miércoles, 5 de agosto de 2015

Redefínete hacia tus mejores aspectos

Después de la gimnasia china, un grupo nos vamos a tomar café.  El jueves, nos quedamos más que de costumbre (un par de horas largas) y, al despedirnos, comentando cómo se nos había pasado el tiempo tan rápido, Jorge dijo: “¡Y sin hablar mal de nadie!”.  Se lo comenté a una consultante a propósito de un tema que estábamos tratando: a qué partes de ella quería darle atención y energía.

Con mi grupo, no hablamos mal de los demás porque somos buenos sino porque hemos decidido compartir lo mejor de nosotros y de la vida.  En parte fue inconciente y en parte lo hemos explicitado, pero no tocamos cuestiones que nos hagan pelear o que nos desanimen.  Festejamos cumpleaños, buenas noticias y lo que venga.  Todos somos grandes, hemos vivido muchas cosas y no queremos perder el tiempo con personas ni con asuntos que no nos hagan bien.  Simple sabiduría o sabiduría simple…

Mi consultante tiene un largo historial de engancharse de aspectos internos que la desvalorizan y la boicotean.  Ha comprendido esto y está en el camino de incorporar nuevas actitudes.  Necesita redefinirse.  Este propósito es muy actual.  Después de un largo tiempo de liberar los lastres psicológicos, emocionales, vinculares y kármicos, estamos comenzando a tomar aire fresco y es preciso que rediseñemos quiénes deseamos ser y cómo deseamos vivir.

Interiormente, somos un combo de aspectos que nos tiran para arriba o para abajo.  Como hemos sido influidos por la noción de que poco podemos cambiar, en general nos dejamos llevar de aquellas facetas que nos disminuyen y nos llenan de temores, dudas y carencias.  Después de todo, este es un mundo frío y peligroso.  ¿Lo es?



Sí y no.  ¿Cuál deseas atraer?  Yo trato de vivir en un mundo amable, con un Dios/Diosa benevolente, que coopera constantemente con mi evolución.  ¿Cómo me conecto con ello?  Activando mis mejores aspectos.  Ten en cuenta que no dije reflexionando ni soñando.  Si bien es cierto que primero debemos pensar y expresar aquello que queremos crear, eso no se plasma hasta que lo hacemos realidad, carne, acto. 

Lo concretamos cuando, en el momento en que nos atrapamos con una actitud que nos daña o nos desvaloriza, respiramos, la soltamos y tomamos una distinta.  Un ejemplo muy común de estos días: revisas el celular o el Facebook de tu pareja para chequear con quién se conecta y de qué habla.  Es un síntoma común de desconfianza e inseguridad… en ti mismo.  En lugar de movilizar esos aspectos, persiguiendo a otro indiscriminadamente, puedes trabajar en tu propia confianza. 

Cuando impulsamos un determinado aspecto, también promovemos ese aspecto en los otros sujetos y en el entorno.  Así, nos rodeamos de aquello en lo que vibramos.  Entonces, si tú desconfías de ti mismo, vas a atraer personas y circunstancias que avalen esa creencia, justificando esa inseguridad en que los demás te hacen cosas que tú necesitas controlar para que no te las hagan… un enfermo círculo vicioso…


Necesitamos redefinir quienes somos.  Necesitamos conocernos profundamente y elegir a cuáles aspectos le vamos a dedicar nuestra atención.  Necesitamos elevar nuestro nivel, definiéndonos como seres humanos divinos, en un universo amable, impulsados por una Energía que desea lo mejor para nosotros.  Necesitamos pensarlo, sentirlo, decirlo, llevarlo a la práctica en cada acto que nuestra Alma nos pone en el camino para ayudarnos a concretarlo.  Cada vez que nos proponemos algo, aparecen las oportunidades.  No te olvides, no renuncies.  Persevera.  No se trata de hechos gloriosos y heroicos, no estás en una película de Hollywood.  Estás en la Creación de Dios/Diosa y eres tiernamente amado.