jueves, 14 de abril de 2016

La espiral de evolución en tiempos difíciles

Este es un mes desafiante.  Ya viene de marzo y se está incrementando.  Hay una gran inestabilidad que pone a prueba todo, ya que altas energías están transformando la vida como la conocemos, abriendo la conciencia a nuevas formas de ser y estar, integrando cuerpo, mente y alma.  Sobre todo, pone a prueba aquello que creíamos “seguro”, conseguido, exitoso.  Siempre hay nuevas capas que abordar…

La evolución es una espiral; todo lo creado sigue ese patrón.  Implica el volver a un mismo punto una y otra vez pero desde un nivel distinto, lo que permite observarlo desde una perspectiva diferente.  En cada vida, el crecimiento circula alrededor de una determinada espiral; hacemos un giro completo explorando una cierta escala y, en la subida hacia el próximo, muchas veces nos topamos con una crisis porque creemos que ya sabemos todo y deseamos quedarnos en lo cómodo.  Sin embargo, el Alma empuja y terminamos encontrando otro grado más profundo y fértil que nos trae más sabiduría y valiosas vivencias.

Estamos explorando muchos estados dentro de un mismo nivel, asociados con otras vidas, y es muy desgastante.  Así como nos gusta complejizar para no hacernos cargo, también nos atrae simplificar para tranquilizarnos.  Pasa algo y lo atribuimos a una sola causa; sin embargo, para que un punto suceda es necesario que mínimamente dos líneas se crucen.  Un minúsculo suceso descompagina muchos planos y le echamos la culpa a alguien o a algo para desembarazarnos del problema.  No funciona (menos ahora).  Es necesario explorar las múltiples variables que hicieron posible ese  evento.  Al hacerlo, desmontamos viejas estructuras inservibles, ideas enquistadas heredadas, apegos inútiles, emociones reactivas, objetivos que no pasaron la prueba del tiempo, personas o situaciones que ya cumplieron su ciclo, etc.  Ese pequeño (o gran) acontecimiento dio pie a una limpieza importante, que abre el camino a un nuevo nivel.



Cuanto más creemos que ya lo sabemos todo acerca de algo o que triunfamos en algún aspecto, más fuerte es la caída.  Debemos mantener la actitud humilde del aprendiz que siempre está atento a enriquecerse con la experiencia.  En ninguna otra cosa es esto más cierto que en la supuesta “espiritualidad” que sostenemos haber adquirido.  Un excesivo alejamiento de lo humano, de lo material, de la realidad será seguido de una atracción brusca desde la abstracción aérea hacia la tierra concreta.  Refugiarnos en los “mundos sutiles” para evitar enfrentar lo no elaborado ni sanado es una mala estrategia. 

Muchas veces, esto proviene de una obligación que nos han inculcado: debemos ser “buenos”.  Asimilamos ser correctos y virtuosos con ganarnos el Cielo, con ser espirituales.  En principio, YA los somos: somos seres espirituales transitando una experiencia humana. Estando encarnados, no podemos huir de lo que eso significa.  Estigmatizar el cuerpo, los miedos, los instintos, los errores, lo negativo, lo “malo” y rechazarlos o esconderlos no los hace desaparecer.  Siguen existiendo y creando presión hasta que estallan en nuestra cara.  El camino es reconocerlos, aceptarlos, encontrar su enseñanza, darles un espacio en nuestro interior y no activarlos.  La espiritualidad en la Tierra es encarnada, cada cosa tiene un significado y un proceso.


Nuestro derrotero en esta dimensión se parece al de un diamante.  En su origen, es una simple piedra transparente.  En el tallado, se obtiene el brillo y cuantas  más facetas posee, más luminosidad.  Cuantas más facetas podemos aceptar y sostener, más brillaremos.  Al reconocer tanto nuestros aspectos positivos como negativos, al permitirnos pasar de un nivel al otro, al valorar tanto nuestra humanidad como nuestra divinidad, dejaremos de pelearnos con nosotros mismos y podremos fluir confiadamente, guiados y protegidos por nuestra Alma.