miércoles, 10 de febrero de 2016

Sobreestimulados y agotados

Hace unos días, pasé por un Jardín de Infantes en el momento de la salida.  Muchos padres recogían a niñitos que habían dejado allí desde muy temprano en la mañana.  Pensé que esos pequeños “cumplen horario” desde casi su nacimiento hasta que se jubilan.  A los pocos meses, son levantados a la madrugada para llevarlos al Jardín, luego van a algún otro espacio para entrenar su gran potencial, después a la primaria, la secundaria, la universidad, el trabajo (junto con actividades familiares, deportes, hobbies, etc.).  La vida entera regida por los horarios y los compromisos. 

Hay una enorme motivación para hacer muchas cosas, para ocupar el tiempo, para no desaprovechar las posibilidades, en una carrera imparable por estar al día y no perder el tren de las oportunidades.  Los niños son estimulados continuamente y, con la facilidad de aprendizaje que traen, no hay descanso (tampoco para las madres que los llevan de un lado a otro convirtiéndose en choferes).  Pierden contacto con el cuerpo y los juegos físicos, son aplaudidos cuando se portan como mayores, son recompensados cuando obtienen logros que casi no entienden. 

No me extraña entonces las epidemias de falta de atención, estrés, cansancio, desinterés, drogas y enfermedades que aparecen cada vez más prematuramente.  Parece que las exigencias se han adelantado… justo cuando vivimos más tiempo.  Muchos chicos quieren “todo” antes de los 30 y se sienten mal porque no lo consiguen, porque creen que no tienen lo necesario, que están fallados.  ¿Qué harán los próximos 70 años?  ¿Aburrirse?  De hecho, ya se están aburriendo antes de los 30 y por eso juguetean con el riesgo.



Hemos creado una sociedad inhumana.  Parecemos robots guiados por el consumismo, la ambición y la actividad frenética.  Creo que el nuevo marcador de riqueza no es el dinero sino el tiempo.  Es rico quien tiene tiempo para pensar, sentir, disfrutar, pasear, estar en contacto con la Naturaleza, observar los ciclos de cada cosa, no entregarse a las modas, leer, crear, conocerse, escuchar su ser interior, hacer lo que es esencial para sí mismo.  ¿Una utopía?  Probablemente, pero…

No estoy bregando por dejar de lado los progresos y las comodidades que hemos alcanzado (deberíamos poder llevarlas a toda la humanidad) sino por gozarlas en su justa medida, sin dejarnos llevar de la nariz por lo que nos venden.  Esto requiere hacer una pausa para preguntarnos profundamente qué estamos haciendo con nuestra vida y para dónde deseamos conducirla.  No somos fracasados ni parias porque no seguimos los lineamientos fugaces y superficiales del círculo en el que estamos. 

Es paradojal que estemos prisioneros de mandatos externos en tiempos en que los cánones deben desaparecer para que cada uno encuentre su propio modelo, su propio poder, su propia guía.  Alguien debe comenzar.  ¿Por qué no tú?  Te aseguro que la paz y la plenitud que encontrarás no tiene comparación con nada que conozcas, porque viniste a desarrollar tu particular diseño y ser feliz solamente a través de él.  ¿Te atreves?  Aquí estoy para acompañarte.