lunes, 2 de febrero de 2015

¿Te estás distanciando de tu familia y surgen nuevos modelos?

Últimamente, estoy observando un cambio en las relaciones familiares.  Muchos pacientes y conocidos me relatan, bastante extrañados, que ya no se sienten cercanos a sus familias, que se alejan (generalmente sin peleas, aunque a veces existen) y que están más a gusto con amigos o con conocidos recientes, incluso con parejas nuevas que están más acordes con actitudes que están germinando dentro de ellos.

Yo misma he pasado por esto hace tiempo y también sentía una cierta confusión.  Intuía que tenía que ver con el nuevo paradigma que estamos atravesando y no con  desamor o asuntos generacionales.  Tanto los jóvenes como los adultos que han transformado su visión tienen una forma de pensar casi opuesta a lo que la sociedad pregona, pero me parecía que no se trataba de esto sino de algo más importante.

Hasta ahora, hemos basado nuestras familias y consecuentes aprendizajes en el karma.  A lo largo de decenas de encarnaciones, estos lazos han terminado constituyendo una pesada cadena, ya que muchos están fundados en daños mutuos, contratos y obligaciones, que terminan reteniendo la esencia luminosa del alma.

Muchos pensamos (quizás desde niños) que no pertenecemos a nuestras familias o ellas nos acusaron de malos o extraños.  En realidad, vinimos a soltar las cargas kármicas y a reconectar con nuestra misión del Alma.  Es complicado ser pioneros de una nueva forma de evolución, pero es tiempo de asumir la tarea.  Es difícil, porque la lealtad que nos han inculcado y los traumas infantiles que arrastramos nos hace sentir culpables de estas sensaciones cada vez más crecientes y profundas.

La trampa habitual en que caemos es creer que cortar de una vez, llenos de enojo y resentimiento, nos liberará repentinamente.  Tarde o temprano, nos damos cuenta de que debemos reconocer e integrar los aprendizajes producidos, perdonar a nuestros ancestros y libertar la carga kármica.

Esto implica dejar la idealización infantil de considerar a nuestros padres como figuras de poder y dadores universales de lo que necesitamos (que luego proyectamos en otros, como cónyuges, jefes, instituciones, etc.).  Si los podemos ver como personas, con sus virtudes y defectos, es más fácil comenzar a trabajar la sanación y el empoderamiento personal que es imprescindible afrontar.



Esta labor incluye a los hijos, a los amigos, a cualquiera que tenga una unión fuerte con nosotros.  Tenemos la fantasía inconciente de que una relación kármica nos hará felices y, generalmente, no es así.  Esto se nota mucho con parejas que se conocen e instantáneamente tiene una conexión “mágica”.  La mayoría se desbarranca en la recriminación y la decepción al poco tiempo, porque no comprenden que esas relaciones traen el germen de una enseñanza rápida de autoestima, independencia y creatividad propios.  Por el contrario, casi todos se pegan el uno al otro, proyectándose mutuamente la ilusión de un mundo perfecto, que en realidad deben construir por sí mismos.

Debemos enfrentar la idea equivocada de que los demás vinieron para hacernos felices.  Aunque no lo reconocemos, todos lidiamos con la quimera de que nuestros padres “debieron” ser de determinada forma y que, al no serlo, nos arruinaron la vida.  O que nuestras parejas “deben” llenarnos de dicha y plenitud.  O que nuestros hijos “deben” ser los portadores de nuestros sueños más escondidos.  Somos los creadores de nuestras realidades y no sirve delegarlo, porque así es cómo arrastramos las pesadas del karma existencia tras existencia.

Esto no supone que tenemos que alejarnos de todos.  Significa que es necesario elaborar la liberación del karma y, sobre todo, establecer nuevas pautas de relación.  Vivimos en relación: con nosotros, con los demás, con el trabajo, con el dinero, con los  objetos, con la ropa, con la naturaleza, etc.  ¿Cómo deseamos que sea esa conexión?  ¿Alegre, abundante, amorosa, creativa, confiada, próspera, sencilla?  Comencemos por nosotros.  Sólo así habilitaremos que pueda abrirse al otro de esa forma.  Si eso sucede, bien. Si no, nos distanciaremos o, si no es posible, la transformaremos de manera que sea accesible para ambos.  Y atraeremos a otros con quienes podamos vincularnos desde parámetros más plenos.


Venimos trabajando estos temas desde hace unos años, pero el 2015 será crucial.  Lo deseemos o no, se producirá igual, con dramatismo o con concienciaEntonces, es mejor que nos responsabilicemos y lo hagamos más fácil.  Ahora, hay recursos simples y una Energía que nos sustenta y guía.  Aprovechémoslos y dejemos surgir el potencial maravilloso que yace en nuestro interior.  Nuestra alma contiene luminosas facetas que anhelan brillar esplendorosamente en esta hermosa Tierra.  Es tiempo.  Te acompaño.

1 comentario:

Recreacionistas Bogota dijo...

Pienso que la familia es un regalo que Dios nos da y no podemos simplemente dejarlo a un lado. Compartir con la familia debe ser mas importante que estar pendiente del celular o las redes sociales.