martes, 2 de agosto de 2016

Elige la felicidad

“Chiste”  dicho por una mujer que hace stand up: “yo siempre he tenido relaciones muy sufridas, llenas de problemas y contratiempos, celos, baja autoestima, de todo lo que se les ocurra.  Hasta que un día, de repente, apareció un tipo con el que las cosas funcionaban, nos divertíamos, la vida era fantástica.  Pero, resulta que me sentía perdida, no estaba acostumbrada.  No sé qué hacer cuando todo es felicidad.  Él sí sabía… me dejó…”.

La verdad es que estamos tan habituados a vivir mal que no sabemos vivir bien.  Es un aprendizaje.   La conciencia es la gran ayuda.  En lugar de vivir dormidos y reactivos, quejándonos y resignándonos, podemos poner luz en cada acto, en cada encuentro, en cada emoción, para evaluar los mandatos y traumas que arrastramos, a fin de sanarlos y reemplazarlos por ideas y actitudes que nos den plenitud y armonía, que liberen el potencial que traemos, que movilicen nuevos caminos, que nos relacionen amorosamente.

Desde hace cientos de años, ha habido una sobrevaloración del sufrimiento (cuanto más sufridos, más valiosos los logros), la lucha y el esfuerzo.  En los tiempos recientes, esta trascendencia ha tenido su contrapeso en un facilismo pueril y consumista, de disfrutar hoy sin importar el mañana.  Faltos de una guía interna espiritual, todo se diluye en la materialización urgente que brinde algún placer o sentido.

Tanto en una como en otra visión, lo más común es sentir culpa: por no ser lo que  deberíamos ser, por habernos equivocado, por no cumplir con las implacables expectativas, por sentirnos vacíos a pesar de tener todo, por lo que sea.  Esta “costumbre” judeo-cristiana nos ha sido transmitida en los genes y reclama su tributo: la culpa exige castigo.  Si te parece que te has salvado de su larga mano… mira mejor: muchas de tus imposibilidades nacen de eso.



Esta sociedad no nos enseña a ser felices, responsables, creativos, alegres, abundantes, en la forma que cada uno quiere y puede. Está llena de modelos rígidos, homogeneizados e idealizados y margina al que no llega o es distinto.  En lugar de propiciar la libertad para que cada uno busque sus propias experiencias de acuerdo a su diseño y aprenda de los inevitables errores en el camino, lo juzga y lo sanciona.  No nos tomamos el tiempo de revisar lo que sirve y lo que no; de adecuarnos al presente; de fundar una nueva interpretación de acuerdo a lo que somos ahora; de diseñar cómo deseamos vivir, relacionarnos, trabajar, amar. 


Este es el tiempo.  Deja de correr, encandilado por objetivos externos.  Respira, cálmate un momento, mira adentro, pide asistencia a tu Ser.  Cambia tus prioridades y valores; aprecia la alegría y la simplicidad; pon el aprendizaje constante como un camino valioso; ábrete al amor y la abundancia; fíate en que el Universo es amable y te sostiene; confía en que ya eres y tienes lo que necesitas para lograr tus metas del corazón; conéctate como el ser espiritual y luminoso que eres a Todo Lo Que Es. ¡Qué enorme diferencia con el Ego y sus limitaciones y faltas!  ¿Cambias tu mundo para cambiar el mundo?  Aquí estoy para acompañarte.

3 comentarios:

viajes a Vietnam dijo...

profundo! bello escrito, me gusta mucho! mucha suerte con el blog, ya puedes contar más una seguidora, este tipo de blog justo me encanta!Gracias!

Laura Foletto dijo...

Muchas gracias!! Te sugiero que me sigas en mi otro blog que es mucho más completo que este: www.abrazarlavida.com.ar/comunidad
Espero te sea de utilidad. Un abrazo.

Ariana Sierra dijo...

me encanto!! sencillo y concreto! Gracias!