martes, 31 de mayo de 2016

Caer al fondo del pozo (¡otra vez!)

Existe la creencia de que hay que caer al fondo del pozo para poder volver a salir.  He tenido unas cuantas caídas en mi vida (terribles y dolorosas), hasta que un día me cuestioné si era necesario tanto drama.  Me di cuenta de que yo había recibido bastantes advertencias antes, pero no las había escuchado.  Habían comenzado como pequeñas molestias, seguido como  incomodidades varias (dentro de la comodidad) y continuado como alertas mentales importantes, somatizaciones corporales, situaciones agravadas, pero seguía adelante sin cambiar, creyendo que en algún momento la cosa iba a mejorar por sí sola o adaptándome a circunstancias cada vez peores. 

¿Por qué esperar el pozo si sabemos que está ahí y que podemos frenar antes?  Supongo que nos encanta la tragedia, que subestimamos el poder de la negación, que no nos enseñaron otra forma, que nos sentimos mejores personas si caemos y nos levantamos una y otra vez.  Muchas veces, leo comentarios de gente que se vanagloria de resistir, de que los demás no la van a quebrar, de que se han caído mil veces pero siempre se levantaron… ¿para qué sufrir tanto, me pregunto?  Nos han inculcado el mito del héroe y ahí andamos haciéndonos los titanes para obtener reconocimiento y valoración, mientras vamos dejando pedazos de nosotros por todos lados.


No reniego del sufrimiento como recurso extremo de crecimiento, pero ¿todo el tiempo?  Es como la voluntad: si la usamos como recurso continuo, terminamos cansados y desconectados de nuestro deseo interno, ya que todo lo hacemos porque debemos, porque hay que cumplir, sin preguntarnos porqué late nuestro corazón.  El sufrimiento y la voluntad son herramientas de privilegio, de uso prudencial.  En estos tiempos, la conciencia es una mejor estrategia.  ¿Y si activamos el darnos cuenta, el escuchar,  el tomarnos tiempo para observar qué sentimos, qué pensamientos nos abruman, qué traumas infantiles seguimos alimentando, qué sucede con nuestras relaciones?  Ningún tiempo es perdido si nos habilita el conocimiento y la transformación, porque caer en pozos es costoso (aunque después pague dividendos).

Y hablando de héroes, ¿no es ese un mito masculino?  El héroe que sale al mundo a conquistarlo mientras se conquista en el proceso.  ¿Y qué hace la mujer?  Lo espera tejiendo, como Penélope.  Parece una actitud muy pequeña, pasiva e inútil.  En principio, ella estaba a cargo del gobierno mientras él hacía su aventura, así que no solo tejía la mortaja.  Por otro lado, esa actividad estaba llena de significado: le era fiel mientras esperaba confiada su regreso.  Tres simples palabras que retratan actitudes femeninas: fidelidad (a sí misma también), espera, confianza. 


En cierta forma, la conciencia es femenina.  Mientras el héroe sufre sus caídas y escaladas, la tejedora vive su día a día, administra, se relaciona, persevera, reza, ama, es y está en ella.  ¿No es una mejor estrategia?  ¿Muchas preguntas hoy?  Averigua tus respuestas…  Aquí estoy para acompañarte.