jueves, 22 de septiembre de 2016

La insoportable presión por la carrera de vivir

Un niño nace y, a los pocos meses, está en una guardería, luego en un jardín de infantes, una primaria, una secundaria, una universidad, un trabajo: una vida entera de horarios y exigencias.  Creemos que hemos escapado de la esclavitud pero parece que ha tomado nuevos ropajes…

¿Lo vemos en detalle?  Desde que llegan, los niños están “estimulados” para aprender cada vez más rápido y adaptarse a su entorno éxitosamente, con juegos, prácticas, aparatos (que actúan como chupetes electrónicos), etc.  A medida que avanzan en su educación (que debe ser en los mejores colegios, para tener mejores oportunidades en el futuro), hacen actividades adicionales porque, como son como esponjas, tienen que absorber todo lo posible.  Está de más decir que las ofertas de publicidad para consumo de la sociedad capitalista comienza en el nacimiento y termina en la muerte: es omnipresente.

La pubertad y la adolescencia, períodos difíciles si los hay, están perturbados no solo por la normal crisis del crecimiento sino también por conductas de falsa adultez como el sexo temprano, el alcohol, las drogas, los comportamientos riesgosos, la falta de límite y el amiguismo de los padres y otros etcéteras que los complican más.

En los trabajos, a medida que pasa el tiempo, se van duplicando las exigencias de estudios, labores, horas, obligaciones extras, rendimiento, hasta el punto que ciertos puestos parecen fusibles, en los que se quema al empleado para luego reemplazarlo por uno nuevo.

La mujer, “ganadora” de nuevos espacios, no solo debe ser perfecta esposa, amante y madre, también debe ser perfecta trabajadora y perfecta mujer (hermosa, delgada, con estilo, con intereses propios, cuidadora de padres ancianos, pilar de la comunidad).  ¿Algo más?

No se salvan los adultos mayores porque ahora tienen que ser jóvenes hasta la muerte, nadie quiere parecer de su edad y la famosa sabiduría, armonía y calma de la vejez (¡palabra horrorosa!) es un asunto del pasado justamente.



Obviamente, en estos años hemos avanzado en muchísimas cosas y no las descarto ni las minimizo.  Solo quiero ayudarte a reflexionar sobre esta vorágine de “deber ser, hacer, tener y parecer” que se intensifica en cada generación con una presión insoportable y abusiva.  Parafraseando a “Sexto sentido”: veo gente muerta corriendo de un lado a otro, con la sonrisa pintada en la cara, el cuerpo agotado y el corazón vacío. 

Es difícil evaluar los condicionamientos de la sociedad porque estamos inmersos en ellos y forman tan parte de nuestras vidas que los consideramos normales, pero en algún momento es necesario detenernos y apreciar: ¿en qué estamos involucrados?, ¿es verdaderamente lo que deseamos?, ¿tenemos tiempo para nosotros?, ¿vale la pena tanta lucha para lo que estamos obteniendo?; si la excusa son los hijos, ¿ese es el mundo que queremos para ellos?, ¿son felices?, ¿valorarán tanto esfuerzo o querrán otro trayecto finalmente?

¿Adónde nos conduce tanto movimiento?  Con los ojos en la meta, nos perdemos del camino y, cuando llegamos (si llegamos, porque el objetivo siempre se corre), puede que nos demos cuenta de que nos perdimos también a nosotros mismos.  Esta es una carrera del Ego y de los viejos tiempos que se niegan a dejar el control.  En medio de un despertar de la espiritualidad en una nueva Energía, la ilusión de materialidad se hace más poderosa y quiere su tributo. 


Quizás, estés pasando por un período de limpieza en todo sentido, de replanteos profundos, de crisis existencial, en que anhelas una conexión real y verdadera, en que necesitas escucharte, en que la interioridad te reclama.  Hazte caso.  Tu Ser te está llamando, visionando un nuevo mundo.  Es tan absolutamente personal, original, auténtico que nada del afuera puede reemplazarlo.  Baja la velocidad, entrena la conciencia, no te exijas, aprecia el panorama total de tu vida.  Eres lo que estás buscando.