miércoles, 20 de marzo de 2013

Tire y empuje


Me sentí identificada con este capítulo de la novela “Dirección contraria”, de Eduardo Pavlovsky, porque yo también tengo esa duda ante las puertas… y porque suelo cuestionar todo como Poroto…



A veces Poroto se detenía en los bares en la puerta de entrada largos ratos.  Le costaba mucho entender el significado de las palabras tire y empuje sobre las puertas de entrada. Nunca acertaba entrar a un bar. Se pasaba un gran tiempo mirando a la gente entrar y salir con facilidad por la puerta.  Sabíamos ya que por sus características las puertas eran un lugar fundamental y privilegiado en su vida. La salida. El centro del conflicto se desplegaba cuando enfrentando a una puerta que decía tire Poroto espontáneamente intentaba empujarla cuando en realidad tire es la palabra que para la mayoría de la gente significa que hay que acercar a la puerta en dirección al cuerpo. Su opuesto es empuje y sobre esto no tenía ninguna duda.  Había que empujar. Un día arrojó una tacita de café al aire en dirección a la caja registradora mientras gritaba. “Estoy tirando una taza de café y al tirarla la arrojo fuera de mi cuerpo hacia afuera”.  El dueño del bar atónito le contestó que sus argumentaciones no le importaban y no las comprendía pero que si no pagaba la taza y se disculpaba iba a ir preso. “Yo tiré la taza de café hacia afuera pero sin embargo en la puerta dice tire y yo tengo que presionar la puerta hacia adentro.  ¿Se da cuenta de la tremenda contradicción? Tire para mí es arrojar desde mi cuerpo o brazo hacia afuera sin embargo cuando en la puerta de salida dice tire usted exige que uno la traiga en dirección al cuerpo de uno. ¿Qué significa entonces tire ha pensado alguna vez?”. Hubo una posterior discusión entre los parroquianos que se levantaban y mirando los carteles de tire y empuje abrían y cerraban las puertas discutiendo entre ellos las palabras de Poroto. Alguno de ellos un joven pelirrojo le dio la razón y propuso modificar la palabra tire por empuje hacia adentro. En realidad hasta ese momento nadie había discutido los carteles pero Poroto era capaz de cuestionar todo lo que se aceptaba por dado y hacer reflexionar a la gente sobre lo que se estipulaba y aceptaba sin pensar. Desde ese día en ese bar muchos comenzaron a equivocarse al leer las palabras tire y empuje nunca las palabras de Poroto dejaban de ser indiferentes a la gente esa tarde para un gran sector del bar era un loco vulgar el arrojo de la taza fue percibido como el acto de un anormal. Sin embargo para el otro cincuenta por ciento las actitudes de Poroto eran entendidas de otra manera. Como alguien que enfrentado a la rutina inconmensurable de la vida lanzara un grito de rebelión. “Piensen lo que obedecen como obvio”, parecía gritarles Poroto y según él muchas veces esos pequeños gestos sin sentido tenían el valor de convertirse en acontecimientos porque como un “diapasón vibratorio” muchas personas comenzaban a pensar en otras cosas de la vida que no cuestionaban. La puerta dejaba de ser puerta lo obvio dejaba de ser obvio la orden dejaba de ser orden y toda una vida se ponía así en cuestionamiento. Ese era el valor intrínseco de Poroto y era ese precisamente el error de Uriarte de haberlo clasificado como esquizofrénico. Más allá de sus conductas bizarras Poroto siempre producía inteligencia en cada intervención. Por eso Willy lo defendía aunque aceptaba que la forma de sus intervenciones a veces podía ser considerada como extraña para la mayoría de la gente normal. Un día Poroto en los días de militancia le había dicho a Willy en una de las tantas noches de diálogos interminables. “La gente normal es la que duerme la vida. Pensalo la gente normal es la que duerme la vida” cuántos tire y empuje decía Poroto aceptamos sin cuestionar hasta convertirnos siempre en alumnos obedientes. Por otro lado Poroto decía que sin arrojar la taza no hubiera habido discusión ni cuestionamiento entre los parroquianos porque las palabras eran fácilmente rebatibles y el que tenía el poder siempre las sabía imponer mientras que la acción muchas veces intentaba nivelar las diferencias creando desconcierto en el poderoso desequilibrando las fuerzas y entonces decía Poroto ya la tacita de café arrojada para justificar un simple razonamiento se convertía allí en miles de tacitas cuestionadoras que resonaban por todos los costados.