martes, 26 de mayo de 2015

Cómo convertir un defecto en una cualidad

Mirando películas y series no latinas, se hace evidente que hemos sido criados en la exageración.  Tendemos a extremar lo bueno y lo malo, lo que nos lleva a dramatizar; a no distinguir entre lo superfluo y lo importante; a subirnos al caballo y engrandecer nuestro papel cuando nos va bien y a victimizarnos y culpar a los demás cuando nos va mal.  He conocido mucho estos vaivenes (muy comunes en mi familia) y me llevó bastante tiempo controlarlos.  Todavía me cuesta en algunas ocasiones.  Esto me llevó a observar cómo evaluamos las cualidades y defectos.

Algo que me sirvió para ello fue la práctica de Eutonía cuando estudiaba Terapia de Integración Cuerpo-Mente.  Tendemos a una hipertonía o a una hipotonía: o ponemos demasiada fuerza o ponemos muy poca.  Un ejemplo claro es cuando alguien nos da la mano: o la estruja o apenas la sostiene.  La eutonía es la tensión adecuada y necesaria para la tarea que estamos haciendo, ni más ni menos. 

En nuestra sociedad, hay una tendencia a creer que demasiado es mejor.  Cuanto más esfuerzo, más resultado; cuanto más tenemos, más somos.  Por otro lado, se está gestando un contrapeso, cercano a dejarse llevar sin participar, a la desidia de pensar que todo es inútil porque no se puede cambiar lo dado.  Ninguna de las dos es operativa.



Aquí se juega el concepto de dualidad.  Si habitamos un extremo, nos iremos al otro irremediablemente, porque el oculto presionará para existir.  Lo hará a través de los demás, de situaciones límites, de crisis, pero nos obligará a comprender que siempre hay un poco de cada polo en algo (como el símbolo del Ying/Yan).  Sólo viendo TODAS las facetas de una persona o circunstancia, tendremos una idea integral de lo que hay.  Nada es totalmente bueno ni malo.  Creemos que el equilibrio es mediocridad, es de tibios, de grises, y a veces es cierto.  Pero, una forma de ascender esta dicotomía es ir hacia la Trialidad, un concepto extra que integra las polaridades, encontrando una nueva síntesis que sirve a un propósito superior.  Es como un triángulo; en la base están los extremos y la moderación y en el vértice más alto, la armonía superadora.

No me perdí del tema, aquí vamos.  Muchos defectos, carencias y debilidades están basados en una exageración de una conducta o idea.  Pasarse de un extremo al otro es una cuestión de intensidad.  Un ejemplo: eres perfeccionista y super-exigente.  ¿Qué pasaría si bajas esta característica lo suficiente como para que hagas un excelente trabajo, sin volverte loco ni presionar a los otros?  Otro: dramatizas frente a cualquier noticia que no te gusta.  ¿Y si te calmas y usas esa emocionalidad para encontrar un curso de acción mejor?  Otro: te desanimas o lloras cuando te confrontan o te lastiman.  ¿Y si utilizas la respiración para subir tu energía y valorarte con frases de autoestima?

Míralo como una escala graduada, en la que vas quitando o poniendo según lo que conviene.  El cuerpo es una gran ayuda, porque la respiración, el tono muscular, la actitud, la energía, te dan la clave de cómo estás.  Regúlalos hasta que encuentres la armonía y luego sitúate en un polo superior: ¿qué puedo aprender de esta persona, de esta situación?,  ¿cómo saco mi mejor potencial para responder?, ¿cómo contribuyo a la Luz? 


Tu Ser te está mostrando continuamente la forma de hacerlo, con los pequeños detalles de cada día.  No esperes la gran patada cósmica para intentarlo.  No vivas dormido, apresurado, distraído o aburrido; pon conciencia en tus interacciones internas y externas y tendrás oportunidades constantemente de mejorar tu vida y aportar a un mundo mejor.  Comienza en ti.