Viendo Discovery Channel, me enteré que en el fondo de los océanos se descubrieron dos ecosistemas completos que no dependían de la luz solar ni del oxígeno, sino de sulfuro y de metano, en total oscuridad y en temperaturas extremas. Algo absolutamente impensado estaba sucediendo normalmente. Extrañas y hermosas criaturas vivían en ambientes considerados imposibles. Y, como señalaba el documental, solamente conocemos el 1% de la vida submarina: ¿qué más existe?
¿Te dice algo esto? Vivimos en la más rotunda limitación, en cajitas de dos por dos. A veces, me desalienta observar en el deplorable nivel en el que nos movemos, creyendo que es lo “normal”. Sí, en realidad lo es si lo entendemos como “que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano”. ¡Qué pobres normas!
Ahora que lo pienso, encorsetados por controles carentes y lamentables, sobrevivimos como esos gusanos de las profundidades en medio de la oscuridad y los vapores tóxicos sin conocer que hay un Sol, una Luz más allá de todo límite.
jueves, 31 de enero de 2008
Profunda Luz
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Laura Foletto
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miércoles, 30 de enero de 2008
Soy un planeta
Recibo bastantes mails contándome historias complicadas o describiéndome sombríos estados. Casi siempre, cuando les comunico mis sugerencias instándoles a transformar sus actitudes, no escriben más… hasta unos meses/años después en que vuelven a hacer la misma o peor descripción.
Como comentan en un post anterior, muchos creemos que “por el hecho de tener interés en mi crecimiento personal, los resultados vienen solos de manera milagrosa” o que es cuestión de leer literatura esotérica o de autoayuda o hacer el intento un tiempo y abandonarlo porque no funcionó enseguida o resignarse a lo que hay porque no se creen tener las fuerzas para cambiarlo o decirse que no hay dinero para esas cosas o que el tiempo hará alguna magia.
El tiempo sólo empeora las cosas. Los libros o películas sobrecargan las expectativas. Probar sin constancia desalienta tanto como no hacer nada. Basarse en la baja autoestima y en el pasado para no vivir íntegramente el presente construye un futuro peor. La carencia (de dinero, de alegría, de crecimiento, de abundancia) es un producto de las limitaciones internas que nos imponemos.
¿Qué mejor dinero y tiempo invertidos que en hacernos más felices, potentes, creativos, amorosos? ¿No nos hemos probado suficientemente que nada material da la plenitud que deseamos? ¿Cuánto sufrimiento más necesitamos para decir ¡Basta!? ¿Cuán cerca de la muerte física o anímica tenemos que estar para darnos cuenta de las bendiciones que portamos, del potencial que tenemos, de lo grande y maravillosos que somos?
Ayer, en una breve meditación que hice me surgió la frase: “Soy un planeta”. Y es verdad. Todos somos un planeta vasto, múltiple, único, poderoso… encerrado en un ego que se cree todo… y nada. En esa contradicción se sustenta el desconcierto, la desesperación, las carencias, la apatía que nos carcomen.
En realidad, no hay esfuerzos que hacer. No hay luchas que batallar. No hay plegarias que rezar. Es más simple que eso. Y por simple no parece valer. Se trata de conectarse todos los días con el Ser que Somos. De vivir en el aquí y ahora. De saberse Creadores. Lleva tiempo, es cierto. Pero…. ¿en qué lo perdés sino? ¿Escribirás lo mismo dentro de dos, cinco, veinte años? ¿Tendrás las mismas quejas, vacíos, promesas? COMENZÁ AHORA.
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Laura Foletto
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lunes, 28 de enero de 2008
Pasiones flamencas, burocráticas
El sábado, una amiga me invitó a un pequeño restaurante con show de flamenco. Eran cuatro jóvenes (dos mujeres, dos hombres), talentosos, agradables, estudiosos (charlamos con uno de ellos y decía que hacía diez años que estaba en esto, pero que le faltaba mucho). Estaban llenos de pasión por lo que hacían y se notaba.
Hoy, fui con papá a hacer unos trámites al Anses. Estuvimos esperando como dos horas, ya que el papelerío a hacer en cada caso era infernal. Le dije a la empleada que nos atendió que cada día del Anses significaba un bosque menos. La chica fue muy eficiente y lo trató con amabilidad y simpatía. Cuando luego fuimos a comer, papá me dice con una enorme sonrisa: “¡Me robó el corazón! ¡Cómo me gusta cuando me tratan así! Después de horas sentada inundada de papeles, qué lindo que es que cuando son amables y cariñosas; hasta me dio la mano!”.
Si cada uno de nosotros hiciera su labor con esa dedicación el mundo sería otro. No sólo porque haríamos un bien a los otros (cada tarea, cualquier tarea es nuestro modo personal de servicio a los demás) sino porque nosotros mismos seríamos felices. La excusa de muchos es que no están haciendo lo que les gusta. En principio, la pasarían mejor si no tuvieran esa mala actitud. Además, ella solamente atrae más conflictos y malestares. El punto de cambio es cuando podemos aceptar y amar lo que ya es. A partir de allí, es posible transformar esa realidad al descubrir nuestros dones ocultos… ocultos tras esas fachadas de enojo, resignación, agresividad, victimización, etc., etc.
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Laura Foletto
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viernes, 25 de enero de 2008
Chisporroteos y resplandores
Desde hace un tiempo, noto que han vuelto ciertas “peculiaridades” (para ser amable conmigo misma). Como comenté en otra oportunidad, he tenido algunos chamuscos con ciertas personas, producto de mi fuego. Esto implica modos agresivos o altaneros o soberbios o impacientes o ansiosos o sabelotodos o enjuiciadores o envidiosos o controladores… ¿algo más? ¡Seguro que sí!
En principio, obviamente, lo que hago con los demás lo hago conmigo misma: traslado al afuera lo que estoy sintiendo. Así que me puse a meditar sobre qué me estaba pasando. ¡Muchas cosas!
Una es que, como estoy expandiéndome en muchos sentidos, esto me da miedo y dispara sentimientos de inferioridad, de incapacidad, de inseguridad. Estas son respuestas de mi Ego y ¿qué hace el Ego frente a esto? Se reviste de superioridad, de capacidad, de seguridad exageradas para compensar.
Otra es que estamos en tiempos de liberación y todo vuelve para que lo soltemos. Mis oscuridades están ahí para profundizar mis luces, así que será necesario aprender de ellas de una vez por todas y desatarlas.
Como dije en ese TIP, estoy haciendo brillar mi Sol, ser lo más Aries que puedo... esto conlleva mucho de lo que describí al principio... y se soluciona con lo que acabo de escribir en el párrafo anterior.
Otra cosa que me está sucediendo es que, al no seguir las “reglas de la sociedad”, al ser y ayudar a otros a ser diferentes dentro de una Vieja Energía que está sucumbiendo (con mucho escándalo y drama), operan patrones de castigo, culpa, desadaptación, incorrección.
Aquí es necesario hacer una aclaración: muchas veces, gente como yo se posesiona de lo que está sucediendo en el entorno y lo hace propio. Creo que me está pasando algo de esto (aunque trato de estar conciente y no ser una “esponja”, se me chisporrotea). Hace años, este fue un tema importante para mí. Sufrí bastante ser distinta, querer otras cosas y de otras formas. Cuando asumí mi verdad, cuando me responsabilicé de lo que era y deseaba completamente, todo se puso en su lugar sencilla y fácilmente. Cesaron las resistencias y los problemas.
Ahora se han activado algunas de estas cosas frente a nuevos desafíos. Los temores no son sólo de esta encarnación sino de incontables otras. Y además estoy cargando con los de otros. ¡Too much!
Un aspecto colateral es la presión de los demás para que yo sea de una determinada manera, al ser Terapeuta y escribir sobre estos temas. Se proyectan los deseos y los ideales en una, exigiéndolos conciente o inconcientemente. Siempre, he tratado de mostrarme lo más honestamente posible, con mis virtudes y mis defectos. Como Terapeuta, no creo en la objetividad ni en imparcialidad de otras técnicas. Somos espejos unos de otros y mis pacientes y lectores tienen que ver conmigo: aprendemos y evolucionamos juntos. Este blog es un intento de ser lo más transparente que puedo y ayudar a otros con mis aciertos y mis flaquezas.
Al fin, se trata de ser feliz, disfrutar la vida, hacer lo que deseo, seguir a mi corazón, desplegar mi creatividad, ser íntegramente yo (cuerpo/mente/espíritu), en síntesis: salir de las limitaciones y carencias del Ego y asumirme un Ser Espiritual pleno de Luz… mi Dios!! Ayudame!!!!!!
Y se trata de esto, en el fondo… de conectarme a la Fuente y saber que yo creé esto y que puedo con ello, que tengo todo lo que necesito al confiar y entregarme. Lo estoy escribiendo para recordármelo.
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martes, 22 de enero de 2008
¡A mi salud!
Siempre, adoré comer. Me crié en un hogar con una madre “de las de antes”, que cocinaba riquísimo toda clase de comidas simples, sanas y nutritivas (bueno, algunas no tanto, pero… eran tan deliciosas!).
Cuando comencé a trabajar y comer afuera, se inició un festín de platos nuevos, vinos finos y excesos varios. Trabajando en una multinacional de alimentos, me harté de chocolates, helados, golosinas. Comía de más en el comedor de la empresa y salía bastante a cenar (me encantaba probar restaurantes con distintas cocinas). Al tiempo, tuve serios problemas digestivos. Un cirujano ya me quiso operar para sacarme la vesícula y un gastroenterólogo me dijo que tenía que tomar pastillas toda mi vida.
No le hice caso a ninguno. Los médicos para mí son profesionales con una determinada visión y los escucho, pero yo decido qué voy a hacer. Después de todo, es mi cuerpo y es mi vida. No delego ese poder en nadie.
Volviendo al tema, me puse a estudiar sobre nutrición, leyendo distintas tendencias. Aprendí mucho y me fui haciendo mi propio régimen. Dejé de tener problemas y ayudo a la digestión con pastillas sólo cuando me excedo.
Por naturaleza, soy variable, así que he ido cambiando la alimentación de acuerdo a lo que mi cuerpo me ha ido pidiendo… aquí tendría que hacer una aclaración: a lo que mi cuerpo sano me ha indicado, porque también tengo un cuerpo enviciado que se engancha de vacíos, ansiedades y voracidades para reclamarme lo que me hace mal… o me engorda…
Como siempre, es importante tener claro cuál es el modelo de salud y armonía para volver a él. No importa de qué se trate, es necesario un estado, un propósito, una actitud que sean el norte. Si me pierdo, si me voy por las ramas, si me olvido, si me caigo, sé adónde regresar.
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lunes, 21 de enero de 2008
¿Conocés el poder (destructivo) de tus emociones?
Acostumbrás llevarte por tus estados emocionales, creyendo (conciente o inconcientemente) que no podés hacer nada con ellos y que son inofensivos… una rabieta por aquí, un llantito por allá, alguna sonrisa por acullá…
Nada más falso. Cuando te preguntás inocentemente: “¿qué he hecho yo para merecer esto?” podés responderte que muchísimo. Has puesto piedra sobre piedra para construir ese estado de ánimo, esa circunstancia, esa vida. Y están hechas de emociones descontroladas, incitadas por pensamientos repetitivos.
¿Para qué sirven las emociones? Entre otras cosas, son mensajeras. Te cuentan qué te está pasando. Por ejemplo, si alguien trata de avasallarte o te falta el respeto, sentirás enojo. Por definición, una emoción es pasajera, dura segundos, te mueve a hacer algo. En este caso, a poner un límite. Pero, si no lo hacés o no te permitís sentir tu ira o traés antiguas memorias de algo parecido, su función primordial se pierde y lo que hacés es acumularlo.
¿Adónde va ese enojo (o cualquier otra emoción contenida)? A tus células. ¿Sabés que cada una de tus células vibra en el amor, que el “pegamento” de tu cuerpo es el amor? Si sentís o pensás cualquier cosa disfuncional, estás creando desarmonía. Estás haciendo que tus células griten pidiendo amor. Estás forjando un problema que busca un lugar para manifestarse.
Y lo hará en tu cuerpo físico, a través de un síntoma, una enfermedad, un dolor, una contractura. O en tu cuerpo emocional, por medio de sufrimiento, angustia, tristeza, depresión. O en tu cuerpo mental, con desánimo, postergación, ansiedad, fracasos, desvalorización, carencias.
¿Quedan en vos solamente estas consecuencias? No, tu padecimiento personal se trasunta en tu entorno, en tus relaciones, eso ya lo sabés. Lo que quizás no sabés es que también aportás al inconciente colectivo, a las formas-pensamiento humanas, a los calamidades de la Tierra… y más allá.
Cuando cuento esto, muchas personas sienten que las estoy acusando, que las estoy agobiando, llenando de culpas. Es exactamente lo contrario: les estoy mostrando su libertad para elegir, su poder para cambiar lo que sea.
Entonces, ¿qué podés hacer para sanar ese grito de tus células? ¡Tantas cosas! Entre ellas, darte cuenta de que tus emociones son pasajeras y no aferrarte a ellas (liberalas con tu respiración); tomar conciencia de que no sos una isla y que Todos Somos Uno (aquí hay mucho aprendizaje); asumir que sos el co-creador de tu vida (aquí hay tanto poder y creatividad para desplegar); escuchar a tus células, soltarles su carga, hablarles con amor, induciéndolas a la sanación.
Tal vez, necesités ayuda para lograrlo. Por mi parte, te ofrezco (además de los recursos gratuitos del sitio) los Libros, el Curso, la Terapia en Consultorio o por Internet. Sea lo que sea, con quien sea, dejá de postergarlo porque el único tiempo es AHORA. Cualquier otra opción, incrementa tu sufrimiento. Entonces, comenzá a amarte y a valorarte. Hacé algo por vos. Sos el único que está y estará con vos toda la vida.
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viernes, 18 de enero de 2008
Rata de ciudad
Escuché el estribillo de una canción de Andrés Calamaro: “Es verdad que soy una rata de ciudad. No tengo religión, tengo ansiedad”.
Como siempre, los artistas leen el inconciente colectivo (Charly García es un maestro de esto) y lo expresan en pocas palabras. En las ciudades, vivimos en una sociedad desacralizada y ese vacío se llena de ansiedad. En estos días en los que he estado cerca de la Naturaleza, Dios aparece incesante y sencillamente. Alejados de ella, los miedos y dudas del Ego toman Su Lugar y crean fantasmas y luchas innecesarias. Aclaro que no estoy hablando de “religión” en su sentido de institución sino de conexión espiritual. Calamaro también dice “Tengo abierto el mini-bar y cerrado el corazón": ¿qué abro para mantenerlo cerrado?
Hay otra frase suya que me sigue sonando: “Lo que querés de mí ya lo aprendí”. Te las dejo para que te den vueltas como a mí…
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Laura Foletto
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