martes, 10 de mayo de 2016

La contribución de los introvertidos

Según las estadísticas, un 20% de las personas son introvertidas.  En una sociedad que privilegia la extroversión, las características de los introvertidos suelen ser poco reconocidas y su contribución desvalorizada. 

¿Cuáles son las particularidades de cada uno?  Al parecer, las diferencias ya vienen desde el cerebro.  Los introvertidos tienen más materia gris en la corteza pre-frontal (relacionada con el pensamiento abstracto y la toma de decisiones) y más actividad en los lóbulos frontales y en el tálamo (lo que los haría más capaces de hacer planes,  resolver problemas, aprender, controlar lo motor y la vigilancia).  Esto significaría que se dedican más a lo abstracto, a los detalles (y a ser abrumados por ellos), a observar y analizar, a vivir en su mundo interno.

Los extrovertidos, al tener una corteza pre-frontal menos densa, tienden a estar más en el momento y no indagar demasiado; asocian la sobreexcitación a una forma de recompensa, lo que los lleva a actividades más riesgosas para bajar la angustia.  El lado derecho de la amígdala y la corteza cingulada son más grandes, por lo que la respuesta y el aprendizaje emocional se les facilita.  Se sienten a gusto en lo grupal y suelen tener mejor autoestima. 

Según estén emocionalmente estables o no, pueden tener estas peculiaridades:




Se dice que una forma de diferenciar al introvertido del extrovertido es que los primeros se fatigan de la interacción social y se retraen para evitar la ansiedad mientras los segundos se ponen ansiosos al estar solos y se recargan estando con otros.  ¿Cómo se comportan?  Al extrovertido se le abren las puertas porque tiene más contactos, sabe tratar con toda clase de personas, habla de sus problemas abiertamente (con lo que se descarga), es divertido, optimista y es más valorado socialmente.

Por lo tanto, el introvertido parece tener más problemas porque se lo percibe callado, tímido, solitario, reservado.  Básicamente es selectivo, elige con quién relacionarse, elige qué mostrar y qué no.  Tiende a pocas relaciones pero más profundas.  Disfruta su soledad e interacciona según sus necesidades.  Mientras el extrovertido charla y se mueve, el introvertido observa y examina.  Y ahí está su gran contribución: en el análisis y las soluciones que puede aportar.  Al costarle interactuar, es muy común que el introvertido se calle y se retraiga.  Debe hacer el esfuerzo de comunicar lo que advierte porque ese nivel de exploración y penetración es muy necesario en un mundo muchas veces superficial y exitista. 


Soy una introvertida con algunas características extrovertidas.  Conozco los prejuicios que afrontamos: parecer antipática, cerrada, antisocial, fría (o intensa e inconvenientemente emocional, lo que se ha ido diluyendo a medida que fui manejando las emociones), detallista, sabelotodo, etc.  Al principio, me la pasaba opinando sobre cualquier cosa porque amo aprender y he leído sin límites, pero he aprendido a callarme y opinar cuando me lo piden o considero que es necesario (con sus excepciones, jaja!).  Generalmente, tengo muchos consultantes introvertidos porque uno atrae lo que es.  Sé de sus problemáticas y me encanta ayudarlos a encontrar lo bello y valioso de su naturaleza.  Ser hipersensible acompaña esta forma de ser (lo trataré en el próximo Boletín) y puede ser tan difícil como precioso.  Aceptarnos y aceptar lo diferente hace a la integración en el Amor que nos debemos como humanidad.  Todos traemos algo maravilloso que dar y recibir y florecemos cuando nos abrimos a la interacción, cada uno desde su propia esencia.