lunes, 10 de febrero de 2014

¿Cómo cambiar tu conducta y lograr lo que deseas?

Es un movimiento natural del ser humano buscar el placer y rechazar el dolor, incrementado ahora por una sociedad que impulsa el consumismo veloz y la ansiedad generalizada. Esto es muy intenso cuando somos pequeños, tanto que toma un tiempo aprender a posponer la gratificación.  Sin embargo, es fundamental si pretendemos evolucionar.

En los ´60, se hizo un experimento con niños de cuatro años.  El coordinador les dio una golosina y les dijo que se ausentaba un rato.  Si querían, podían comerla, pero, si no lo hacían, les daba dos al regresar.  Algunos no resistieron y otros aplazaron la recompensa.  Lo interesante fue lo que sucedió doce años después: los segundos eran adolescentes responsables, que no rehuían los riesgos, que confiaban en sí mismos y en sus compañeros y que seguían sus objetivos… cualidades que les costaban muchísimo a los que se comieron la golosina enseguida. 

Cuando tratamos de conseguir algo, hay muchos obstáculos que se pueden presentar o simplemente debemos esperar un tiempo para que se realice.  Esto resulta muy difícil si no hemos aprendido a postergar la gratificación, ya que sucumbimos rápido ante la presión y volvemos a lo que nos produce placer inmediato, sea comer, fumar, drogarnos, tomar alcohol, victimizarnos, hablar sin pensar, quejarnos, llorar, desanimarnos, reincidir con una pareja o un trabajo que sabemos que no funciona, etc.

Esta madurez intelectual y afectiva debe ser entonces aprendida de adultos.  Si plantamos una semilla, no esperaremos que el árbol aparezca mañana.  Cuando estamos ante nuevos desafíos, tenderemos a caer en las viejas costumbres una y otra vez, resultado de la inercia que traemos.  Es fácil comernos ese pedazo de torta ante un problema, es placer instantáneo… que trae más inconvenientes y culpas luego… que alejan el objetivo aún más.  Sin embargo, si lo hacemos, nos sentiremos espléndidamente… después… cuando alcancemos lo que anhelamos.

Es común maltratarnos cuando fallamos.  Es inútil no sólo porque nos descorazona más sino porque es una estrategia equivocada.  Está comprobado científicamente que los cambios se producen por reemplazo, no por resistencia o rechazo.  Esto quiere decir que, si originamos un determinado camino neuronal al seguir un cierto comportamiento, tenemos que crear otro para el nuevo.  No funciona si nos humillamos, enojamos o criticamos: nada más creamos confusión y demoras. 



Te propongo dos prácticas.  Una es poner conciencia.  Si reaccionas sin prestar atención, pierdes.  Aprende a estar presente, a darte cuenta de lo que está sucediendo.  Cuando notas que estás por caer (o que ya caíste) en la conducta habitual o que te sientes ansioso o estresado, RESPIRA.  Tan simple como eso, respira.  Acepta lo que pasa, lo que sientes.  Respira, percibe tu cuerpo, tus emociones, tus pensamientos.  Observa, no te pelees contigo mismo.  Continúa respirando hasta que te relajes lo suficiente y vuelvas a tu centro.  Entonces, reemplaza tu antiguo hábito, haz tu nuevo movimiento, tal como te salga, sin exigencias, como sea.  Con el tiempo, lo irás mejorando.

La otra es motivarte continuamente.  Pon la zanahoria delante de ti todo el tiempo.  ¿Cómo serás, como te sentirás, cómo vivirás cuando logres lo que deseas?  Escríbelo, imagínalo, pon fotos y frases por tu casa, habla acerca de ello, hazlo tan real como si ya sucediera.


Requiere paciencia, confianza y constancia, pero tú lo vales, tú mereces todo.  Desplaza el placer momentáneo, madura, cuídate, ámate.  Finalmente, este aprendizaje es lo que sacará el potencial para ser tú mismo, no la versión pobre y adaptada al sistema, sino la que tu Ser creó en su magnificencia.  Está dentro de ti.  Te lo debes y se lo debes a Todo Lo Que Es.