lunes, 11 de enero de 2010

¿Confías en los cambios?

Como comento en el post anterior, estoy observando grandes movimientos a mi alrededor, en pacientes y conocidos. Puede tratarse de enfermedades, pérdidas materiales, rompimiento de relaciones, despidos laborales, crisis personales, problemas familiares y una amplia variedad de situaciones. Lo que tienen en común es la caída de estructuras desgastadas.

Por más que se busca emparcharlas, mantenerlas, empujarlas, aguantarlas, no hay caso: se caen igual. Es más, este aferrarse a lo que ya no tiene razón de continuar es lo que más acelera el derrumbe y lo que más sufrimiento causa.

Estamos asistiendo a veloces transformaciones por doquier: clima, sistema económico, trabajo, relaciones, religiosidad. En lugar de plantearse las causas y un nuevo rumbo, la mayoría busca agarrarse de las ruinas o atontarse con más consumo o reaccionar volviendo a un pasado conservador o exigir violentas medidas o tornarse cínico o desesperanzado… o todo junto.

Estas respuestas están basadas en la necesidad de controlar. Nos hemos acostumbrado, desde niños, a manipular nuestro entorno. Por medio del llanto, al principio, luego de rabietas y más tarde a través de la palabra y de actitudes, queremos que los demás hagan lo que nosotros deseamos.

Asimismo, manejar las condiciones externas se ha tornado directamente una ciencia (lo saben los publicistas, marketineros y gurúes empresariales). A nivel personal, vivimos condicionados por planes, objetivos, horarios, alarmas, defensas varias. Siempre tensos, preocupados, vigilantes. Nuestro Ego, como un dios de pacotilla, cree que podrá con todo. Nuestra Alma, en cambio, nos insta a que reconozcamos el Dios que llevamos dentro.

Lo que revela esto es que nos suponemos desempoderados: tenemos que manipular el ambiente porque no sabemos manejar nuestra propia realidad. Al hacernos creer que somos totalmente dependientes del afuera, luchamos por nuestra porción de energía, de abundancia, de atención, de amor. Lucha improductiva, obviamente. Cuando operemos desde el poder interior, el exterior lo reflejará con creces.

La clave no está en aumentar el control sino en soltarlo. Parece aterrador al inicio. Todas las marcaciones conocidas se diluyen. Tememos perder lo más preciado. Sin embargo, es interesante observar las razones de este pedido del alma.

Por comenzar, eso a que tanto nos aferramos ya está gastado y perimido, sea lo que sea. Por otro lado, aunque lo intentemos, se terminará igual. El esfuerzo es inútil. Y, finalmente, lo naciente encontrará su forma de surgir y nos develará sus tesoros.

Estamos asistiendo, en lo macro y en lo micro, al fin de la dualidad, de la limitación, del mundo como lo conocemos. Lo nuevo es verdaderamente nuevo. Olvidémonos de las viejas recetas. No sirven. Esto también puede parecer atemorizante, pero es fresco, renovador, entusiasmante, simple y fluido.

¿Quiere decir que viene lleno de estrellitas de colores y mucho “amor y luz” empalagosos? No, es bien real. Es concreto y arraigado a la tierra. Por eso, lo que no considere el cuerpo y la realidad terminará en fracaso.

Y ahora la gran pregunta: ¿cómo soltar el control? ¡Soltándolo! ¡Uuaauuuh! ¿Era tan sencillo? ¿Sabes que sí? Lo que quiero decir es que se trata de tomar conciencia en cada momento cómo manipulamos y controlamos para dejar de hacerlo, a fin de transitar otro camino, paso a paso.

Y el primer paso de este sendero es la confianza. Es preciso que aprendas a confiar en ti, a confiar en que atraerás lo que está en tu creciente nivel de energía y conciencia, a que la Vida te sostendrá siempre en una Red maravillosa e invisible, a que lo único que debes seguir es a tu corazón, que está conectado a Todo Lo Que Es y que sabe qué es lo mejor para ti.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Magnífica entrada Laura, me ha llegado a lo más hondo, a veces he notado todas esas sensaciones a la vez.
Gracias por despertarnos de esta forma tan bella.

Juan Carlos
Ávila

jose angel dijo...

Hola
es la primera vez que visito tu blog, me ha gustado y creo que te visitare frecuentemente.

El tema de hoy me ha parecido muy relevante por el punto que señalas al principio, la consitente forma de dejarnos caer en la negatividad que nos domina.

Yo pienso que esa constante actitud de dejarnos derrotar es consecuencia de los pensamientos arraigados que cada uno tiene, la programación que llevamos en la mente y que nos hace actuar una y otra vez igual, ya es un habito vivir mal.

La mente es como un perro, si el dueño no aprende a dominarlo y dirigirlo entonces el perro (la mente) terminan imponiendo sus impulsos y reacciones.

Esto es muy dificil de llevar a cabo en la vida porque significa entender que no somos una mente, sino que tenemos una mente.

Aprender a conocer la mente y someterla es una tarea que se puede conseguir con consciencia.

'abrazar la vida', me gusta, es no pensar la vida, es vivir la vida.

LAURA FOLETTO dijo...

Juan Carlos, estamos despertando de un largo sueño para entrar en una hermosa realidad. Gracias a ti.

José Angel, es cierto lo que dices. Ahora, también es preciso comprender que no sólo tenemos una mente, sino un cuerpo, emociones, un alma buscando concretar sus aprendizajes. Creo que más que someter la mente sería mejor tener CONCIENCIA continua. Son dos conceptos distintos, que llevan a resultados diferentes. Espero que me visites frecuentemente. Gracias por tu comentario.