martes, 22 de marzo de 2016

Ignorarte, violarte o hacerte el amor

La semana anterior, un tema común entre los pacientes fue el de no congeniar con un modelo de su entorno y las dificultades de sostener uno propio (ser introvertido en un mundo extrovertido, no tener hijos, ser hipersensible, etc.).  En realidad, no nos enseñan a conocernos e investigar cuál es nuestro “diseño” original sino que nos adiestran a ser de determinada forma que está sancionada por la mayoría.  Este conflicto entre lo que somos y lo que debemos ser es la fuente de muchas desdichas, fracasos y culpas y de decisiones que pueden frustrarnos enormemente. 

Ese diseño no es una casualidad genética ni un accidente ni una desgracia: está finamente planeado para aplicar las cualidades que hemos aprendido en otras vidas (los dones que portamos) y para continuar aprendiendo nuevas habilidades creativas (los desafíos y problemas que se nos presentan).  Si no nos vemos de esa forma, terminamos desaprovechando un potencial maravilloso que es nuestra firma energética.  Solo seremos felices y plenos si aceptamos y desarrollamos lo que somos esencialmente; también, esa es nuestra contribución al mundo.

Cuando no nos tomamos el tiempo de conocernos y nos obligamos a ser de otra forma, vamos en contra de todo lo que nuestra energía atrae por sí misma y luchamos para seguir un camino que no nos pertenece.  Esto se incrementa cuando nuestro ambiente es muy distinto de lo que nos nace naturalmente y accedemos a sus demandas para adaptarnos y no crear problemas.  Es un gran error porque los dones que traemos y no manifestamos también les servirían a ellos y podrían abrirles puertas de percepción que de otra manera permanecerán cerradas.


La decisión de escucharnos y ser fieles a nuestra voz interior no es algo que sucede de una vez.  Es común que aparezcan pruebas y oposiciones por parte de los demás, los cuales contribuyen a profundizar y reforzar  nuestra elección.  En lugar de tomarlos como algo perjudicial o como excusas para desistir, debemos darles la bienvenida como sucesos que nos harán más fuertes, seguros y arraigados y que expandirán nuestras limitaciones y posibilidades cada vez más.

Es interesante observar la labor de conocerse a uno mismo desde la óptica del cuerpo.  Imagina que estás comenzando una disciplina física (yoga, gimnasia, etc.): ¿cómo lo realizas?  Si haces lo mínimo o estás pensando en otra cosa, tu cuerpo se tensará progresivamente y te volverás inconciente.  Si lo tomas como una aventura y exploras cuidadosamente tus límites, te extenderás y desarrollarás.  Si tratas de ir más allá de lo que puedes, lo más probable es que te duela o te lastimes.  Manifestado sencillamente, es la diferencia entre ignorarte, hacerte el amor y violarte a ti mismo.


Una paciente me contaba que, cuando hacía lo que deseaba de corazón, se sentía bien, vital, feliz.  Cuando venían a cuestionarle sus elecciones o hacía algo para conformar a los otros, entraba en una nebulosa en la que se perdía y se empezaba a tensar, enfermar, somatizar.  El cuerpo es la guía y debemos escuchar sus mensajes.  Es necesario aprender a tomar conciencia, a vivir en el aquí y ahora, a hacernos el amor con placer, cuidado y cariño.  Poco a poco, nos conectaremos con nuestra Alma y seguiremos su camino, alineándonos con nuestro bienestar y el de los demás.