miércoles, 2 de septiembre de 2015

Tú eres tu propia creación: acéptala y celébrala

“¡Qué estúpido que soy!”.  “Nunca voy a lograr ese ascenso”.  “No sirvo para nada”.  ¿Cuántas veces decimos cosas como esas, o peores?  Nos destratamos constantemente.  Insultos, humillaciones, desvaríos, dudas, autoprofecías cumplidas, son el telón de fondo de nuestras vidas.  ¿Es posible desarrollarnos así?

Nos recriminamos los defectos, nos exigimos las faltas, no nos reconocemos las cualidades.  Vivimos deseando ser otros, debilitándonos en cada pensamiento, sufriendo en cada emoción.  La religión y la cultura han puesto modelos inalcanzables o imposibles, que no registran el aprendizaje y la transformación como motores.  “Debemos” ser buenos, exitosos, múltiples, excelentes en cada cosa, prósperos, felices.  ¿Quién puede conseguir todo eso, sin renunciar a su individualidad, a su esencia?

Nuestro interior choca contra tanto mandato y aparece el drama.  Y el drama es proporcional a la magnitud del Ego.  Cuanto más Ego, más desdicha y resistencia.  Esta sociedad está construida y manejada a través del Ego, está desacralizada, salvo en lo exterior y superficial.  Es común el Ego “espiritualizado”, con mucha teoría y rituales, pero sin incidencia en las vidas cotidianas.

Nos cuesta enraizar la espiritualidad.  Quizás, porque hemos separado cuerpo y alma.  Lo material por un lado, lo anímico por otro y un especialista para cada cosa.  Hemos diseccionado todo hasta lo ínfimo para encontrar que es igual a lo cósmico.  Pero todavía no hemos podido integrarlo concretamente. 

Al rechazarnos y pelearnos con nosotros mismos, ¿lo conseguiremos? Claramente, no.  Sin embargo, lo seguimos haciendo.  Resabios de una educación autoritaria, censora y condenatoria, tal vez.  Ahora, se agrega la contraria: permisiva, relativa y mutable.  Entre ambas, no encontramos un equilibrio sano y sostenible. 



Te invito a plantearte algunas cuestiones, que te pueden ayudar.  Cuando te aceptas, no te resignas.  Significa que te apruebas en este momento, sabiendo que ya eres y tienes lo que necesitas para estar bien.  A medida que continúas en tu camino, irás desplegando más potencial y creatividad, incorporando conciencia y empatía hacia ti y tu entorno.  Entenderás que la felicidad no es la suma de personas o cosas a tu vida: es la paz contigo mismo.  Una vez que te aceptas y te celebras, la paz y la alegría de ser tú mismo atraerá un mundo de armonía y abundancia disponible ya mismo, según tu nivel energético.

Cuando te rechazas, niegas tu mayor creación: tú mismo.  No eres un rejunte aleatorio de genes ni una casualidad ni un accidente ni uno más.  Estás aquí porque lo decidiste.  Y también decidiste tu cuerpo, tu personalidad, tus padres, tu lugar, tus metas.  “¡Y justo a mí me tocó ser yo!”, podrías decir.  Sí, es tu elección y es magnífica.  Diseñaste tus cualidades y tus desafíos, calibrados para evolucionar junto con el Universo.  ¡Qué maravilloso! 

¿Por qué lo desprecias?  Quizás porque lo desconoces o porque crees que no lo mereces.  Libera esas concepciones que te han impuesto para manipularte.  Eres un ser humano divino, en tiempos excepcionales, con oportunidades increíbles.  Desecha los cantos de sirena del sistema y mírate al espejo: respira, este aire te conecta con todos tus hermanos y con la energía sagrada que te dio Vida. Siente tu corazón llenarse de la paz de ser tú mismo, del amor de aceptarte íntegramente, de la unión de ser parte de Dios/Diosa.