lunes, 18 de mayo de 2009

¿Estás enamorado de ti mismo?

En estos días, algunos pacientes están descubriendo un costado “sorprendente” de sus relaciones con sus roles dolorosos o limitantes: les dan goce. ¿Cómo puede ser eso posible?

En nuestra infancia, todos hemos sufrido heridas y privaciones. Nos hemos sentido lastimados, rechazados, desamparados, confundidos, conflictuados. Para evitar estas sensaciones, nos hemos entumecido. Lo hicimos a través de cortar la respiración, contraernos, anestesiarnos, restringirnos físicamente (por eso, es tan fundamental trabajar lo corporal juntamente con lo mental).

Esta insensibilidad hacia el dolor propio se extiende hacia el de los demás. Aunque haya una corriente del alma de empatía, la coartamos porque nos recuerda nuestro sufrimiento. Podemos sobrecompensarla con sentimentalismo y simpatía exagerada, pero no son auténticas.

En este clima, surge el miedo a los otros y, consecuentemente, la compulsión a defendernos y lastimar a quienes sentimos que nos hacen sufrir con sus actos o con su indiferencia. Esta fantasía de daño (que también podemos llevar a la acción) nos llena de culpa y vergüenza.

Pero, ¿cómo llegamos al goce? No podemos vivir sin placer. Ponemos este principio erótico al servicio de la herida, del dolor. Esta combinación es desastrosa. Por un lado, al no tener conciencia de ello, nos dedicamos a “encontrar” (crear) situaciones que satisfagan este alimento malsano. Repetimos incesantemente personas o circunstancias que nos hagan sentir las heridas fundantes de nuestra infancia asociadas al placer negativo. Por otro lado, muchas veces, esta mezcla nos hace ocasionar daño a otros o soportarlo pasivamente o activar condiciones de rechazo. Esto crea, a la vez, un retraimiento y un anhelo doloroso de la experiencia del amor.

¿Cómo comenzar a solucionar esto? Tomando conciencia de este circuito. Descubriendo las áreas de insensibilidad ante el propio dolor y el de los demás. Encontrando esos aspectos en que se mezclan la corriente de placer con una situación negativa.

Te puede resultar extraño este conflicto pero es común a todos. Observa tus fantasías, sueños, pensamientos obsesivos. Ellos están colmados de información acerca de esto. Ya sea que te veas víctima o victimario, allí están concentradas estas mezclas de goce, en donde te identificas con esos aspectos. Una paciente se quedó pasmada al darse cuenta de que estaba enamorada de este rol, ya que la hacía sentirse especial, distinta, mejor. Otro sentía una momentánea oleada de cariñosa empatía hacia algún aspecto suyo o de otra persona e inmediatamente lo bloqueaba y se insensibilizaba.

¿Cómo desecharlo definitivamente? Aceptando este dolor. Este circuito se inició en tu infancia porque no podías afrontar el dolor. Eras un bebé o un pequeño niño. No podías ni tenías las herramientas para ello. Ahora, debes aceptarlo, abandonarte a él y liberarlo. Para ello, pregúntate en dónde no estás siendo íntegro, honesto, congruente con tu ser esencial.

Sobre todo, es necesario que te entregues a la poderosa corriente de Vida presente en ti. Que elijas con total conciencia las mejores expresiones de ti mismo, la comunión con tu alma, la conexión a la Fuente. Entonces, todo cobrará nueva vida y serás guiado fácil y sencillamente hacia la creación de actos y relaciones que se desarrollarán en el verdadero Amor.

2 comentarios:

Yilda dijo...

Laura, estoy perfectamente de acuerdo contigo. Yo también sentí lo mismo. Un día me puse a ver que en todas mis fotos de infancia y juventud temprana, tenía cara de sufrimiento. Un día decidí ser feliz y acabar con esa cara. Decidí hacerme cargo de mi propia alegría.

En las relaciones sentimentales siempre me sentía mal. Iba de mal en peor hasta que me di cuenta de que el dolor era una forma de llamar la atención. Decidí que si no conseguía una buena relación, preferiría quedarme sola. Fue entonces cuando apareció el que hoy es mi esposo, y con quien soy tan feliz.

Yilda

LAURA FOLETTO dijo...

Sí, Yilda, tú estás enamorada de ti misma y eso se nota. La vida es más simple y maravillosa de lo que nos han hecho creer...

Cariños desde este otro corazón enamorado.