Leí lo siguiente en una canalización:
PREGUNTA: Por más de un año ahora he estado al borde de crear progreso significativo en mi vida. He tenido varias oportunidades y potenciales tocando a mi puerta que me hacen creer que estoy a punto de finalmente manifestar las cosas en mi vida que siempre he querido. Pero cuando estas cosas están a punto de entrar a la manifestación, siempre, en el último minuto todo se derrumba. Todo desaparece justo frente a mis ojos como un espejismo. Trato de mirar el lado positivo de las cosas, convenciéndome a mí mismo de que quizá esas cosas no eran realmente lo que yo quería al final. Pero para ser honesto, me siento muy frustrado y confundido en lo profundo. ¿Podrías explicarme qué está pasando?
TOBÍAS: Ciertamente. Logro-fobia. Es un miedo real. Logro-fobia – el miedo a lograr. Dices que casi lo puedes saborear, casi lo puedes sentir, pero luego se aleja. ¿Qué está sucediendo? Le tienes miedo. ¿Qué sucede si tienes ese progreso? ¿Qué responsabilidad coloca sobre ti? ¿Cómo cambia tu vida? ¿Cómo tienes que dejar de alimentarte de la manera en que te has estado alimentando? ¿Cómo tienes que cambiar algunos de esos patrones y adicciones que tienes en tu vida? Así que, tienes logro-fobia. Tienes que echar un vistazo al porqué tienes este miedo al progreso. ¿Qué significará en tu vida? ¿A qué tendrás que renunciar para convertirte en todo lo que eres?
No pude sentirme más reflejada. Si bien he hecho muchísimos cambios en mi vida y, como buena ariana, he comenzado de cero unas cuantas veces, este momento es muy especial y significa tanto para mí, que la “logro-fobia” me estaba pegando fuerte. Así que, me fui a respirar y liberar. Muchas cosas vinieron a mí y otras simplemente pasaron, sin reconocerlas más que por la emoción de miedo que brotaba de mi pecho y de mi plexo.
Al día siguiente, “sucedieron” dos pequeños milagros, que apuntaban a mis deseos. Sigo respirando…
miércoles, 15 de agosto de 2007
Logro-fobia
Publicado por
Laura Foletto
en
21:21
2
comentarios
lunes, 13 de agosto de 2007
¡Pobrecito!!
Me fastidia cuando alguien dice eso con respecto a otra persona. Me pasa desde chica, cuando mis tías vivían “pobreciteando” lastimeramente a todo el mundo cada vez que contaban algún problema, sea mínimo o catastrófico. La palabrita no se les caía de la boca nunca.
No sabía porqué me irritaba escucharla. Después, me fui dando cuenta de que esa es una forma de victimizar a otros, de ponerlo en el lugar de mártir a quien “le pasan” cosas malas, sin tener nada que ver en el asunto. Obviamente, yo, sin darme cuenta, también me victimizaba frecuentemente, aunque de una forma “combativa” (la cólera era mi marca registrada, así que el enojo es mi primera reacción).
A medida que fui creciendo, fui tomando conciencia de la responsabilidad que tenemos frente a nuestra vida y de que no somos “pobrecitos”. Hemos creado esas circunstancias por alguna razón y la clave es registrarlo y usarlas para transformarnos.
Aún con pacientes con historias terribles, no me nace la lástima ni el dolor. Sí la compasión para quienes se han puesto en situaciones difíciles, la claridad para que puedan reconocerlo y el amor para acompañarlos en la solución.
Además, si somos espejos que nos colaboramos mutuamente en descubrirnos, no nos sirve a ninguno esa actitud desmerecedora. Mejor identificarnos en la similitud de aprendizajes y fortalecernos en las respuestas positivas que podemos presentar.
Publicado por
Laura Foletto
en
15:48
0
comentarios
jueves, 9 de agosto de 2007
Oda al vino
Siempre me gustó el vino (tengo un gen alcohólico). No tanto las otras bebidas, sino específicamente el vino y otros derivados de la uva, como el champagne y el oporto.
Yo soy de provincia (de Entre Ríos) y era normal en mi tiempo que, desde chicos, nos “colorearan” la soda o el agua. A medida que crecíamos, se iba incrementando la proporción. Mi primera borrachera la tuve a los trece, en una fiesta familiar, con vino patero de Mendoza. Probé un poquito y, como era muy dulce, me encantó y, aprovechándome de que los adultos estaban en la suya, fui tomando los restos de los vasos que encontraba. Al ratito, me arrastré a una cama y me dormí profundamente. Todos pensaron que era porque estaba cansada…
A los catorce, algunos sábados, con mi amiga del alma de la pubertad, robábamos cualquier bebida (anís generalmente) de nuestras casas, comprábamos cigarrillos sueltos y bajábamos las barrancas. Nos sentábamos al lado del río a chismear, filosofar, contenernos y contemplar el Paraná, que se deslizaba marrón y turbulento para desembocar en la ciudad en la que poco después viviría.
Ya en Buenos Aires, a los veinte, me hice amiga de una compañera de estudios que era unos diez años mayor. Con ella, aprendí a ir a restaurantes elegantes y comer y tomar de lo mejor. Me di cuenta, cuando empecé a salir, que los hombres aquí no estaban acostumbrados a tomar como en las provincias, así que era común que yo bebiera más que ellos.
Jamás perdí la compostura ni me puse alegre/estúpida ni triste. Sostengo que el alcohol (y las drogas) te llevan al nivel en que estás, verdaderamente. Yo siempre tuve una “borrachera cósmica”: un hermoso estado flotante en que todo está bien, cada cosa en su sitio, con un propósito, un tiempo y un lugar apropiados y perfectos… una meditación etílica!
El mayor episodio al respecto me pasó en Guaruja, en Brasil. Estaba con una pareja, en la playa, y tomé dos caipirinhas fuertísimas. En un completo estado beatífico, fui hasta la orilla del mar, sintiéndome Una con Todo. En un momento, todos los chicos que jugaban alrededor mío, se acercaron y me rodearon. Algunos me dieron la mano y me sonrieron. No sé cuánto duró, pero finalmente se me pasó y regresé. Pensé que había sido una alucinación propia de la borrachera, pero mi pareja, sin yo preguntárselo, me comenzó a contar lo que había visto con los chicos. ¡Fue hermoso!
Ahora, ya no tomo tanto, básicamente porque me cae mal, pero no renuncio a unas copitas con la comida, de vez en cuando. Para mí, el vino ha sido una bebida social, de amigos, de encuentro, de charlas, de gratos momentos en compañía. Este año, se me ha ocurrido abrir un buen Malbec y cenar sola con una copa, brindando a mi salud.
Publicado por
Laura Foletto
en
20:55
0
comentarios
miércoles, 8 de agosto de 2007
La vida es fácil
Hace muchos años, me di cuenta de por dónde venía mi incomodidad con el “sistema imperante”. Naturalmente, toda mi vida yo tenía una actitud de, lo voy a decir en palabras de mis padres o de la cultura:
- “vaga”, “cómoda”,
- “vos querés la chancha y las veinte”,
- “las cosas no son como vos crées: tenés que romperte el c… para conseguir algo”,
- “no tenés idea de cómo funciona el mundo”,
- “si no te costó, no vale”, etc., etc.,
- ¿se capta el sentido?
Tenía una gran guerra en mi cabeza, entre lo que yo creía y sentía que eran las cosas y lo que todos me decían que debían ser. En un momento, a raíz de mi propia labor interna y de lo que iba leyendo, me incliné por… mí!! El mundo podía pensar lo que quisiera, pero, para mí, las cosas iban a ser de otra forma. El tema era cómo ir implementándolo. Un día, me levanto y tengo en mi cabeza la frase: “LA VIDA ES FÁCIL”. Se repetía sola, continuamente, inexorablemente. Me dije que ese era un mensaje de mi alma, los guías, la Vida, Dios, quien sea, pero que me gustaba y que lo iba a seguir.
Así que, con varias resistencias varias, lo seguí repitiendo cada vez con más confianza hasta que comenzó a hacer efecto: ¡la vida se iba haciendo más fácil! En las primeras cosas en que me di cuenta fue en cómo los trámites se facilitaban y acortaban. Si tenía que ir a algún lado en donde, a la mayoría, le tomaba cuatro horas de cola, tres días, montón de papeles mal explicados o mal hechos, dinero extra, broncas, dificultades, a mí me tomaba una hora (o menos) sin problemas. Desde entonces, esto ha sido así casi siempre. No importa lo que le lleve a los otros, yo entro y salgo. Y así con muchos otros asuntos: encontrar asiento en un colectivo o tren llenos, averiguar algo, sacar pasajes, solucionar un inconveniente, tramitar una jubilación o una pensión, etc. También, ha funcionado para temas mucho más serios como lo que comenté acerca de la internación y el fallecimiento de mi madre.
Cuando algo se dificulta en el afuera, no me enojo con los otros ni despotrico contra el sistema. Me pongo a ver qué cosa en mí lo traba o lo retrasa. Cuando lo encuentro, la cuestión se soluciona sola. Si no lo descubro, me quedo tranquila porque, de cualquier forma, sé que ésa es la actitud correcta para que se arregle más rápidamente.
Ésta es la prueba más evidente de que creamos nuestro mundo. De que somos los hacedores de lo que nos sucede. Si hay caos a nuestro alrededor, hay que buscar cuál es el caos interno que lo provoca afuera. Las claves están en el cuerpo, ya que es el espejo concreto de lo que pensamos y sentimos.
Entonces, ¿qué tal si empezamos… o recordamos?: La vida es fácil, la vida es fácil, la vida es fácil…
Publicado por
Laura Foletto
en
21:18
0
comentarios
lunes, 6 de agosto de 2007
Adoptando... relaciones
Cuando era chica, yo creía (o quería) ser adoptada. Yo era tan diferente a mis padres y a mis familiares que me consideraba una extraña. Me sentía tan poco comprendida, apoyada, querida, sostenida que fantaseaba que mis verdaderos padres eran reyes de otro lugar, que vendrían a buscarme y a darme todo lo que necesitaba (el mito de la princesa perdida… demasiada literatura…).
En algún momento, tuve que aceptar que esos eran los padres que me habían tocado. Más adelante, acepté que eran los que había elegido. Pude encontrar la matriz que nos había unido y perdonar y compartir.
En estos días, estoy tomado conciencia de una matriz más grande y poderosa: la del amor. Hablando con papá, con parientes, recordando, me encuentro rodeada de un capullo de personas buenas, cariñosas, cálidas, contenedoras. El camino ha valido la pena. No, no me gusta esa palabra: ha valido la alegría de hoy.
Publicado por
Laura Foletto
en
17:55
0
comentarios
jueves, 2 de agosto de 2007
Pensamientos de madre
Hace unos tres años, mamá había ido a una fonoaudióloga porque tenía problemas con la garganta. Esta profesional era muy especial, porque, además de hacerle hacer los ejercicios corrientes, le daba pensamientos del tipo de los de Louise Hay y preguntas para que contestara en la casa. Haciendo orden en sus papeles, encontré un cuadernito en donde había hecho borradores de los “deberes”. Estaban todos tachados y escritos uno encima de otro, pero rescaté lo que sigue. Tenía 77 años y sólo hizo tres grados de la escuela primaria (cosa que siempre lamentó porque le encantaba aprender). Escribió esto:
A veces, creemos cosas por tradición y, cuando lo pensamos, vemos que no es así. Ya grandes, tomamos conciencia de porqué voy a creer eso. Tengo mi propia opinión. Antes, cuando alguna chica se embarazaba siendo soltera o se iba a vivir con alguien sin casarse, era pecado. Dios la castigaba. Hasta la familia la miraba mal. Qué cosa estúpida. Es necesario repensar nuestras creencias para ver si son ciertas o no.
Yo soy feliz como soy y con lo que tengo. Nunca pensé que si tuviera más dinero o una casa más linda sería más feliz, esas cosas que mucha gente piensa que lo de afuera te hace más feliz. Para nada. La felicidad nace de uno, estar bien con la familia, pero otra cosa no. Con mi familia, en las buenas y en las malas. Con lo que nos pasó (la muerte de mi hermano) nos unió más. Para mí, esa es la felicidad.
Yo considero amigos a los demás sin pensar en mi interior, que eso es lo mejor que tengo. Desde hoy, seré mi mejor amiga.
Al otro no se lo puede ayudar, hay que dejar que lo haga solo cuando esté preparado. Yo pienso que al otro se le puede dar una idea para que haga su trabajo pero no hacerlo por él. Yo con los años aprendí eso. Mi trabajo lo hago yo mal o bien, es mi trabajo, nadie debe depender de los demás.
Si yo permito que el amor entre en mi interior será beneficioso para mi salud. Estaré a salvo de malos pensamientos. También, al yo estar bien porque me amo, todos los que me rodean sentirán eso, porque para mí el amor es contagioso.
Una tragedia puede ser para una familia perder a un ser querido. Entonces, se pregunta porqué a mí y se angustia tanto que se queda encerrado en ese dolor, hasta que se da cuenta “tengo que salir de alguna forma; no soy la única a la que le pasa esto” y decide formar una fundación para ayudar y ayudarse a si mismo. Crecer en el dolor junto con otras familias.
Yo pienso que no hay otra vida (esto es por una conversación que tuvimos). Esta es única. No me cabe otra. Yo tuve ésta, con todo lo que tengo, con lo que me pasó (malo o bueno) y estoy conforme con ella. Tengo mi familia que era lo que más quería, mi marido, mis hijos a los que quiero y creo que ellos también a mí. Estoy feliz con la vida que tengo. Si hay otra, no sé. Puede ser que esté equivocada. Por ahora, pienso así.
Pensamos diferente en esto, mamá, pero en el resto… estoy de acuerdo. Sobre todo, en que nos hemos querido mucho.
Publicado por
Laura Foletto
en
21:10
0
comentarios
miércoles, 1 de agosto de 2007
En resumen,
todo lo que puedo decir hoy es: ¡GRACIAS!
Publicado por
Laura Foletto
en
19:46
0
comentarios