lunes, 17 de enero de 2011

Niveles de conciencia

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LOS NIVELES DE CONCIENCIA
Álvaro Scamareli
Son los escalones que hay desde la tierra al cielo o si lo prefieres de la oscuridad a la luz. A medida que vas subiendo en ellos, te vas acercando a un entendimiento cada vez más amplio sobre lo que te rodea y sucede y eso inevitablemente se va convirtiendo en mayor paz para tu vida, puesto que te vas acercando a la panorámica total de la existencia lo que te permite comprender los procesos de dolor y sufrimiento.

Aquellos que tienen hijos se pueden hacer una mejor idea de lo que estoy hablando, ellos son parte de nuestro entrenamiento para adquirir más conciencia, puesto que volvemos a vivir nuestras vidas mientras los vemos crecer. Así que observarlos nos permite observarnos también a nosotros mismos. Cuando vemos a nuestros hijos apesadumbrados por sus pequeños problemas, bajo nuestro punto de vista, pero grandes problemas para ellos, tratamos de explicarles que no tiene sentido sufrir por algo que desde “nuestra perspectiva” entendemos, pero al mismo tiempo nuestras palabras solo sirven de consuelo ya que el niño todavía no tiene la panorámica o nivel de conciencia como para ver la “solución” o lo adecuado en la situación que nosotros si vemos.

¿Qué hay de nuevo en esto que estoy diciendo? Nada… salvo que seguimos siendo niños. Mientras sufras o te preocupes por algo, sigues siendo niño. En realidad “los problemas” nacen de nuestra incapacidad para ver el panorama completo. El problema es que estás en un nivel de conciencia que no te permite ver el “potencial de solución” que hay en la situación difícil o dolorosa que estás viviendo, solo sientes la desdicha y el abandono, con la diferencia de que ya no tienes a tu padre o madre que te consuele. Tampoco eres capaz de ver el “potencial de sanación” que hay en ello, puesto que esa situación bien abordada sería la que te permitiría aumentar tu nivel de conciencia.

La capacidad de perdonar, la capacidad de no emitir juicios ni levantar falsos testimonios en contra de los demás, la capacidad de no involucrarte emocionalmente cuando se levantan calumnias en tu contra, la capacidad de mantener la paz cuando se presentan dificultades, la capacidad de amarte a ti mismo, la capacidad de ver el milagro de la vida en todo lo que te rodea, la capacidad de levantarte agradecido por un nuevo día, la capacidad de ver que en la situación de sufrimiento de otros está ocurriendo algo adecuado para su transformación, etc.… dependen de tu nivel de conciencia, o sea, dependen de cuantos escalones has subido en tu vida.

La mayoría de las personas dedican su vida para aprender a “sobrevivir en buenas condiciones”, o sea, emplean su tiempo, creatividad e inteligencia para obtener todo aquello que los aleje lo más posible del sufrimiento, asegurándose el sustento diario y escapando a los problemas creando situaciones de distracción.

¿Es malo todo eso? No… en realidad nada es malo o bueno, simplemente son opciones. Pero la historia nos demuestra que tarde o temprano estas personas pasan por trances de sufrimiento y dolor y creemos que esto es inevitable ya que nadie esta ajeno a las desgracias. En el fondo es como si la vida consistiera en hacerse el tonto el mayor tiempo posible antes de que lleguen las desgracias inevitables.

¿Cuáles serían esas desgracias inevitables? Falta de amor, la muerte, la enfermedad, accidentes, violaciones, pérdida de seres queridos, pérdidas económicas, abandono, soledad, discusiones, divorcios dolorosos, peleas familiares, vicios, etc.…

¿Cómo se enfrentan estas cosas? La respuesta es lo mismo que ya enuncié al comienzo… ¿cómo le explicas a un niño que en realidad no tiene nada por qué temer o desesperarse? ... Estas cosas en realidad no se “enfrentan” son experiencias y deben vivirse y las vivirás de acuerdo al nivel de conciencia que hayas alcanzado.

¿Existe un nivel de conciencia donde estas cosas no te hacen sufrir? Si, ¡Por supuesto!, y lo que es más increíble de todo, es que el mismo nivel de conciencia elevado que te hace no sufrir, también hace que no te pasen la mayoría de estas cosas (ley de atracción). Entonces, ¿Qué hace la gente para aumentar su nivel de conciencia que le permita salir de este sufrimiento? ... ¡Nada!, La mayoría no hace nada, solo intenta evitar el sufrimiento.
¿Qué se necesita para aumentar el nivel de conciencia? El nivel de conciencia tiene un límite o umbral que hay que atravesar que es el de la lógica mental o racional. Es justamente esa lógica la que utilizas para esquivar el sufrimiento, lo que hasta una cierta altura en los escalones es necesaria, pero llegará el momento en que al seguir subiendo los escalones te topes con un techo y creas que hasta ahí llegó la escalera. Por lo tanto, hay cosas inevitables y el sufrimiento forma parte de la vida. Pero no es así y, para descubrirlo, deberás salir del pensamiento lógico para abrir una nueva puerta y comenzar a subir en una escala superior de conciencia; de lo contrario, no tendrás la panorámica completa para todas aquellas cosas que te causan dolor en la vida.
¿De qué puerta estoy hablando? Hablo de la fe, hablo de la espiritualidad, hablo de lo que está más allá de la lógica mental y que resuena en nuestro interior como una verdad mayor y profunda. ¿Que deberías hacer para no sufrir con la muerte por ejemplo? Aprender de ella, descubrir en ti mismo el potencial de vida y conciencia que eres, saber que existías antes de nacer y que seguirás existiendo después de morir, pero claro… ¡Mis palabras no te sirven!, como tampoco le servía al niño que su padre le dijera que su problema era pequeño e injustificado. Nadie puede aumentar tu nivel de conciencia por ti… debes hacerlo tú mismo. “Conócete a ti mismo”. Es fundamental iniciar este proceso buscando saber de qué sustancia divina estamos hechos para subir nuevas escaleras en la vida.
Cada sufrimiento, cada problema, cada desafío que te toque vivir tiene el potencial para que aprendas de él y puedas aumentar tu nivel de conciencia. Lamentablemente, la mayoría de estos potenciales son desaprovechados cuando “no ponemos” el problema dentro de nosotros y lo dejamos fuera como una situación externa que nos ha venido a estorbar en la vida y de la que somos solo victimas. Quizás el aspecto más difícil de superar es reconocer nuestros errores y mentirnos a nosotros mismos con el fin de quedar bien ante los demás.
¿A que le dedicas tus horas en el día? ¿A evitar y esquivar problemas y sufrimientos actuales o futuros? Cuando ya no temas y nada te perturbe será porque estarás tan alto en las escaleras que podrás ver la solución en todo y lo adecuado en cada cosa que vives, dejarás de sobrevivir y estarás en Paz disfrutando cada segundo en esta vida. No esquivarás nada porque nada habrá para esquivar.

2 comentarios:

PazzaP dijo...

Ah, qué bueno...
Yo aún hago step con los escalones para quedarme como gatillando y así seguir entrenando mis músculos sufridores.

Fuera ironías, a veces siento que en verdad estoy atrayendo una situación que me hará sufrir, al no reconocer constantemente el milagro de estar viva y rodeada de privilegios que mucha gente en el planeta no disfruta.

La meditación constante, no sólo en postura ZaZen, es testigo de cómo por las avenidas neuronales de mi programación de dolor, ya obsoleta, aún siguen fluyendo pecadillos sin pasaporte.

Meditar de veras que me ayuda a darme cuenta de todo esto de un modo amplio y radical.

Voy saliendo, y me viene bien recordar cada día, que mañana podría estar muerta.

Curiosamente nada de esto habría sido posible sino en la soledad de mí misma, que es donde me voy cobrando afecto en la medida que me perdono.

Ya que juzgarme es puro automatismo reactivo, no conozco mejor antídoto que el perdón. Y este me viene de serie con la respiración profunda y consciente.

El contenido de tu curso es muy interesante. Si vienes alguna vez a España a hacer un taller, dímelo y trataría de acercarme.

Un abrazo, Laura.

LAURA FOLETTO dijo...

Totalmente de acuerdo con tu reflexión y, sobre todo, con el tema de meditar, no sólo como una "actividad programada" (sea cual sea el método) sino como una actitud vivencial.
¿Cuál es tu nombre?? Me gustaría dirigirme a ti con tu nombre.
A mí también me gustaría ir a España a hacer un taller. Ya llegará. Mientras, está Internet...
Un gran beso.