno fácil y sencillamente. La Vida es simple. Nosotros la complicamos.
Me dice: “Al comienzo es un poco doloroso, frustrante, confuso (producto de las defensas y resistencias del Ego, agrego yo), pero me encanta. Jamás volvería a lo de antes”. De hecho, ya no se puede. Una vez que abrimos la puerta, solo resta caminar hacia lo mejor de nosotros, hacia lo que somos.
Al principio, es excitante darse cuenta de tantas cosas y uno cree que ya no podrá más con tanto, pero… el alma sabe manejar el proceso y, cuando llega a un punto de saturación de ese peldaño de la evolución, frena para permitir INCORPORAR la información a la vida diaria. Muchos se quedan en este paso y “se la creen”, como diríamos los argentinos. Ya saben, ya está. Se quedan en la teoría. No, ése es un tiempo para poner en práctica lo aprendido. Luego, vendrá otro escalón y otra experimentación.
Las herramientas son fáciles y familiares, pero hay que ponerlas en acción con constancia y entusiasmo. Debemos aprender también a acallar las múltiples voces del adentro (las del Ego y sus inhumanas demandas) y del afuera (las de los cercanos, las de la sociedad) y, en el silencio, sintonizarnos con nuestra voz interior, ésa que tiene las respuestas.
Esto también le está pasando a Elena. Un día, escuchó una solución a un tema de salud, que jamás se le hubiera ocurrido (ni querido), pero que era el correcto. Adentro, sabemos todo. Quizás, por eso no queremos entrar en nosotros. Seguimos deseando el drama, la mentira, la fachada vacía de contenido.
Por mi propia experiencia y las de mis pacientes, libéralos. Eres un Ser maravilloso, digno de las mejores vivencias, te lo voy a seguir repitiendo hasta que te lo creas. En eso soy constante. Yo también me lo insisto, porque cada vez descubro nuevos horizontes que explorar.
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viernes, 26 de septiembre de 2008
Diseño Humano
Esta semana, estuve informándome acerca de esta interesante técnica (¡gracias, Analía Jalil!) y algunas fichas cayeron en su lugar (todo cae cuando estamos listos…).
Mi perfil de Proyectora Emocional “en los primeros siete años de vida, necesita una atención constante de sus progenitores, y que le muestren y le inviten a las dulzuras del mundo y de la vida. Es, desde niño, un ser delicado e inteligente, consciente de su fragilidad en la interacción y de su necesidad de mantener una relación de armonía con su entorno”, cosa que no tuve. Así, fui desconociendo mi interior y proyectando una “imagen” de mucha acción y empuje, cuando, en lo más profundo, soy sensible y más observadora que actuante.
Esta falta de reconocimiento de mis verdaderos recursos y cualidades (agravadas por la demanda de los demás de hacer determinadas cosas que no me eran propias) desembocó muchas veces en resentimiento. “En un entorno en el que sus atributos naturales reciben un reconocimiento genuino, los proyectores dan siempre lo mejor de sí mismos, cohesionando y coordinando el tejido social en el cual viven integrados, optimizando como observador especializado el despliegue de la fuerza de los manifestadores y generadores”.
Muchas situaciones vinieron a mi recuerdo. Una de ellas: estaba en un grupo en el que se debía decidir una determinada acción. Se discutía la manera de hacerlo, sin llegar a ningún acuerdo. Capté lo mejor de cada propuesta e hice una síntesis que conformó a todos. Satisfechos, me dijeron: “ya que lo tenés claro, implementala”. ¡No! Yo no tenía interés en eso. Yo sólo había contribuido con lo que sabía hacer. Era cuestión de los demás (de los que estaban preparados para eso) llevarla a la realidad. Pero, me callé la boca y seguí adelante, enojada y temerosa de no poder lograrlo.
No reniego de esas cosas, porque aprendí muchísimo en el camino, pero ahora quiero honrar las cualidades con las que nací. La estrategia vital de un proyector no pasa por empujar ni entrometerse sino por ser invitado por el reconocimiento de su aporte sensible, especializado, armonioso. ¿Me invitás?
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martes, 23 de septiembre de 2008
¿Eres bueno o malo?
Comencemos por lo obvio (¿o por la dificultad de ver lo obvio?): estamos en una dualidad. Todo lo percibimos en pares de opuestos: alto/bajo, lindo/feo, rico/pobre, luz/oscuridad, bueno/malo. Así, nos vamos de un extremo al otro, sea eligiendo, escapando… o cayendo sin tomar conciencia.
¿Cómo se manifiesta la dualidad en tu vida personal en forma más significativa? “Soy el bueno, los otros son los malos” es la más común. Proyectas en los demás todo lo que no te gusta o no quieres ver de ti mismo. Ellos son tus espejos. Seguramente, ya escuchaste esto mil veces. ¿Cuánto lo pones en práctica? ¿Cuántas veces reaccionas sin siquiera considerarlo un momento?
“Todo lo que me parece malo no soy yo, tengo que encontrar mi yo real” es una variación peligrosa. ¿Por qué? Porque rechazas y te peleas inhumanamente con esas partes negativas sin darte cuenta de que están ahí para que aprendas más de ti mismo, para profundizar tu comprensión.
Tú eres un Ser Íntegro. Esto quiere decir que bueno y malo son simplemente las dos caras de una misma moneda. Cuando puedas ver todas tus facetas y aceptarlas y darles lugar en tu espacio interno, entonces brillarás como el Ser Completo que eres y tendrás la paz que anhelas.
¿Eras la “nena buena”/el “nene bueno” en tu infancia? ¿Suprimías partes tuyas para agradar, para recibir aprobación, para que te quieran, para ayudar a los otros, para pasarla bien, para lo que sea? Entonces, debes tener una gran mochila sobre tus hombros… y mucha oscuridad que busca ser iluminada.
Una mujer (es muy común este comportamiento entre nosotras) me escribió hace poco que ya no daba más, que estaba harta de cargar con todo: padres ausentes, parientes desagradecidos, maridos (dos) inútiles que no traían suficiente sustento al hogar, hijos difíciles, empleo espantosamente demandante, compañeros aprovechados. Ella se describía buena y considerada con todos, atractiva, trabajadora incansable, capaz, exigente… ¡la Mujer Maravilla! Le pregunté: ¿cuántas facetas no puedes ver de ti misma que necesitas que los demás actúen semejante nivel de abuso e ingratitud?, ¿qué comportamientos correctos y autosacrificados despliegas constantemente?, ¿qué estás negando?, ¿qué vacío tratas de llenar?, ¿qué idealizas tanto que precisas ser perfecta? Son interesantes preguntas para responderse, ¿no crees?
Durante mucho tiempo, jugué el rol opuesto. Al ser rebelde, contestataria, independiente, con ideas innovadoras, yo era “la mala”. Asumí el papel con ganas y tuve comportamientos destructivos más de una vez. Ya de grande, comprendí que me negaba muchas partes espléndidas porque no correspondían a lo que se suponía yo era. Hice (y sigo haciendo) una gran tarea interna para activar esos aspectos que también son míos y atenuar otros, sin perder su fuerza.
Hablé de dualidad. Estamos en los inicios de la trialidad: “el proceso de mezclar y combinar AMBOS elementos, TODOS los elementos, tratando de hacer algo nuevo y práctico, algo que funcione con precisión razonable bajo TODAS las circunstancias posibles”. Lo más interesante de esto es que no hay reglas, no hay manuales en realidad. Tú lo haces a tu manera. Sólo hay herramientas que te ayudan, pero tú eres el creador del cómo, el cuándo, el para qué.
Paso a paso, de un momento al otro, sin expectativas ni castigos, puedes adentrarte en los mil modos que tu Ego ha adoptado en este cuerpo, en este tiempo, en este lugar, para jugar los aprendizajes que tu Alma se planteó al encarnar. Sí, es un juego. No hagas dramas ni tragedias innecesarias; ponle humor. Pero sé impecable e implacable con los pensamientos y las emociones que te descentran, que te sacan de ese lugar de experimentación y creación. Como dijo Ramtha: “Cuidado con las actitudes: no continúes fragmentando tu Yo con juegos vanos. Es en las actitudes, todas ellas basadas en el pasado, donde está atrapado el Poder”. No lo conseguirás en un pestañeo: es la tarea de la vida entera. Vive plenamente el momento, con la conciencia totalmente atenta, con el corazón abierto. Ya sabes que estoy aquí para acompañarte a lograrlo.
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domingo, 21 de septiembre de 2008
Cuentito espejado
"Hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa. El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subirlas, se encontró con una puerta semiabierta, y lentamente se adentró al cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había mil perritos más, observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los mil perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo: "¡Qué lugar tan agradable, tengo que venir más a visitarlo!".
Tiempo después otro perrito callejero entró al mismo sitio y al mismo cuarto, pero este perrito, al ver a los otros mil perritos del cuarto, se sintió amenazado ya que lo estaban mirando de una manera agresiva. Empezó a gruñir, y vio como los mil perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros mil perritos le ladraron ferozmente también a él. Cuando este perrito salió de aquel cuarto pensó: "¡Qué lugar tan horrible, nunca más volveré a entrar aquí!".
En el frente de aquella casa había un viejo letrero que decía: "La casa de los mil espejos". Los rostros del mundo son como espejos. Según seamos, así vemos.
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viernes, 19 de septiembre de 2008
Aturdiéndose
Hoy, fui al Microcentro y "navegué" en una marea de gente, sean locales o turistas. La cantidad de estímulos es impresionante, tanto en la calle (anduve paseando un poco por Florida) como en los negocios y en la gente misma.
No sé porqué me acordé de cuando fui a visitar a unos famiiares en una pequeña ciudad de Córdoba. El silencio era atronador. Me encantaba. Ellos prendían la radio... y yo la bajaba o la apagaba. Después de un par de veces de hacer eso, les dije que me parecí alucinante sentir ese silencio. Ellos me contestaron que... estaban hartos de él y que querían ruido!
Una ex-pareja tenía un campo en Entre Ríos. Un día, él llevó a un amigo para que lo conociera. A la tarde, se fue a la ciudad, diciéndole que volvía en un par de horas. Como era habitual, tardó mucho más y llegó cuando ya era de noche. Su amigo, una persona que siempre había vivido en Buenos Aires y que nunca había salido de ella, estaba totalmente perturbado. No podía soportar el silencio, la oscuridad, la soledad.
Además de estas percepciones propias de los que viven en las grandes ciudades, las pequeñas y el campo, el tema de base es que no sabemos estar solos, en silencio, acompañados de nosotros mismos. Parece que no somos una buena compañía...
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martes, 16 de septiembre de 2008
¿Y si te vistes y te sientes ma-ra-vi-llo-so?
Me gusta ver algunos reality shows en la televisión, como “¡No te lo pongas!” o “Trinny and Susannah”. Se trata de cambiar totalmente el guardarropas de alguien a quienes sus familiares y amigos creen que se viste… mal. Es bastante común que sean mujeres que jamás han gastado en sí mismas, pero sí para sus hijos o maridos o que ayudan a otros y que se esconden detrás de ropas demasiado grandes o ridículas.
Es bastante sorprendente a veces lo mal que se sienten cuando se tienen que ocupar de sí mismas, alejadas de todos. Se niegan a gastar ¡tanto! en un tapado o en un par de zapatos. En el fondo, se consideran feas, muy gordas o muy flacas, poca cosa, se han olvidado de sí mismas (si alguna vez se consideraron). Algunas tapan esto con actitudes extravagantes o serviciales pero, al final, terminan dándose cuenta de su poca autoestima, de la necesidad de estar tras de los demás para ser alguien.
Con el enorme cambio producido (no sólo externamente sino internamente), vuelven a sus casas y se encuentran con que los otros las aprecian más en esa nueva actitud que como estaban antes. Esa es la paradoja de muchos (de las mujeres en especial): creen que son más valorados cuanto más se sacrifican, pero en realidad es al revés.
¿Por qué? Porque esa actitud es una carga para los demás: tenemos que hacer felices a mamá porque ella se sacrifica por nosotros. Ella no es feliz sola, ella no es nadie sin nosotros, ella da tanto que uno no puede compensar eso jamás, ella… nos carga de culpas…
Invariablemente, hay una cuota de resentimiento de las dos partes en esto. De una, porque se pone a un lado, porque no tiene vida propia, porque no es reconocida. De la otra, porque siente ese reclamo (expresado o no).
Por otro lado, esto encubre algo más profundo: una parte evita conocerse, ocuparse de su propio bienestar, saber qué otras posibilidades tiene. La otra, evita crecer, hacerse responsable de su vida. Las dos tienen un acuerdo tácito de mantener ese estado, sin desarrollar el verdadero potencial que traen.
¿Las mujeres “modernas” se salvan de esto? No. Más bien están más cargadas todavía. El otro día, escuchaba la publicidad de una revista para “la mujer que era perfecta en todo: hermosa, excelente profesional, madre genial, esposa cariñosa, etc., etc.”. ¡Mi Dios!, pensé, ¿alguna otra exigencia? Tironeadas por sus propias demandas, las de sus hijos, las del trabajo, las de sus maridos, terminan abrumadas, cansadas, irritables.
¿Y los hombres? ¿La sacan mejor? No. Su viejo de rol de “proveedor” está más difícil y exigido que nunca. Además, los cambios en las mujeres han puesto en entredicho mucho de sus ideas y acciones y les cuesta encontrar una nueva posición.
Hombres y mujeres están agobiados y oprimidos por antiguos y nuevos imperativos, con la imposición de que “deben ser perfectos”. El Ego se mata con este tema, ya siempre se siente inadecuado, inacabado, desacertado, por lo que no puede percibir que YA somos perfectos e íntegros.
Como comentaba en el anterior Boletín, no es cuestión de correr detrás de las quimeras que la sociedad vende. Más bien, se trata de frenar y replantearse quién es uno, qué quiere, cómo lo quiere, con quién desea compartirlo, para qué está aquí. En fin, las grandes preguntas de siempre, que no conviene mucho reflotar porque, de lo contrario, saltarían las tontas y pobres pretensiones de estos tiempos, vestidas de Versace.
Como nunca, asistimos al embrutecimiento de las masas a través del entretenimiento (como escribí en “Discriminando”). Nos cuesta horrores estar en silencio, solos, escuchándonos. Inmediatamente, crece el miedo, el vacío, los planteamientos, los sueños irrealizados, las recriminaciones.
Confiar en nosotros mismos y en la Vida es una respuesta. Una renuente respuesta al principio, ya que no estamos habituados. Como mucho, después de leer material de autoayuda, confiamos en ser “positivos”. Algo es algo, pero en el fondo no es más que lo mismo disfrazado.
Confiar es abrazar la vida con todo lo que tiene. Es saber que puedes con cualquier cosa, porque tú has creado esa cosa. Es entregarte al fluir. Es creer que todo es para tu propio bien y de la totalidad. Es rendirte a la magia del presente, a este instante fugaz y eterno. Es aceptarte y amarte. Ya.
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Laura Foletto
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